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Nichijou 0: Como la vida misma

Snoopy?

Tatsuya Ishihara, director de Haruhi Suzumiya y CLANNAD, se pone al mando de este nuevo proyecto de Kyoto Animation, garantía de una adaptación de calidad, en especial, si consideramos los antecedentes genéricos del estudio, cuyo gran éxito histórico (K-ON!) es también un slice-of-life moe proveniente de un casi desconocido 4-koma con elementos de comedia cotidiana. No podemos arriesgarnos a vaticinar el éxito comercial o crítico de Nichijou, versión animada del manga de Keiichi Arawi, pero KyoAni ha demostrado poseer un excelente ojo para discernir qué material les conviene explotar e intervenir con su creatividad, puliéndolo y mejorándolo con su consabido preciosismo. De esta muestra preliminar (titulada episodio 0), podemos deducir que Nichijou contiene los elementos necesarios para desarrollar una poca explotada intersección entre el slice-of-life y lo “fantástico”, una combinación anómala pero nada inconcebible si definimos con precisión el concepto de tanche de vie. Primeramente, debemos marcar una diferencia entre géneros y verosímiles. Gran parte de los slice-of-life de anime se afilian al verosímil realista (situaciones improbables, pero no imposibles respecto de nuestro criterio de realidad), pero esta característica no es obligatoria. En realidad, el único requisito diferenciador del slice-of-life consiste en la reproducción de un ritmo de cotidianeidad. Esto no significa que retrata o describe la vida “tal como es”, sino que construye una forma que simula lo cotidiano, lo usual, la rutina. Mediante un conjunto de personajes carismáticos, el slice-of-life ilumina esas situaciones que cualquiera pudo haber vivido o vivirá de manera que recubre de belleza las circunstancias más comunes y corrientes. Por ello, poco interesa si en Nichijou, una robot convive con una “Professor” de cinco o seis años de edad y un gato parlante, o una meganekko de gélida conducta gusta de viajar dormida en los trenes… sobre el lugar de las maletas, porque lo fundamental es enfocar desde su perspectiva las circunstancias de algún día equis del calendario, encapsulándolas en viñetas instantáneas que relatan sus ocurrencias.

KyoAni pretende apelar al exitoso modelo que ellos consagraron en K-ON!! y para el cual fijaron los parámetros de “excelencia”. Aunque suene a broma, Nichijou deberá superar el desafío impuesto por el mismo estudio que impuso una forma canónica de concebir el moe-ness y aplicarlo a slice-of-life’s de orientación humorística. No creo que consigan superarse a ellos mismos (Nichijou carece del potencial comercial de K-ON! en cuanto a los productos derivados y sus secuencias dependen más del chiste que del gesto); sin embargo, es probable que disfrutemos de un Lucky*Star menos otakucéntrico y, por tanto, comprensible para un público menos “especializado” o -mejor aún- KyoAni podría ofrecernos su versión de comedia del absurdo, tipo Azumanga Daioh! Es temprano para percibir el contraste entre personajes y sus funciones arquetípicas, aunque Nichijou apuesta por una atmósfera de candidez y ternura, de inofensiva tesitura que aisla los aspectos más conflictivos y repulsivos de la realidad embelleciéndola incluso en sus nimiedades. Sobre este ambiente, podemos advertir algunos perfiles característicos: Yuko sería la ingenuota pero algo estúpida genki girl, Mio la everygirl sin demasiados talentos y Mai la intelectual de pocas palabras y acciones certeras. Del lado del laboratorio, hay mucha química para explotar, en especial, la relación entre Nano, la robot onee-san, estricta pero bondadosa, “Hakase”, la Profesora, una loli que -asumo- sería su creadora, y Sakamoto-san, el gato negro que habla, paradójicamente, encarnando el sentido común (aunque basta una mariposa para distraerlo). La riqueza de Nichijou podría residir justamente en los matices que soporta la identidad de sus personajes, en especial, aquellos momentos en que parecen salirse del molde de la normalidad cotidiana e incurrir en deliciosas contradicciones y excentricidades. Por ejemplo, cuando Mio pierde la paciencia con Yuko porque la llamó “gallina” y ella le echa por cara que sacase 1/100 en un examen malogrando su intento de levantarle el ánimo a su amiga, o las costumbres viajeras de Mai, la parca lectora voraz, que provoca admiración entre sus amigas. En ambos casos, la escena busca contactar con la experiencia del espectador: todos tuvimos algún amigo algo lento de sesos pero muy voluntarioso y energético que se avergonzaba de sus notas o alguna ocasión viajamos solos en un vagón del tren y nos tentó hacer alguna payasada sabiendo que nadie nos vería.

Aunque me entretuvo la primera sección dedicada a la tierna idiotez de Yuko, la triple conjunción de sujetos anómalos en el Laboratorio Shinonome consiguió engancharme empáticamente con los personajes y sus interacciones. Nano es la figura más interesante del elenco: es un androide pero la llave para darle cuerda en su espalda le confiere un cierto toque old-style, de juguete antiguo, por tanto, volvemos al tópico siempre visitado por el anime del muñeco que ansía ser humano. Su visión de la vida cotidiana aportará, sin dudas, una perspectiva peculiar a los asuntos comunes. Muchos slice-of-life destacan por llamar la atención sobre aspectos de nuestras rutinas y hábitos que nunca nos detenemos a contemplar debidamente: ello porque el personaje vive esa experiencia enfatizando los asuntos más corrientes tornándolos especiales. Por ejemplo, Nano se comporta como una hermana mayor con Hakase, a quien protege y educa, pero es torpe para seguir ciertas indicaciones pese a su nivel de inteligencia y no comprende bien eso de camuflar la medicina dentro del flan que debía servirle a la loli resfriada que se negaba, como muchas niñas, a tomar el remedio. Esto ocurre en muchos hogares del mundo y usualmente los padres acaban por abrirle la boca a los mocosos con engaños o, en última instancia, a la fuerza. Siempre hay un momento de lidia, de discusión, de negociación entre el adulto y la niña, e incluso Nano se ofrece a tomar la medicina con Hakase, pero la chiquilla consigue zafarse con simpáticas pero incorregibles evasivas. Nano es el típico personaje de slice-of-life, bondadoso e idealista que vive la vida con optimismo, pero siendo un robot, puede explotarse el filón de la rareza y el extraño encuentro entre seres fuera de lo común y situaciones demasiado comunes. Sakamoto-san me recuerda al globo en forma de perro de Suzumiya Haruhi-chan, aunque menos sarcástico y más concienzudo, mientras que Hakase, la Profesora, posee el encanto de los personajes que encierran en sí mismos un oxímoron: puer senex, “niña vieja” que no parece tan “vieja” porque sigue comportándose como una pequeñuela de su edad, pero viste como una científica y quizá sea una especie de prodigio infantil. Esta estrafalaria combinación de seres extra-ordinarios debía, en otras circunstancias, derivar en situaciones insólitas, pero en cambio, ocurre algo híbrido: hechos usuales recubiertos de cierta excepcionalidad.

Quizá la mejor manera de acercarnos a un slice-of-life como Nichijou es dejarnos llevar por la sencillez de las situaciones descritas en cada viñeta e identificarnos en las vicisitudes de los personajes porque hemos vivido situaciones similares o experimentado una forma de vida afín. En otros casos, cuando el relato conquista una mayor autonomía, construye una cotidianeidad ideal, es decir, una imagen de la rutina diaria que no refleja nuestra monocorde vida de estudiantes o trabajadores, sino un ritmo cotidiano perfecto, donde no exista la maldad ni las frustraciones o en caso haya malas noticias, las superemos con humor en un entorno familiar y amical caluroso. En Nichijou, los hechos comunes son transfigurados en situaciones cómicas debido al carácter de sus personajes. Recuerdo que en Suiza, en algunos tramos, ciertos trenes llegaban casi vacíos y era frecuente que algunas estaciones casi ni acogieran pasajeros: cuando entrabas al vagón podías sentirte dueño de todo el espacio como si hubieras reservado todos los asientos. Cuando te acostumbras a viajar en los intercity donde escasean las sillas, o los metros y tranvías, donde en hora punta no cabe un alfiler, el contraste es notorio. En realidad, Mio y Yuko solo cumplen los deseos de nuestro niño interno que ansía coronarse monarca de su diminuto reino. Además, la libertad más anhelada por nuestro inconsciente consiste en cometer impertinencias sin recibir las miradas censoras de nadie. El tren vacío funciona como una habitación personal cerrada, donde nadie nos reprime. Finalmente, Yuko, como muchas personas que conocemos, se deja atrapar por la espontaneidad creyendo respetar una analogía, pero sin darse cuenta sino tarde que ella sería la única en off-side. Si dejamos aparte el aspecto académico, Mio y Yuko se parecen bastante, pues ambas cometen con frecuencia alguna locura, como rodar por el piso de la emoción, pero esta similitud sirve para resaltar la imagen indiferente e impertérrita de Mai. Aunque su arquetipo ha sido largamente explotado en incontables series (la emotion-less girl de gafas), pocas consiguen afiliar su aparente apatía con una cuota de iluminada ironía. Si confiamos en los previews y posters promocionales, Nano asistirá a la misma escuela, abriendo la posibilidad del humor de convivencia en un entorno donde abundan los eventos particulares a pesar de predominar lo rutinario. Este encuentro entre figuras cotidianas pero excéntricas puede encender la chispa del género: el extrañamiento sobre lo común, donde ayudar a una amiga lerda a recobrar su optimismo se convierta en una odisea. KyoAni ha decidido jugarse por Nichijou en temporada extendida (24 episodios) quizá asentados en su prestigio como adaptadores-interventores: aguardo con expectativa su versión pintoresca, sencilla, inaudita, de “la vida misma”.

5 comentarios

  1. Hablando de Snoopy, acaso no encaja su serie animada como Slice of life?, ahora que la veo, noto que es mucho mas profunda que normalmente un caricatura infantil era.

    24 marzo 2011 en 18:12

  2. Benjammmin

    Que bien!!!! por fin un slice of life sin ni una pizca de ecchi!!!! y se parece a (mi querido y añorado) azumanga daioh!!!! yesss!
    La enana Hakase tiene un aire a Becky de Pani poni Dash! y Mio tiene los ojos y las coletas como Chiyo. Si, las comparaciones no se pueden evitar nunca
    Pero que bien, justo cuando empezaba a desanimarme del anime, tantos quaser y otoshimonos hasta que por fin llego algo de mi gusto total (claro, tambien estoy a la espera de A-channel, yay!)
    Gracias xla super reseña

    25 marzo 2011 en 20:48

  3. The Non Prolific Anonymous

    La temporada de primavera va a ser muy buena, sin duda. Qué series vais a reseñar, aparte de Nichijou?

    27 marzo 2011 en 17:03

  4. Tomoya

    Me gustó pila esta OVA como previa a la temporada.
    Me resultó una serie que jugó muchísimo con las metáforas. Me gustan los diálogos con algo de dinamismo que logra. Son divertidas y bastante locas las situaciones que plantea, más que absurdas, con una pizca de ironía.

    Saludos, jaa nee!

    28 marzo 2011 en 01:03

  5. - Test Type -

    Me encantaría tener una mascota tan cool como Sakamoto-san xD.

    8 abril 2011 en 04:19

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