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Puella Magi Madoka Magica 7: Sayaka, Interrupted (Inocencia Interrumpida)

El ocaso de las diosas

Episodio oscuro y desgarrador que disecciona la psicología de Kyouko, desenmascara la naturaleza amoral de Kyuubey, introduce una tensión que sobrepasa lo amoroso y culmina con la fractura emocional de Sayaka que parece descarrilarse, hundida en la enajenación y confundida porque después de no poder saberse viva o muerta, su cuerpo y su identidad pierden sentido. Todavía concibe principios morales cuando confronta a la pelirroja tildándola de ladrona y reclama su derecho a pelear según sus propios valores; sin embargo, tras la confesión de Hitomi, la posibilidad de perder a Kamijou-kun transtorna su visión del mundo. ¿Acaso tiene valor arriesgar una vida desde ya perdida, sin otra solución que resignarse a un contrato engañoso que nunca proveyó de felicidad? La tragedia de Sayaka y -en sentido lato- el drama de toda puella magi consisten en la anulación abrupta, sin salida, de las ilusiones adolescentes. ¿Metáfora de un proceso despiadado de maduración al crudo? Peor aún, porque la destrucción sin piedad del sujeto hasta su desintegración sobrepasa cualquier aprendizaje violento, a menos que consideremos como Verdad primordial de la existencia que vivir carece de propósito encerrando al sujeto en un perpetuo presente sin escapatorias, en otras palabras, que nadie puede soñar con un futuro ni plantearse alcanzarlo porque las grandes filosofías o creencias que explicaban al mundo y le otorgaban cierta consistencia y finalidad a la vida de los hombres han desaparecido. Cada nuevo episodio me convenzo más que Madoka Magica es el primer mahou shoujo postmoderno, pues además del espíritu transgresor aplicado sobre un producto mass-media, incide constantemente sobre la fragilidad de los discursos y la invalidez de cualquier esperanza. ¿Durísimo? Estamos en un mundo post-muro de Berlín, o mejor dicho, post-11 de setiembre. La iglesia destruida donde ocurre el tenso encuentro entre Sayaka y Kyouko es una imagen sintomática.

Suelo evitar los elogios absolutos, pero cuando son merecidos, me siento obligado a quitarme el sombrero: SHAFT produjo el episodio perfecto, intenso e imperdible de principio a fin. No dudaría en nombrarlo el mejor episodio de toda la temporada de invierno si no fuera porque todavía no termina y podemos esperar momentos más impactantes: la sucesiva “degeneración” de Sayaka anuncia un desenlace funesto que afectaría no solo a Madoka, sino también al resto de chicas mágicas, pues ahora la confianza que todas, excepto Homura, profesaban por la palabra de Kyuubey se esfumó. Cuando hablábamos del desmembramiento de un sistema de creencias, a pequeña escala, bien podríamos ejemplificarlo con la supuesta mascota consejera. De acuerdo a los cánones del género, su función debía ser asistir a la protagonista explicándole el funcionamiento de la magia y proporcionándole unas coordenadas morales que justifiquen su labor como chica mágica: luchar por la justicia, la estabilidad del cosmos, de los elementos, etc. Sin embargo, en esta serie el bien y el mal son perspectivas, no verdades, porque estas últimas no existen. Madoka, Sayaka y -hasta cierto punto- Mami, pues de ella heredaron esos equívocos, creían que Kyuubey las había elegido para salvar a la gente y sobre este supuesto construyeron un aparato ético que establecía quiénes eran los héroes y quiénes los villanos. Incluso cuando había que combatir a una bruja, la primera persona a quienes recurrían era al tierno demonio engañador. En suma, todas sus certezas descansaban sobre la fe que tenían en la palabra de Kyuubey, como un creyente reposa su seguridad sobre el sermón del sacerdote. Por ello, el paralelo que parece tenderse con la historia del padre de Kyouko es reveladora, pues incluso la religión, como cualquier filosofía, empieza a verse minada en su validez y quienes sobreviven a su derrumbe solo pueden vivir a la deriva del presente, admitiendo su amoralidad.

Me detendré unas líneas a explicar este término, pues usualmente se contrapone la conducta correcta al comportamiento inmoral. Más allá de las acepciones que este término tenga según cada persona, puede definirse lo “inmoral” como aquello que contradice o contraviene la moralidad. En concreto, para que existe la inmoralidad, es preciso que preexista un marco sancionado por la sociedad que sería “lo moral”. Sin embargo, lo amoral prescinde de este dualismo: no existen parámetros de bondad y maldad, todo es relativo y los actos no pueden juzgarse sino por su conveniencia inmediata. Puesto que todos tenemos una idea del bien y del mal, nos cuesta imaginarnos una mente que opere con neutralidad casi absoluta; no obstante, Kyuubey sería un excelente ejemplo y Homura lo enuncia cuando discute con Madoka: al bicharrajo le importa poco hacer cosas malas, no porque sea malvado (pues entonces sería “inmoral”), sino porque no tiene conciencia de aquello que los seres humanos juzgan como reprensible o aborrecible: “Beings like him have no concept of human values”. En efecto, una crítica constante al modelo de progreso de la modernidad, fundamentado en el discurso científico, consiste en cuestionar su anhelo de objetividad por considerarlo maquinal, deshumanizante. Una conciencia sin moral se parecería mucho a Kyuubey: ambigua, sin matices, automática y utilitarista, en suma, un monstruo. Si acaso Kyouko intenta jugar con las mismas reglas, en el fondo reacciona al desencanto de infancia, al abandono, al trauma. Por ello, todavía perviven en ella ciertos rasgos de moralidad vinculadas con esas heridas, como el desperdicio de comida o sentirse furiosa cuando alguien la acusa de ladrona. En cambio, Sayaka todavía pretende dotar su vida de sentido, aunque ahora de manera egoísta disfrazando esos impulsos de un discurso justiciero.

Sin dudas, el diálogo entre Kyouko y Sayaka transcurre bajo una inesperada calma a pesar de la tensión subyacente. Esta sensación se aliviana cuando la pelirroja decide, para sorpresa de muchos espectadores, desnudar el origen de sus comportamientos como si delante de Sayaka pudiese “confesarse” o someterse a un “psicoanálisis”. No obstante, estos ejercicios terapéuticos liberadores suelen realizarse ante personas que suscitan algún grado de confianza, no frente a quien la noche pasada pudo haberse convertido en tu víctima (o quizá tu asesina). Después del incidente de la Soul Gem, al parecer todas las puella magi, incluso Homura-chan, se muestran más sensibles. Kyouko se identifica con Sayaka porque ambas fueron traicionadas por Kyuubey, perdieron su único deseo por culpa de su generosidad y perdieron la inocencia respecto del mundo tras sucesivos golpes. Sin embargo, ese intento de conciliación suena tardío, también para la propia Kyouko pues la única verdad concebible es el presente inmediato en sus circunstancias más urgentes, no la posibilidad de un pasado cercano que proyecte un futuro de redención. Esa esperanza se derrumbó para ambas cuando entraron en conflicto con su cuerpo. Kyouko solo intenta escapar comiendo para intentar reafirmarse sobre una corporalidad ajena mientras que Sayaka trata de eludir la angustia abocándose a una labor heroica que, en realidad, guarda más semejanza con la cadena digestiva pero con Kyuubey (o quien esté manejándolo) como el gran titiritero que propicia la degeneración de chicas mágicas en brujas. La ilusión de Kyouko debió haberse esfumado cuando perdió todos sus soportes conceptuales: la doctrina de su padre, su familia, luego su cuerpo. Sayaka ha sufrido menos en sentido cuantitativo, pero su noción del yo también está fracturada: cuando Hitomi, la bella “tercera amiga” del grupo, la amenaza con confesar su amor a Kamijou, sus últimas causas para luchar por mantenerse íntegra en sus valores termina por quebrantarse. El violinista parece poco interesado en Sayaka e incluso, cuando abandona el hospital, se olvida de avisarle (¡a la única persona que solía visitarlo!). Hitomi es bella y elegante, además de aristocrática: nuestra querida tomboy siempre acusará ese complejo de inferioridad, acentuado porque ahora ella misma manifiesta un conflicto con su cuerpo. Se juzga demasiado monstruosa para presentarse ante Kamijou con perspectivas románticas y dadas estas condiciones, se declara perdedora del duelo. El otro match, contra Kyouko, parece ganarlo de mala manera.

Aunque es un aspecto secundario, ningún análisis de personajes aplicado al mahou shoujo debe pasar por alto dos temas: el tamaño del elenco y el componente yuri. Lo primero no requiere mucha explicación pero revela bastante sobre el enfoque propuesto por la serie. En efecto, entre protagónicas y secundarios, no pasamos de quince personajes, tomando en cuenta que Mami murió al comienzo y la familia de Madoka ha tenido una función bastante tangencial hasta el momento. Todo reposa exclusivamente sobre el núcleo principal, un indicativo de concisión, de aprovechar toda escena en beneficio de la línea troncal del argumento, sin detenerse en digresiones. La presentación del entorno de Madoka solo sirvió para situarla en un contexto social (una clase media próspera de valores burgueses idealizados). El énfasis recae sobre las puellae magae y sus enfrentamientos. Por otra parte, el yuri (desde la amistad romántica hasta la relación lésbica plena) parece una constante de muchos mahou shoujo dirigidos al target masculino y nadie ha intentado buscarle otra explicación que las expectativas fetichistas del consumidor. Me suena cierto pero insuficiente. No pretendo profundizar sobre esta teoría en este momento, pero sospecho que cuando una jovencita común y corriente se convierte en heroína gana en la estructura connotativa del relato ciertos valores masculinos sin perder su condición femenina y tampoco el moe-ness. No sorprende que mientras más poderosa sea nuestra chica mágica, mayores las probabilidades de alguna insinuación lésbica o quizá un harén simbólico. Por momentos, Sayaka le arrebata el protagonismo a Madoka e invierte el orden de dominancia atrayendo a su amiga como satélite en la estructura yuri. Ocurre durante la escena del pórtico, aún cuando Madoka la consuela por una desdicha heterosexual. El sexo como temática nunca es mentado en la serie: está libre de fanservice salvo esos encuadres sobre las caderas de Kyouko, sin embargo, la tensión alrededor del deseo es una constante problemática que debería responderse con apoyo del psicoanálisis.

La última escena es una exhibición de genialidad de SHAFT aplicando el monócromo para retratar la oscuridad que absorbe el espíritu doliente de Sayaka. Todo propósito por parte de Kyouko de alejarla del combate es inútil, pues Miki-san no lucha contra las brujas sino contra su propia desesperación: la violencia la resarce de su disolución como individuo y del fracaso amoroso que sostenía sus últimas esperanzas de humanidad. Ese ego debe sentirse vivo afirmando la voluntad, el poder por encima de otros, de manera que recupera de manera postiza una endeble seguridad en ella misma que se confunde con la enajenación: Sayaka disfruta siendo agresiva y despiadada porque le permite aislarse del dolor. Imprimir crueldad en el cuerpo ajeno satisface su frustración en un escenario donde todo propósito noble ha sido desestimado. El mejor SHAFT esgrime su marca registrada en recursos visuales, un minimalismo de vanguardia en el empleo de sombras que contrastaba con el pastiche barroco de la escena del templo. Recuerda mucho al episodio sétimo de ef – a tale of memories y su célebre secuencia del cúmulo de mensajes grabados por Miyako Miyamura, pero también a incontables escenas de Bakemonogatari. Puella Magi Madoka Magica representaría la culminación de este crecimiento, aunque todavía es temprano para más elogios determinantes.

7 comentarios

  1. lnn

    En lo que va de la serie, yo todavía no veo ningún “utilitarismo” en Kyuubey ¿qué gana él con todo esto? y en realidad ¿por qué tiene que ganar algo? Lo que parece que termina haciendo otorgando deseos hasta ahora es una suma cero:
    Mami creyó que había escapado a la muerte violenta en el accidente de sus padres, pero igual perdió la vida violentamente en combate con las brujas.
    Kyouko creyó salvar a su familia de caer en desgracia, pero resultó que ella misma la condenó.
    Sayaka creyó darse una oportunidad con Kamijou, pero al curarlo ella misma se lo sirvió en bandeja a Hitomi.
    Aunque no sabemos qué pasó con el deseo de Homura, no es difícil imaginar cómo le salieron las cosas.
    La que está todavía “fuera de balance” es Madoka, y Kyuubey no le pierde pisada como un perro de presa
    Parece que nadie escapa al destino, a pesar del esfuerzo de Homura, Kyuubey igual hizo contacto con Sayaka y Madoka. Sayaka ya está sufriendo las consecuencias ¿qué pasará con Madoka?

    25 febrero 2011 en 23:25

  2. hei

    La canción del AMV de Ef tales se llama: Somos jovenes y pertenece al grupo salsa kids.
    Con respecto a otro tema quisiera saber que opinas de los Shounens larguisimos o prospección a serlo como:Naruto, One piece,Bleach,Fairy Tail o el más reciente como Beelzebub. ¿son completamente desechables?, yo creo por mi parte que tú como buen catador del anime debes ver las series hasta cierto punto y de ahí luego decides si continuar o no, no creo que de plano hayas rechazado estas series( nadie puede opinar sobre lo que conoce), así como tampoco creo que decir que viste Naruto te desacredite como blogger. Entonces te reitero la pregunto o mejor dicho la replanteo: ¿no hay nada rescatables en estas series?, dejando de lado el relleno,¿ ni siquiera las luchas son memorables?. Yo por mi parte puedo ver gran variedad y el hecho de que siga una de estas series ( sin llegar a obnubilar mi juicio) no me desprestigia como veedor de anime, no me hace menos así como tampoco hace más a quien no las ha visto o no desea seguir viéndolas.
    Pd: Con esto no quiero decir que bloggees estas series, solo quiero saber qué piensas.

    25 febrero 2011 en 23:48

    • Las he visto lo suficiente para cansarme justamente por su extensión y porque continuamente se reitera la misma estructura. De Beelzebub no opino porque recién ha empezado, pero si se propone como una serie con más de 52 capítulos, entonces comenzaría a sospechar que quizá me canse. O probablemente ya no estoy en edad para captarles la gracia con tanta facilidad. Los shounen tienen un público objetivo muy específico que exige un tipo de experiencia narrativa repetida hasta la enésima vez: los adolescentes tienen sed de aventuras y superhéroes, y quieren verlos actuar hasta -literalmente- el cansancio. Es probable que a un chico de once o doce años Madoka Magica le parezca deprimente y acabe aburriéndose, o que encuentre cursi y lento a ef o CLANNAD.

      Nunca he dicho que los shounen sean desechables, pero no es mi tipo de serie: cada quien con lo suyo, te aseguro que sería poco honesto de mi parte bloggearlas si no generan mucho interés de mi parte. Si encuentro algo rescatable sería el despliegue de elenco, es decir, la capacidad imaginativa para crear diferentes personajes, sus habilidades, sus manías, sus propios trasfondos personales. Las luchas suelen ser más intercambios de discursos que acción misma hasta que se emplea la técnica definitiva. Debemos asumir que son convenciones del género, como las escenas de transformación en los mahou shoujo. No tengo ningún prejuicio hacia los fans de Naruto, One Piece, Bleach y demás. He visto cuanto he juzgado necesario de esas series, lo suficiente para darme cuenta que no soy compatible con esa estructura del relato, pero es un asunto personal, no un juicio de valor.

      26 febrero 2011 en 00:16

  3. hei

    Perdona que inisista, pero entonces ¿si Naruto o cualquier otra similar durase 26 o 50 episodios otra seria la historia?, o es que realmente el shounen es incongruente contigo y solo lo consumes en medianas cantidades o en animes donde no es el género predominante.
    Como te dije tampoco es que insinuara que bloggees alguna de las series que mencione, ni por asomo; aunque admito que seria muy dificil y cansino bloggearlas, y eso que has bloggeado series algo complicadas, en el sentido de que no tenian mucho pan que rebanar.Para terminar me hubiera gustado ver cómo te las ingeniabas para bloggear Lucky Star o el agosto infinito de Suzumiya…

    26 febrero 2011 en 00:43

    • “pero entonces ¿si Naruto o cualquier otra similar durase 26 o 50 episodios otra seria la historia?”
      Sí, la historia sería otra definitivamente.

      Creo que ambos estamos enfocando el asunto de manera distinta. Mi concepción de la narrativa es que esta no descansa en el fondo (el argumento) sino en la forma (cómo se cuenta). Podemos idear la mejor trama del mundo, pero si escogemos la peor forma de contarla, nuestra historia no sirve para nada. Yo te puedo contar Hamlet en seis días y quizá hasta prefieras mi versión a la de Shakespeare que te ofrece solo dos horas, pero eso no significa que la historia de uno sea mejor que la de otro: el arte se observa en la forma (y allí, evidentemente, Shakespeare es superior).

      Sobre Lucky Star, ya bloggeé otros slice of life antes, así que no tendría problemas. Sobre Agosto Infinito, tendría un grave problema porque mi percepción ha ido cambiando a lo largo del tiempo. Ahora me encanta, porque puedo darme el lujo de fijarme en los detalles de animación en lugar de pensar cuándo acabará esto. Una reseña es la opinión de un momento y carga mucho de la subjetividad que anima el episodio apenas visto.

      26 febrero 2011 en 01:12

  4. Yo sigo varios Shounen infinitos aunque sean mas por lealtad que por entretenimiento, pero en algun momento ver personajes que conoces a mucho es reconfortante por mas que la serie este floja. Lo que me entristece ahora es como en estos shounen los protas podian derrotar las brujas sin mucho problema, incluso seria tan util que Kamijou Touma estubiera aqui, pero como es algo inconcedible da mayor sensacion de desesperanza. De todos modos, el Fandom abraza con fuerza la pareja Sayaka x Kyoko, claro por que es obvio que la serie pasa ese canon entrelineas, ademas que Kamijou siempre hacen alejarse de Saya, como si fuera superficial.

    26 febrero 2011 en 07:46

  5. Tomoya

    Miki es la que me va gustando más y más a lo largo de la serie. Más que egoismo, pienso que es la inocencia… inocencia que siendo puella magi puede solucionar todo y ser una auténtica justiciera. A la larga, la desesperanza y la gran ironía de no poder solucionar con magia el amor serán lapidarios.
    La actuación de Kyoko se puede interpretar de dos formas. La 1era como si quisiese sacarse de encima a una rival con una injuria psicológica, de forma fácil. La otra es el instinto de cooperación. Al ver que Kyuubey no es de fiar sino que es un elemento del cual hay que tener total precaución… al ver también que están solas en todo esto, inconscientemente surge el instinto de supervivencia, la cosa no es ya el monopolio de la materia prima, ni ganar la “lucha de bandos”, el propósito ahora es sobrevivir… la cosa se pone muy fea, y hay que mover muy bien las piezas, ya que Sayaka las mueve de forma muy imprudente.
    Madoka intenta mantener el control de la situación de su amiga, sin resultados eficaces pensando en que solamente hace presencia.
    En fin, podría seguir hablando, pero no es la intención saturar, dejo el resto de mi opinión del episodio aquí:
    http://hahinosekai.wordpress.com/2011/02/21/puella-magi-madoka-magica-7-ley-del-intercambio-equivalente

    Saludos, jaa ne!

    26 febrero 2011 en 23:42

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