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Puella Magi Madoka Magica 5: Kyouko o La cadena alimenticia

Don't feed the Kyouko

Para quienes se preguntan por mis continuas tardanzas, presentaré mis respectivas excusas. Estos días fueron quizá los más extenuantes de estos últimos tres años y medio, pues luego de culminar mi programa de Maestría y haber sustentado mi tesina, debí abandonar mi apartamento de siempre en Ginebra y alistar mi retorno a Lima. Comprendo que la mayoría de mis lectores ya conoce los sucesos del episodio 6, pero opto por separar ambos capítulos debido a la densidad de comentarios y encendidas polémicas que suscita esta serie.

Homura menciona durante su conversación con Madoka que “I won’t ask you for forgiveness. But no matter how much I sin, I must keep on fighting”. Llama la atención que se deslicen conceptos como pecado y, probablemente, expiación, para describir el principio motor de la actividad de una mahou shoujo. Por convención, las heroínas de este género luchaban en nombre de ideales o valores, o ungida por alguna misión altruista, como parece asumir Sayaka su labor de defensora de la justicia, la paz y el bienestar de su ciudad. Las perspectivas morales que derivan de ese discurso son cuestionadas cuando los personajes actúan por satisfacer sus deseos o aliviar sus culpas, es decir, cuando el terreno está semantizado no por coordenadas de bondad y maldad, de héroes y villanos, sino por conceptos como libido o penitencia que invalidan, por ingenuas, las ilusiones caritativas de muchachas puras y generosas como Sayaka. En cambio, la verdadera ley del juego donde están envueltas las puellae magae es el individualismo en cualquier vertiente: desde el descreimiento ermitaño de Homura, hasta la megalomanía egolátrica de Kyouko. Será ella, la tercera chica mágica implicada en la batalla por controlar Mitakihara, quien denuncie la fragilidad, lo ilusorio, del ideario justiciero de Sayaka, decretando la nulidad de sus buenas intenciones. El negocio funciona de forma de distinta, expresada con una metáfora deshumanizante, orgánica en extremo y salvaje por su implícita animalización: la cadena alimenticia.

El imaginario del cuerpo de muchas culturas clásicas suele distribuir connotaciones ideológicas o doctrinales al organismo de acuerdo a criterios espaciales. El patrón frecuente radica en dividir simbólicamente la anatomía humana a la altura del estómago con una línea imaginaria. Todo proceso corporal que ocurra por arriba es virtuoso, sublime, espiritual: la actividad del corazón (los sentimientos) y del cerebro (la inteligencia). En cambio, por debajo, moran los órganos vinculados a lo pecaminoso, lo escatológico, lo indecente, lo sucio:  la digestión que conduce a la gula, los genitales que inducen a la lujuria, el hígado relacionado con la cólera. Son pasiones animales, instintivas, que remiten al subconsciente profundo, la naturaleza que precede a la cultura (pues, se supone, la civilización consiste en reprimir y ordenar esos deseos). Como consecuencia, ocurren interacciones e interferencias entre estas preconcebidas sobre nuestra corporalidad. Por ejemplo, la metaforización del sexo como deglución, en otras palabras, la identidad entre erotismo y alimentación, como si ejercer la sexualidad consistiese en devorar al otro (discutimos estas asociaciones en nuestras reseñas sobre FORTUNE ARTERIAL). Como resulta obvio, un personaje con semejante comportamiento solo puede concebirse como maligno y juega el papel de antagonista radical en la estructura simbólica que subyace al relato. Podemos observar con claridad esos rasgos en Kyouko: la voluntad de sexualizarla es manifiesta (cabello y ropa rojos, una vestimenta más reveladora, gestos provocativos), e incluso de describirla como una figura femenina autónoma que actúa como le place. Sin embargo, además de cubrirla de sensualidad, se insiste en pintarla como insaciable del otro lado del vientre: siempre aparece comiendo algo distinto. Si Madoka representa a la niña pura, pasiva, incapaz de tomar la iniciativa, Kyouko es su antítesis: una adolescente erotizada, independiente, que antepone su placer, que ataca y ofende, que habla de comer a otras personas (las brujas fueron mahou shoujo, ergo, fueron gente), en resumen, de imponer su voluntad sin reparos. El diseño del personaje especula con diversos significados entremezclados, pero resalta el arquetipo perturbador de una corporalidad femenina plenamente expresiva, pero perversa.

Para adelantarme a las preguntas de mis lectoras, admitiré lo evidente: estas ideas provienen de un imaginario masculino que categoriza y juzga la acción del sexo opuesto. No obstante, esto no impide que la tripleta Ume-Shinbo-Urobuchi creen otro personaje notable gracias al poderoso nudo de connotaciones que reúne para trazarla como villana. Aunque se pretenda deconstruir el mahou shoujo, algunas constantes se preservan: Kyouko es malévola, una narcisista petulante, descarada y feroz al exponer el pragmatismo de sus premisas, pero puede resultar peligrosamente simpática por apalear a sus contendoras enseñándoles la dura realidad de un mundo desalmado, egoísta, donde, de nuevo, es preferible ponerse adelante en la cadena alimentaria para sobrevivir, comer antes que ser comida. Este modelo de mujer insumisa y altamente corpórea, digámosle, “carnalizada”, coincide con las villanas-mujer que suelen enfrentar a las heroínas-pubertas/adolescentes del mahou shoujo tradicional, una lucha entre la pureza infantil y una adultez corrompida. Sin embargo, una revisión veloz del elenco protagónico revela que Kyouko no sería la única sexualizada, sino la única cuya erotización es consustancial a su discurso, su teoría, casi antropofágica, de comerse a quienes fueron humanos. Las pantyhoses de Homura, de celebrado cruce de piernas, o el zettai ryouiki de medias blancas de Madoka, o incluso las botas largas de Sayaka, son convenciones gráficas para construir una imagen normativizada de objeto de deseo, pero no implican un dinamismo sexual ni manifiestan de parte del personaje un sobredimensionado goce corporal, como ocurre con Kyouko, que parece disfrutar las sensaciones que proporciona su organismo. El gesto antes de iniciar su pelea contra Sayaka es elocuente: relamerse los labios posee varias connotaciones, como también el fragor guerrero. Kyouko disfruta esa lucha con cierto placer orgasmático.

Creo que nadie habría estado en desacuerdo si esta serie se llamara Puella Magi Sayaka Magica: la mejor amiga de Madoka ha resultado una revelación como personaje debido a su fortaleza e ímpetu, además de enfrentarse de manera propositiva a sus problemas. Sin embargo, aunque Sayaka asume con anhelo radiante su labor como puella magi, la secuencia del ritual que la transforma en chica mágica se encuentra ensombrecida por señales tenebrosas: antes habíamos advertido que Sayaka había firmado, como Mami, un contrato desigual, porque carecía de equidad entre pérdidas y ganancias, o porque los beneficios que reportaban eran falsos engañosos. Ahora SHAFT se anima a transgredir otro tópico del género: el bautizo mágico, la primera experiencia de la mahou shoujo, donde esta recibe sus poderes. Para escenificar el pacto, se escoge una hora simbólica: el crepúsculo, de obvias connotaciones malévolas u oscuras. La obsesión geométrica y simétrica de Shinbo nos ofrece encuadres maravillosos de sombras sobre fondos rojizos que sugieren lo tétrico, lo mortuorio, como si Kyuubey y Sayaka participasen de un sacrificio: incluso la disposición de los arbustos en la terraza del hospital recuerdan a algún templo ceremonial donde ocurrirá una consagración cruenta, no una bendición, sino un castigo. Sayaka se sacrifica por amor y ante la duda, prefiere actuar para salvarse de la desesperación. Es sanguínea, allí donde Kyouko es colérica, Mami era melancólica y Homura es flemática. Como muchas tomboy, posee sentido del humor y valentía, pero cuando la contradicen, puede perder la calma con facilidad y desesperarse. Cuando se menciona el pecado como fuente de perdición para las chicas mágicas, pienso no necesariamente en malas acciones, sino en vicios que conduzcan al descontrol y, al exagerarse, terminen convirtiéndose en brotes de maldad desproporcionada. Si Sayaka pecase, sería de ira y orgullo, y Kyouko cargaría con la gula, la lujuria y la aviricia, y Homura, con la pereza o acidia. Otra concepción del pecado sería, basándonos en la teoría de la cadena alimenticia, que cuando las chicas mágicas aceptan su tarea, están obligadas a cargar con el peso moral de volverse asesinas y aprovecharse de los frutos de sus crímenes para limpiar sus Soul Gem.

Si este fuera el pecado, hablaríamos, aunque de forma indirecta, de antropofagia, y al aceptarlo con resignación como Homura, o con perversidad angurrienta como Kyouko, la mahou shoujo deshumaniza al prójimo (la gente pasa a verse como alimento y las brujas son catalizadoras de ese néctar vital que serían las emociones dolorosas), pero también -sin darse cuenta- se animalizaría a ella misma al admitir su condición monstruosa, de bestia de rapiña que sobrevive de la desolación ajena. Si cumplir un deseo imposible de alcanzar mediante las capacidades humanas en una manifestación de egoísmo e hybris, este capricho debe ser compensado con la pérdida de humanidad. La magia cuesta caro y recurrir a ella obliga a la mahou shoujo a continuar pecando con conciencia de maldad, intentando purgar esa culpa, evitando que otros cometan ese error y emprendiendo un camino de penitencia (la ruta de Homura) u olvidándose de cualquier juicio moral, situándose más allá del bien y del mal, y disfrutando del pecado (la opción de Kyouko). Esta última solución suponde, además, invertir los criterios de valoración por motivos prácticos dictaminados por la propia voluntad, en otras palabras, que será bueno aquello que convenga al interés personal y la única ley es el ego. Homura sería cristiana, filosóficamente hablando, mientras que Kyouko sería nietzscheana. Por último, queda por criticar la actitud de Kyuubey respecto de la guerrilla de puella magi que él mismo contrata. Si cuando una Soul Gem corrupta se crea una bruja, entonces, seguir produciendo chicas mágicas que podrían enfrentarse por la posesión de un territorio es abundar en el círculo vicioso. Si Kyuubey es el villano o un mensajero del Mal en esta suerte de Fausto-loli style, entonces su única función es mantener activo el ciclo, la cadena alimenticia del pecado. No pretendería salvar a la Humanidad de las brujas -esta sería una percepción noble, pero equivocada, de Mami que Sayaka y Madoka heredaron-, sino comprometer a la puella magi contratada a mantener limpia su Soul Gem y cuando falte el nutriente, invadir la ciudad de otra chica mágica y perpetuar el círculo vicioso merced a las pasiones humanas.

3 comentarios

  1. Tomoya

    En 1er lugar, felicitaciones por la maestría.
    El antagonismo que se planteó en Madoka capítulo 5to fue muy fuerte. Madoka y Sayaka perdieron una referente, cosa que Kyouko y Homura no parecen necesitar, lo que puede encaminar la consecuencia de la antítesis que bien mencionaste y la reacción que presentan los dos “bandos” frente a la misión.
    También aquí se ve lo escaso que es el recurso energía para las puella magi. En Sakura, ella misma padecía de cansancios, pero no con tanto peligro de muerte; en Nanoha, el modo excelion llevaba a que se acortara la vida o incluso peligrarla. En Madoka ni eso, no se cazan brujas, no se puede una purificar, y si se gasta mucha energía se condiciona en la purificación también, lo que hace que constantemente busquen el elemento, y las escaramuzas por el control de la ciudad, en la cual no se deja de mencionar que tiene muchos recursos.

    Muy bueno el análisis! Saludos!

    13 febrero 2011 en 04:24

  2. Kasuga Kyosuke

    Pues, esta es una serie como pocas, y tomo como mía la comparación que se hace en muchos foros, donde se indica que Madoka Magica es la “Tengen Toppa Guren Lagan” del genero Mahou Shoujo.

    Pasando a la serie en sí, creo que explota muy bien tópicos comunes en las series actuales, tales como el relativismo moral (no existe el bien ni el mal, sino personas que actúan de acuerdo a las circunstancias del momento), la muerte y la oscuridad de la historia como uno de los ejes centrales, etc; pero lo novedoso del tema no es la trama, sino el género en el cual se desenvuelve la trama. Las historias densas vienen normalmente de los eroges (cuya clasificacion para dultos les da muchas licencias narrativas, para explotar temas no solo sexuales, sino filosoficos, eticos, y morales) o de novelas muy underground. Pero jamas esperamos ver chicas mágicas fallecer de maneras tan poco “finas e ingenuas” como Mami, o considerar sus propios beneficios por sobre el bienestar de la “gente” a quien se supone deben proteger. Eso es lo que hace a la serie tan llamativa. Si ponen la historia de Madoka Magica bajo otro genero (tipo Evangelion, o Lain, o algo como F/SN) no creo que tuviese tanto exito, ya que seria una mas del monton. Pero la vuelta de tuerca que estan haciendo con las chicas magicas al darle enfasis al proceso mas que al resultado, y unido al dilema interno que cada chica debe enfrentar, ya que se le da mas enfasis al “beneficio” personal que puedan tener por sobre el bienestar de los demas (que me recuerda mucho al dilema que enfrentó Hikaru Shido en Magic Knight Rayearth cuando su primera y ultima orden como pilar fue justamente acabar con el sistema del pilar de Cephiro… que pasaria si Madoka deseara el fin absoluto de las brujas y las puella magi?).

    El desarrollo de la trama va tan bien que no me sorprendería que fuese una de las mejores (si no la mejor) serie del 2011. Esperemos que nos depara el “Karasuma Ouji” (cara de nada xD) de las mascotas mágicas, las brujas y sobre todo Madoka, que a este paso dudo se convierta en puella magi antes del capitulo 10 xD.

    17 febrero 2011 en 10:54

  3. Konopikyu

    Realmente escalofriantemente revelador tu analisis, creo que el final de la historia puede depender unicamente de la intencion del autor, que oculta de muy buena forma, para darnos la oportunidad de cuestionarnos toda la trama, dejando en el personaje mas puro una unica eleccion.

    Me agrado mucho encontrar este lugar, sobretodo porque va mas alla de una simple diversion superficial y pasa a convertir al anime en algo meditado, serio y con muchas posibilidades.

    Muy buen analisis, decir que solo me encanto se queda corto, muchas gracias!

    19 febrero 2011 en 16:41

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