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Hidan no Aria 1-2: Es imposible. Estoy cansado. Qué engorroso.

She bangs!

La fórmula es infalible: girls with guns, un lead masculino que reniega del heroísmo, la fluidez narrativa de J.C. STAFF y una loli tsunderesca interpretada por la indiscutible soberana del arquetipo, Rie Kugimiya. Son tópicos reincidentes, incluso en su combinatoria más elemental: la heroína de apariencia frágil pero malhumorada y vigorosa, acompañada por un protagonista con potencial heroico inconmensurable, poco predispuesto a poner en riesgo su tranquilidad, pero que terminará enredándose en la trama épica porque la chica lo supera en voluntad o porque estimula su oculto espíritu guerrero. Se forma un dueto épico con connotaciones románticas, pues además de enfrentar juntos a fuerzas malignas o criminales, los jóvenes se enamoran entre disputas, castigos físicos y malentendidos cómicos sazonados de ecchi y algo de picardía loliconácea. Podemos predecir incluso el desenlace y cuántas veces será golpeado nuestro esforzado héroe, pero estos episodios iniciales de Hidan no Aria, aunque suenen genéricos, siguen funcionando como entretención.

Intentaré explicarlo con brevedad, pero advierto que no pretendo adjudicarle al comentario un juicio de valor, salvo que Hidan no Aria cumple su función de divertimento durante veinticuatro minutos, pero -reitero- quien aguarde un esquema original e innovador no sabrá disfrutar la serie. En realidad, la mejor manera de gozar esta clase de relatos es siendo consciente de la combinación indiscriminada de tópicos, patrones y arquetipos tan reincidentes que resultan fácilmente identificables y generan hábitos de consumo. La mezcla de chicas lindas y acción parece inagotable porque todavía pueden ejecutarse variantes del modelo. Los héroes indolentes y apáticos también atraen porque aguardamos que rompa de manera intempestiva su pasividad y manifieste su escondida bravura. Son sujetos corrientes y poco virtuosos pero en ellos reside la moral elemental del bienhechor. Existen decenas de series con parejas similares y cualquier repaso de la carrera tsunderesca de Kugimiya bastaría para evidenciarlo: Shana-Yuji, Louise-Saito, Nagi-Hayate, Taiga-Ryuuji; pero estas cuatro tsundere clásicas no serían populares si solo prevaleciera el arquetipo. Deben mostrar un rasgo individual que las diferencie del resto: eso que denominamos la variable dentro del esquema. En Hidan no Aria existen dos e incluso tres: primeramente, el héroe desidioso esquiva el heroísmo porque este se origina de una reacción impulsiva, obviamente erótica, que le causa vergüenza; en segundo lugar, el ingrediente girls with guns que además de asegurar escenas de tiroteos con métodos arriesgados y heterodoxos (como colgarse de un paracaídas por los pies), también posee una connotación sexual; y finalmente, la presencia de una yamato nadeshiko bajo sospechas de tendencias yandere como tercera arista del triángulo amoroso.

Tsunderismo clásico

Aria Holmes Kanzaki es un ejemplo adecuado de cómo ejecutar a una tsundere standard, al menos desde que el cuarteto canónico de Kugimiya impuso un nuevo significado a este término. En este blog hemos discutido en varias ocasiones la evolución y transformaciones de este modelo de heroína sentimental sentando la hipótesis de una nueva tendencia y realizando un back to the basics. En nuestra última reconsideración (la reseña de Kaminomi II 2), tratamos sobre casos excepcionales que derivaban en desdoblamientos fantásticos producto de un agravado conflicto de identidad. Pero faltaría preguntarnos acerca del molde “habitual” o estandarizado. Aria, como personaje, recopila todos las piezas indispensables que consagrara el trabajo de Kugimiya. En principio, la tsundere es valerosa y aguerrida, pero debido a su osadía, don de mando y habilidades (no siempre las mejores, porque puede ser torpe para realizar tareas sencillas) se encuentra condicionada por su contexto y obligada a asumir una posición agresiva, muy áspera y poco tolerante. En otras palabras, la chica anda encabronada por default. Aria es la mejor estudiante clase S del grupo Assault del colegio Butei High, pero tanto ella como Louise (la peor alumna de la escuela de magia) están forzadas por las circunstancias a “defenderse” y mostrar los colmillos antes de dar la mano. Por complemento, esta clase de chicas deben ser hermosas, en efecto, una especie de muñecas, pero también estar descontentas con su cuerpo: la forma ideal para traducir esta paradoja y satisfacer al espectador masculino es apelando al fetiche de la loli, obviamente pettanko (Aria recurre a push-ups para enmendar su escasa exuberancia). Kinji comete el doble error de confundir a la pistolera con una alumna de secundaria y de primaria, pero aunque perdiera el interés en su pecho casi plano, no duda en excitarse cuando lo siente empotrarse sobre su rostro. Sin embargo, esta insatisfacción puede convivir con el orgullo: Aria defiende “el encanto de mi frente”. La diferencia de tamaño entre ambos protagonistas permite jugar con cierto erotismo riesgoso que conduce al castigo contra el muchacho, invirtiendo la jerarquía patriarcal y vaya que Aria consigue imponerse al invadir el cuarto de Kinji en el mismísimo dormitorio masculino, obligarlo a convertirse en su esclavo y luego persuadirlo a volverse socios, tentación involuntaria de por medio. En buen criollo, se gesta una especie de amor serrano, a golpes… o disparos, donde la mujer ocupa el papel preponderante gracias a su atrevimiento y porque el Kinji lo permite (el héroe es consciente de su superioridad e incluso la salva y humilla). Otro detalle particular del tsunderismo kugimiyano son ciertas peculiaridades del diseño de personaje: el zettai ryouiki es obligatorio y coherente con su carácter combativo, pues las medias largas enfatizan la fuerza en las piernas (las medias cortas suelen denotar inocencia o castidad); también es marca registrada que cada tsundere acuñe una catch phrase, en este caso, la amenaza de “abrirle un agujero” a Kinji o cualquiera que ose molestarla. Otro atributo específico sería el peinado en twintail, que podría asociarse al tsunderismo debido a la polaridad emocional del personaje (entre dulzura y brusquedad). Para el caso del célebre cuarteto de Grandes Tsunderes, todas excepto Nagi poseen un arma y exhiben cualidades de combate muy desarrolladas: Shana emplea una katana, Taiga una espada de madera y Louise su varita mágica. Aria utiliza dos espadas y dos pistolas, pero en todos los casos la admiración que despierta el personaje proviene del contraste entre el moe-ness y la inherente violencia del arma.

Porque nada mejor para una adolescente irascible, impulsiva, altisonante, que otorgarle una herramienta para matar y concederle autoridad para utilizarla a su antojo, pues en esta descabellada premisa se asienta el sistema Butei y debemos aceptarla para dejarnos envolver por la serie: lolis en apariencia indefensas manipulando unas impresionantes semiautomáticas M1911 con precisión, agilidad y cierta dosis de acrobacia. Desde que colocan un arma de fuego en manos de una chiquilla, estoy rendido: girls with guns forma parte de mis sub-géneros favoritos desde la trilogía de Mashimo (Noir, Madlax, El Cazador de la Bruja; la primera una pieza maestra) y jamás me cansaría del esteticismo lindante con el ballet que poseen algunas escenas de tiroteos protagonizados por Kirika y Mireille. Los Butei también actúan como mercenarios, pero al estar institucionalizados y socialmente reconocidos, se descarta toda posibilidad de atmósfera oscura o enrarecida y solo queda al fanático aguardar un mínimo de espectacularidad en los duelos balísticos, porque allí donde se niega el contenido trágico, J.C. STAFF tiene terreno allanado para operar con la receta invencible de comedia romántica entretejida con acción. El lado dark, subterráneo, ominoso de esta clase de series es sustituido por el intercambio humorístico entre la tsundere y una especie de Touma Kamijou algo más calenturiento (incluso oímos por momentos el clásico comentario irónico del protagonista de light novels). El girl with guns, sin embargo, no requiere por necesidad de un tipo específico de ambiente o humor: necesita combates desiguales, badassery, mucho hot blood o mucha sangre fría con elegancia, harto suspenso y retos angustiantes para la puntería de nuestra protagonista, que permita disfrutar al espectador de su presencia en pantalla porque así funciona la mecánica del fetiche, sobre varios oxímoron que desafían los espacios de género usuales. Mejor dicho, porque no solo una mujer, sino una chiquilla realiza un trabajo marcadamente femenino. Las amazonas siempre inquietaron a la imaginación, como cualquier mujer con poder, pero esa aura perturbadora alimentaba la fantasía: el deseo de dominar lo indomable, o quizá ser dominado. Y recordemos que la dualidad S&M es fuente ineludible del ecchi. Esa naturaleza ofensiva es compartida por Shirayuki, la rival de Aria, que representa las coordenadas opuestas en polaridad absoluta: una muchacha sumisa, obsequiosa, dedicada con devoción a rendirle pleitesía, con alma y habilidades de waifu pero -según sospechamos- una potencial yandere. La clásica rivalidad entre pettanko cabezadura y chica ideal con senos grandes. Como ambas son butei y Shirayuki afirma participar de campamentos de entrenamiento, asumiremos que esta confrontación no podrá resolverse en el campo de batalla, sino bajo la lógica picaresca del fanservice y las estratagemas románticas.

Una respuesta

  1. davidvfx

    Realmente es imposible esta serie, para mi en especial por lo menos, bien la pudieron llamar “Una flama llamada Shana 4”, “Zero no tsukima 5”, ó “Toradora 2” y no nos hubieramos dado cuenta ¡En serio! (estoy siendo sarcastico). Estoy deacuerdo que hay elementos diferenciales, y esto es gracias a que a los novelistas de donde se basaron estos animes, pero es culpa de J.C. STAFF de que esto paresca continuaciones de mundos alternos de un mismo personaje loli femenina heroica, y no me refiero a alguna de los animes que mencione si no de la mismisima Rie
    Kugimiya. Donde J.C. STAFF pareciera no importarle basarce su proyecto en la fuerza de la novela ligera creyendo en las lectras del autor ó autora, si no que todo atrativo recaega en que Rie
    Kugimi ya invitando al auditorio a ‘revivir’ esos momentos que les dieron las series anteriormente mencíonadas, que sospechosamente son del mismo studio; y no dudaria en apostar que mas de un harcore-fán no ve a Aria al ver este anime, si no “a su” tsundare favorita: Shana, Louise, ó
    Taiga renacida en este nuevo universo.

    Esta serie le hubiera dado tregua si no fuera por la presencia de Rie
    Kugimi que su sola presencia me es revelada la ”Ruta a bandera final” para acabar este juego en mi PFP como es el mismo Keima (de The World God Only Know) lo haria.

    1 mayo 2011 en 10:54

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