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Toaru Majutsu no Index 8-9: Una cierta cheerleader mágica

¿Ahora sientes vergüenza?

Ajeno a la trama de acción que acompaña la historia cómica del Daihaseisai, este arco viene siendo un festín visual de service para los fanáticos de la saga Toaru: apariciones y/o cameos de casi la totalidad del elenco (incluidos Aogami Piasu, Kuroko y Uiharu, nuestra adorada Mitsuko Kongou, KoMOE-sensei, Aisa Himegami, la meido rotatoria, en suma, tutilimundi excepto Saten, why???), Index en cosplay de porrista, harto Biribiri con madre incluida, una nueva competidora para Mikoto en el harén de Touma (la estricta y voluptuosa representante de clase Seiri Fukiyose) y una astuta y sexy villana calificada de “hechicera”, Oriana Thomson. Si antes reclamábamos más interacción entre ciencia y magia, este arco amenaza con desvancer esa tensa frontera.

En líneas generales, una entretenida mezcla de humor en la superficie (donde se celebra el Campeonato Deportivo) y labores de espionaje típicos del molde narrativo de Index, es decir, magos que operan en secreto y combaten alejados de las multitudes, hasta que Oriana decide agregarle, como Sherry Campbell en la primera temporada, una cuota de angustia mezclándose con los civiles de Ciudad Académica e inmiscuyéndose en el evento principal para maniatar la capacidad de acción de sus perseguidores (el trío Touma, Tsuchimikadou y Stiyl). La genial vuelta de tuerca radica en aprovechar la regla consensual hasta ahora solamente quebrantada durante el arco de Hyoukka: los combates entre magos ocurren a oscuras, en lugares solitarios o deshabitados, evitando cualquier contacto con la sociedad circundante y su cotidianeidad. En otras palabras, manteniendo el secreto de su existencia y desplegar su caótica guerra de facciones con receloso sigilo. Oriana se atreve a entreverarse y perderse entre la multitud viéndose incapaz de escapar de Ciudad Académica: coloca un hechizo activable al primer toque, al contacto de cualquier persona, sea level-0 o usuario esper, en un punto aleatorio donde, por accidente, ese peatón anónimo podría accionarlo y causarse un daño incalculable. Una jugada terrorista, que implica a ciudadanos inocentes y fuerza a distraer la atención de los héroes aprovechándose de su buena conciencia y del temor a dejar al descubierto la presencia de organizaciones mágicas, pero además, una escapatoria eficaz pues le permite ganar tiempo para realizar la transferencia del peligroso artículo que efectuará en plena Ciudad Académica, valiéndose del trasfondo del Daihaseihai como cándido telón de fondo que nuestro justiciero Kamijou-kun intentará mantener incólume, a salvo y desvinculado del conflicto entre bandos cristianos. En concreto, continúa funcionando el principio fundamental de preservar bajo penumbra y separados lo mítico-religioso y la ciencia. Sin embargo, ahora el suspenso recae sobre la amenaza de rasgar ese velo de intangibilidad que separa ambos espacios.

Estos cameos y apariciones incidentales son priceless. Siempre se recibe de buena gana la presencia de Tsuchimikadou imouto girando sobre su robot de limpieza y ahora vendiendo sus apetecibles bentou de maid en entrenamiento. Los padres de Touma coinciden por casualidad con la sensual Misaka Okaa-san, quien no parece haberle heredado a su hija suficientes genes para eludir su penosa condición de DFC. Para variar, el señor Kamijou ejercita su vista contemplando toda clase de jovencitas atractivas mientras su esposa, con quien parece vivir una intensa actividad de pareja (avergonzante para Touma), intenta atar corto al marido con un aura negra de oujo-sama. Aisa reaparece con sus metáforas de videojuegos y su humor deadpan. Mamiko Noto consigue transmitir un adorable desánimo como sello de identidad del personaje: no puedes odiar ese timbre vocal aunque suene lerdo. Mientras tanto, Kuroko pierde el juicio tras enterarse por televisión que Mikoto ha corrido con Touma como compañero y le convidó agua de su propia cantimplora. La escena con Uiharu me pareció inverosímil después de ver Railgun: se supone que Shirai-san y Biribiri ya conocen a Saten y andan juntas a diestra y siniestra. Resulta poco creíble que Kazari se olvide de invitar a Ruiko, su mejor amiga, y parte imprescindible del cuarteto, incluso cuando vayan en plan de patrullaje. Debieron tomarse la molestia de animar unos segundos a Saten-san, darle una línea y permitirle que levante la falda de Uiharu para comprobar si lleva los calzones de fresitas: suficiente para un cameo digno e inevitable. Desde luego, no sugiero que se aparten del original, solo que respeten la coherencia con Railgun que J.C. Staff mismo alienta al insertar a la magnífica Air Hand Mitsuko Kongou loleándose con su célebre abanico. Llamaron a Minako Kotobuki para apenas dos líneas de diálogo, bien pudieron hacer lo mismo con Kanae Itou.

Seiri Fukiyose comenzó como relieve cómico torturando a Touma y sirviendo a situaciones ecchi como la típica delegada de aula obsesionada con cumplir las normas o tan absorbida por la ilusión de comprometer a sus compañeros en la vida estudiantil que acaba cobijándose tras una máscara de severidad. Son personajes parcialmente tsunderescos, por tanto, pasibles de desarrollo dramático pues el tsunderismo supone cambios de estado, evolución sentimental y apertura romántica (cuánto demore en ceder a la honestidad depende mucho de cuánta humillación tolere el protagonista o cuán importante sea la tsundere en la estructura vertebral del relato). Acabando el episodio octavo, Seiri muestra su único gesto deredere manifestando los motivos de su rigidez en un momento de intimidad con Touma que culmina de manera accidentada y, para desgracia de Fukiyose, es interrumpida por la introducción en escena de la Oriana Thomson, la antagonista del arco. La escena cómica que media hasta que Kamijou le ofrece la mano y siente un flujo de poder mágico (destruyéndolo, obviamente) posee la ingenua magia del ecchi clásico de los noventa. Touma estampándose las narices entre los voluminosos senos de Oriana me recuerda los desventurados rozamientos fortuitos del heroico Golden Boy, un manga adaptado a una serie OVA en 1996 que todo amante del ecchi bien ejecutado debería acoger en su videoteca, o los puñetazos anti-perversión que suelen aplicar las féminas en series como City Hunter. Pareciera que algún fanático de la comedia erótica diseñó los storyboards guiado quizá por alguna inconsciente nostalgia. Más adelante, la escena se cargaría de un sentido augural o predictivo pues tanto la villana como la víctima se cruzan sin intuir el vínculo anónimo que las reunirá en un único drama. Fukiyose activa el hechizo de Oriana, y aunque Touma la salva a tiempo, pierde la conciencia. Esta situación desencadena el giro épico aguardado por los fanáticos de Index: que Kamijou-kun se decida a destruir ilusiones.

Tampoco puede obviarse el retorno de la enternecedora maestra loli Komoe Tsukuyomi que se suma al entusiasmo vistiéndose de cheerleader y luego es intimidada por un profesor de otra escuela que insulta a sus alumnos provocando que Touma y compañía arriesguen su integridad para resarcirla del agravio. Sin duda, la pequeña pelirrosada ganó un puesto entre las mejores docentes de la historia del anime por la encendida defensa del valor de sus educandos, por creer en sus habilidades sin importar cuán escasas sean, por alentarlos a mejorar y apoyarlos en cualquier alocada circunstancia. Desde luego, si la mayoría de profesores en Ciudad Académica fueran como Komoe-sensei, el proyecto de construir una utopía científica se iría al traste, pues el empeño insidioso por desarrollar las capacidades de los jóvenes esper obliga a los maestros a juzgar sus méritos en términos cuantificativos. Bajo estos criterios, Tsukuyomi-sensei sería una pésima tutora, pues su primera prioridad como pedagoga consiste en educar al alumnado en valores, estimulándolos con una prédica optimista, en lugar de presionarlos para alcanzar la excelencia. A Komoe le importan poco los resultados mientras el estudiante aprenda a confiar en su fuerza de voluntad como fundamento para conquistar cualquier objetivo.

De nuevo, Mikoto atrajo los reflectores robándole airtime y preponderancia a Index, la supuesta protagonista de la serie, quien fue privada de participar por expreso mandato de Tsuchimikadou y Stiyl. El entorno comercial del género light novel (y también el anime) está sujeto a los vaivenes del público, a modas, simpatías, olas de popularidad, que generan un interesante diálogo o negociación estética entre autor y consumidores. El éxito puede jugar en contra de las ambiciones narrativas de ciertos escritores y para mantenerse en el mercado, deberán ajustar sus pretensiones, su “relato ideal” a la demanda del lector que exige mayor participación de tales o cuales personajes que quizá al comienzo se consideraban secundarios. A Kazuma Kamachi no parece molestarle este condicionamiento pues lleva veinticuatro volúmenes de novela publicados, sin contar las ampliaciones canónicas autorizadas por el autor como el manga y anime de Railgun. Sin embargo, me imagino que debió sorprenderse cuando descubrió que Index no resultó tan popular como esperaba, digo, en comparación con Biribiri, a quien favorece la mayoría de quinielas románticas, en gran medida gracias al depurado tsunderismo con sonrojo de rostro pleno que volviera a ensayar con ternura y terquedad durante la escena culminante del episodio noveno. Magnífica combinación de humor, love-comedy con enredos y malentendidos, suspenso y acción: la receta de Toaru condensada en aquellos minutos de tensa incertidumbre llevada a la hipérbole por el subtexto amoroso. Aunque a posteriori puede considerarse predecible, salvo quienes hayan leído las novelas, gran parte de los espectadores no aguardábamos el anticlímax de descubrir que Touma había atormentado el pudor de Biribiri por falsa alarma ni tampoco adivinábamos el punto de quiebre que derivaría de una escena de acción enfocada en tono de comedia.

Ni siquiera Fukiyose, bendecida también con la abundancia de oppai, puede tolerar la sensualidad de Oriana, quien, a diferencia de otros magos (o brujos, whatever) no enfrenta directamente a sus congéneres y prefiere jugar la carta del atentado, una diferencia similar entre la guerra tradicional y el terrorismo. Oriana reconoce su limitada capacidad de ataque, pero en cambio, posee la destreza de contrarrestar otros conjuros con hechizos de corta duración o corto rango. Sin embargo, su principal arma es justamente su falta de escrúpulos para llevar el combate al interior de la ciudad durante un evento de alta concurrencia. Su propósito, entonces, no es infligirle daño al contrincante para derrotarlo sino desviar su atención cargándolos con la responsabilidad de desactivar un hechizo al alcance de cualquier civil. Aunque carezca de moralidad y ética guerrera, su modus operandi me parece, hasta el momento, la conducta más pragmática y adecuada para un villano contemporáneo: aquel discurso tradicionalista de enfrentarse con honor al enemigo midiendo sus fuerzas, suena épico, caballeresco, calcado de alguna película de samurai, pero, hasta cierto punto, poco conveniente. El terrorismo es más canallesco, ruin, vulgar, pero también efectivo.

Para cerrar, un breve comentario sobre la trama seria que compromete de nuevo los enfrentamientos entre Necessarius y la Iglesia Católica Romana. Sin novedad en términos estructurales, como suele ocurrir en cualquier arco de Index: se procede a actuar antes de explicar las habilidades del personaje y cuando se expone al detalle el funcionamiento y condiciones de aplicación de estos poderes, además de consumir una importante tajada del airtime, se sientan indirectamente las reglas para especular un desenlace. Esta ocasión, el discurso didáctico de Stiyl y Tsuchimikadou pareció más apresurado y difícil de captar sino después de repetir la escena unas tres veces hasta dejar en claro la habilidad de Oriana, pues en principio creí que consistía en perturbar las rutas volviéndose inubicable para sus perseguidores. Se supone que estas escenas expositivas deberían aclarar conceptos en lugar de confundir al espectador con terminología abstrusa y soluciones que, quisiera imaginar, la novela justificaría con mayor precisión. Los recursos mágicos que emplean para localizar a Oriana solo agudizan la sensación de aturdimiento y entre el público más ocioso y menos adepto a disquisiciones podría sembrar el juicio erróneo de considerar estas escenas material prescindible, con demasiado diálogo y poca acción.

Nice cat

4 comentarios

  1. mijogo

    Asi me gusta index , casi sin index y mas airtime para Mikoto . La ultima escena del capitulo me da esperanza de que integren a BiriBiri al team , ya es hora de que participe y esto acercaria los dos mundos la ciencia y la magia aun mas , ademas concuerdo contigo , que son malas amigas como no invitan a Saten . finalizando lo que me dio riza fue Kuroko con aura asesina .

    7 diciembre 2010 en 21:30

    • Allí está la paradoja: mientras menos interviene Index, más emocionantes son los arcos. Es graciosa cuando interactúa con Komoe-sensei, pero prefiero a Biribiri como coprotagonista. Sin embargo, al autor debe caerle algo mal que cuando hacen un anime de Index, sea Mikoto la más popular; y, luego, cuando hacen una serie sobre Mikoto, Saten -quien participa menos aún en el manga de Railgun- se convierte en la engreída del público. Al parecer, siempre hay una darkhorse incluso para las darkhorses.

      7 diciembre 2010 en 23:42

  2. Juan Mario

    Un arco bastante simpatico, con mucho dinamismo, en el cual si bien hay una trama bastante seria de fondo, no desaprovechan para mandarse con escenas tipicas de una comedia harem, ni el necesario fanservice para las masas, como siempre Biri-biri siempre brilla y se roba la camara (a riesgo de sonar fanboyesco mi comentario), aunque para hacer justicia a Index, en las novelas ella no pinta mucho en estos arcos, sin embargo en otros ella gana preponderancia, mientras que Biri-biri es minimizada, en una creo yo justa alternancia, aunque como pequeño spoiler dire que en las ultimas novelas, que toman un cariz bastante serio, las dos toman bastante importancia en la trama.

    PD: Una consulta, o mejor dicho una confirmacion, la chica de tu banner es ByakurenHijiri, no? A pesar que sale mas joven de lo que normalmente es representada (por algo es del club de “las tias”), la pude reconocer.

    10 diciembre 2010 en 05:55

  3. sonikku

    pues ami me gustaria que tanto mikoto como index estubieran siempre como protagoistas , por que seria divertido que convinaran la magia con la ciensia c: ¡si dos mundos chocan!

    23 septiembre 2011 en 00:45

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