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Nichijou 5-6: Ingrediente secreto

Nichijou: intensa lucha por la supervivencia

Mai tomó un breve descanso después de varios episodios de dominio absoluto, aunque no dejó de torturar con su impenetrable cara de póquer a la pánfila de Yuuko. Reunir estos dos episodios (lo confieso, por aprietos de agenda) me resulta conveniente para desmentir algunos prejuicios harto difundidos acerca del slice-of-life. En Nichijou, bajo la premisa de pasar revista a breves instantes de una vida común, suceden cosas: varias, muchísimas. Fallidos campamentos junto al río, competencias improvisadas de dibujo, un duelo futbolístico con pesos argentinos, la lucha entre un hombre y un alce, visitas a médiums, Maitreya Buda inmiscuido en actos de violencia… y entre golpes, brota cual capullos el amor. Todos estos hechos excepcionales confluyen en una extraña forma de cotidianeidad, de apariencia de vida corriente mientras el resto del mundo continúa girando y los peces pequeños regresan al cauce.

Quienes hayan leído mis anteriores alegatos a favor del slice-of-life, habrán notado la importancia que concedo a la cotidianeidad como factor definitorio de esta fórmula narrativa, pero echarán de menos una explicación más esclarecedora acerca del concepto. Un slice-of-life no está obligado a describir la Realidad ni circunscribirse a sus paradigmas de verosimilitud (aquello que consideramos “real”). Muchas series de este género son realistas, pero varias como Nichijou gustan de deformar o violar los parámetros elementales de la Realidad con circunstancias surreales, absurdas o exageradas. Por tanto, he preferido emplear la noción de cotidianeidad para referirme a la manera como el slice-of-life estructura su universo. Este término está vinculado a la temporalidad: cualquier ser humano comprende la diferencia entre días excepcionales que cambian la vida y días comunes, enmarcados en la rutina. Las series “con plot” (por utilizar la terminología usual en los foros) se caracterizan por resaltar la excepcionalidad de los acontecimientos. En otras palabras, cuando ocurre un evento especial, este cambia la Historia del sujeto o la sociedad ficticia. En cambio, el slice-of-life subraya el carácter rutinario de la vida corriente. Los hechos individuales pueden ser extraordinarios e insólitos, pero quedan encuadrados como sucesos habituales mediante una lógica que los absorbe en la normalidad. Por ejemplo, el narrador que interviene al final de la moestática rutina nekomimi entre Hakase y Nano nos recuerda que transcurre otro día pacífico en el laboratorio mientras el tren eléctrico atraviesa (símbolo de la rutina) sus rieles. Más adelante, cuando la joven Profesora le pinta gafas en los ojos del dharma de la androide, su travesura se termina por integrar de manera cómica en la mente de Nano pues llega a imaginarse si quizá esa pieza de artesanía fuese su hermanito, aún cuando no creía la excusa inverosímil de Hakase. Cada evento de Nichijou es único y no suele tener una gran repercusión sobre otros capítulos: Mai continúa adorando las imágenes de Buda por alguna sibilina razón o sinrazón, Yuuko exhibe una torpeza consuetudinaria, mientras que Mio continúa obsesionada con Sasahara y el yaoi, en concreto, una mezcla de ambos. Pero estos hechos no constituyen eventos, sino constantes. El humor o, mejor dicho, la chispa de Nichijou y muchos slice-of-life deriva de la sumatoria de estas constantes, aunque sin desbarrancarse en el grave pecado de ser repetitivo. Las variantes complementan y refuerzan las constantes: que Mai derrote siempre a Yuuko, incluso cuando el juego le cause apatía, sería una costumbre, un esquema, pero varía el tipo de competencia y la manera de perder (o ganar pírricamente, como veremos).

El disparate se convierte en materia cotidiana de la vida escolar, así como las epifanías de ternura acaramelada marcan el paso del tiempo en el Laboratorio. Ningún espacio de convivencia más organizado al milímetro para fundar rutinas que el colegio. Ni siquiera el trabajo: la organización de las actividades en cualquier centro de estudios está regida por horarios estables, por rituales profanos que cumplir (ceremonias, costumbres, gestos, un uniforme que estandariza a todos), e incluso el tratamiento interpersonal en las escuelas japonesas está regularizada por un sistema jerárquico. Sin embargo, Nichijou juega la carta contraria: el colegio es el espacio privilegiado para lo insólito, lo ridículo, el despropósito, lo raro, lo extraordinario, la locura que, de repente, adquiere oficialidad. Porque el mundo está invertido y los adultos carecen de demasiada autoridad. Por ejemplo, la tímida profesora de Inglés, que viene ganándose mis simpatías por su candorosa habilidad para preservar cierta simpleza infantil, enciende sin pretenderlo la mecha de un combate gráfico entre Yuuko y Mio cuya recompensa sería colocar sus dibujos en el próximo examen. La amabilidad de la profesora solo agrava el conflicto porque continúa felicitando a ambas y para la chica de coletas, el asunto se torna personal. Aquí comienza a funcionar la desproporción como fermento del humor: todas se olvidan del tema inicial y participan sin percatarse de una disputa de egos tan estúpidos que alcanza niveles de seriedad épica, hasta que Mio termina por revelar sus aficiones más escondidas. Sin embargo, como en Nichijou lo excepcional pasa a integrarse a la normalidad y se confunde con lo rutinario, la profesora utiliza esos vergonzosos dibujos para ilustrar sus exámenes. Otra secuencia ya legendaria que expone esta transformación del colegio como zona liberada al comportamiento más extravagante o inconcebible es el combate entre el Director y cierto alce cuya presencia, para comenzar, puede tildarse de excepcional, sino alucinante. No recordaba un director tan sui generis desde Hidamari Sketch: ambos desafían las limitaciones de la tercera edad, como burlándose de la vejez y escondiendo, bajo un ropaje de quietud imperturbable, unos arranques de vigor estrafalario. El contexto también merece comentarse: los acontecimientos tienen un único testigo (Yuuko), quien suele carecer de credibilidad porque es baka. Aunque lo cuente, nadie lo creería, pues las circunstancias se entremezclan con lo alucinatorio, como si estuviera soñando por culpa del aburrimiento. La chica es incapaz de articular palabra pese al asombro: aunque haya presenciado un hecho que merecía compartirse por su obvia excepcionalidad, lo guarda en secreto incorporándolo al discurso de la normalidad y para ello, se inventa una excusa acorde con la situación, otorgándole al suceso una solemnidad absurda porque su carácter grotesco impiden considerarlo heroico (sino tremendamente “extraño”) pero, rayos, hablamos de un anciano practicándole german suplex a un cuadrúpedo salvaje: ¡la palabra “épico” no alcanza!

Otro método empleado por el slice-of-life para crear una atmósfera de cotidianeidad sería la inversa: dotar de excepcionalidad a situaciones corrientes o nimias, que gracias al brillo peculiar que adquieren se convierten en momentos especiales o dignos de jocosa recordación. Este es el camino que suelen tomar muchas series insignia del género, como Minami-ke, Hidamari o K-ON! Es probable que esta glorificación humorística de los aspectos más irrelevantes o comunes de la vida cause insatisfacción entre ciertos espectadores que prefieren un tipo de relato basado en la tensión. Nichijou también recurre a la celebración o extrañamiento de las cosas simples con bastante éxito. Por ejemplo, la corta secuencia del fútbol de 10 yenes me trajo recuerdos de secundaria, cuando mataba el rato con mis amigos jugando tandas de penales con bolitas de papel, pero Yuuko se toma tan seriamente sus lances contra Mai-chan que, como “todo está en el ambiente”, Mio acepta hacerlas de árbitro luego de una genial toma giratoria de todo el salón (con cierta ayudita del 3D) y el himno de la FIFA de fondo musical como si fuera un partido oficial del campeonato del Mundo. Entre las notas anecdóticas puede mencionarse que, por primera vez, si acaso consideramos las reglas del juego, Yuuko ganó o, al menos, no perdió. Se supone que el propósito del 10-yen soccer es introducir la moneda en el arco, pero el remate de Mai choca en el dedo que representa al portero, es decir, Yuuko atajó el tiro… para su propia desgracia. Le hubiera convenido no ganar antes que impedir, por primera vez en seis capítulos, un triunfo de la meganekko, quien consigue, pese al costoso atajadón, una victoria moral, pues continúa humillando a su ruidosa amiga incluso cuando las reglas del juego indican otra cosa. Mai-chan es tan autónoma y vive según sus propias normas que impone su capacidad de trolleo en cualquier circunstancia, aprovechando la inteligencia menos que standard de quienes se atrevan a desafiarla. La escena del campamento lo demuestra, en especial cuando suelta el pescado: una situación tan habitual como acampar entre amigos se convierte en una seguidilla de torpezas y calamidades como si todas las torpezas del mes se concentraran en pocas horas, pero la única excepta de estas desventuras es Mai-chan. En incontables ocasiones hemos sentido que decenas de malaventuras se amontonaron una tras otra quizá hasta injustamente. Nichijou recurre a estos patrones de identificación porque ningún camping es perfecto, pero esta sensación de ridículo se incrementa cuando alguien no la comparte. El guiño al absurdo se complementa con la aparición de un perro vagabundo colocando su para sobre los pies de Yuuko. Para finalizar, habría que felicitar la manera como la rutina diaria por excelencia (el baño) se moefica mediante las matemáticas a través del logaritmo de Hakase. Nunca me gustaron los números, pero no negaré que estas alusiones trigonométricas son bastante kawaii.

4 comentarios

  1. Mai es un nuevo arquetipo de chica, La Trolldere. haha

    12 mayo 2011 en 20:17

  2. La trolldere??????????? jajajajajaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!! me maté de la risa!!!

    Hmm.. recobrando la compostura, quisiera decir que tus conclusiones sobre lo que es el slice-of-life son muy coherentes, pero me gustaría acotar lo siguiente: la definición de “slice of life” (según un diccionario que la verdad no recuerdo ahora su nombre, estaba en el trabajo) es básicamente relatar acontecimientos de la vida real, cosas cotidianas. Aunque sujeto a discrepancias, en Wikipedia se explica el mismo concepto. Aún si este es el caso, extender los límites del slice-of-life de la forma en como lo hicieron K-on! (conocen algun amigo con perfect pitch???), Hidamari Sketch (diganme donde queda esa posada, por favor), y ahora Nichijou, es sin duda todo un arte. Digamos que mas que solamente un ‘slice of life’, es un slice-of-life alucinante.

    13 mayo 2011 en 22:58

    • Obviamente, mi intención era replantear la definición del término. En mi opinión, definiciones como las que citas (incluida Wikipedia) no satisfacen bien la descripción del fenómeno porque si siguiéramos sus especificaciones ninguna serie podría catalogarse como slice-of-life. Mejor dicho: Hidamari, K-ON!, Nichijou, Azumanga, Minami-ke, no son excepciones a la norma. Por el contrario, la excepción sería que una serie relate acontecimientos de la vida real de manera real. Sería aburridísimo. No pagaría un céntimo por verlo. Ni siquiera los mal llamados reality shows son “la realidad real”. La definición que propongo es de carácter estructural, no por el contenido. En un slice-of-life se crea una temporalidad que simula lo cotidiano.

      Para aclarar mejor cuál es el problema con las otras definiciones: el único género que las cumpliría al pie de la letra sería la grabación de una cámara de seguridad. Nadie sabe que está allí y nadie se comporta de forma especial.

      13 mayo 2011 en 23:38

      • Jajajaja, ya me imagino cómo saldría un anime a lo “cámara de seguridad”… Hmm, tienes razón, no creo que la definición requiera ser estrictos con la trama, sino que da espacio suficiente para estirar los planteamientos de acuerdo a la historia que de quiere presentar; podría tratarse por ejemplo de un slice-of-life ambientado en el espacio. Por eso hay tanta diversidad de producciones que pueden ser calificadas como “slice of life” y tratar cosas disparatadas, dejando una sensación de cotidianeidad, como ver las cosas desde otro ángulo. La mayoría del cine y las series de TV tratan de crear un ambiente ideal, utópico, de los asuntos, como cuando ya sabes que “los buenos siempre ganan” o que a final “el amor lo puede todo”; en cambio, al representar una historia con acciones y consecuencias más comunes, se evade el estereotipo para generar un ambiente que podríamos con facilidad calificar de “real” o “común”, con el que es más fácil identificarse.
        No sé si me he explicado bien, pero releyendo tu comentario, lo que dices de que “en un slice-of-life se crea una temporalidad que simula lo cotidiano” lo explica mejor (así que creo que estoy redundando…)

        14 mayo 2011 en 09:35

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