Tu pasaporte en español para disfrutar de un fuwa fuwa time intelectual

Yosuga no Sora 6: Mokyuuu~

Bien comienza lo que bien termina

Aunque haya renegado demás del tratamiento aplicado al arco de Akira Amatsume por deformar la naturaleza luminosa y refrescante de nuestra hiperactiva sacerdotisa airhead, me satisface que el desenlace reconcilie el melodrama lacrimógeno con el reconocimiento de esa graciosa ternura. Quizá el mayor problema de Yosuga no Sora no sean las componentes heterogéneas de su básico harén, sino el lead masculino entrampado en un idealismo soso que contagia a su entorno. Por momentos, Haruka no parece encabezar ni encauzar el desarrollo de los acontecimientos, sino verse arrastrado por ellos. Como galán de visual novel, su ámbito de acción es limitado y su gran mérito es servir de intermediario para la anagnórisis que otros concretan.

Basta con revisar este episodio para percatarnos del exiguo papel que cumple el ingenuote de Haru-kun. Luego de salvar de las llamas el diario de su abuela y comunicarle los hechos a Kazuha, es la hermana de Akira quien se encarga de confrontar a su madre y pugnar porque se realice la prueba de maternidad. Aquí asistimos a un salto temporal demasiado amplio que nos niega o reduce el conflicto entre la señora Migiwa y su hija a un único intercambio cuando debió insistirle bastante para torcer su voluntad inicial. Por otro lado, se necesitaba una muestra de sangre de Amatsume y habiendo roto su relación amorosa con Haruka, es obvio que Kazuha debió convencerla, proceso que implica un enfrentamiento argumentativo que los “sabios” guionistas decidieron ahorrarse porque -quizá- le restaría tiempo a la segunda escena de sexo. Después que Kazu-chan gestionara con éxito el permiso por ambas partes, Haruka se acerca a Akira cuando las aguas están calmas (vaya tarea difícil) para avisarle que recibirían los resultados del examen de ADN al día siguiente, es decir, cuando ya existía un consenso (débil, ciertamente) entre las hermanas. Por tanto, aunque todo se origine en el apasionado interés de Haruka de ayudarla, el lead masculino es impotente y poco gallardo frente a situaciones que escapan a su capacidad de acción. A diferencia de otros protagonistas de visual novel, el Haru-kun del arco de Akira es incapaz de hablar directamente con la señora Migiwa y conmoverla con un discurso épico. Antes prefiere claudicar en su responsabilidad funcional para transferirle sus tareas a Kazuha y reaparecer cuando el terreno parece mejor allanado y poner la cara de niño bueno. Otros héroes de dramas románticos suelen ofrecer soluciones ingeniosas para resolver los conflictos emocionales de sus potenciales parejas. Haruka carece de originalidad incluso cuando pretende rebatir a Akira reflexionando sobre el amor y trata de actuar con valentía sentimental. Además, pierde la oportunidad de decir algo decente mientras esperan sentados en la estación de tren. Que ninguno pudiese imaginar un sitio a dónde irse delata también los escasos recursos de un personaje que entorpece la identificación. Por desgracia, el esfuerzo de Kazuha es insuficiente y entonces es demasiado tarde para Haruka y quien se apodera del escenario es la anónima señora Migiwa, aka “Kazu-chan okaa-san”. La anagnórisis, entiéndase, ese momento en la tragedia clásica donde se revelaba al héroe o heroina aspectos sobre su identidad que desconocía (como en Edipo Rey) o cuando el protagonista manifiesta su verdadera identidad, derivó, sobre todo en la narrativa popular, en un tópico del melodrama: la reunión familiar. Por ejemplo, se descubre que un joven campesino es, en realidad, hijo de un aristócrata que todos creían perdido. Yosuga no Sora apela a esta expectativa para quebrarla.

Esta anagnórisis ocurre durante la narración de la madre de Kazu-chan, es decir, a manera de racconto, pero se aleja del modelo habitual donde se afirma un vínculo oculto. Para sorpresa del espectador, se niega esta posibilidad, pues queda doblemente claro que Akira es hija de otra mujer (certificado por el documento que emitió la clínica). Sin embargo, esta ruptura del ideal estereotípico (que supondría rehabilitar a Amatsume en su posición de legítima hija y heredera después de tantos años de sacrificio y silencio), no evita una reconciliación, un reencuentro, una reparación ante una injusticia que abruma a todos por igual. Partiendo por resistirse a aplicar el principio melodramático de la mala madrastra: la señora Migiwa es una mujer aquejada por el resentimiento y sumida en la pena pues abriga sentimientos contradictorios hacia Akira y se opone por orgullo a reconsiderar ese disgusto, pero muy aparte de este conflicto emotivo, sería injusto calificarla de malvada. Posee un hondo sentido maternal, aprecia la belleza inherente a la ternura, la vivacidad y la sonrisa que Akira contagia. Su gesto generoso con una recién nacida y huérfana, hija de una desconocida, regalándole un pendiente para conferirle un referente materno, la describe como una mujer amable y sensible, pero afectada por el adulterio de su esposo. El relato se encarga de limpiar a todos de culpas y convertirlos en víctimas de las aciagas circunstancias (y la señora Migiwa admite su error al juzgar a Amatsume endosándole un odio improcedente, que no correspondía. Además, aunque el carácter sobrio de la madre de Kazuha le impida admitir por completo su vocación maternal hacia Akira, la reconciliación reactiva ese “prohijamiento”, esa adopción simbólica que ocurrió dieciséis años atrás, cuando la señora sintió la necesidad de cuidar y jugar con una niña en quien reconocía un adorable resplandor. Bajo esa perspectiva, el final feliz consiste menos en un ajuste de cuentas jurídico con los sufrimientos del pasado, y parece más bien un alivio moral ante una situación tensa y dolorosa. Off the topic, habría que preguntarnos qué tratamiento de rejuvenecimiento emplea o cómo se mantiene en forma la dignísima señora Migiwa. En tres lustros sigue idéntica y proyecta una presencia más imponente que su exuberante hija. Las madres en anime envejecen lento y quizá esta mujer continúe en sus treinta sabiendo cómo llevar una coleta adolescente.

Cualquier otro drama romántico habría culminado con un anticlímax que reponga a los personajes, habiéndose resuelto el caos, en una nueva cotidianeidad que se desea eterna (vivir felices para siempre). Pero los arcos de Yosuga no Sora poseen dos epílogos (como la serie misma tiene dos endings si consideramos el omake): uno melodramático, el otro erótico, que entronca con la vuelta al orden. Para alguien acostumbrado a la lógica de los bishoujo games, donde la escena de erotismo desaforado es una recompensa al jugador, la frecuencia de desnudos y sexo no sorprende. Sin embargo, a cierta fracción del público le parecerá chocante la transición de un personaje como Akira, asociado a un comportamiento infantil, cándido y “puro”. La escena de la bañera del episodio anterior descarta cualquier pretensión virginal, pero incluso después de mostrar su rostro más serio y angustiado, Amatsume es indesligable de su carácter vivaracho y travieso, que ciertos espectadores vinculan con la niñez, por tanto, les causará cierta irritación que despliegue su sensualidad con desinhibición y contraviniendo los parámetros usuales de su arquetipo. Asumiré que la mayoría de mis lectores son gente de 14-15 años en adelante y estos temas no generan rubor: para la iconografía del sexo, las posiciones “woman on top” conllevan una carga connotativa bastante explícita, pues invierte las usuales funciones de género. El hombre se convierte en receptor pasivo de la acción directa de la mujer que ocupa la parte de arriba, usualmente considerada como dominante, pues controla visualmente al cuerpo de abajo. De nuevo, Haruka es presentado bajo esos matices. No obstante, que Akira asuma activamente el ejercicio del sexo por una parte entra en conflicto con la estereotipada inocencia que debería preservar esta suerte de imouto hiperactiva, pero también es compatible con su espíritu dinámico, desbordante, ilimitado. Depende del espectador decidir qué interpretación se ajusta a sus gustos, aunque advierto que la mezcla entre imágenes de sexo gemebundo y una conversación acerca del mokyuuu~ puede inducir a la carcajada.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s