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K-ON!! Extra 27: There’s a place

But I'll be back again

Cuentan los rumores que, incapaces de continuar soportando la presión de sucesivas giras, sesiones de grabación y apariciones en los medios, las chicas de Houkago Teatime decidieron en secreto tomarse unas vacaciones para luego alejarse de los escenarios y abocarse a “trabajar en estudio”. Mucho se especuló del destino que cada integrante habría tomado durante esas cuatro semanas de relajación. Yui-senpai y Gitah habrían “retornado” a New York y pasado junto al Dakota Building sin darse cuenta. Mugi-oujosama habría descansado en Finlandia apoyándose en la familia. Mio-tan habría concretado su tour mágico y misterioso por Londres y grabado unas cintas en Abbey Road. Ricchan habría optado por el turismo de placer y armado bulliciosas fiestas en Hawaii. Azu-nyan, en cambio, se animó a descubrir Machu Picchu y regresó a Sakuragaoka infundida de un místico discurso new age fruto de su aprendizaje con chamanes y apus.

Esa es la historia, no tan secreta, de K-ON!! episodio 27. La escena del mispronouncing de Machu Picchu ha demostrado ser bastante popular en youtube donde circulan varios loops. El lenguaje o, mejor dicho, la pronunciación de otras lenguas fue una fuente de humor para este episodio extra, pues, no en vano, su temática giraba alrededor de viajes al extranjero, requisitos, precauciones y preparativos, pero también ilusiones, indecisión e impericia. No imagino cuán arduo resultaría para una japonesa articular dos palabras en quechua, porque incluso los peruanos suelen equivocarse, pero la deliciosa vocecita de Ayana Taketatsu transforma esos errores en un dulce ridículo: su doble fracaso con la lingüística andina y el intento de Nodoka por corregirla conforman un gracioso ping-pong entre una senpai sabelotodo y una kouhai atrapada en su propio trabalenguas. Por momentos, mi vanidad patriotera me conduce a la insostenible sospecha de que quizá los entusiastas amigos de KyoAni estén preparándose para llevar al quinteto de paseo por Perú: tantos encartes de ペルー en la agencia turística promocionando Cuzco y las Líneas de Nazca al menos demuestran un interés del equipo de creativos por las maravillas del país sudamericano. Sería la opción de Nodoka-chan, porque el resto de muchachas parece decantarse por otros destinos. Una lástima porque harían una excelente película (jejeje), aunque nada descarta que hayan sembrado este episodio como un guiño para los espectadores y poder introducir una secuencialidad con el viaje de promoción y obviaran mencionar un lugar específico, reservándolo para la sorpresa. Meras especulaciones o wishful thinking: el grado de intervención de KyoAni en K-ON!! es notoria respecto de la primera temporada. Prácticamente se restructuró el manga para ajustarlo al relato de aprendizaje y final de un ciclo que pretendían contar, pero kakifly se abocará desde abril a los años universitarios, por tanto, Kyoto no puede condicionar al mangaka con material extra que altere demasiado su canon.

Jamás me cansaré de argumentar que, entre las virtudes narrativas de K-ON!, la serie consagrara una estética del slice-of-life abocada a idealizar y amabilizar los procesos intermedios, el cómo se hace, el interín, los preámbulos. Este episodio, en lugar del viaje propiamente dicho, aborda los aspectos adyacentes, en otras palabras, cómo el viaje va forjándose, tomando forma, aún cuando todavía permanezca en la imaginación de sus protagonistas y -quién sabe- nunca llegue a concretarse. Para explicar el valor de este enfoque narrativo, supongamos que esta última hipótesis acabase siendo cierta, que algún impedimento frustra sus planes y cancelan su viaje. Ello no invalida sus experiencias previas, cuánto se divirtieron soñando, anhelando y preparando desde sus ilusiones hasta los asuntos más concretos. Los acontecimientos previos, a veces juzgados secundarios, conforman el núcleo valorativo y emotivo de los hechos “definitivos”: gracias a esas vivencias, alcanzar una meta adquiere sentido. Por otra parte, mientras esos prolegómenos sean compartidos entre amigos, será mucho más ameno y memorable. Siendo sinceros, aunque proyectar un viaje posea ese encanto de la expectativa y la fantasía, muchos de los pasos preparatorios son bastante engorrosos y aburridos. Suerte tienen los japoneses pues necesitan visa para ciertos países, porque entonces la fascinación degenera en pesadilla, pero, por ejemplo, los trámites en Migraciones y la recolección de documentos son aburridísimos. K-ON! transmuta esas instancias soporíferas con humor, ternura y belleza: no soslaya ni tampoco niega las adversidades o los pequeños contratiempos, pero los encara con optimismo o mediante la broma. Durante los primeros minutos consiguieron aplicar estos principios a la fase inicial de emprender un viaje: imaginárselo. La escena de las chicas comentando sus destinos favoritos destaca por esos pequeños instantes donde nos sumergimos en sus ilusiones, cuando Azu-nyan delira con Woodstock y los bares de jazz, Yui-senpai con una New York pintarrajeada en crayones o Ricchan danza un sensual ritmo hawaiiano. Todo comienza con esas imágenes estereotípicas (una hamburguesa corona un rascacielos) y cada postal imaginaria nos describe la personalidad de cada integrante. Como la música, ahora el quintento comparte un deseo, aunque sea embrionario. Todo inicia con un brote de ingenuo entusiasmo.

Muchos se preguntarán -con razón- cómo pudo K-ON! calar en una audiencia japonesa golpeada por la peor crisis económica que venía afrontando el país, en especial, cuando las muchachas, además de vestir a la moda, vivir en casas propias (y espaciosas) y consumir sin remordimientos, se encaprichan con viajar, para colmo, al extranjero. Dejando de lado el argumento del otaku creepy capaz de gastar su dinero y obsesionarse por las moeblobs del momento, bien podría criticarse que K-ON! ofreciese una imagen ligera, frívola y acrítica que ningún espectador reconocería como cercana en una economía en recesión. Y obviamente, lo es. Sin embargo, el slice-of-life no busca retratar una Realidad, sino crear una imagen de cotidianeidad (ver nuestra reseña a Nichijou 0) y K-ON! se constituyó, para un público desilusionado con su sociedad, en un sucedáneo feliz, una representación idealizada de la sociedad de consumo. En el universo ficcional de K-ON!, apenas existe el delito o la perversidad o aparece levemente mencionada solo para propiciar una escena light-hearted de soberana travesura infantil: Ui-chan está preocupada porque en el extranjero su onee-chan podría correr peligro y le compra un libro de defensa personal que solo sirve para que Mugi-oujosama atenace lésbicamente a Azu-nyan. Si tuvieran que lidiar con ladrones de verdad, el manual de Ui-chan hubiera sido tan útil como el inglés de Yui-senpai, pero al ser inexistente la maldad, el robo es sustituido por una graciosa simulación, una puesta en escena que causa gracia por el contraste entre una inocente chiquilla y un delincuente de verdad y porque se toma a burla una situación grave. La abanderada de enfrentar los impedimentos con gestos juguetones y buen humor es la dueña de Gitah, la orquestadora de la comedia en Houkagou Teatime, que siempre encuentra la solución más hilarante a cualquier problema. Sus intervenciones en engrish son antológicas y su falta de concentración nos permite disfrutar de su maravillosa habilidad para entrar en digresiones y arrastrar a sus amigas en ellas. La escena de la charada prueba ese extraño liderazgo.

Aunque -medio en chongo, medio en serio- ese papel de vocera sentimental del grupo lo tiene merecido gracias a sus pertinentes intervenciones donde resume en palabras tan sencillas como acarameladas el discurso del grupo sobre la amistad, la unión y el significado de formar una banda. Yui-senpai lo enuncia con tanta simplicidad que parece que fuese inconsciente de cuán hondo calan estos mensajes entre sus amigas: disfrutar con alegría cada experiencia sin detenernos a pensar demasiado los pormenores. La vida es serious business, como lo admite la guitarrista ante Ui-chan, pero no interesa demasiado a dónde viajar, sino el hecho mismo de pasar tiempo juntas, e incluso hacer un segundo viaje cuando se gradúe Azu-nyan. Por ello, al instante Ricchan propone buscar los implementos para su travesía, porque, insisto, en el orden de prioridades de la inocente Yui-senpai, antes que un destino, se piensa en el camino. La estrategia de K-ON! es cubrir esa idea con un aura de enternecimiento. Fuera de fanboyismos, Azu-nyan también se sorprende del volumen de vibras positivas de su senpai dojikko, pero su comentario no está exento de la ironía tsunderesca que caracteriza a la menuda koneko-chan. El auténtico fuel de Yui-senpai es la comida: recuerda los lugares que visitó por los sabores que probó, considera al arroz un ingrediente fundamental para la supervivencia y solo consigue concentrar sus esfuerzos cuando su recompensa tiene la forma concreta de un helado, porque la única forma real de vivir es mediante las experiencias concretas. Su argumento es tan simple que resulta indestructible incluso para Azu-nyan. A final de cuentas, hay que hallar respuestas rápido: sin guitarras a la mano, bien vale una air guitar.

Pero también destacó la legendaria Bajista Zurda, aunque cuando destaca en escenas de humor no suele ser ella quien las propicie, sino quien las padezca. Como escribí en la pre-reseña, compadezco a Mio-tan porque detesto la burocracia, aunque haya normas que debemos respetar y cuando nos frenan los trámites en ventanilla porque llenamos mal un papel o nos faltaba un formulario número cuchucientos, parecería que alguien se propuso hacernos la vida a cuadritos. Como si estuviera realizando un comentario metatextual sobre ellas mismas y su condición de ídolos moeblob con aspecto lolitesco, Azu-nyan menciona que las chicas japonesas suelen ser confundidas en el extranjero con estudiantes de primaria, y Mio-tan, quien encarna el sentido común del quinteto e irradia mayor madurez, pretendía desprenderse de esa imagen teen pop con un estrambótico peinado (mil veces prefiero la Mio-tan versión ponytail). También apuntaba que tenía una predilección por la moda urbana y dándole la contra a los estereotipos del anime, suele usar pantalones con mucha frecuencia. Pero no bastó que Migraciones le pusiera dificultades, porque entonces arribamos a la genial escena del fotomatón, quizá lo mejor después de Machu Pitsu y Ok, no nihongo. Típica rutina del tipo serio que quiere hacer algo importante mientras los funny guys se lo impiden a veces queriendo ayudar, a veces en plan de joda. Una mezcla de ambas porque al comienzo, Mio-tan sucumbe (quién no) a las coherentes tonterías de Yui-senpai, pero luego es víctima de Ricchan, como si la consigna fuera demorar más el proceso porque, como afirma la dueña de Gitah, un pasaporte es valioso porque sacarlo es trabajoso, pero ese esfuerzo divierte y no importa su costo porque luego comerán algo delicioso. Me gustó que enfocaran la broma desde el punto de vista de Mio-tan, es decir, desde adento de la cabina porque podemos identificarnos mejor con ella: existe un afuera de donde llegan las distracciones o las burlas, pero la Bajista no puede salir del estrecho espacio, una situación propicia para la comedia de gags enredosos.

Todas las chicas cumplen una función que permite ensamblar el grupo y esto se observa incluso en asuntos tan nimios como imaginar el viaje. Su pase por la tienda de artículos para viajeros tuvo sus notas divertidas pero destacó porque incluso fuera del salón de música las chicas se ven como banda, como colectivo con nombre propio. De una reflexión onomástica tan simple como afirmar que siempre se llamarían Houkago Teatime sea en América, Europa o la Cochinchina, pareciera que el resto de integrantes sacaran una conclusión más profunda, no porque Yui-senpai quisiera llegar a ella, sino por una afortuna casualidad: que sin importar las circunstancias, ellas continuarán siendo indesligables porque comparten una identidad e incluso harán música callejera si se animan. Me recordó por un chispazo los momentos más conmovedores de la segunda temporada pero las situaciones melodramáticas no duran mucho porque alguien las interrumpe afortunadamente con un gesto cómico. Ricchan es quien toma la iniciativa, Mugi-oujosama es la pacificadora, Azu-nyan la disciplinada, Mio-tan la inteligente y Yui-senpai aporta la energía con esas afortunadas frases aparentemente tautológicas. Las extrañaremos hasta diciembre.

5 comentarios

  1. Benjammmin

    arghh!! i’m working!!! post later…

    29 marzo 2011 en 11:09

  2. Benjammmin

    Okay lo busque online y esta muy bueno!!!! el trabalenguas de Machu Pitsu, Mio en Abbey Road, el “abrazo” de Mugi y sus cejas, el “no rice, no life”, este episodio extra me encantó. Solo que, habiendo leído el resumen antes, solo me sorprende lo increíblemente complejo que Seriousman puede convertir algo tan simple y sencillo como un slice of life, con un despliegue de palabras dignas de Freud o Chespirito (esta última oración es broma, por si acaso) A veces dan ganas de abundar en temas simples y deconstruirlos hasta convertirlos en verdaderos temas filosóficos, solo para dejar claro que este pasatiempo es “serious business”
    Gracias por esos analisis.

    30 marzo 2011 en 20:19

    • Hola. Gracias por tu lectura y tus comentarios.

      Solo quería aclarar un asunto: nunca he pretendido -ni creo que valga la pena hacerlo- demostrar que este pasatiempo o K-ON!! o los slice-of-life sean serious business. Lo que sí considero asunto serio es el análisis. Y cuando se trata de analizar un producto, no existen textos neutros ni inocentes ni simples ni ligeros. Creer que las ficciones de entretenimiento no pueden analizarse críticamente porque, supuestamente, no dicen mucho, es un error terrible. Edward Said lo hizo con las películas de Rocky, Umberto Eco con las historietas y Roland Barthes con la lucha libre. Ninguno de ellos trata de demostrar que su objeto de estudio es más o menos serio ni más o menos complejo, pero sí buscan demostrar que leer “ingenuamente” los textos es dejar de mirar muchas cosas. El disfrute va por un lado y el análisis por otro.

      30 marzo 2011 en 20:53

  3. Benjammmin

    Tienes toda la razón. Mis comentarios van desde el punto de vista de (supongo yo) la mayoría de la gente que toma todo “pasatiempo” (con comillas) como solo un pasatiempo, incluído todo lo relacionado a ello, como los análisis. Para la mayoría de las personas “comunes”, lo que llamaríamos sin burlarse “gente de a pie”, ser aficionado es sinónimo de fanatico, hacer un análisis tan profundo como los tuyos (que me tienen enganchado a este blog) puede ser tomado de mala forma. Yo no opino asi, solo que siempre he querido “defender” mis aficiones, y esta es una de las pocas ocasiones en las que encuentro gente que las ve casi desde mi punto de vista, y trato de identificarme con ello. Yo no se explicarme tan bien como tu lo haces, pero espero no haberte ofendido

    2 abril 2011 en 12:41

    • No, hombre, no me ofendiste. Por suerte tengo buena memoria y recuerdo a quienes suelen comentar de cuando en cuando en los posts y pude notar que no tenías mala intención. Solo quería hacer la aclaración para que no creyesen que quiero convertir a K-ON! es una pieza filosófica. Es un hito en el slice-of-life e impone una estética, pero requiere leerse en sus coordenadas.
      Por otra parte, admitiré también que soy un militante fanboy, nunca lo he ocultado.

      2 abril 2011 en 15:07

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