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Otra pizca de teoría literaria: Ore no Imouto ga Konna ni Kawaii Wake ga Nai 7

Read or Die

Kuroneko, Kirino y los límites de la crítica

Contrario a la imagen estereotipada que cunde en el saber popular, un crítico literario de carrera no es aquel sujeto erudito que comenta libros con vileza para desecrarlos y devastarlos. En realidad, esa sería una caricatura del reseñista (que trabaja en periódicos o revistas) y no debería confundirse con la crítica literaria, cuyo propósito consiste en orientar al lector hacia la comprensión cabal de determinado texto. El conflicto radica en la necesidad de valorar un producto estético desde parámetros fijos. No significa que renunciemos a calificar una novela o poema, pero aspiramos a una forma distinta de valoración de acuerdo a los criterios que el mismo texto plantea. Mejor dicho, evitando juzgar un libro empleando aplicándole reglas ajenas. Por citar un ejemplo exagerado: si condenáramos una novela fantástica por su falta de realismo, o un slice-of-life porque carecer de nudo dramático. En estos casos, se trata de géneros y la confusión es menos probable porque los territorios parecen mejor delimitados. Sin embargo, a nivel micro, incluso gente inteligente suele incurrir en el error porque parece más fácil calificar un texto empleando estructuras mentales ya conocidas que dedicarse a estudiarlo detenidamente y comprender cómo está construido, qué pretende decir y cómo dialoga con la amplia red de textos que lo preceden. Aquí se precisa, entonces, el trabajo del crítico que intenta aportar las claves necesarias para que entendamos la particularidad de una obra ofreciendo una lectura que ilumine su consumo y le otorgue un sentido global. Este episodio de OreImo somete a discusión de forma paródica este delicado ejercicio, problematiza sus limitaciones, además de cuestionar los vicios del prejuicio crítico (imponer a priori una noción de calidad) y servirá como especimen perfecto para introducir el debate acerca de la validez de ciertos hábitos o presuposiciones acerca del acto de juzgar.

Kuroneko y Kirino imitándose mutuamente. En una palabra: escalofriante.

Comencemos esbozando, grosso modo, el modus operandi en los estudios literarios. La secuencia de trabajo se divide en tres pasos básicos: análisis, exégesis (o interpretación) y crítica, respetando ese orden. La primera etapa tiene como finalidad desentrañar la armazón de un texto: cómo está diseñado el argumento, las relaciones entre personajes, los recursos formales, la estructura simbólica y connotativa, etc. Debemos reconocer los elementos componen una obra y cómo operan. La segunda etapa recoge la información proveniente de la anterior y busca explicar su significado, partiendo del sentido inmediato hasta los posibles niveles de profundidad metafórica, las polémicas que plantea, la ideología que defiende y su planteamiento estético. Solo por poner un ejemplo mínimo: si deseamos estudiar solamente el trazado de personajes en OreImo, podemos evidenciar el recurso al contraste (relativamente complementario) entre Kirino y Kuroneko, desde la paleta de colores asignada a cada personaje, su tonalidad de piel, su manera de vestir, su voz y hábitos lingüísticos, el tipo de anime asociado a sus personalidades e incluso (véase la imagen adjunta) el tipo de bebida que prefieren. Hasta aquí llega el análisis. Debemos formularnos la pregunta que abre paso a la interpretación: ¿por qué? Puede ocurrírsenos multitud de respuestas, aunque para considerarlas plausibles, tendrán que demostrar su coherencia con el texto: en nuestro caso, postularemos que OreImo propone mediante esta contraposición de personajes una personificación del absurdo debate dualista que viene superponiéndose como plantilla barata en los foros de discusión para diferenciar entre otakus moe-adictos y fanáticos con pretensiones de complejidad artística. En otras palabras, entre consumidores ingenuos y una élite de arties. La división es ridícula y se ajusta al modelo de amistad tsunderesca que comparten Kiririn y Kuroneko. Entre ambas, median figuras más equilibradas como Saori y Kyousuke que denuncian el grado de absurdo por culpa de la distorsión apreciativa que generan sus prejuicios.

Kira☆

La tercera operación, la propiamente crítica, estriba en ubicar al texto en su contexto, es decir, cómo dialoga con la denominada “tradición textual”, es decir, con otros textos que lo precedieron. Para no confundirlos demasiado, dejemos claro que ningún texto nace de la nada, la originalidad absoluta no existe y todos los artistas aprendieron a crear por medio de las obras de otros autores. En consecuencia, para reconocer el carácter particular de un texto hay que confrontarlo con ese grupo de textos a los cuales alude. OreImo es una serie metatextual, por tanto, cabría valorarla en relación con producciones como Nogizaka Haruka no Himitsu o Genshiken y qué puntos de vista aporta al debate común a estas series: la condición del otaku, su confrontación con las normas sociales y su defensa de la experiencia estética alternativa. Allí termina el trabajo. No nos corresponde alabar o condenar porque, como afirma Kuroneko, nadie puede superponer sus parámetros de disfrute y transformarlos en criterios de corrección e incorrección porque significaría trasladar al plano estético categorías políticas, como ocurre cuando la sociedad pretende imponer una normalidad aparentemente consensuada. La loli gótica ensaya un análisis agrio de la light novel de Kirino, pero le niega valor porque se rehúsa a interpretar, a interrogarse por los motivos detrás de esa escritura caótica, ególatra y exclamativa. Aunque parece contradecirse cuando descalifica la novela para luego relativizar los criterios de juicio, queda claro que pretende restringir su apreciación al ámbito meramente individual, asumiendo que cualquier otro lector que comprenda mejor el universo de Kirino simpatizaría con esa subjetividad. En efecto, una editora descubre el potencial de las obras imouto-friendly de Kiririn-shi y le propone publicar.

Kuroneko reprueba los siguientes aspectos formales y temáticos de la obra de Kirino: la protagonista es un reflejo de la autora, los párrafos son muy cortos y los saltos de página caprichosos, la escritura no es convencional (abundan los emoticones), y buena parte del texto se reserva a la auto-glorificación. Intentaré desmantelar la pertinencia de estos argumentos y, consecuentemente, demostrar que la apreciación de Kuroneko sobre la impericia de Kirino está endeblemente fundamentada:

1. El autobiografismo no puede considerarse un defecto. De lo contrario, nos tumbaríamos a la mitad de la literatura universal. Proyectar sobre un personaje la identidad del autor es un recurso común entre los escritores adolescentes, que recogen sus temas de la experiencia cotidiana.
2. Sobre la disposición de párrafos y la jerga de emoticones y símbolos que emplea la autora, es obvio resaltar que Kirino está influenciada por la multimedia y la cultura gráfica antes que la literatura convencional, por tanto, traslada a la escritura las convenciones de ese lenguaje donde resulta válido emplear un KABOOM! en lugar de decir: “Entonces, se oyó el colosal estruendo de una explosión”. Ambas formas manifiestan vertientes distintas de la expresividad.
3. A pesar del autobiografismo, el lector competente debe diferenciar entre autor y personaje. Kuroneko ha planteado desde el inicio su confusión, por tanto, resulta natural que no tolere que Kirino se pinte como una heroína. Sin embargo, entramos en un terreno más pasional que objetivo.

Las mismas objeciones pueden aplicarse al contraataque de Kiririn: la incapacidad de soportar párrafos extensos o la carencia de un vocabulario complejo es un impedimento comunicativo atribuible no al autor, sino a las falencias del lector. Mejor dicho, el perfil de consumidor implícito de la novela de Kuroneko difiere de las competencias y costumbres de Kirino. No obstante, OreImo se arregla para cuestionar otros asuntos que la extensión de una reseña nos impide desarrollar con amplitud. Primero, al mencionar que necesitó leer una enciclopedia sobre Mascherade para introducirse en el universo de la obra. El peligro de crear mundos autotélicos es acabar convirtiéndolos en ghettos aislados a la comprensión de solo ciertos iniciados. No obstante, aunque Kirino desprecia la novela de Kuroneko por plantearle dificultades, ella admite haber dado el paso adelante y esforzarse por entenderla. El segundo tema se vincula con esa adaptabilidad del lector: muchos consumidores de películas, libros o televisión suelen asumir que sus gustos son limitados y se cierran a la posibilidad de comprender otros modelos de acuerdo a sus propias reglas. Esta terquedad es riesgosa, parecería advertir OreImo, pues limita la capacidad de goce del sujeto. Kuroneko parece más madura que Kirino, pero no se preocupa por introducirse en su lógica y tiende una barrera de falsa superioridad.

10 comentarios

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  2. Dupin_Andre

    Citó: “…Grosso modo es una expresión latina que se utiliza a menudo en castellano. Mi consejo aquí, como siempre, es evitar el latinajo sustituyéndolo por una expresión más llana y más clara. No obstante, si alguien se empeña en usarlo, debería tener en cuenta lo siguiente:
    No debe ir precedido de preposición. Se considera semiculta la forma a grosso modo…”

    24 noviembre 2010 en 05:28

    • Ante todo, recordemos que el uso dicta la norma. Probablemente, en un futuro no muy lejano “a grosso modo” sea admitido por la lengua culta. Por mientras, no solo admito, sino que también realizo la corrección que me sugieres pues la considero consecuente con la lengua estándar.

      Sin embargo, recomiendo mucho cuidado para no confundir “llanura y claridad” con “casticismo”, un vicio de muchos académicos normativistas. Hoy en día, “(a) grosso modo” es más llano, claro y comprensible que cualquier expresión castellana que manifieste un equivalente. Me recuerda cuando esas mismas instituciones académicas trataron de imponer a comienzos del siglo XX la forma artificial “balompié” y décadas después, debieron admitir con el rabo entre las piernas la palabra “fútbol” que se utiliza como forma preferente.

      Además, cuando se cita, se menciona la fuente y esto no es una recomendación, sino una obligación moral. No importa si lo sacaste de algún texto de la RAE o de internet: debe indicarse el documento específico o la página web. Finalmente, cuando, en un blog o foro, pretendas introducir un tema de discusión ajeno al motivo central, sería preferible aclarar que es “off topic”.

      24 noviembre 2010 en 11:57

  3. Sertorio

    Siempre me llena de esperanza leer estas reseñas.
    En el mundo moderno existe una tendencia hacia la relativización absoluta y sin criterio: Cualquier opinión vale.
    Y eso es algo falso (absolutamente falso, no relativamente falso)
    En este capitulo de forma parodia, nos lleva a una discusión donde, pese a todo el irracional enfado adolescente, entienden que tienen que argumentar sus opiniones, y que pese a todo no pueden determinar (opinar) que la novela sea mala, sino que simplemente no coincide con sus gustos, y bueno… que un personaje basado en ella es vejado sexualmente.

    Por otro lado esta el tema de los nichos, o ghettos. Yo personalmente pienso que es natural y bueno la existencia de nichos de gustos estéticos o culturales.
    Tanto es así, que cada obra, va dirigida a un nicho concreto, unas a un gran nicho (adolescentes de los 2 sexos) y otras aun nicho más limitados (amantes de las armas blancas europeas de los siglos XVI y XVII).
    Hay veces que se ve como algo malo y en realidad puede llegar a serlo. Casos extremos de gente que se aísla de la realidad… pero eso son caos puntuales de intolerancia, por parte del aislado, o de la gente más cercana a esa persona.
    Uno puede tener una vida social y profesional normal, aunque consuma literatura o películas dirigidas aun nicho muy, muy minoritario.

    24 noviembre 2010 en 14:44

    • Respecto del tema de los nichos, empleé el término ghetto porque evidentemente criticaba una actitud, no una propuesta estética.
      Para ejemplificarlo, nada mejor que la literatura misma. Hay autores muy complejos, muy difíciles de leer, pero también muy provechosos y muy originales. Sus libros suelen ser consumidos por un sector muy limitado del público, es decir, el segmento que es capaz de entenderlo y disfrutarlo. El criterio cuantificativo no los convierte en malos escritores. En muchos casos, la enorme mayoría de lectores se pierden la oportunidad de leer a autores como Joyce o Borges.
      Sin embargo, muchos escritores y lectores asociados a estos nichos asumen que esa condición minoritaria implica convertirse en una élite cultural, con un gusto superior al resto, la masa, el vulgo. Entonces, no se reivindica la complejidad como una opción creativa, sino como una postura respecto de otros consumidores. En 2ch, esta discusión se trasladó al anime cuando se intentó dividir a los otakus en type-A (fans con actitud crítica) y type-B (moetards que compran dakimakuras). Esa clase de diferenciaciones son inexactas y despiden un incómodo tufillo elitista.
      La mayor contradicción detrás de esta postura es criticar a la mayoría mientras se ensalza la marginalidad. Es decir, enojarse porque la masa no te comprende (dejando en evidencia un deseo de tener éxito entre las grandes mayorías) pero, en simultáneo, asumir que tu arte es exclusivo de una élite intelectual. Si fuese un nicho autónomo, ¿por qué tendría que inquietarles tanto los gustos del resto? ¿Que te guste K-ON! impide que disfrutes series como Death Note, o viceversa?

      24 noviembre 2010 en 18:29

  4. Dupin_Andre

    Yo no quería molestar, sólo pretendía ilustrarte sobre una nimia tara en tu redacción,pero parece que no fue bienvenida mi intervención. Además me disculpo por no cumplir con mi “obligación moral” de mencionar la fuente.
    No entendí muy bien tu lenguaje cibernauta con eso de “off topic”, supongo que quiere decir tema aparte o algo así ; no obstante creo que “existiendo variantes en el español” es innecesario utilizar anglicismos en ese caso, En fin mi intención nunca fue incordiar, lamento haber intervenido.

    24 noviembre 2010 en 19:42

    • No me molestó para nada ni tampoco incordias. Como ves, incluso te di la razón y corregí el texto. Quizá te pareciese severa mi respuesta, pero no soy muy adepto a ciertas limitaciones impuestas por la Academia.
      Sobre el uso de “off topic”, insisto: el uso va creando la norma. Actualmente, no existe una norma específica respecto a ciertos términos frecuentes en internet y traducirlos al español solamente por mero casticismo generaría mayor confusión. Son códigos que van emergiendo y tendrán que probarse válidos a través del tiempo.

      24 noviembre 2010 en 20:24

  5. Sertorio

    Bueno con el tema de los nichos siempre habrá un poco de elitismo (bien, y mal entendido, eso depende de la calidad de las personas) con algo tan simple como una vez que te acostumbras a que el vino sea reserva, de la D.O. de Rivera del Duero, y de una buena bodega (como si las hubiera malas), dices que el vinazo peleón, tiene derecho a existir, y que tendrá su nicho, pero que en la medida de lo posible, pasas de el.
    Vaya que cuando te acostumbras a lo bueno lo no tan bueno no sabe tan bien.
    Aun así en el consumo literario o visual hay espacio y tiempo para todo (como en la barbacoa en casa de Paco, hay espacio para el Jumilla). Tan simple como que K-ON la vi subtitulada, mientras hacia sesiones con mancuernas frente al PC, para matar el aburrimiento que es hacer pesas, y Ghost in the Shell: Stand Alone Complex, la veo en el salón, en castellano, sentado… requiere más atención, pero K-ON cumple su objetivo, entretiene.
    Otra cosa será la vejez de esas series. Los productos de entretenimiento suelen perdurar menos, y las grandes series siguen ahí al pie del cañón, como con “Yo Claudio” de la BBC.
    Aunque me estoy yendo por las ramas (ahora lo llaman of-topic jejeje), pese a los nichos, a que allá tiempo de ver cosas profundas, de ver cosas ligeras etc. Lo que es indudable es que si existen buenos y malos productos… K-ON es de los buenos productos de entretenimiento moe, So.Ra.No.Wo.To puede que también (digo puede porque yo la vi emocionado con que se desarrollara en Cuenca) pero también hay auténticos bodrios, que si bien entretienen a un pequeño nicho, su calidad deja mucho que desear. Repito, no hay que ajusticiar en la plaza mayor a sus creadores, en realidad crearon un producto que recaudo mas de lo que costo, pagando a los que trabajaron en el proceso, y satisfizo a unos cuantos… aun así ¿vamos a negar que la primera temporada de K-ON es netamente superior a la segunda? ¿Aunque la segunda sea entretenida?
    Son hechos, como también lo es que en un medio como Internet es muy fácil soltar un discurso explicando porque tus gustos son más sofisticados y mejores y tú eres un niñato con síndrome de Peter Pan; sin dar más argumento de: soy mejor porque veo mejores cosas, veo mejores cosas por soy mejor. O: lo que tú ves es peor porque lo que yo veo es mejor.
    Os podría contar cada historia… y no de anime o literatura, sino de temas que en persona, les podrías desmontar sus argumentos con la práctica real… pero vaya, como es por Internet… lanzas la piedra y escondes la mano.

    25 noviembre 2010 en 01:07

    • Creo que has dado en el clavo, aunque no estemos de acuerdo en el asunto de la relatividad de los criterios. Probablemente es un asunto de filosofías.
      Pero estás en lo cierto cuando apuntas que dependiendo de la situación, hay elitismos positivos. En efecto, las élites intelectuales son importantes dentro de toda sociedad como conciencia social, moral, cívica, e incluso estética, pero su labor debe enfocarse a comprender la cultura de masas en lugar de despreciarla. Volviendo a OreImo, para resituarnos en el ejemplo que planteaba: Kuroneko es un personaje simpático, pero peca de un elitismo mal encaminado, con aires de superioridad. Podría acusarse a Kirino de lo mismo, sin embargo, la imouto no reivindica para sí una condición de élite.

      P.D. Cuando hablo de armar una discusión fructífera en el blog, me refiero justamente a lo que estamos haciendo. Muchas gracias por tus aportes.

      25 noviembre 2010 en 01:47

  6. Sertorio

    Mi visión de la (no) relatividad absoluta de los criterios deriva de mi pensamiento científico técnico, ciencias aplicadas, ciencias empíricas, no ciencias teóricas.
    En mi ramo nos encontramos tomando decisiones mezclando churras con merinas (peras con manzanas para los que no sepan de ovejas) con criterios que en nada se parecen. Existe la tentación de dar mucho peso a uno de esos criterios en detrimento del resto, y aunque la gente mal informada (y al estar mal informada su opinión no vale), pida que solo se emplee uno o dos criterios, y obviemos el resto.
    Pero al final existen las soluciones que existen y lejos de ser una decisión arbitraria es una decisión científica… criterios arqueológicos, ecológicos, geotécnicos, de afecciones urbanas o industriales, de accesibilidad, de seguridad… nos dan las únicas opciones lógicas para el trazado de una vía de comunicación, y el criterio del coste nos puede tumbar las opciones.
    Al final y por eso ultimo, los que no saben de la materia te pueden decir, que sin limitaciones económicas… pero eso es un brindis al sol… sin limitaciones económicas el anime tendría 52 capítulos con 52 opening y 52 ending, y tendría un dibujo que dejaría a “Summer Wars” por una chapucilla.
    Otros dirán que la ponderación de cada criterio puede variar, pero la realidad es que esa posible variación “se desprecia” frente a la variación real que nos da tener más conocimiento sobre los estudiado por los criterios en la zona afectada, y la eficacia de medidas correctoras. Es decir nos falta para ser absolutos el conocimiento total de la situación y el efecto que causaría nuestra intervención.

    De vuelta a la serie Kuroneko ciertamente es una elitista “pedantorra” pero tiene otras virtudes humanas que equilibran la balanza para que Sobek no se coma su corazón.
    Aquí otro ejemplo de integración de criterios. Basándonos en su elitismo seria una mala persona… pero una persona es más que eso.
    Kirino no es nada elitista, pero claro tiene otros defectos que ponen a prueba la estoica paciencia de su hermano, dejando a Seneca con la boca abierta.

    Y yo, siento extenderme tanto, no comprendo como puede aguantar humillación tras humillación y como fin de fiesta y traca seguir dando la cara ante el mundo por quien no la da ni por ella misma.

    Claro que esa es la trama de la serie…

    25 noviembre 2010 en 12:22

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