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FRACTALE 6: Radar de perversión

Clain reclama potestad sobre su harén

No sabrá lidiar con las veleidades y vaivenes del espíritu femenino, pero Clain ha aprendido a rodearse de simpáticas aunque levantiscas adolescentes que, siguiendo a pie juntillas la norma del moe-ness referente al harem #345: “Toda circunstancia casual amerita llamar pervertido al lead masculino (sin excepciones)”. Sin embargo, este no será un mero episodio de transición -como el anterior- que retrate la vida cotidiana de Granitz, sino un auténtico momento de ruptura que defina los matices del escenario ideológico donde se desenvuelve la rebelión de Lost Millenium, además de limar las aristas todavía imperfectas de la relación entre Clain y Phryne. Un capítulo imprescindible para disolver, mediante la duda y el constante cuestionamiento, la dualidad entre el Estado teocrático y los guerrilleros. De nuevo, la respuesta transita los caminos de una sentimentalidad perdida por los hombres.

En principio, el capítulo se plantea como un interludio cómico: la nave de Granitz abandona el rango de captación del sistema Fractale, pero Nessa -como cabría esperarse de un doppel bastante excepcional- continúa siendo visible, confirmando su valor dentro del relato como ficha clave para la supervivencia del aparato científico-político. Para los rebeldes, alcanzar esa zona liberada de la actividad de Fractale es estratégico pues les permite descansar de su extenuante escapatoria y establecerse, por fin, en tierra firme. Los miembros de Lost Millenium parecen acostumbrados a esta vida a salto de mata, a realizar tanto labores hogareñas manuales como poner en riesgo su vida, sin depender de la alta tecnología. Representan, como advirtiéramos antes, una utopía pasatista y purista. Habiéndose alejado del territorio en conflicto, creíamos que habría poca tensión geopolítica por narrar y que FRACTALE insertaría un nuevo episodio a ritmo de slice-of-life con situaciones amenas que humanicen a los subversivos y delíneen mejor la interacción entre Phryne, Nessa y Clain. Nos equivocamos en nuestras expectativas, al menos si juzgamos el episodio viendo solo los primeros cinco minutos. La doppel pelirroja parece haber integrado a la sacerdotisa entre sus amistades y aunque Phryne continúa mostrándose renuente a exteriorizar sus flaquezas sentimentales, cede ante la ternura y amabilidad de Nessa. Por mientras, la tensa rivalidad entre ambas integrantes de la tríada protagónica queda suspendida y quizá anulada de parte de la inocente “hermana menor” cuando le ofrece su mano. Recordemos que tocar, palpar, sentir por medio del tacto, significa para Nessa entablar un nexo de confianza casi ontológico pues implica conferirle realidad, admitir su existencia, concederle un ser.

Enseguida, el ritmo de comedia cotidiana incluso estuvo a punto de derivar en ecchi-ness cuando la tomboyesca Phryne se animó a exponer su cuerpo desnudo incapaz de resistirse a la tentación acuática y Enri acuñó la célebre frase del “radar de perversión” de Clain confirmada por la casualidad cuando aparece el susodicho con oportuna ubicuidad allí donde abundan los problemas. Volvimos a creer entonces que el episodio nos conduciría por más equívocos dignos del love-comedy lovehinesco pues recurría al tópico del protagonista ¿malaventurado? que sorprende a la chica principal en cueros o ropa interior. Para colmo, aparece un voyeur que huye tras tomar unas fotografías, un hecho que podría interpretarse también como señal de capítulo dedicado a la comedia de enredos. Sin embargo, a partir del retorno al campamento, el tono del relato cambia de manera drástica al introducir al personaje colectivo de los “refugiados” o “exiliados” que perdieron contacto con el Sistema después de haberse caído las estrellas o globos y emprendían en masa un desolador éxodo hacia zonas donde funcionara el Fractale. Entonces, se retoma la analogía política introduciendo una temática de gran actualidad entre sectores desarrollados y áreas postergadas: los procesos de migración. En gran medida, estos fenómenos ocurren por situaciones nefastas (desastres, hambruna, guerras), pero también porque los sujetos observan que sus condiciones de vida solo podrán mejorar si acceden a un sistema que les ofrece mayores oportunidades de progreso, o cuando se constata la ausencia del Estado. Por ejemplo, las migraciones del campo a la ciudad en muchos países latinoamericanos ocurre cuando las familias no encuentran la atención o servicios básicos que les permitan vivir con dignidad. Cuando Fractale se aleja de determinadas poblaciones, estas no consiguen cubrir sus necesidades de salud, educación, manutención, etcétera, pues el sistema ha sembrado en ellos una dependencia absoluta. Al perder ese soporte vital, irán a buscarlo, perseguirán el centro abandonando su periferia, sin importarles si aquello que deberían combatir es la sujeción, pues ante todo prima la supervivencia.

El primer elemento conflictivo será el encuentro con Alabaster, una facción de Last Millenium de cuyos métodos parece disentir Granitz y que provocan inmediata desconfianza en Phryne. En cambio, Clain es engañado por la aparente generosidad, solidaridad y eficiencia que muestran sus organizados partidarios. A diferencia de la sacerdotisa, le falta aprender a juzgar a las personas e interpretar sus acciones. Sin duda, Alabaster también cumple una función alegórica en este relato distópico. Hablar de política se ha tornado inevitable en cada reseña de FRACTALE, por tanto, trataré de ilustrar esos conceptos con referentes cercanos al contexto de mis lectores. En concreto, Alabaster es una suerte de Cuba revolucionaria: te ofrece salud, alimentación, servicios, una suerte de paraíso comunitario de aparente desprendimiento. Sin embargo, en cuanto los “rescatados” descubren que jamás podrán regresar a su antigua forma de vida (porque les extrajeron los chips), se devela la estafa: han firmado un pacto diabólico, están obligados a luchar, a entregar su vida por una ideología que los recluta media la coerción, que no aprendieron a respetar por persuasión, sino mediante la fuerza. Y así como cito la languideciente dictadura cubana, pueden citarse otros ejemplos de izquierda y derecha, pero siempre que alguien se atreva a disentir y escapar del infierno, deberá arriesgarse a perder la vida y convertirse en un traidor juzgado desde la omnipotencia de un discurso ajeno que decide sobre la vida de otros. Al lado de Alabaster, Granitz es un grupo de bebés de pecho idealistas y justamente por ello causan una mezcla de miedo e indignación: el temor al discreto encanto de la ideología capaz de transformarnos en monstruos que deshumanizan al Otro concibiéndolo como mero sirviente del discurso.

Parecerá que ando desdiciéndome, pero Phryne es una figura tan inasible que, aunque hace unas semanas me provocaba molestia por su actitud altanera y desdeñosa hacia la única persona que se dignó a ayudarla cuando escapaba, ahora vuelve a ganarse mi simpatía porque recobró parte del encanto y sensibilidad del primer episodio sin perder ese componente tomboyesco, rebelde, muy autónomo. En anime no existen las feministas: nos basta con las tsundere. Y cuando pienso que el tsunderismo es la moeficación de la indomable mujer moderna, sin limitaciones, Phryne parece confirmarme esa intuición. Su dinámica con Clain ha ingresado en esa fase caliente de competición entre sexos, en especial, cuando la sacerdotisa se siente relegada por ser mujer y pretende colarse en el encuentro “entre hombres” de Clain y su amigo fotógrafo. La ridícula carrera en que deriva esta rivalidad con tintes románticos parecería confirmar que entre ambos el afecto transita por sacarse chispas mutuamente, en confrontar a la amazona disfrazada de lady defendiendo al girl power y al everyman sin talentos representando al orgullo masculino. Phryne es shakespeareana, multidimensional, por ello cuesta definirla pues incluso después del armisticio con Nessa su subjetividad es impenetrable a diferencia del resto de personajes.

ALERTA: ESTOS DOS ÚLTIMOS PÁRRAFOS CONTIENEN UN SPOILER REALMENTE IMPORTANTE.

El segundo elemento que agita la trama del capítulo es el personaje del anónimo voyeur que, como descubre Clain, es también un coleccionista de objetos antiguos, otro fanático del old style. En apariencia y -también en sentido funcional- se trataría de un personaje incidental, un emblema de otra forma de lucha, una figura quijotesca que aspira a integrar la zona al alcance de Fractale mediante un sistema de armatostes ensamblados y programados para fungir de antena. Esta condición de Quijote abarca incluso su aspecto, su voluntarismo irrenunciable y su vocación por un pasado arquetípico que proveería de soluciones a un presente degenerado. Ha dedicado buena parte de su vida a acumular objetos antiguos y entregado con devoción sus esfuerzos para reproducir Fractale y favorecer a gente que ignora, pero los fracasos han mellado su salud. En resumen: existen otras perspectivas respecto del conflicto entre aceptar al Sistema o recobrar el poder sobre su empleo. El fotógrafo es consciente del espejismo que vendía Fractale cuando invita a Clain y Phryne a presenciar la barbarie que provocará Alabaster cuando los ingenuos refugiados descubran la sucesión de embustes, primero del Estado, luego del proyecto redentor revolucionario. Cabría preguntarse por qué emprende esa tarea condenada al descalabro y que apenas puede funcionar en noches de luna nueva. El fotógrafo admite con resignación que la gente es demasiado dependiente de Fractale, sin embargo, en lugar de proponer una rebelión, se dedica a intentar atraer a la fuerza el Estado de vuelta a su región. Por otra parte, desconfía de la facción local de Lost Millenium porque conoce sus pérfidos métodos y su filón totalitario. Al parecer, prefiere mantener la pertenencia periférica al Sistema, pero por misericordia, no porque lo considere justo.

Sin embargo, la gran sorpresa del episodio ocurre en los últimos segundos cuando Phryne devela que este misterioso fotógrafo podría ser el padre de Clain. Este dato recubre de valor la conmovedora escena precedente cuando Clain se separa del único amigo que compartía sus aficiones, a quien había contactado en la Realidad y le parecía heroico y respetable. Me resisto a creer que esa admiración sea instintiva, pero sí concibo que opere la casualidad porque me fascina la justicia poética y los encuentros casi signados por el destino. Clain aprendió a amar las antigüedades inspirado por su padre, pero también lo odió o acusó su dolor por haberlo abandonado. Aunque nunca llegara a enterarse de la identidad del fotógrafo, cuando este le cede su cámara como legado, asistimos a una transferencia simbólica entre padre e hijo, como un recordatorio del camino que eligió seguir. Aunque Nessa solo jugó un papel secundario en este episodio, se redunda sobre los mismos principios que estructuran sus famosas frases “love love” y “hate hate”: la única tabla de salvación ante la amenaza de deshumanizarnos descansa en los sentimientos. Aún cuando parezca muy tarde.

2 comentarios

  1. Batou

    Me encanto tu reseñana de este capitulo

    1 marzo 2011 en 19:40

  2. - Test Type -

    Ojalá se retome el tema del misterioso fotógrafo porque en verdad es un foco de interrogantes. Pero bueno, me gustaría compartir un pensamiento un poco alejado de lo tratado por este episodio, pero, por supuesto, aún en relación con la serie:

    Viendo a FRACTALE como un comentario sobre como los individuos que conforman la sociedad contemporánea ven afectada su forma de establecer relaciones a consecuencia de la llegada de la comunicación vía Internet, creo entonces que el contraste entre Nessa y Phryne sea una posible alusión al waifu complex señalando tenuemente su postulado más conocido: La superioridad (supuestamente) de las féminas ficticias bidimensionales ante las tridimensionales de materia palpable.

    Mientras Nessa, un ente virtual provocador de ternura gracias su actitud alegre, poco o nada ve alterada su disposición inocente a fraternizar, jugar y explorar, Phryne, una chica de carne y hueso, puede pasar de expresar gentileza y audacia a hostilidad y seriedad sin aviso previo aparente. Latente imprevisibilidad en cada persona con la que se convive día a día; a diferencia de los personajes de anime, cuyos desencantos a consecuencia de su carácter ficticio surten poco efecto negativo en el espectador y su realidad, ya que, por poner un ejemplo, si uno llega a disgustarse con su waifu basta con apagar el instrumento electrónico mediante el cual se mantiene contacto para finalizar molestias. En pocas palabras, sin intención de parecer sexista, el comportamiento de Phryne es más cercano al de una chica real, mientras el actuar de Nessa constituye un patrón ideal.

    Ahora, Nessa al igual que una waifu, es un ente con el cual sólo se puede entrar en contacto a través de los dispositivos diseñadas para intercambiar y recibir información, solo que la pícara pelirroja, gracias a las avanzadas aplicaciones tecnológicas presentes del universo de la historia que nos ocupa, ha dado el siguiente paso al ser una “simulación” completamente interactiva, no únicamente perceptible mediante la vista y la audición, sino mediante el tacto y posiblemente el gusto y el olfato por igual. Es decir, Nessa es lo que todo enamorado de una anime girl anhela se lleve a cabo en algún momento.

    15 marzo 2011 en 05:39

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