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Toaru Majutsu no Index II 22: Un cierto canto épico y sanador

Touma retomando el digno oficio de quebrar ilusiones

Mientras Accelerator es masacrado por un delirante Kihara, quien parece no preocuparse porque Index arruine con sus plegarias el virus inoculado en Last Order, Biribiri se tumba cual pinos de bolos a docenas de Hound Dog y Kamijou-kun recupera su sana costumbre de noquear mujeres con certeros puñetazos al rostro que podrían desfigurarlas. Pero, bueno, seamos condescendientes esta ocasión. Al menos le tocó enfrentar a una tipa loca, anórexica, neurótica, perforada de piercings por toda la cara, e incapaz de sostener con solvencia sus endebles argumentos para detestar la ciencia. A diferencia de otras nenas vapuleadas por Touma, como Sherry, Agnès u Oriana, la derrota de Vento no produjo ningún efecto de misericordia estética (en otras palabras, nadie lamentó que puñetearan a esa bruja desquiciada) y su exposición de motivos para justificar su rencor tampoco resultó muy exitosa.

Mi opinión respecto del episodio continúa siendo ambivalente: en consonancia con el arco de la Invasión, fue trepidante y emotivo, aunque ahora el protagonismo de la pelea se traslade a un Touma monumental como quebrador de ilusiones sermoneando con fragor heroico a una inconsistente Vento. El combate entre Kihara y Accelerator se mantuvo en la línea del suspenso inherente al esquema de la lucha desigual entre un villano poderoso y psicótico y un antihéroe no menos ultraviolento, pero condicionado y quizá debilitado por su descubrimiento del afecto humano. Sin embargo, aunque no faltaron las emociones al borde del abismo, cuando Accelerator pierde sus habilidades y entra en estado de semiconciencia, transformado en una suerte de lunático afásico con ojos perdidos, parte del encanto se pierde. Kihara no puede emplear sus recursos para contrarrestrar los ataques de Accelerator porque estos son meramente físicos, pero continúa en ventaja porque se encuentra, psicomotriz y mentalmente, en dominio de sus facultades. Por momentos, parecía que Amata luchaba contra un perro, un animal capaz de infligir daño, pero todavía fácil de abatir para alguien con suficiente fuerza. La escena es insoportable por su planteamiento, pero adquiere valor cuando se aprecia como parte de un proceso: Accelerator es fustigado y humillado por su peor enemigo hasta extremos denigrantes y desciende, aún con dignidad, hasta un estado deleznable, solo para recuperarse empujado por su anómala devoción por Last Order y -quizá- los curativos himnos de Librorum Prohibitorum, que podrían funcionar como cantos guerreros en instantes de heroico resurgimiento. Otro error, ahora incomprensible, sería la amplia libertad de acción que disfruta la monja en esa pequeña oficina mientras dos hombres están enfrascados en una angustiosa pelea. Kihara no solo le permite analizar la situación de 20001, sino también llamar por teléfono a una informante e incluso ejecutar una suerte de ritual. Si bien al comienzo puede aducirse que Accelerator le impidió que atacase a Index, minutos después, Amata parece haber apabullado al muchacho, pero en lugar de deshacerse de esa extraña hermanita de la caridad o interesarse en su conversación con Biribiri, prefiere continuar pateando a Accelerator como si alrededor no ocurriese nada. La pateadura que le propina acabará revirtiéndose en contra suya porque provocará el despertar de otras habilidades en el vectorial antihéroe. En efecto, aunque expuesto de manera poco congruente, la suerte de Amata se encuentra regida por el mismo principio que ocasiona el fracaso de los antagonistas en Toaru: la hybris. Tomo prestado este concepto de la tragedia griega para explicar cómo los villanos de esta saga suelen ser víctimas de su propia desproporción que los conduce a perder el sentido de la Realidad, a descarrilar sus prioridades, a sobrestimar con exageración su poder, a concebirse dueños de una Verdad omnímoda que diviniza sus actos. La soberbia es su pecado común y todos redundan en esa vanagloria de sus propias habilidades. Aunque suenen racionales y fríos, cuando saborean el poder, son locamente despiadados, y subrayo el asunto de la alteración psíquica porque otro factor común es la propensión hacia la desmesura que deriva en cuadro patológico y los gráficos se encargan de resaltarlo.

Ocurre igual con Vento. A veces, sospecho que otro tópico de las series épicas del tipo Toaru sería dotar de un poder desmedido a las organizaciones malignas, pero sopersarlo con una cuota de ineficiencia, de manera que cuando son derrotadas, la responsabilidad de su caída en cierto porcentaje se atribuya a ella misma antes que al héroe. Me explico o, mejor dicho, me pregunto: ¿acaso no sabía Aleister que confiándole semejante poder de decisión a un sujeto fácilmente arrastrable por su propia locura como Kihara corría el riesgo de echarse al garete el plan de activar a FUZE=Kazakiri? ¿Y acaso los católicos no previeron que una persona tan desequilibrada como Vento, a simple vista perturbada y poco racional, podría sucumbir a su propia inestabilidad psicológica? Sobre todo cuando debe enfrentarse a Touma Kamijou, un sujeto que raras veces pierde la cabeza, y en cambio, medita cada movimiento. Esta tendencia de ambos bandos de ceder puestos decisivos o misiones importantes a gente con un background psíquico poco confiable ayuda bastante al héroe y permite al guionista aplicarse en un tercer tópico de acción: el combate discursivo, un elemento formulaico de amplio uso en la narratividad del anime, en particular, del shounen. Para que funcione correctamente, el espectador concede un espacio de verosimilitud a una situación escasamente real. En determinado momento de la pelea, los contrincantes se detienen y comienzan a dialogar. Existen incluso lugares comunes, por ejemplo: explicaciones sobre las técnicas que utilizan, amenazas de muerte replicadas por los propósitos justicieros del héroe, y relatos del pasado que exponen los motivos del villano para ser malvado. En concreto, este último mecanismo consiste en justificar mediante un evento traumático la conversión de un sujeto común y corriente en una persona cruel y salvaje, de manera que podamos solidarizarnos con su dolor y comprender su metamorfosis. Sin embargo, este argumento no puede validar el comportamiento posterior del personaje, es decir, debe evidenciarse el desfase entre una circunstancia dolorosa o un contexto adverso y una respuesta inadecuada, contraria a los valores que postula la serie. Para ello, el héroe también requiere ser un argumentador hábil que no permita al villano engañar al espectador y conteste rápidamente al alegato demostrando su debilidad como excusa. Esto sucede cuando Vento se confiesa ante Touma esclareciendo las razones de su resentimiento contra la ciencia. No necesitamos dos dedos de frente para darnos cuenta de cuán endebles son sus acusaciones: no existe artilugio humano perfecto, ni siquiera cuando pretende garantizar el 100% de seguridad, pues nadie puede prever la totalidad de escenarios. Por otra parte, la escasez de sangre en un hospital no puede achacarse a la ciencia (porque esta ya cumplió al desarrollar las transfusiones), sino a una sociedad poco solidaria, sin costumbre de donar. Esto no impide que Touma se compadezca de la situación de Vento y su hermano menor, pero esa comprensión no torna inocente a una mujer desorientada, fanatizada, con sed de venganza.

Han transcurrido pocas horas desde el penalty game de Mikoto a Touma: Last Order apenas conoce a Kamijou-kun e Index recién ha interactuado pocos minutos con Accelerator, sin embargo, los caminos de la magia y la ciencia ahora parecen más intersectados que nunca. Durante una misma escena ocurren eventos científicos o esper (como el salto cualitativo de los poderes de Accelerator o la aparición del ángel Kazakiri) y mágicos (los hechizos de Librorum Prohibitorum y Vento): la pequeña monja colabora con Biribiri, una Level 5, para salvar a 20001, un clon a quien debido a su función, Index llama ángel artificial, e intenta revertir su situación empleando su habilidad que, aunque suene gracioso, son plegarias. Rezar nunca fue tan épico. Sin embargo, quizá con himnos gregorianos consiga encontrar una solución al virus inoculado en Last Order, pues Kihara destruyó un chip donde aseguraba poseer script original del programa que podría servir para hallar, digamos, un antivirus. Habiendo descartado esa posibilidad e incluso que Touma pudiese aplicar su Imagine Breaker (pues hablamos de un sistema informático), no existe forma de detener a FUZE=Kazakiri. Del lado de Kamijou-kun, la aparición de Acqua complica el panorama al introducir a un segundo Asiento Derecho de Dios quien podría ofrecerle mayor pelea que la desequilibrada Vento: a simple vista, se nota más frío y calculador; aparte, es un Santo, como Kanzaki. Touma no podrá jugar la carta de la confrontación retórica (aunque la usó con Kaori) para torcer su voluntad o desbarrancar su mente. Ahora, aunque antes he acusado que la Iglesia Católica y Aleister sean algo ineficientes al confiar en Kihara y Vento, es cierto también que la historia necesita de esta clase de personajes para trazar la evolución de los héroes como guerreros. Sería absurdo que Touma comenzase enfrentando a Acqua cuando ninguna organización arriesga a sus élites cuando alguien inferior puede cumplir una tarea similar, pero también porque respecto de la estructura narrativa y los criterios de verosimilitud de las series de acción, el héroe crece y desarrolla sus poderes a medida que vence contrincantes, pero no puede comenzar con el Big Boss, sino con los secuaces. Lógica de videojuegos: nunca falla.

2 comentarios

  1. Tararira Hero

    Loco la verdad que me encantan tus reviews, sabés de lo que hablás. Sos un capo.

    27 marzo 2011 en 00:29

  2. Sauza36

    Debo preguntar ¿Que estudias o estudiaste? o ¿donde aprendiste a expresarte de esa forma? realmente siento que estoy leyendo algo escrito por alguien con neuronas 100% funcionales. La ultima vez que vi algo similar fue en alguien que se graduó en Letras. No se, creo que me empiezo a interesar por el tema

    20 marzo 2014 en 23:18

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