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Denpa Onna to Seishun Otoko 1: Pierna, muslo y encuentro

Mi marciana favorita

Esta temporada SHAFT parece regresar a sus raíces de comedia vanguardista en donde mejor se aprecia su estilo “offbeat”, pero aunque el humor negro de Maria†Holic había solventado esta impresión, bastaron veinte minutos de Denpa Onna para alimentar la intriga, encender el entusiasmo e impulsarme a jugar todas mis fichas por este amasijo de incertidumbres, aún cuando ignoro si acierto o estoy precipitándome: el estudio es capaz de tornar adictivo el surrealismo y trasmutar en moe-ness la sensación de enrarecimiento. Sin embargo, en Denpa Onna, superan sus propias vallas instigando al espectador con un largo suspenso representado gráficamente por las juveniles piernas de Erio Touwa. Se deja al descubierto una zona del cuerpo con connotaciones erógenas, pero en lugar de propiciar el ecchi, genera curiosidad (si no ansiedad) por el resto, que permanece escondido, tanto que su revelación es una epifanía.

Comencemos a despecho del orden cronológico con el perfil de nuestra heroína, la deslumbrante y enternecedoramente ininteligible Denpa Onna, sobrenombre que el título de la serie le atribuye a Erio, la prima misteriosa. Este apodo es significativo porque influye sobre la interpretación que adoptemos respecto de este primer episodio. Esta lectura podría cambiar a medida que adquiramos más información sobre la muchacha, pero valdría la pena especular. Una traducción aproximada y literal de “Denpa Onna” sería “Mujer de Onda Eléctrica”, pero el término “denpa” es empleado en japonés para referirse a las personas desquiciadas o que profesan creencias “atípicas”. Esta doble acepción abre una disyuntiva: ¿le creemos a Erio cuando se declara una “alien” y anuncia que “the Earth is targeted”? Para resumirlo en términos sencillos: ¿estamos ante una auténtica extraterrestre que emplea sus “ondas” para comunicarse o simplemente es Erio una alucinada fanática de los temas UFO que quijotescamente terminó absorbida por un personaje que ella misma inventó? ¿Acaso responder a este dilema nos ayudaría a comprender por qué Meme, su madre, casi reniega de su presencia y prefiere dejarla vivir sus delirios aún cuando sigue reconociéndola como su hija? Si confiamos en Erio y admitimos que es extraterrestre, su conducta sería anormal solo desde nuestra perspectiva terrícola, pero comprensible desde la extrañeza del visitante que ignora cómo comportarse en este mundo. Pero además, el estatuto ficcional cambia, porque nos ubicaríamos en el terreno de la ciencia-ficción, en especial, las interacciones (o contactos) entre humanos y alienígenas. El otro escenario factible es realista. Aunque Erio sea preciosa y posea un dulzura poética, si cualquier chica rara se revela ante nosotros y asegura provenir de otro planeta, creeríamos que está chalada y quizá le seguiríamos la corriente solo porque es bella. Volviendo al referente del Quijote, es probable que Erio haya leído tantos libros y revistas y acumulado tanta información sobre la temática extraterrestre que acabó superponiendo sus deseos sobre la Realidad, creándose una identidad y una historia acorde con sus ansias de aventura frente a un mundo común y corriente demasiado aburrido. Esta última teoría implica, en efecto, suponer demasiadas cosas que el episodio no dice, sin embargo, existen pruebas que demuestran que quizá estemos siguiendo una pista certera. Primeramente, el cuarto de Erio a donde ingresa Matoko maravillado parece un observatorio estelar por un filtro de luces que utiliza para producir ese efecto y además, entre sus pertenencias, aparece un telescopio, varios libros de cosmología y un uniforme escolar (del mismo colegio a donde acudirá Makoto). Un observador atento solo necesitaría esos indicios para atar cabos. Erio está embebida de conocimientos y pasión por el espacio exterior y sus misterios (del mismo modo que don Quijote fue atrapado por las novelas de caballería) y quizá tiempo atrás fue una alumna “normal” que acudía a clases en lugar de una especie de NEET devoradora de pizza. Si Meme ocultara en su casa a una alienígena de verdad, esta no necesitaría esa clase de libros. Cualquiera fuese la solución a este enigma, el primer capítulo consigue cautivarnos gracias a la incertidumbre que siembra y porque Makoto está condenado, para su desdicha, a acompañar a su problemática prima en cuanto disparate o extrañeza se proponga. Como Kyon, le corresponde observar a la “chica anómala”, desasosegante objeto de deseo, mientras él pretende aportar el sentido común. Erio pertenece a ese linaje de personajes femeninos prodigiosos, infundidos por la gracia de su propia excepcionalidad, como Touko Amano (Bungaku Shoujo) o Mikoto Urabe (Nazo no Kanojo X). Una característica similar es el vínculo que entabla con sus respectivos leads masculinos, everymen sin cualidades, pero azuzados por la fascinación. Su rareza es lírica, como puede comprobarse durante la deliciosa escena de develación del rostro, donde SHAFT hace gala de su preciosismo (y recuerda la célebre escena de CLANNAD donde Kotomi Ichinose abre la ventana de la biblioteca recitando un acertijo incomprensible).

A muchos nos encantaría tener una tía como Meme, tan bien conservada para sus 39 años, tanto que parezca una adolescente de galge, una versión moe-kyun de Misato Katsuragi. Sin embargo, ella también envuelve muchos misterios: cuando Makoto le pregunta sobre su esposo o busca indagar más sobre su relación con Erio, la tía sexy responde con evasivas, excusas, inventos o yéndose por las ramas. Su hija solo parece interesarle cuando arruina su cena y debe castigarla de forma espectacular. No existe comunicación entre ambas y ni siquiera se preocupa por alimentarla ni cocinarle, fuera de proveerla del dinero para sus pizzas (porque… el dinero proviene de Meme, ¿no?), convencida quizá de que Erio ha emprendido una vida autónoma que supera su capacidad de intervención. La hipótesis de que Georgie, o como se llame el marido o simplemente el progenitor de la prima misteriosa, sea un extraterrestre, es válida si pretendemos mantenernos en el terreno fantástico o sci-fi. Pero Meme parece haberse resignado a convivir con una hija desequilibrada, o mejor dicho, una obsesa incurable y simplemente deja pasar el tiempo porque es una locura “benigna”. Esta nueva familia rompe las expectativas del ordinario e insípido Makoto que, como cualquier adolescente, anhela aquello que el discurso oficial japonés (dictado por los adultos) califica como “unhealthy” (malsano, no saludable), pero antes que experiencias prohibidas por la moral conservadora, antes que excitante morbosidad, solo encuentra conductas excéntricas que le impiden concretar su plan de sexualidad vertiginosa. En principio, SHAFT aprovecha la oportunidad para cuestionar las opiniones de tantos políticos y asociaciones de padres que nunca toman en consideración la perspectiva o las apetencias de los jóvenes infiriendo que, al contrario, los muchachos solo piensan en cosas “nocivas”. Luego, ese afán de romance o aventura se estrella contra una realidad descabellada, planteando otra paradoja: Makoto parte en busca de una vida normal pero, a mayor empeño, más extravagancias encuentra. Makoto es anti-quijotesco en ese sentido.

De aquí en adelante, podemos aguardar un proceso de aprendizaje romántico por parte del “joven juvenil”, como se traduciría “Seishun Otoko”: esta iniciación en el mundo es sugerida por su monólogo al inicio del relato, donde nos cuenta que está abandonando la casa paterna, por tanto, debe aprender a vivir solo a pesar de la tutela de Meme. Su primera impresión destila inmadurez y entusiasmo adolescente: como su tía trabaja podrá emplear la casa a sus anchas para divertirse con alguna amiga circunstancial. Makoto concibe esa mudanza como una oportunidad para “crecer” en el sentido lujurioso, sin asumir ninguna responsabilidad, solo como premisa para liberar sus hormonas. Lo usual entre una juventud verdaderamente saludable. Sin embargo, el cambio de aires (un sujeto pueblerino, con escasa experiencia, supina ingenuidad y atolondramiento para juzgar el mundo) en cualquier historia de aprendizaje implica una transformación en los hábitos que impacta en la conciencia del individuo, aunque este tarde mucho en darse cuenta de la gravedad del acontecimiento. Provinciano camino de la gran ciudad, su primera preocupación al presentarse en clase es escanear a sus compañeras del salón para “chequear el material”, todo ello sin parecer un pervertido, sino un común y corriente muchacho de preparatoria siendo sincero con sus impulsos. Sin embargo, todo descubrimiento inicia con un evento asombroso, una revelación chocante que establezca un antes y un después. Para Makoto, esta epifanía particular será, sin duda, su encuentro con Erio, desde el acercamiento gradual a esa inquietante figura de vocecita delicada y frases herméticas hasta la manifestación semidivina de su rostro. No será la fórmula más original, pues el Eterno Femenino, la influencia de la mujer sobre la subjetividad masculina en la Historia, es parte esencial del crecimiento, pero sería inadecuado simplificarlo como mero enamoramiento (aunque en la adolescencia, puede asumir el estado de pasión); por ello, prefiero utilizar el término “fascinación”. Ese embeleso provocado por una belleza insondable que genera extrañamiento, conmoción, asombro, es el primer paso hacia el reconocimiento de una verdad personal y la mujer, incomprensible, la guía privilegiada.

Nota: por vacaciones de Semana Santa no actualizaré el blog durante el Jueves y el Viernes hasta la tarde. Agradezco de antemano la paciencia del público lector.

Una respuesta

  1. - Test Type -

    Pero ¿qué tal si?… ¿Qué tal si Erio?… ¿Y si Erio es?… ¡Si es!… ¡Es! ¡UN INCUBADOR!

    Ok, sí, toda mujer joven y sana es de hecho, en cierto sentido, un incubador en potencia. Pero bueno, dejano las malas bromas de lado, en efecto, debe ser el personaje femenino mas guapo de la temporada

    28 abril 2011 en 04:38

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