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FORTUNE ARTERIAL: Akai Yakusoku 9: Me emborracho por tu amor

Cada bolsa que tomo, se acaba mi vida...

Complicado mapa psicológico que traza FORTUNE ARTERIAL, plagado de tensiones simbólicas (represión del instinto, normalización del deseo) y ahora doblemente embrollado al introducir otro factor condicionante en el drama de Erika Sendou: la autoridad materna que representa la tradición familiar, la fuente de poder, del miedo, de la indignación y además un trauma de infancia encarnado por la espeluznante aura vampírica de okaa-san. Pese a concitar apenas un tibio recibimiento por parte del público, FORTUNE ARTERIAL continúa procurando agradables sorpresas gracias a su eficiente distribución de los giros argumentales con revelaciones que no lesionan la congruencia con la comedia romántica. Por mientras, un velo de suspicacias y aprensión se cierne sobre la relación vasallática de Kuze y la represiva madre de Erika.

Erika encarna la negación del arquetipo vampiresco, incluso bajo las particulares reglas que propone esta serie. Es servicial, amable, abierta al mundo exterior, querida por su prójimo. Se niega a establecer un pacto con Kouhei como sirviente porque ha jurado nunca succionar sangre humana (la bebe indirectamente de bolsas de transfusión), por tanto, a diferencia de su madre, no pretende convertirse en parasitadora de un organismo ajeno. Los parámetros que viene trazando la serie descartarían que retroceda en su negativa a aceptar la oferta de Hasekura, pues los principios éticos de Erika parecen bastante sólidos, incluso cuando mantenerse firme le cuesta en carne propia una lucha contra su cuerpo. Además, admitir el sistema de servidumbre para evadir el castigo de okaa-san sería ceder a sus reglas de juego, al modelo tradicional que Erika habría renunciado a acatar y reproducir. En otras palabras, implicaría reconocer y subordinarse al poder de mamá, dejando implícita la aceptación de su discurso autoritario y clasista. Por ahora, Erika pretende aprovechar una especie de vacío o tregua concedida por madame Sendou para vivir una existencia corriente mientras idea alguna escapatoria que no implique someter violentamente a un persona y robarle su naturaleza original. Es cierto que Kouhei se ofrece de voluntario por amor, pero la Vicepresidenta comprende que transponer la pureza del romance en libertad al esquema de una relación señora-vasallo puede funcionar en sentido metafórico (el amor cortés), pero no real, pues implicaría robarle para siempre su capacidad de decisión, privar a Kouhei de su libre albedrío, deformando y transtornando la misma noción de amor. Para Kaya, la madre de Erika, es obligación del vampiro preservar este modelo aristocrático, sin importar las implicancias morales, pues prevalece la necesidad de prolongar un sistema que asegura su preeminencia y supervivencia. Frente a la despiadada y manipuladora postura hiperrealista de la vampiresa mayor, se ensalza la rebeldía de la Vicepresidenta, cubriéndola de un aparente matiz idealista. No obstante, sus motivos se revelan menos principistas y más condicionados por dolorosas vivencias de infancia y un justificado rencor hacia su madre, la doctrina que representa y la identidad vampírica que pretendieron imponerle. Antes de continuar, pongamos en claro la diferencia entre identidad y naturaleza: Erika nació vampiresa, es una condición irrevocable; sin embargo, su opinión respecto de cómo debe actuar un vampiro en sociedad difiere del modelo sostenido por Kaya. La Vicepresidenta no puede oponerse a beber sangre, pero puede negarse tajantemente a clavarle los colmillos a alguien, pues existen otros métodos para proveerse de hemoglobina.

Otro mérito destacable de FORTUNE ARTERIAL: el balance entre humor en escenas colectivas, melodrama en situaciones de pareja (aislada del resto de personajes) y acción dramática que usualmente envuelve el enfrentamiento dialéctico entre dos figuras antagónicas. La escena de playa a mitad del episodio se interna en los tópicos del segundo género: naturaleza en sintonía con el estado de ánimo del personaje (simpatía cósmica), entorno confesional, solitario, de encuadre amplio pero limitado a solo dos participantes, y cuyo punto de quiebre es el ofrecimiento del sacrificio caballeresco. A partir de ese punto, el ambiente cambia (se despeja el cielo) y tras alcanzar el clímax del diálogo, los personajes retornan a casa. Entonces, la placidez romántica que había generado una suerte de relajo anticlimático, es interrumpido por otro evento de ruptura que derivará en el cliffhanger o punto de suspenso del episodio. FORTUNE ARTERIAL ha empleado patrones similares en casi todos sus episodios para trasladar a la estructura narrativa la síntesis o fluida transición entre comedia y drama: por ejemplo, la escena donde Erika y Iori discuten sobre la identidad del maestro de Kuze. La conversación es abordada en tono de broma por el hermano mayor, pero a medida que comienzan a tomar en serio sus sospechas, la atmósfera se torna tensa y acaba con Seiichiro enviando a Shiro de regreso a la cocina para evitar que continúe escuchando.

Cuando diferenciaba entre principios y condicionamientos emotivos, establecía una distinción entre 1. preceptos éticos conscientemente adquiridos, razonados y aceptados como pilares de un modo de vida, y 2. circunstancias subjetivas, inconscientes y contradictorias que empujan a determinado comportamiento que el sujeto difícilmente controla (miedos, rencores, angustias irresueltas). La confesión de Erika entrevera ambas nociones dejando en duda si defiende unas loables pautas de comportamiento porque las considera esencialmente buenas (correctas en sí mismas) o como respuesta al maltrato propinado por Kaya durante su infancia. Me permito sospechar que aunque Erika cree con firmeza en la coexistencia benéfica con los humanos, el origen de este convencimiento se remonta al odio que profesa por el sistema vampírico de vasallaje y parasitismo, mejor dicho, al rencor que manifiesta por aquello que connota la imagen de Kaya como figura de autoridad, como referente máximo de conducta y como poder simbólico. En ausencia del padre (por motivos ignorados), la lolitesca madre ejerce un matriarcado que la serie enfatiza rodeándola de un decorado señorial, ataviada en galas de la aristocracia tradicional japonesa. Como ocurría entre la nobleza premoderna, solo pocos servidores tenían derecho o privilegio de contemplar el rostro del señor o acercarse hasta determinada distancia. Kaya está rodeada de un nimbo tenebroso de poder, por tanto, incluso Erika, para quien es innegable el vínculo consanguíneo, no puede desligarse fácilmente de su influencia, pues supondría romper con la tutela y hacer explícita la hostilidad. Entiendo que podría juzgarse como complejo de Electra si hubiese mayor presencia del elemento paterno; sin embargo, esta rivalidad se origina por acumulación de circunstancias traumáticas (encierros en mazmorras, insultos, desprecio) y tendría que devenir en un matricidio simbólico (no matarla en realidad, sino negarla como autoridad) siempre que Erika desee mantener su autonomía y Kaya no esté dispuesta a cambiar sus rancias y añejas doctrinas. La reconciliación con la madre implicaría aceptar su superioridad en cuestiones morales y admitir su justificación de la crueldad.

Aunque FORTUNE ARTERIAL adapte un bishoujo game, los asuntos sentimentales no agotan el entramado de pulsiones que enmarañan la relación entre personajes. En cambio, el romance se recubre de tensiones macabras, tanáticas e incluso necrófilas si acaso suponemos que Shizuko provoca una atracción orgánica en Iori porque su semblante le recuerda a una antigua amante, probablemente muerta. Esta revelación modifica por completo nuestro juicio inicial sobre el hermano de Erika, quien además de payaso incidental y metrosexual de high school, esconde una faceta melancólica, una frustración pendiente. No sorprendería que Kaya también estuviera involucrada, pero de serlo, Iori debería cuidar sus espaldas y confiar menos en Seiichiro, pues, dada su fidelidad a la matrona loli del clan Sendou, podría fungir de agente encubierto. Habiendo recuperado su control sobre Kiriha, el próximo movimiento de Kaya apunta hacia Erika, quizá empleando a Kuze-san como instrumento en el contexto del Festival Cultural, siempre que nuestra rubia heroína consiga para entonces dominar sus incontrolables impulsos por mordisquear a Hasekura. Sin embargo, antes deberíamos preguntarnos qué interés tendría Kaya en atacar o reprimir a una vampiresa supuestamente imperfecta, indigna y menos poderosa. ¿Qué peligro representa Erika para su madre?

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