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Nichijou 7: Heisei Yakyuu Musume

Llévate la bolsa, pero no me hagas daño

Cuando comenzaba a bloggear esta serie, una lectora comentó (en Facebook?) que dudaba en seguirla porque derrochaba un humor demasiado japonés y -me imagino- no lograría captarle el chiste. Benjammmin, en cambio, manifestó su expectativa porque encontraba similitudes con Azumanga Daioh y Tomoya, otro blogger, destacaba el juego con las metáforas. Estas tres opiniones tienen un factor común: Nichijou es un objeto extraño, anómalo, que abre una multitud de puertas a la percepción (sí, la alusión es intencional) pero se cierra a la comprensión, como si KyoAni se regodeara en el lodo mareándonos con este mindfucking cómico. Para algunos, esta profusión de extrañeza y desorden no tiene sentido ni gracia y para otros, esa misma carencia de logicidad, secuencialidad y desarrollo supone una interesante ruptura con las categorías del relato más frecuentes, incluso para el slice-of-life. Sin pretensiones de vanguardismo, Nichijou sigue fundándose en la perplejidad como visión del mundo.

Comencemos por la “niponicidad” del humor que, entiendo, se refiere a la especificidad cultural de ciertas claves que resultan cómicas solo cuando el espectador que pertenece a otra cultura aprende e interioriza los mecanismos humorísticos propios de otra, ajena y distante. Ello depende de la difusión de ciertas tendencias, pues nos resulta más sencillo asimilar el slapstick porque los castigos físicos son una forma casi universal de provocar la risa. Nichijou la emplea elevada a la enésima potencia cuando Misato intenta subyugar a Sasahara con arsenal pesado. Incluso si consideramos el modelo japonés de boke y tsukkomi que cualquier fanático del anime reconocería de inmediato porque su esquema es endémico, cuando se insertan circunstancias imposibles o inconcebibles en la Realidad, como el empleo de armas tan sofisticadas como método de disciplina, se acaba la normalidad. Si existiese un humor “idiosincrático” japonés que Nichijou representase tanta peculiaridad que tornaría ininteligible su sentido al extranjero (no utilizo este término para referirme solamente a nacionalidades, sino a identidad cultural o participación en una subcultura como la otaku). Quizá Lucky*Star o Seitokai no Ichizon exijan un mayor bagaje de conocimientos específicos de cierto entorno massmedia que Nichijou, pero el asunto no se restringe a los referentes que cita cada serie, sino a ciertas actitudes que provocarían humor. Cuando hablamos del típico humor inglés, por ejemplo, no hablamos de chistes acerca del príncipe William. Bajo esta óptica, aunque Nichijou no sea comedia otaku, posee una gran cantidad de rasgos que podríamos calificar como singulares del “humor japonés”: la predisposición al absurdo, lo exageradamente ridículo (Mio regalando wasabi de pulpo como obsequio de cumpleaños) y lo desmesuradamente estúpido (el profesor enamorado de Sakurai-sensei), y como podemos deducir de estos adverbios, el gigantismo, lo enorme, lo desproporcionado y excesivo. Quizá el gran bastión de la extrañeza y la incomprensibilidad sea la secuencia Helvetica Standard, que desde el título provoca cierta desorientación. Aunque se insista poco en resaltarlo, se trata de fragmentos metatextuales pues serían las tiras cómicas que suelen leer algunos personajes de la serie. Su contenido es más inusual: situaciones surreales protagonizadas por una figura que otras veces calificaríamos de macabra (viñetas acerca de la parca, sí, aquella que carga su guadaña y hace bailar a los muertos), pero subvertida paródicamente. Hasta ahora no comprendo qué relación de interferencia, diálogo o vasos comunicantes tengan estos segmentos con el relato contenedor (el mundo que habitan Yuuko y Nano), pero quizá sea innecesario meditarlo. Como sabemos, la Helvetica que mencionan es la famosa tipografía reconocida por su elegancia y practicidad. Si acaso hubiera una letra adecuada sería Comic Sans, pero los referentes escogidos carecen de cohesión. Probablemente mejor que hablar de humor cultural, basado en la extravagancia (propia por ejemplo de los programas concurso nipones) sería preferible discutir su vinculación con lo surreal o la inversión de categorías y expectativas del mundo real.

Como muchos habrán notado, el tremendismo extraordinario suele predominar en las escenas del colegio mientras que las secuencias más “corrientes” ocurren en el espacio hogareño del Laboratorio donde, para mayores contradicciones, nunca se muestra ningún experimento ni trabajo en proceso salvo las labores domésticas. Nano es tan tierna y bondadosa que cualquiera desearía tenerla como onee-chan o madre, pero se supone que los androides de anime no deberían ser juguetes, sino ser virtuales máquinas de combate. Cuando veo a Nano me imagino a los puristas aficionados a las series de mecha revolviéndose en el piso de rabia porque el anime ha sido mancillado y está en decadencia. En realidad, como demuestra cuando juega béisbol con Hakase, Nano podría asesinar a cualquiera lanzándole una bola recta y Sakamoto casi sufre las consecuencias del poco control sobre su fuerza. Si nuestra inocente robot no piensa siquiera en atacar o tener una actitud beligerante es porque no existe una pizca de malicia en su inteligencia artificial, sino al contrario, un exceso de buena voluntad y debilidad. Frente a la curiosidad invasiva de la onee-chan de Mio, Nano queda totalmente desarmada en sentido psicológico: no sabe cómo reaccionar y siente miedo de verdad porque una extraña manipule su cuerpo y extraiga partes que delaten su naturaleza robótica. He allí la contradicción más graciosa de todas: un robot es descrito como el sujeto más vulnerable e inofensivo. Assimov estaría orgulloso, pues Nano cumple a rajatabla las leyes esenciales, pero con demasiada exactitud, pues aunque en potencia Nano cuente con la capacidad de emplearse en cualquier guerra, se desempeña como ama de casa y niñera, e incluso desea convertirse en una persona común y corriente, invirtiendo las expectativas y tópicos acerca de los robots y sus habilidades. La ingenuidad de Nano puede dejarla a merced de latosos y abusivos, pero justamente su renuencia a comportarse como androide (y admitir que sus brazos pueden desmembrarse) permiten exhibir su aspecto más dulce o, como diría Takasaki-sensei sobre Sakurai, aquello que “provoca protegerla”. Los highlights de este episodio le pertenecen a la robótica amiga de Hakase gracias a su nobleza y candidez para desenvolverse en sociedad, es decir, negando la fría e implacable perfección. No será la primera androide sensible y cordial del anime (existe una larga lista desde Astroboy hasta Saber Marionette y la reciente Eve no Jikan), pero Nano merece destacarse porque es asimilada por el slice-of-life y se convierte ella misma en una figura cotidiana, que tiene miedo a las cucarachas y mira con envidia a las chicas que asisten al instituto. La vida corriente prima sobre un personaje y un entorno propicio para que sucedan cosas extraordinarias: una robot, una niña genio, un laboratorio, un gato que habla. Es el setting perfecto para una historia excitante. Nichijou trastoca esta suposición utilizando estos elementos para contar situaciones de enternecimiento y travesuras infantiles.

La escena del béisbol me encanta no porque Nano y Hakase le inyectasen una cuota de torpeza adorable al deporte, sino porque, desde la perspectiva de Sakamoto, esa ineptitud es desesperante pues el gato observa las situaciones con mayor severidad que sus compañeras humanas (me cuesta llamarla dueñas) quienes solo parecen interesadas en divertirse aunque se equivoquen en lugar de ceñirse a las reglas. Sakamoto razona como una persona adulta que perdió el entusiasmo infantil, sustituyó la ilusión por las reglas y entiende que el deporte es una práctica “seria”. Sin embargo, he aquí lo curioso, quienes tienen la razón son ellas, porque el propósito de jugar es pasarla bien entre amigos sin importar nuestras habilidades. El énfasis en la competencia es secundario, porque primero es el entretenimiento. Para ahondar en las paradojas, el único que conoce correctamente la dinámica del béisbol es Sakamoto, pero también es el único incapaz de practicarlo y está condenado a observar y comentar. Típico episodio de media temporada, KyoAni sembró indicativos acerca del carácter transicional de este capítulo. El lado del Laboratorio tiene su primer roce, breve y ligero con el trío del high-school cuando Nano mira con melancolía al grupo de Yuuko, y Mio reconoce en la robot con llave de cuerda a la persona que describía su hermana. Este sería el único punto donde reconocer un giro argumental, donde finalizaría una rutina y comenzaría una segunda etapa. Otros elementos que delatan este cambio sería la ausencia de opening (que seguro se restituirá en el capítulo octavo), la inusual extensión de la primera secuencia que guardaba escaso vínculo con nuestras historias paralelas hasta que descubrimos que Yuuko estaba soñando, y que después de varios intentos Nano le ganara a Hakase el yan-ken-po. Para cerrar, un comentario sobre el cortísimo pero genial gag del tren, interesante para comprender cómo funcionan estos mecanismos de inversión. En cualquier país donde el transporte público masivo sobre rieles (trenes, metro, tranvía) es común, llegar con retraso y perderse el vagón por segundos es frustrante y puede desajustar todos nuestros cálculos en varios minutos. En realidad, quien debería reírse es Yuuko porque no deberá esperar diez o quizá treinta minutos hasta que arribe el próximo tren, pero las chicas ponen de cabeza estos supuestos y asumen que quedarse adentro es motivo de burla. Contrastado con la vida real no tiene sentido, pero dentro del universo mental de Nichijou es bastante cómico porque pareciera que realmente Yuuko hizo todo el esfuerzo para quedarse sola y atrapada.

4 comentarios

  1. Ahaha, la primera vez que vi eso del “helvetica standard” me pico la curiosidad de saber que cosa exactamente representaba; y sabía que en algún momento se trataría ese asunto aqui en SMB. Pero claro, con la Kyoani no se puede y tampoco nos revela a la cierta QUE COSA es exactamente “helvetica standard”. Mas pareciera una de esas cosas tipo los eyecatch de Pani Poni Dash. En fin, como dices, provoca cierta, no, mucha desorientación.

    KyoAni + Randomness + Moe = Nichijou

    20 mayo 2011 en 22:19

  2. Lo único que se puede descifrar tras Helvetica Standard es el título del cómic que lee Sekiguchi, y muestra una parodia de un rifirrafe entre la parca y un tengu http://en.wikipedia.org/wiki/Tengu y que vendría siendo como la parodia del mito occidental y del mito oriental.

    Creo que serious, has acertado en uno de los puntos de que la comedia de Nichijou es muy japonés, pero yo digo más que japonés; parece que es una fusión surrealista del manzai (comedia tradicional japonesa) http://en.wikipedia.org/wiki/Manzai y del owarai (comedia moderna japonesa) http://en.wikipedia.org/wiki/Owarai

    La amalgama es tan extraña que cualquiera que no esté habituado a ese humor nipocentrista simplemente no le dará seguimiento a la serie… por eso es que tal vez en Japón es un hit, pero en Occidente ha tenido resultados mixtos.

    20 mayo 2011 en 23:59

  3. - Test Type -

    Oh! Ahora entiendo, Helvetica Standard es el Nichijou de Nichijou.

    1 junio 2011 en 01:09

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