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FRACTALE 7: It’s a trap

Desde las entrañas de la bestia

La perfección es una cruel fantasía: no existe, alguien intentó forjarla por medios artificiales e inventó un sucedáneo engañoso y adictivo de la felicidad, cuando la auténtica reside en las cosas simples, en aquello que todavía “puede tocarse”. Después de varios episodios, Clain por fin comprende el mensaje de Nessa, pero primero debía internarse en el corazón del Sistema, en Xanadú, la ciudad ideal, manipulada por Fractale en su máxima potencia operativa, en su pleno esplendor y derroche de medios, tanto que resulta pecaminoso que tanto refugiado vague por la periferencia buscando reconectarse al Estado. La opulencia exorbitante es apenas la fachada para la vacuidad, el envoltorio luminoso y polícromo para la corrupción y la perfidia. Así como Clain descubre el sinsentido de una vida artificiosa, entregada a la apariencia, nosotros también nos indignamos por el bajón en la calidad de animación.

Hasta ahora, el universo de FRACTALE era predominantemente rural: conocíamos el desarrollo desde la periferia, es decir, desde los sectores más alejados del centro (o los centros) donde se concentra el poder, la vida aldeana alejada del bullicio de las grandes ciudades donde se aglomera la población atraída por las ventajas y placeres que ofrece el ideal de progreso tecnológico, tal como el Estado, sustentado por el Sistema, pretende hacerle creer a sus habitantes. La cartografía de FRACTALE estaba formada por pequeños pueblos ribereños, praderas, colinas y bosques, pero cualquier relato de ciencia ficción presupone que, para alcanzar semejante grado de sofisticación informática, debían existir núcleos tecnológicos altamente industrializados donde, además de las actividades económicas infraestructurales (fábricas, oficinas, comercios), también se aglutina la cultura, el ocio, el entretenimiento, las labores académicas, el consumo. Esos lugares son las grandes urbes y necesariamente debían hallarse en algún sitio, más cerca que lejos, porque ellas representan el esplendor del Sistema y desde ellas se propaga el estilo de vida que Fractale propone como aspiración máxima para sus ciudadanos: lujos, diversiones, complacencia, evasión de la Realidad. Xanadú congrega esos elementos bajo un manto de colorido que estimula los sentidos extraviando al sujeto en una andanada de información que supera sus capacidades de procesamiento y los convence de haber alcanzado la plenitud, cuando en realidad solo los provee de un sustituto superficial. Este episodio nos sitúa por primera vez dentro de estos focos tecnológicos y expone las inconsistencias, contradicciones y paradojas de la moral que allí campea. Los personajes que encarnan esta forma de vida, como Meegan y Colin, manifiestan, además de un relajamiento, una grosera concupiscencia, un desprecio por el prójimo y un egocentrismo desalmado. Su única preocupación es satisfacer su sed de placer con estímulos inmediatos y ligeros que solo redundan en la sensación de vacío, de insustancialidad. Sin embargo, ellos mismos son conscientes del artificio que sostiene ese simulacro de perfección, ese eterno carnaval que los sumerge en un placebo acrítico, ajenos al restos de sucesos que no conciernan a su propia conveniencia.

Para marcar el contraste, A-1 Pictures desplegó su inventiva en crear un entorno extravagante, polícromo, sobrecargado de colores brillantes, muy vivos que destacan en el marco nocturno. No llama la atención que esta escena dedicada a Xanadu ocurra enteramente sobre un escenario de noche, aunque, como podemos comprobar, para Phryne y Enri transcurra una jornada normal (desde la mañana hasta la madrugada del día siguiente) con su correcta repartición de horas de luz y penumbra. Al parecer, Xanadu vive en eterno estado de nocturnidad porque este contexto se encuentra asociado con las actividades recreativas y sensuales (discotecas, pubs, burdeles). Fractale provee a los habitantes de esta ciudad de una perenne noche a cualquier hora, disponible para colmarse de deleites de cualquier índole. Meegan expone estas maravillas ante Clain abriendo un abanico abigarrado de pantallas que recuerdan la multiplicidad de opciones que oferta internet cuando los pop-ups invaden nuestro navegador. La extrañeza es característica de esta clase de espacios de sumo refinamiento: se desprecia la simplicidad, toda manifestación es considerada arte y el sujeto debe marcar su individualidad sobre el resto sorprendiéndolos con vestimenta o peinados pintorescos, aunque esta pretendida diferenciación es apenas la afirmación de un sistema que provee modelos bien marketeados de individualidad. El incauto no adopta una posición autocrítica, solo consume las formas predefinidas, crevendo marcar la diferencia, cuando en realidad se uniformiza el gusto. Así funciona la moda. Por un instante creí que Meegan había intentado introducir a Clain al terreno sinuoso de crossdressing, pero en Xanadu la norma parece ser evitar cualquier tipo de atuendo que desentone con su grotesca fascinación por lo estrambótico o cuando menos que respete su noción enfermiza por lo fashionable. En realidad, existen argumentos sólidos que respaldan que Clain tuvo sus quince minutos de fama trap: primero, los significantes que predominan en esa ropa son femeninos (falda, hombros descubiertos, medias largas); segundo: Meegan sería el doppel de cierto aristócrata venido a menos y convertido en escultor frustrado que pasa por apuros para mantener su ritmo de vida. En cualquier caso, solo podríamos calificarlo de ambiguo, quizá de queer en cuanto apela al travestismo indirecto al utilizar un avatar de apariencia y comportamiento femenino. De nuevo, importa poco definir si Clain fue disfrazado de chiquilla: la actitud de Meegan revela, en cambio, la artificialidad de su existencia, como ocurre con Colin y muchos de los millonarios de Xanadu, donde el fingimiento, la impostación, la mentira, el engaño son una práctica consustancial, rutinaria, tanto que vivir implica falsearse a uno mismo. Incluso llegar a creer que esa apariencia de perfección es la única Realidad posible, mientras que “ser real” equivale a una deshonra o condena de destierro.

Toda esta reprobación de la modernidad tardía, deshumanizante y sostenida sobre un ejercicio de consumado fingimiento, tiene como propósito contrastarla con la simplicidad y naturalidad de la amable y pura Nessa, paradigma de la bondad (ella se divierte cuando ve divertirse a los demás), la espontaneidad y la libertad. Esto último es esencial porque, desde distintas aristas, todo relato político moderno termina siempre debatiendo la naturaleza de la libertad y cuán libres son los hombres en determinados escenarios, reales o hipotéticos. Preguntarse sobre este tema implica además someter a cuestionamiento las limitaciones que necesariamente definen la libertad (no puede serse libre en el vacío). Incluso para Nessa, que goza de mayor poder de desplazamiento, es capaz de desaparecer cuando le antoja y reaparecer cuando le pasa el colerón, existen condiciones restrictivas (es un doppel, por tanto, socializar con ciertos individuos dependerá de su conexión al Sistema). Tampoco es invulnerable porque cualquier virus informático podría desestabilizarla al estar formada de datos, de información. Pero debemos juzgar la legitimidad de los condicionantes que reprimen el pleno albedrío. Por ejemplo, una ley que prohibe el asesinato antes que restar espacios de libertad, los salvaguarda; pero una ley que prohibe hablar pestes del gobierno en nombre de la estabilidad social, solo disfraza de buenas intenciones una merma de los derechos. Nessa es como Pinocchio, el muñeco de madera, pero por desgracia los milagros no existen bajo el paradigma de verosimilitud de FRACTALE: la tecnología ha disipado el pensamiento mágico y solo sobrevive ni siquiera el materialismo, sino un escapismo vacuo, ni siquiera espiritual, sino meramente narcótico. A diferencia de Meegan, Nessa es virtual pero ansía la materialidad de los hombres, una corporalidad que sirva de vehículo a los sentimientos. Por ello, tocar es constatar nuestra realidad, sentirnos parte de un universo maravilloso que puede contactarse a través del tacto, del olfato, del gusto.

Resulta curioso -y ojalá algún lector filósofo o estudiante de filosofía entre en la discusión sobre este aspecto- que durante una misma temporada coincidan dos series que cuestionan el discurso de la modernidad pero desde posiciones radicalmente distintas. Puella Magi Madoka Magica es totalmente posmoderna, aunque ahora apele a nociones fundamentales de la física: para Homura, desde que obtuvo el poder de manipular el tiempo, no existe una Realidad sino aquella que pretende construir, el resto son circunstancias virtuales, cuando se fracasa es momento de hacer reset y volver a vivir un calvario. En FRACTALE, el ideal de discurso reposa sobre las sencillas proposiciones de Nessa, pero nos retrotraemos hasta antes de Descartes. La sociedad bajo el Sistema es regida por una especie de demonio engañador tecnológico a quien todos parecen encomendarse. Otros, como Colin, el verdadero, la emplean para prolongar su existencia de manera que relegan su cuerpo al mero sondeo y mantenimiento de signos vitales en un laberinto de máquinas, cables, sondas, mientras que su “realidad” ideal se compone de las sensaciones falsas que dispensa Fractale, una vida puramente mental. En cambio, la humana ingenuidad de Nessa conlleva un planteamiento tan franco y sencillo que termina siendo lapidario por cuán evidente y objetivo resulta: la Realidad existe, se puede palpar. El verdadero sentido de la vida radica en nunca dejar de maravillarse con la belleza de ese mundo. Sin embargo, en términos políticos, la sofisticación que alcanza el Sistema, capaz de proveer a los hombres de una idealidad artificial genera entre sus usuarios una dependencia que invierte la relación y los convierte en súbditos. Para poder alcanzar ese supuesto desenfreno, deben someterse a la autoridad del templo y poseer los recursos económicos que sustenten esa “libertad” virtual. La vida simple, por tanto, se convierte en una actitud subversiva.

2 comentarios

  1. davidvfx

    Es cierto que los primeros minutos se nota un bajon de la calida de animacion, pero muy notable, que uno piensa que el reto del episodio sera igual de baja calioda pero sorprende la escena de Xanadu y sus sistema de Ventanas virtuales que se ve muyy bien el efecto que hace casi olvidadar lo bajo en animacion los primeros minutos (supongo que el autor de fractakle esta mas enojado con el director de animacion, recordaran su berrinche anterior por el cambio de diseños)

    realmente pareciera que estamos ya por entrar al climax de la historia y un final…..

    aun que la verdad no me gustaria que cerraran las aventuras en fractale espero que esto sea un primer libro como la identifican en la ret “fractale: Clain ´s Journey” creo que asi le dicen… rezo por mas histiras terminando esta… y mas NESSA!!!

    14 marzo 2011 en 15:59

  2. Tomoya

    Me encanta como hace hincapié la serie más en el tocar que en el ver. Es muy bien lograda la imagen de Xanadu, no sólo en sus edificios y en el ambiente, sino también en lo que se refiere a Meegan, se podía decir que el fanservice aquí estuvo muy bien aplicado.
    El choque de las dos visiones del mundo vuelve a verse, y esta vez logra ser más contrastante.

    Saludos, jaa ne!

    28 marzo 2011 en 00:29

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