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Ore no Imouto ga Konna ni Kawaii Wake ga Nai 11-12 (GOOD END): El misterioso caso de la hermana ladrona de calzoncillos

I'd never steal something like onii-chan's pantsu

I'd never steal something like onii-chan's pantsu

Terminé mi tesis. Sí: créanme, cumplí la odisea de redactar 80 páginas a espacio y medio en Garamond 12 con pesada rectitud académica. Me siento cansado, pero más ligero, con ganas y tiempo de hacer cuanto me venga en gana, porque me siento inspirado y me zurro en las temporadas y los retrasos; por ende, escribiré sobre OreImo aunque sea materia de diciembre, pues sinceramente me antoja, la serie merecía una digna reseña final, y porque me enteré que cierto artículo viene difundiéndose y siendo materia de comentarios (no siempre halagadores) en algunos foros de aficionados. Para continuar encendiendo iras santas, admitiré que quizá, algún día, me encantaría escribir una tesis sobre Kirino. Suena a broma, pero insisto que dedicar un estudio serio y concienzudo a determinado relato de ficción no incrementa su valor estético. Mucha gente cree que la crítica solo debería ocuparse de las obras sublimes. Si fuese así, quienes creemos en la necesidad de introducir al anime (y todo su universo de consumo que incluye videojuegos, light novel, interacción en la web, etc.) al debate en el seno académico, apenas nos quedaríamos con un puñado de series y películas y nuestra labor sería bastante aburrida. Cuando comentaba OreImo discurriendo alrededor del concepto de metatextualidad, no pretendía demostrar su superioridad o inferioridad como relato de ficción. Los ejercicios taxativos (de definir lo mejor o peor) sirven para divertirnos armando rankings de fin de año, pero respecto del análisis son intrascendentes, pues se fundamentan exclusivamente sobre el gusto personal. Nunca sugerí tampoco que OreImo fuese una serie profunda porque traicionaría su intencionalidad, su propósito, que es entretener con premisas básicas de comedia romántica, arquetipos levemente transgredidos y harta referencialidad otaku. Sin embargo, que cumpliera con éxito esos fines no descarta que varios episodios aprovechen esa ligereza carnavalesca para aplicar una mirada crítica sobre varios aspectos del consumo cultural ligado al anime y los eroge, sembrando las semillas de una polémica que debe transferirse al espectador quien siendo también un fanático se encuentra implicado en la problemática y halla en OreImo la encarnación de un discurso conciliador, esperanzador respecto del otaku y su sociedad circundante, pero también un mensaje cínicamente pesimista acerca de su relación con una industria que, aunque provee placer, no deja de considerarse un negocio.

Antes que trazar una definición complicada de metatextualidad, prefiero mostrarla en acción, en ejemplos concretos para que quienes nunca hayan oído acerca de esta noción aprendan a identificarla en sus distintas formas. A Kirino le encantan los eroges, en particular, aquellos que tratan de conquistar imoutos (hermanas menores) desde la perspectiva de un protagonista masculino, muchas veces sin rostro. Kirino conoce las tendencias y estereotipos que circunscriben la estética de estos juegos y condicionan su recepción generando reacciones de satisfacción, excitación o lascivia que ella también ha interiorizado y ha aprendido a manifestar. Estas mismas coordenadas de consumo se extienden al anime, que pertenece también al mismo núcleo de intercambio de bienes culturales (la esfera de Akihabara). Que cierto personaje vea anime en un anime, lea o escriba novelas en una novela, o haga cine en una película no convierte de inmediato a estos productos en metatextuales. Para que ocurra, la obra debe hablar sobre el acto de creación como su tema principal (por ejemplo, un poema acerca de la poesía), o la discusión sobre el arte debe determinar a los personajes y sus circunstancias. La fiesta que Saori y Kuroneko acceden a organizar para Kirino sería un excelente ejemplo, pues tres chicas fanáticas del anime se juntan para cosplayear con fetiches alimentados por cualquier comedia harem, y para reforzar esta filiación con el género, Saori coloca un letrero en la entrada donde figura la palabra “harén”. Cuando hablamos del anime como arte, no podemos desligarlo de la compleja urdimbre de mercancías asociadas y convergentes: por tanto, los referentes que discutan, parodien o mencionen los personajes pueden provenir del manga o los videojuegos. Más adelante, Kuroneko expondrá su versión personal de la narrativa de OreImo en unas ilustraciones que intentan burlarse del severo complejo de onii-chan que caracteriza a Kirino. Al interior del relato, un personaje introduce otro relato que hace referencia al relato más grande que engloba todo. Suena enrevesado, pero imagínenselo como una caja chica dentro de otra grande. La primera sería una visión deformada y burlesca de la segunda, pero lo importante está en el diálogo entre dos relatos, pues aunque Kyousuke objete que Kirino nunca lo llama “onii-chan”, la caricatura de Ruri parecería desnudar el carácter incestuoso o cuando menos bro-con de Kiririn-shi y para dejarlo en evidencia, recurre al manga (o algo similar, pues Kuroneko relata oralmente la historia: más parece un picture drama). Por tanto, tenemos un manga al interior de un anime en plan de comentario.

La intención de esta segunda ficción incrustada en la primera es generar contrastre entre la identidad del personaje en ambas dimensiones: la Kirino B guarda mayor semejanza con cierta tipología de heroínas de eroge que celan a sus hermanos, hurgan entre su ropas o hurtan sus calzoncillos como el título del videojuego que Kirino A le ordena a Kyousuke que compre en una venta de medianoche y luego utilizará para facilitar ese acercamiento sentimental frustrado por la estrechez mental de un hermano voluntarioso pero poco perceptivo y una hermana tan tsuntsun que parece haber hipotecado el deredere. Todo espectador corriente de love-comedy en anime contemporáneo o todo jugador de eroges reconocerá el desfase entre ambas Kirinos y estoy seguro que tampoco hubieran necesito a Kirino B para darse cuenta que Kirino A se comportaba distinto al paradigma de la imouto o pretendía negar mediante su tosco comportamiento que siente una inenarrable dependencia emocional hacia su hermano y lo oculta por orgullo o vergüenza. La mayoría de espectadores se percató de cómo Kirino se negaba a encajar en su esquema arquetípico y empezaron a odiarla no porque fuese poco sincera, sino por resistirse a su destino de tsundere. Es probable, entonces, que existan dos historias en OreImo: la primera, expresada por los hechos, palabras y actitudes de los personajes. La segunda, escondida en sus pensamientos más íntimos. Kirino B es ficticia pero quizá no sea falsa, sino un artificio imaginario para sacar a flote una verdad. Recordemos que Kirino B se siente ofendida porque su onii-chan coleccione pornografía de meganekkos y cuando llega al local de la fiesta, Kyousuke es abordado coquetamente por Saori quien dice: “I was told you had a glasses fetish”: al parecer, Kirino A ha referido a sus amigas el incómodo incidente con Manami, pero esa confesión no justificaría las bromas, por tanto, además de contar los hechos, Kiririn-shi debió matizarlos con sus agrios comentarios despectivos hacia Kyousuke y Vecinita-chan que ponen al descubierto sus auténticos sentimientos. Ese relato paralelo solo puede emerger mediante la metatextualidad.

El último episodio, titulado “good end” alude, de nuevo, al vocabulario que comparten los consumidores, tendiendo un vínculo, una semejanza entre la narración y el desarrollo de un juego, entre el relato y las posibilidades de argumento de un eroge. Si consideramos que el mundo ficcional que habitan Kyousuke y Kirino representa a “la vida misma”, entonces se establecería una equivalencia entre vida y galge, entre actitudes y flags, y dependería solamente de nuestras decisiones el arribar a determinados “ends” (todos sabemos que esto último es falso, pues existen múltiples condicionantes). Pero también implica equiparar la existencia a una trama romántica. Para Shakespeare, el mundo era un teatro y los hombres meros actores, pero ese símil dramatúrgico parece transformarse bajo el dominio de internet. Los nuevos medios no conciben un relato lineal, un libreto único que los seres humanos están obligados como actores a ejecutar. Ahora existen posibilidades: esto no implica necesariamente libertad, porque el sujeto solo escoge entre opciones, pero no elige las opciones. Los protagonistas de relatos metatextuales o metaficcionales suelen ser apasionantes y revelar muchísimo sobre la sociedad que representan. Siempre se habla del Quijote y Madame Bovary como paradigmas de personajes subsumidos por la ficción al extremo de intentar aplicarla sobre la realidad. En Kirino opera el movimiento contrario: la muchacha se reconoce incapaz de cumplir sus expectativas con Kyousuke en la realidad porque es consciente del tabú del incesto, además, le causa incomodidad sentirse atraída por un sujeto sin atributos. Jugando eroges, Kiririn-shi consigue escapar (momentáneamente) de esa realidad gris y transgredir incluso la imagen que ella misma proyecta hacia los demás. No importa si deba asumir la posición de varón para poder cumplir ese deseo arrinconado en la profundidad de su subconsciente (o quizá no tan escondido), porque Kirino aspira a concretar en ese espacio perfecto y eterno de la ficción aquello que la realidad prohibe: la relación entre un hermano heroico y una hermana adorable. Los galges le ahorran la molestia de asumir una personalidad que jamás se adecuará a su carácter e incluso podrá servirle para construir un puente comunicativo con Kyousuke.

Palabras finales

OreImo es una historia fresca, entretenida y, por momentos, deliciosa. Está pensada para mirarla sin exigirnos demasiado para percibir las ondas de moe-ness que emanan sus personajes femeninos. Es cierto que muchos detalles quedaron inconclusos pero se anuncian episodios extra en la edición DVD/BD (recuerden: también deben comprar la Region-1 y la Deluxe) y resulta suficiente el ritmo que imprime la interacción entre sus chicas (incluso Ayase, la menos tolerable de todas) para justificar el tiempo que gastemos disfrutándola. En consecuencia, cumple con su función primaria, con la meta prevista: divertir y satisfacer al otaku otorgándole una imagen aceptable de ellos mismos, una imagen -como Haruka Nogizaka- que vincule su afición con el objeto de deseo, el ideal estético o la imagen del eros. Pero también diseña para ellos una especie de paladín femenino, de referente en la lucha contra una sociedad que discrimina imponiendo criterios de normalidad. Y para complicar más el panorama, la serie también se permite dotar de identidad ese debate absurdo entre élites y consumidores “acríticos”, a problematizar la autenticidad de la industria que produce idols por masas, esa misma industria que no tiene reparos en faltarle el respeto a obras ajenas para ahorrarse unos yenes. AIC realizó como (casi) siempre un magnífico trabajo de animación, igual que ocurrió con Strike Witches y ahora con Hourou Musuko. Abundan los motivos para revisar OreImo, pero el principal es preguntarnos si seremos capaces nosotros también de discutir nuestra condición de aficionados.

2 comentarios

  1. star_in_the_line

    muy buenas tus reseñas de ore no imouto
    gracias por dedicarle tiempo y permitir que otros disfrutemos de una agradable lectura

    acabo de terminar de ver el anime
    en algun tiempo empesare a leer las novelas ( tal vez sea un tiempo largo por que al parecer las ultimas no han sido traducidas y por su puesto la historia aun no se ha terminado)

    solo resta decir que estare visitando la pag con regularidad en busca de nuevos articulos, por su puesto de Ore no imouto

    27 febrero 2011 en 18:17

  2. Acabo de terminar de leer tus reseñas sobre los capítulos originales de Oreimo y debo decir que son bastante buenas. Profundizas en detalles implícitos de la trama, que cuando los comento con mis amigos otakus no me creen que están ahí, pero que en verdad dan bastante material para discutir, aun más que el que Kirino está enamorada de su hermano y se proyecta a sí misma en las imouto de sus eroges. Bueno, terminaré de leer las reseñas de la True End.

    9 julio 2011 en 20:33

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