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Ano hi Mita Hana no Namae o Bokutachi wa Mada Shiranai 1: Ghost, la sombra de mi infancia

I need your love...

AnoHana (para abreviar) se proyecta como principal competencia para Hansaku Iroha en el filón melodramático de esta temporada de primavera. Como muchos exponentes del género, se concentra en la cuitas de adolescencia o los growing pains de un muchacho de preparatoria, momento crucial para la definición de la identidad, pues -a diferencia de la secundaria o junior high school- el sujeto se encuentra a pocos pasos de culminar su educación básica (donde podía darse el lujo de ser irresponsable) y asumir el tránsito hacia un oficio o una formación profesional, el mundo serio de los adultos. Sin embargo, la mayoría de dramas juveniles con tendencia lacrimógena sitúan el conflicto “hacia adelante”, es decir, en relación con la adultez. AnoHana, al contrario, plantea el desencuentro “en retrospectiva”, hacia la infancia, en tono nostálgico, lamentando el “cambio”: la pérdida de una idílica inocencia anclada en el pasado.

Otro aspecto donde AnoHana difiere con HanaIro es el estatuto de la ficción: mientras la segunda se mantiene en el molde realista, el primero cuando menos podría catalogarse de realista mágico en el sentido que suelo aplicar este término al anime, es decir, la intervención, sobre un escenario moderno, racional y realista, de elementos maravillosos que solo pueden concebirse desde la religiosidad o la espiritualidad (milagros, apariciones, almas) y, sin embargo, el problema de fondo no radica en estos eventos sobrenaturales, sino en el desarrollo psicológico de los personajes. Un ejemplo notable es la “trilogía de las estaciones” de Key/KyoAni. Podríamos afirmar que AnoHana relata la lucha de Jintan por exorcisar los fantasmas de su pasado, las culpas que continúan aquejándolo y frustrándolo sin conseguir descargarse de ese lastre moral. Pero sonaría injusto con la tierna y bienintencionada Menma que, en lugar de encarnar metafóricamente esa angustia insoslayable, posee una identidad autónoma. Jintan intenta negar la existencia de la dulce pequeñuela, pero dentro de la narración, Menma es un elemento real, aún cuando solo su desilusionado amigo se capaz de atestiguar su presencia: esto se comprueba porque podemos seguir las acciones del fantasma incluso cuando Jintan se encuentra lejos, fuera de escena, por ejemplo, durante la visita de Menma a la casa familiar. Al focalizar desde un personaje fantástico, queda descartada la interpretación del “stress de verano personificado”, por tanto, la misión encomendada (“cumplir el deseo”) es cierta, no solo producto alucinado del remordimiento del muchacho. Pero esta compañía espectral no niega que Jintan haya crecido bajo la sombra de un trauma y habiendo asumido el peso ominoso de la muerte de Menma, su mejor amiga de infancia, de quien ni siquiera logró despedirse apropiadamente porque huyó tras tildarla de “fea”. AnoHana consigue, mediante esta acumulación de circunstancias dolorosas, estructurar el escenario propicio para provocar el llanto. Entre estos componentes, se cuenta la aplicación de un sufrimiento injusto contra los seres más indefensos (en sentido amplio: además de la edad y género; de todos los niños de la pandilla, es Menma quien tiene el aspecto más frágil y enfermizo, y quien parece además de tierna, romántica, y la primera en idealizar a Jintan), la consiguiente “degradación” de un sujeto a temprana edad (incapacitado porque no logra conciliar su conciencia) y la desintegración de un grupo que simbolizaba los valores e ideales de una niñez pura de corazón. Sumémosle el dolor de unas disculpas nunca ofrecidas y la bondad de la víctima. El mundo se ensaña con rabia injustificada creando una atmósfera de desolación latente, que nadie confiesa o incluso nadie se atreve a reconocer. En consecuencia, a pesar del ingrediente fantasmagórico, esta “visita” de ultratumba se corresponde con una pesadumbre verdadera, un conflicto irresuelto en el plano de los vivos.

Aunque el problema de Jintan sea su ineptitud para asimilar el cambio, esta situación es secuela de un duelo inacabado, o quizá demasiado prolongado, pues el sujeto, al continuar creciendo siguió anclado a una decepción, la ruptura súbita de una utopía prístina y espiritualmente perfecta donde él fungía de líder, era respetado y querido por sus amigos y compartían un espacio único, que simbolizaba su unión. En esa sociedad en miniatura que los niños fundaron, incluso se negaba la oficialidad de los nombres que les pusieron los adultos, pues solían llamarse por apodos cariñosos (Menma, Anaru, Tsuruko, Yukiatsu, Poppo). Este paraíso de inocencia se desintegra tras la muerte de Menma porque carece de sustento: los niños habían establecido un reino de la ilusión donde podían creerse los superhéroes que mantenían la paz del universo, pero esa ficción que sostenía la existencia de su sociedad en miniatura es embestida por una Realidad innegable. La muerte no consiente objeciones por parte de la imaginación: es determinante. En otras palabras, aunque quisieran, los niños nunca hubieran podido prolongar su pequeño círculo heroico porque no podían ocultar ni enmendar el deceso mediante alguna fantasía. Pero Jintan resiente este primer cambio (la pérdida de Menma) con mayor fuerza, pues se atribuye una responsabilidad en exceso penosa para alguien tan joven. Los demás parecen haber superado con relativo éxito el proceso de duelo, pero esta evolución trajo consigo una metamorfosis personal al entrar a la adolescencia: en otras palabras, dejaron de ser “quienes eran antes”. Si Jintan hubiera acompañado este curso, se habría acostumbrado e incluso mantenido cierto grado de integración, pero tanto Menma como su despeinado amigo parecen impedidos de asimilar que aquellos niños que conocieron años atrás “son otros”. Jintan no pudo sacudirse del pasado utópico, pero tampoco le quedan esperanzas de restituir ese ideal en el futuro: está atrapado en un presente constante donde, sin proyecciones ni buena conciencia, únicamente le alcanza para dejar pasar el tiempo como un hikkikomori. El segundo cambio consiste en la desmembración del grupo, que genera descentramiento para quien apoyaba su identidad sobre esa pertenencia. Dentro del círculo, Jintan es importante, su opinión cuenta, encabeza las acciones, es respetado por Poppo y admirado por las chiquillas. Cuando se diluye ese espejismo, el niño no encuentra un lugar semejante en la sociedad real y el vuelco es radical: el líder se marginaliza, se convierte en escoria y Yukiatsu lo desprecia porque no pudo aprobar los exámenes de ingreso a la preparatoria. Al resto le ocurre distinto porque el grupo tenía un valor menos definitorio, pero la separación sí influye y casi todos, en particular Anaru y Yukiatsu, huyen del recuerdo refugiándose en máscaras de complacencia, como la excelencia en los estudios o la liviandad de la moda. Quizá pareciera que Tsuruko asumió con mayor madurez la gravedad de los hechos y comprende las reacciones de quienes fueron sus amigos, incluso cuando las esconden. Poppo tampoco ha logrado deshacerse por completo del pasado pues ha transformado la antigua guarida del escuadrón infantil en su antro personal.

La clave de la intensidad lacrimógena se encuentra en instigar la nostalgia por lo irrecuperable. Esa forma de melancolía por un tiempo que jamás volverá parece incorrecta para un joven e incluso provoca lástima, pues sus amigos ni siquiera habrían progresado “para mejor” al crecer y cambiar de identidad, en especial el aspecto moral, como si el tránsito a la madurez no solo implicara habituarse a la malicia, violencia y deslealtad del mundo adulto sin ideales, sino también adaptarse a sus frivolidades, su pedantería, su insensibilidad, su falta de sinceridad. Quienes mejor representan este brusco giro son Yukiatsu y Anaru. El primero se convierte en un estudiante modelo que confronta a Jintan con desprecio y rudeza, mirándolo desde arriba, como si no mereciese siquiera su misericordia. Su carácter petulante lo lleva a portarse de manera hiriente para ocultar sus propios afectos (como dice Tsuruko, él también se altera cuando mencionan a Menma). El caso de Anaru es particular porque, fuera de la pareja protagónica, obtuvo un mayor airtime que permite definir mejor su perfil de personaje y basta un breve repaso para descubrir los motivos: un silenciado e incómodo interés en Jintan, mal carácter, engreimiento, chica fashion y twintails. Lo único que deriva de esa sumatoria es tsunderismo fogoso. Sin embargo, trascendiendo los arquetipos, Anaru es la imagen viva del cambio irreversible: es lógico que abandonara sus intereses infantiles, pues a los dieciséis años ninguna chica moderna se interesaría por jugar al super sentai sino por salir de fiesta, vestirse bien y mandar sms. Sus lentes gruesos quedaron atrás y ahora es una muchacha atractiva y malgeniada. Pero, ¿acaso un grupo de amigos puede sobrevivir a ese devenir inevitable? Si Menma pretende reunir a su antigua pandilla de vuelta y reconstituir su amistad como en los viejos tiempos, a Jintan le espera un trabajo difícil, pues además de cargar con el mayor desprestigio del grupo, será casi imposible conciliar las tendencias de cada individuo sin originar un nuevo choque de egos. Si hubieran mantenido la unidad habrían aprendido a tolerar sus diferencias e incluso a disfrutar de ellas (porque cuando niños, también había matices), pero la distancia impide “reconocer” el proceso. Ojalá, para bien de Jintan, hayamos tocado fondo y desde el próximo capítulo se inicie un camino de recuperación, aunque, les recomendaría comprar una dotación de pañuelos y prepararse para la angustia.

4 comentarios

  1. Dang! falto la conclusión!
    Anticipándome al ilustre final de esta reseña, debo decir que estaba esperando con ansias Anohana. Y ver este primer capitulo e identificarse con el entorno propuesto… duele. Y mucho

    23 abril 2011 en 12:57

  2. Konopikyu

    Pues si que duele, yo a mis 30 años todavia no entiendo el mundo de los adultos y es mas si tuviera opcion nisiquiera seria uno, quiza tan solo me aliente el poder ser madre algun dia (espero no muy lejano). Yo tambien fui el Peter Pan de mis juegos muchas veces, y sip, despues Peter Pan se va a nunca jamas y nunca jamas regresa. Fijo me va a hacer llorar, pero creo que dentro de todo sera un drama reflexivo, que impoga la esperanza antes que lo inevitable. Va para la lista de las mejore de esta temporada, ademas de que tiene uno de los mejores openings tambien.

    28 abril 2011 en 14:02

  3. Rayos! no me fije en el opening…
    ¿Que aqui todos tenemos 30? 🙂

    28 abril 2011 en 18:03

  4. Tolly

    Recién terminé de verlo. Y la verdad q encontré este blog en mis ancias de comentarlo…y es q flor de lágrimas me mande. Me las aguante como una señora durante toda la serie para q al final el capítulo 11 venga y me da la cachetada final q hizo q quede bañada en mocos jajaja

    22 abril 2012 en 14:03

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