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Nichijou 2-3: Ni olvido ni perdón

Sabíamos que habría yuri en esta serie, pero...

Mai is mai waifu. La indiferente y peculiar meganekko continúa siendo el personaje más pintoresco y por ende, simpático, de este slice-of-life que rehuye a todo molde de normalidad. No será el golazo de la temporada (no aún), pero en apenas tres episodios consiguió gracias a la moestática y emotionless chica de lentes superar su primer objetivo: introducir un tipo de humor “distinto”, fuera de serie, demasiado aleatorio y anárquico para siquiera considerarlo absurdo. Porque, como la impertérrita Mai, Nichijou anda a su propio ritmo sin importarle cuán extraña o imprevista resulte. Y gracias a esa sorpresividad deslumbrante, ambas dejan boquiabierto a quien dude de sus múltiples capacidades. Esta vida normal para nada corriente, pero muy cotidiana, es una mezcla de rareza intempestiva y la trivialidad más mínima: armas salidas del espacio hiperbólico de un bolsillo infinito, una androide tan multifuncional que sirve de alacena, y una ratona de biblioteca tan anómala que puede derrotar en vencidas a la supuesta genki girl de la serie.

Cuando creíamos que la escena del wiener sería insuperable -al menos, durante esta primavera- Nichijou sacó a relucir a sus elementos más randomísticos. Aunque la serie posee dos núcleos de personajes, el primero formado por el trío chiflado de Yuuko, Mio y Mai, y el segundo alrededor de Nano y Hakase, parte de su riqueza inagotable reside en el abundante repertorio de secundarios y terciarios que gravitan, en particular, en torno del ambiente autónomo del colegio, aún cuando algunas secuencias apelen demasiado a un humor localizado, muy japonés, como cuando el director y el oscuro subdirector dialogan acerca de un extraño muñeco para brujería. La profesora consejera que busca con denuedo granjearse el respeto del estudiante pero temerosa de ganarse su antipatía, el chico del afro que utiliza su bonsái de cabello para guardar bocadillos, la dupla que forman Koujirou y Misato en una versión explosiva y balística de la rutina de boke y tsukkomi combinada con tsundere e idiota. En realidad, esta trasposición romántica del típico modelo de comedia japonesa no sería nuevo, sino la manera como el anime adapta el tópico del amor entre golpes. La originalidad de Nichijou está en la ingente cantidad de armamento que utiliza Misato para expresar sus sentimientos y cómo su complejidad va creciendo a medida que empieza a perder la calma y dejarse dominar por sus pasiones, como si el tamaño o la sofisticación de las bazookas o rocket-launchers fuese la materialización de sus emociones. En nuestra reseña previa afirmábamos que reírnos de una escena donde alguien dispara impunemente contra una persona desarmada solo sería posible si cumplía dos requisitos: primero, que las armas no matasen ni provocasen heridas o daños mayores; segundo, que cumplan una función distinta en la estructura que bloquee el significado y las connotaciones originales que suscitan las armas. Ahora sabemos que esos disparos intemperados serían una forma ridícula y obviamente exagerada como se viabiliza la psicología contradictoria de Misato. Esta pareja sigue pareciéndome inquietante porque -en apariencia- no existe comunicación entre ellos, pero Koujirou termina preocupándose parcialmente por los regaños de su compañera y Misato cede a la tentación de probarse la máscara de oso. El poder de repulsa y atracción es equivalente pero con frecuencia una fuerza aumenta mientras la otra aminora y disfrutamos de un bombardeo humorístico de reacciones fuera de tono o extremos de narcisismo desquiciantes. Algo similar ocurre con Mio y su hermana Yoshino, en otra clase de rutina cruel: las tomadas de pelo perpetradas por los hermanos mayores a los menores. Como en otras instancias, las reacciones son descomunales o estrambóticas. La rareza es norma, en consecuencia, se responde con similar extrañeza: los disfraces excéntricos contra los golpes descomunales.

Mención aparte merecen los personajes que, a pesar de estar rodeados de “excepcionalidad”, bregan por mantenerse normales y fracasan en el intento. En cierta forma, Yuuko es una loser adorable, pero carga con la responsabilidad de su honda estupidez. Mio, en cambio, pretende preservar un mínimo de sentido común a pesar de su propia porción de “extrañeza”. Habíamos degustado una pizca en el primer capítulo con su amor unidireccional y secreto por Koujirou, pero otra faceta de Mio que muchos no dudarían en calificar de creepy, podría -de quedar expuesta al vulgo- hundirla en los insondables abismos del desprestigio otaku. Su afición por dibujar doujin yaoi es inversamente proporcional a la ternura de sus icónicas colitas de virginal moeblob: con esta ecuación podemos comprender la gravedad de esta paradoja y quizá justificar su preocupación por esconder su inconfesable pasatiempo erótico. No porque falten en anime más chiquillas procaces, pervertidas y morbosas, sino porque Mio proyecta hacia su entorno una personalidad incompatible con el culposo placer de dibujar escenas de fellatio homosexual. Nunca encontrarás mejor carburante que la vergüenza pública y gracias al pudor, KyoAni nos brindó una secuencia de persecución de antología con Mio-chan trepándose literalmente por las paredes y ambos personajes deformándose en una marejada de líneas dinámicas. La gestualidad, un punto trascendental para cualquier slice-of-life alcanzó en esta sección límites insospechados de distorsión, ahora célebres por ciertos videos en NicoNico, en un increscendo que acompañaba la desesperación de Mio. Otro personaje que continúa luchando por adquirir el reconocimiento de su humanidad y, en consecuencia, su normalidad, es nuestra dulce androide Nano, aunque este adjetivo suene un tanto despiadado. Por desgracia, aunque su rutina con Hakase es bastante entretenida (la pequeña le revela una nueva utilidad en su cuerpo que Nano considera embarazosa, pero la Profesora se niega a renunciar a sus caprichos), preferiría que comprobáramos el auténtico grado de shock entre la robot y otras personas aparte de su creadora: que rompan el espacio cerrado del Laboratorio. Nano sale de compras como cualquier ama de casa, pero nadie parece sorprenderse porque tiene una enorme llave de cuerda en la espalda, ese incómodo objeto que ella quisiera negar. El arribo de Sakamoto-san ayudará a quebrar esta dualidad porque además de introducir una voz masculina, el gato pretende mostrarse sagaz y servirá de contrapeso entre la ingenuidad de Nano y el engreimiento de Hakase. La rareza de Nichijou se extiende al discurso científico: la joven inventora nunca figura trabajando pero es capaz de crear un pañuelo traductor para dotar de habla a Sakamoto, por tanto, que llenara a Nano de funciones esperpénticas es coherente con la incoherencia.

Prepárense, finalmente, para el mayor espectáculo de aniquilación psicológica, física y moral nunca antes presenciado y jamás concebido: la intelectualoide, monótona, reservada e impredecible chica sin emociones Mai Minakami barriendo la pista con la impetuosa, atarantada, cabeza de chorlito genki girl irresponsable Yuuko Aioi desde el comienzo del tercer episodio con desplantes épicos para hacerla sufrir su desprecio, tenerla contra las cuerdas, a su merced, y finalmente, derrotarla veintitrés veces en una prueba de badassery física. Mai siempre se encuentra un paso adelante de sus amigas, pero ellas suelen ponerle la victoria en bandeja con su limitado seso. No resulta un humor cerebral, pero sí aprovecha los contrastes, el impacto que genera lo inesperado. Sin embargo, las genki girls no suelen administrar bien la desmesurada energía que exhiben probablemente porque la derrochan en actividades ínfimas; mientras que en anime no sorprendería encontrar kuuderes, danderes o simples emotionless girls de aquellas con pinta de nerd ensimismado en sus libros que, de súbito, no solo patean traseros, sino que imponen su voluntad convirtiéndose en la hembra alfa. Por tanto, como situación insospechada, tampoco sería demasiado original, pero el combate de vencidas es solo la apoteosis de un proceso que venía desarrollándose durante todo el episodio. Yuuko intenta disculparse con Mai porque cometió una seguidilla de errores que nunca confesó, luego llega la venganza de Mai valiéndose de la estupidez de su compañera para confundirla y humillarla en la necesidad. Ambas llegaban a la escena definitiva tras varias situaciones de tensión y aunque los tres eventos parecen separados, como delatando la preferencia en Nichijou por las viñetas inconexas, es susceptible de interpretarse como un conjunto temático y, por tanto, hallarles una relación narrativa. Mai trasciende el margen de expectativas de su personaje pues su actitud frente a un mundo que parece aburrirle, no obstante, siempre sorprende, sea saltando la soga mientras lee, sea jugando al punche contra otra chica, sea memorizando (mal) passwords de videojuegos. La escena del segundo episodio describe por completo su personalidad: no rompe la nueva regla que acaban de introducir las chicas, solo la lleva al extremo de manera que luzca absurda, como hizo luego con Yuuko, avasallándola tanto que empezaron a emerger sus excusas. La fórmula es simple: frustrar a sus amigas o aguarles la fiesta con soluciones excéntricas e ingeniosas. Aunque recibió pocos reflectores en comparación con Mio o Yuuko, la meganekko rentabilizó mejor ese airtime transformándose en la encarnación de ese humor tan raro y autónomo que plantea Nichijou.

5 comentarios

  1. mijogo

    Mai me encanto, no se sabe que va a hacer, siempre sale con algo, en un anime lleno de sobre reacciones, es la única que puede hacer reír siempre, tiene habilidades por doquier, solo sabe ocultarlas para utilizarlas como armas en el momento mas adecuado.

    22 abril 2011 en 23:07

  2. lnn

    No creo que el objetivo de esta serie sea usar el absurdo como método para arribar a conclusiones “serias”, pero como la programación hizo que la viera después de Hourou Musuko me resulta inevitable considerar bajo la influencia de la obra de Takako Shimura, a dos de sus personajes, la robot Nano que quiere ser humana y el corriente y vulgar Sasahara, que pretende pasar por noble.

    Me resulta muy difícil ver a Nano distinta de una chica humana. El hecho de que asome una llave de su espalda es raro, pero no es la cosa más rara que se pueda ver hoy día entre las adolescentes japonesas o de otros lados. Y la explicación de esas rarezas es la misma que usa la infante profesora: porque es “cool”. Pero a Nano se le implantan todas esas cosas extrañas en contra de su voluntad y le provocan una clase de sufrimiento en nada distinto del sentimiento humano. Y si Nano sufre como un humano, entonces yo ya no la puedo ver como un simple objeto inanimado, sino como una persona siendo maltratada por un ente de mentalidad infantil, llamémosle la moda, la tendencia o presión social, encarnado en la ochoañera profesora que no tiene límites ni conciencia cuando decide que algo es “cool”.

    Mejor que a Nano le va a Sasahara, que no se pliega al conformismo de la masa, enfrenta con valor los prejuicios de la mayoría, aunque lo ridiculicen por su cabra, su mayordomo y su forma idealizada de vestir, hablar y comportarse. No lo veo como falso aristócrata sino como un trans-social, un tipo con disforia de clase, un noble encerrado en el cuerpo del hijo de unos granjeros. El suyo es un arte exigente, acciones que son naturalmente simples para la plebe como trasladarse a la escuela o incluso ir al baño, se transforman para el de clase patricia y sangre azul en un elaborado ritual que no se puede eludir. Sasahara hace lo que a Nano por ahora se le niega: desafiar las convenciones de la sociedad para que se lo reconozca tal cual es en su fuero íntimo, y no como dictan las prosaicas circunstancias de su nacimiento, irrelevantes justamente porque son el casual resultado del azar. Uno no elige cómo viene al mundo, pero sí puede elegir cómo vivir y luchar por eso. Esta actitud de Sasahara le ha ganado el corazón de por lo menos dos de los personajes femeninos del universo Nichijou. Una de ellas, Misato Tachibana, chica temperamental y explosiva, es mi favorita de la serie.

    23 abril 2011 en 20:57

  3. - Test Type -

    Dos cosas:

    1.- A punto de considerar a Mai a representación definitiva de kuudere como “master race”, me he dado cuenta que ganó haciendo trampa (pero no necesariamente en todas las contiendas): No únicamente utilizaba su brazo como medio para someter y contrarrestar la fuerza ejercida por el de Yuuko, sino también su torso.

    Sin embargo, no le resto puntos a pesar de tal falta porque razones no le faltaban para desquitarse, y porque no cualquiera lee y salta la cuerda al mismo tiempo.

    2.- Pensándolo bien, ahora no se si quisiera tener una mascota tan “cool”como Sakamoto-san. Es algo “exigente” xD.

    28 abril 2011 en 04:29

  4. ¿Porqué a todos los lectores de este blog se nos da muy bien lo de hablar con mucha verbosidad? 🙂
    Seriousman, mira lo que has hecho… eres un genio

    28 abril 2011 en 12:52

  5. The Non Prolific Anonymous

    La canción que suena durante la escena final del manga de Mai-chan, cuando Masao acaba montando en el tigre, no es “Take Five” del Dave Brubeck Quartet? o alguna pieza muy parecida/inspirada/plagiada?
    Me muero por oír la OST de la serie!

    20 junio 2011 en 18:42

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