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The World God Only Knows II 3: Fardando con pudor

La vanidad es el pecado tsundere por excelencia

El habla popular en España posee un verbo idóneo, preciso para describir la conducta de Haqua du Lot Herminium: fardar. La palabra me encanta como todas aquellas que resumen definiciones largas y detalladas en pocas letras. Porque fardar no es sinónimo de presumir, alardear o farolear. Es hacerlo con aire perdonavidas de superestrella delante de amigos o vecinos a quienes se les recuerda sus pobrezas para acentuar el contraste y remarcar la jerarquía: porque cuando alguien fardea, se muestra tan generoso que termina humillando a su interlocutor. El pedante bohemio es pendenciero y abiertamente despectivo. El fardador, en cambio, ostenta y da lecciones. Y Haqua farda con la tenacidad y orgullo desmedido del burócrata que ascendió por los dudosos méritos de la casualidad, o porque el Infierno utiliza los métodos equivocados para juzgar la eficiencia de sus funcionarios. Como en nuestro mundo humano, entre los akuma también hay idiotas con distintivos ganando un sueldo más jugoso.

La primera pregunta que brota es ¿cómo demonios se ingenió Haqua para ascender en los arduos escalafones de la estructura administrativa del Infierno?, ¿cómo diablos ha alcanzado un puesto de responsabilidad superior como Jefa de Distrito sin haber capturado siquiera una sola loose soul? Supongo que no existe un control efectivo sobre el desempeño de cada empleado, por tanto, tampoco hay sistemas que contabilizan sus récords y someten a escrutinio sus logros. Sin embargo, Haqua menciona una distinción especial que premia las virtudes en el cumplimiento del deber, una especie de medalla al desempeño notable. Además, parece imposible que un infierno computarizado y sistematizado que, según la misma Haqua, ha abrazado la racionalidad abriendo camino a una Nueva Época, no evalúe su performance con estadísticas ni establezca un ránking de sus subordinadas. Otra hipótesis más malévola sería que Haqua miente -también- al presentarse como autoridad o demonio de primera categoría. Dokuro no menciona el nombre de la “torpe” que permitió que escapara la loose soul, pero Keima deduce sin dificultad que habla de Haqua porque los datos coinciden. Pero el mandamás del Escuadrón debía saber quién andaba persiguiendo ese espíritu. Si Elsie es inferior en rango a su antigua compañera de escuela, ¿por qué debía confiarle el trabajo que otro demonio más habilidoso no logró completar? Quizá porque Haqua no posee ninguna autoridad; peor aún, es apenas una “tonta”. Una tercera opción sería culpar a las deficiencias del sistema como ocurre fuera de la ficción, en nuestra pálida Realidad: eligieron a la chica incorrecta con procedimientos inapropiados, que deberían servir como referencias pero no como criterio determinante, por ejemplo, las notas del colegio. Puedo comprender la frustración e incluso el enojo de Haqua, esa sensación de desesperanza que conduce a la mentira: muchas personas, que sobresalieron como estudiantes en sus lejanos años de secundaria o solían sacar los mejores ponderados en la Universidad, apenas se enfrentan a la inclemencia del mundo laboral, son arrastrados por la marea y aplastados por la impotencia. El rendimiento en clase ayuda a formar al profesional, pero fuera del salón, reinan otras leyes. En otros casos, he conocido gente que simplemente eran buenos estudiantes, es decir, muchachos afanosos, responsables, aplicados, aunque sin vocación ni conocimientos prácticos: solo servían para hacer buenos exámenes. Solo resulta problemático cuando esas personas se acostumbran al prestigio y las felicitaciones, a la celebración pública de sus capacidades porque cuando enfrente el fracaso, la frustración será más grande y, como Haqua, algunos opten por evadirse con engaños, supliendo la Realidad con embustes: al compararse con quienes antes consideraba subalternos o incapaces, la presión se incrementa por la necesidad de mantener una imagen, una posición ante el grupo, la colectividad, la sociedad, pero también por amor propio porque comienza a convertirse en cuestión de orgullo personal.

Sin embargo, estas características tornan simpática a Haqua en lugar de generar antipatía. Como está enfrentada al dilema de asumir su vergonzoso presente, su vulnerabilidad emocional es alta y aunque intenta disimularlo, le cuesta mucho mentirle a su amiga de estudios. Ese adorable pudor no tiene relación con una dimensión enternecedora de su personalidad, sino que surge como síntoma del conflicto interno del personaje, to be or not to be, fardar o no fardar, como si fanfarronear fuese urgente para sobrevivir, porque ser descubierta equivale a morir privada de reputación. Haqua teme la inversión del orden, que Elsie o cualquier demonio a quien solía mirar por encima del hombro se mofen de una supuesta ineptitud que resulta incomprensible. Cuando decide aceptar la ayuda de Keima, ofrecida con inusual generosidad por un cuatroojos atento al mínimo indicio (pero también al PSP), se evidencia que conoce las circunstancias de la lucha contra los demonios subversivos, además de las reglas de comportamiento para los akuma que sirven en la Tierra, y sus aptitudes para el vuelo aventaja a las precipitadas, voluntariosas pero aparatosas maniobras de Elsie. Haqua incluso parece mostrar una actitud más madura hacia su honor como demonio y sabe emplear la tecnología que encierra su manto mágico. Aunque se pavonee en base a falsedades, nadie negará que cumple con rectitud e inteligencia su labor de cazadora, entonces, ¿qué hace mal? ¿Dónde falla? Sería injusto, a pesar de cuánto se ufane Haqua, compararla con Elsie: no porque beneficie a la primera, sino porque el balance resultaría funesto para la alumna modelo. Además, la intervención de Keima como Dios del galge fue providencial (no pun intended) para acrecentar la cuenta de Elsie, quien únicamente requiere sellar las botellas a tiempo: sin Kami-niisama seguiría estrellándose contra el suelo al tratar de aterrizar (continúa haciéndolo, pero ha acumulado cinco capturas). La ineptitud de Elsie en múltiples aspectos (concentración, razonamiento, sensatez) es compensada por la agudeza nada intuitiva, sino deductiva de Katsuragi. Sin embargo, este contrapeso inclina la balanza a favor de la cándida y servicial Elsie: Keima es demasiada ventaja, en particular cuando el trabajo consiste en procesar información en patrones de conducta humana elemental, en plantear estrategias previendo las posibles rutas y desenlaces y plantar las flags convenientes para seducir a la chica-target. Me imagino que Haqua maneja otras tácticas para extraer los espíritus malditos del cuerpo de las víctimas diferentes al enamoramiento, y además carece de un “buddy”. A diferencia de Elsie, ella debe estar pendiente de todas las fases de captura y, cuando pasan los meses y no consigues resultados, aunque seas Jefe de Distrito, sientes un apremio por ganar un auténtico reconocimiento: esa obligación va agrandándose hasta tornarse incontrolable y mellar la confianza. Haqua se defiende, como muchas chicas duras del anime, oponiendo un rostro amargo, facciones severas, cejas fruncidas y continuas exclamaciones.

Quizá allí se encuentra el grave defecto de Haqua: la finalización. Es hábil para rastrear, diagnosticar y perseguir a una loose soul, pero cuando debe confrontarla, pierde la seguridad que parece caracterizarla y emergen sus temores bajo la máscara de dureza y rigurosidad. Esta incongruencia se torna insostenible cuando Keima, en una jugada psicológica inigualable, decide librarla a su suerte dentro del teatro para forzarla a confesar que necesita ayuda porque nunca capturó ningún demonio maligno, es decir, porque nunca atravesó por una experiencia similar y tiene miedo. Podemos aducir cierto maquiavelismo en Keima, maestro de la malicia, y asumir que pretendía demoler la falsa prepotencia de Haqua invirtiendo las tablas y arrebatándole el control de la situación forzándola virtualmente a subordinarse a la voluntad del Dios del galge. Pero estando tan acostumbrado a emplear la terapia de choque, es probable que Katsuragi acorralara a Haqua hasta esa situación extrema obligándola a confesarse para liberarla de su propio orgullo y abrir su mente a la realidad de su problema. La opción más coherente sería vincularla a los bishoujo games: Keima ha identificado en Haqua a una personalidad testaruda y presumida, con poca tolerancia a la crítica y complejo de mandamás. Aunque no exista atracción romántica, Kami-niisama sabe bien que solo existe una fórmula para lidiar con esta clase de personajes: aplicándoles las mismas pautas que utiliza con una tsundere. No importan las definiciones reales: mientras Haqua o cualquier chica se ajuste al arquetipo, la solución es petardear su tsunderismo hasta quebrantar las resistencias emocionales. Keima impone su interpretación sobre la Realidad, emplea los relamidos recursos de los fabricantes de videojuegos o estudios de anime para leer el mundo real y actuar de manera heroica sin perderse el evento por internet por el cumpleaños de la protagonista de cierto galge. El razonamiento es sencillo: la vanidad, el egocentrismo, la soberbia, son vicios típicos de un perfil de personaje que necesita defenderse de su propia debilidad y ocultar un interior blando, vulnerable, enternecedor y para alcanzar el happy end no requieres eliminar los primeros rasgos, solo provocar que los segundos se sinceren. Puede cuestionarse la pertinencia de introducir a Haqua después del arco de Kusunoki-senpai, pues ambas comparten un trazo común. La inmediatez enfatiza la sensación de redundancia, siempre nociva, aunque depende de cuán bien se distribuyan los altibajos tsuntsun. Cabría preguntarnos también si esta nueva akuma será una adición constante al elenco protagónico o solo participará incidentalmente, pues sus juiciosos aportes significarían un valioso plus para el equipo de Keima.

Una respuesta

  1. adrianitiko

    (spoiler!!)
    En el manga se menciona ke Haqua tenia mejores notas ke Elsie en la ¿escuela infernal?, por lo ke pasó a formar parte de los escalafones más altos del sistema infernal y Elsiee kedó relegada a los escuadrones de limpieza. Y sólo luego, tras la ruptura del sello ke mantenía a los demonios confinados, se reclutó a los estratos más bajos del sistema para trabajar en los escuadrones de captura. De ahí es de donde viene Elsie. Es inferior a Haqua porke en relación a ella procede de una categoría menor. Y sí, se mide la habilidad de los subordinados, pero no la de sus compañeros humanos, puesto ke la persona ke acompaña a Haqua es significativamente menos activa ke Keima…Por ello, si bien Elsiee lleva más almas, ella por sí misma no vale más ke su antigua compañera de clases…
    Por ponerte una analogía, en la mili española te daban empleo según los estudios, no había manera de calificar a los reclutas a partir de méritos. Un estudiante de COU inútil era sargento, mientras ke alguien sin estudios completos se kedaba en la tropa, por más habilidoso ke sea. En cierta forma, el sistema del Infierno se parece porke los escuadrones sólo fueron reclutados una vez hubo el incidente, es natural ke los puestos de mando recayeran en akellos ke supuestamente estarían más capacitados…
    Haqua siente ke es su deber responder a lo ke se espera de ella, y al no conseguir resultados levanta un muro de autoprotección ke Keima irá derribando de a poco, pero ke le da el toke tsunderesco ke hace más complejo su personaje…
    De hecho, en etapas más recientes del manga, Haqua reemplaza a Elsiee en una misión diferente, mostrando ahora sí su gran capacidad demoníaca y mental… A pesar de implicarse emocionalmente algo más ke Elsiee..
    Un saludo!
    PS: mejor leer el manga
    PS 2: Haqua es mi personaje favorito x 100

    6 mayo 2011 en 09:06

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