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Panty & Stocking with Garterbelt 7: More than meet the eyes

I've got the touch

Recuerdo vagamente, pues tendría tres o cuatro años, la primera tarde que vi The Transformers (la temporada original de Generation One) por la vieja televisión de catorce pulgadas de mis abuelos. Cuando aprendemos a disfrutar la ficción, el primer amor es inolvidable y perdura por la eternidad. Yo quedé embobado, fascinado por aquel universo épico tan elemental pero de ilimitadas variables y superpoblado de figuras vistosas, heroicas, maléficas, cómicas, patéticas. Desde entonces, no me perdí ninguna de sus temporadas clásicas (las ochenteras, lo demás no existe), incluso sus repeticiones, y coleccioné todos sus álbumes, mis padres me compraron un autobot para Navidad, entre varios amigos del colegio juntamos unos soles para adquirir un VHS pirata de la película animada y años después, nos reunimos en el cine para tolerar con cierta nostalgia el film de Michael Bay. Gracias a Tranformers experimenté mi primer atisbo de fanatismo por la animación, por tanto, en cuanto escucho nombres como Optimus Prime, Galvatron, Strarscream, Greemlock, Devastator, Wheeljack, me siento obligado a opinar. Quienes fueron niños hacia finales de los noventa debieron soplarse los bodrios de nuevas generaciones (tipo Beast Wars) y durante esta última década, algunas versiones anime inferiores en encanto y mística. Muchos lectores ni siquiera captarán o comprenderán las innúmeras alusiones desperdigadas durante el reciente episodio de Panty & Stocking with Garterbelt, un homenaje en clave de parodia donde la eterna lucha del principios del Bien y del Mal entre autobots y decepticons, por obra y desgracia de la célebre matriz, se convierte en una calenturienta, grosera, asquerosa y ridícula batalla entre bitches engreídas. Adelanto que, a diferencia de otros fanáticos, fundamentalistas, sin sentido del humor ni conciencia paródica, no me indigno cuando mi serie preferida es “profanada” porque alguien decide rendirle una ofrenda mediante la comedia del absurdo: nadie negará que los afiebrados guionistas de GAINAX son también fanboys porque conocen a la perfección las recurrencias, clichés y estilo distintivo de la saga clásica de Transformers. Gocé como marrano esta desacralización heroica pues podía identificarme en comunidad discursiva con el relato, como si los creativos de GAINAX y este espectador habláramos el mismo idioma y existiera una infinidad de mensajes ocultos a espera de descubrirse.

En concreto, pasando al aspecto analítico, como cualquier episodio de Panty & Stocking, podemos identificar una primera capa narrativa que consiste en la dialéctica propia de esta serie: dos antiheroinas bellas, pero resueltamente pecaminosas y libradas a sus respectivos vicios, se dedican a cazar fantasmas empleando como armas sus calcetines o ropa interior. Otro nivel de exposición consiste en el enfoque arriesgado, sin límites, para encarar lo erótico, lo visceral y la violencia sin menor atisbo de juicio moral y con desparpajo digno de aplausos, pues pocas series consiguen ser maleducadas, obscenas, procaces, con semejante frescura, sin naufragar en la marejada de sus propios atrevimientos y acumulando gags sin descanso (en ocasiones, varios en simultáneo). Además, consideremos su pretensión de fagocitar y subvertir la fórmula del cartoon americano, en concreto The Powerpuff Girls, invirtiendo sus coordenadas connotativas e ideológicas (en lugar de inocentes y pueriles superheroínas, Panty y Stocking son débiles ante las urgencias carnales, nihilistas, egoístas e impúdicas, la imagen opuesta a la pureza infantil y la moraleja conservadora de Cartoon Network). Este planteamiento burlesco, muy incisivo y defachatado, viene provocando una discusión bastante polarizada, pues mientras algunos la consideran una genial excentricidad que critica tanto el formulismo mojigato de la animación gringa, como la dependencia a la estética moe en Japón, o celebra la función corrosiva de la libertad de creación, otros, más apegados a la imagen tradicional del anime, tachan a Panty & Stocking de traición al estilo nipón más idiosincrático. Prefiero ubicarme cerca del primer grupo, pues la característica más valiosa del complejo ficcional manga/anime/videojuegos no radica en su forma de dibujar, sino en su atrevimiento para quebrantar fronteras del entendimiento y la expresión, su apelación al público adulto y su vocación polémica. Una serie protagonizada por una girl with gun rubicunda, sexy, insaciable que fornica con decenas de individuos (incluido un robot si admitimos la enroscada de tornillo de este capítulo) y debe bajarse las bragas para emplear su arma solo podía producirse en Japón. Añadámosle una deliciosa loli gótica con mucha hambre y poco pudor y tendremos una deconstrucción de los fetiches otaku.

Parodiar implica acoger los elementos temáticos y/o estilísticos de un texto específico (mayormente aspectos considerados serios, épicos o sublimes) para transgredirlos, invertirlos o llevarlos al extremo. En principio, la feminización sería una fórmula paródica: es cierto, existían Transformers femeninas, como la celebérrima Arcee o Elita One, pero la orientación y público objetivo de la serie (incluidos los juguetes) eran masculinos. Panty & Stocking introduce una perspectiva antiheroica aprovechando una figura femenina totalmente grotesca: en términos claros, transformando a Optimus (Panty) y Megatron (Stocking) en verdaderas bitches, quizá porque el término perras suene demasiado fuerte en español. Se introducen situaciones impensables incluso para el anime mainstream como el sexo (uno de los Stockicons es un dildo gigante, entre los Pantybots hay un condón) y el desarrollo de la guerra es orientada por asuntos baladíes como quien se apodera del refrigerador o del inodoro. Un fenómeno importante en cualquier parodia es la mezcla, el híbrido: esto ocurre cuando Panty y Stocking se transforman, la primera en una suerte de Optimus con cuerpo de Rodimus y la segunda en una especie de Megatron, de manera que ambos personajes son trasladados al estilo de la otra serie y contaminados por sus características. También puede observarse una coexistencia de estilos: primero, del tipo Powerpuff Girls, luego las formas rectangulares y sólidas propias de Generation One y rato después aparece un infiltrado en estilo Transformers Energon. Son también sometidos a burla y reescritura algunos detalles menores de caracter estilístico como las clásicas transiciones con el giro de emblemas o los efectos del título copiados de la película live-action. Más complicado de detectar para quienes nunca vieron las series originales será la referencia a escenas concretas. Por ejemplo, cuando las chicas se convierten en líderes de ambas facciones por ingerir la matriz, van a sus respectivos cuartos para crear un ejército de transformers con los objetos que encuentran como muebles, accesorios, electrodomésticos, juguetes sexuales, usando una especie de radar: esta secuencia imita lo ocurrido millones de años después que Autobots y Decepticons arribasen a la Tierra. Tanto Panty como Stocking intentan ahorcarse en sendos momentos que calcan la pelea de Optimus y Megatron en el largometraje animado. Stocking posee su propio Starscream que pone en duda sus planes y Devastator hace un cameo. Sin embargo, la parodia se muestra más consistente cuando pervierte las reglas de juego fundamentales de la serie: si Transformers trata de robots con vida, inteligencia y subjetividad propias, Panty aplica esta norma en sentido orgánico o somático, por tanto, en lugar de vagina, tendrá un tornillo, mofándose de la asexualidad imperante en las series para niños. Además, se desliza la acusación de que Garterbelt es un sacerdote pederasta pues la escena de acción lo sorprende violando a un Autobot en el confesionario.

Comprendo que Panty & Stocking sea anómalo para tratarse de un anime y su particular propuesta gráfica desagrade a quienes han cultivado gustos más tradicionales, pero los fans de Transformers con una pizca mínima de gracia deben ver cuando menos este capítulo porque, puestos a juzgar, prefiero más Stockicons vs Pantybots que los esperpentos metálicos de Michael Bay (y cuando quiere, Panty resulta más tentadora y concupiscente que Megan Fox). Nada más varonil y GAR que Stockingtron sujetando su gato de peluche mientras pelea con Pantybus Prime. Además, la segunda parte del episodio es un carnaval fanservicero que despliega los mejores argumentos de ambas heroinas y convierte al menos cauto en inmediato fanboy de Stocking (moe-ness absoluto cuando trabaja de mesera patinadora). Se abre la discusión, pero recuerden: One shall stand, one shall fall.

Qué tanto miras… ¡Esto no es Saltadilla!

Una respuesta

  1. - Test Type -

    En verdad me cuesta ordenar mis pensamientos para comentar sobre esta serie, ¿será que, por la radical manera con la que se aparta de lo esperado para una producción de animación japonesa no la he asimilado aún?

    En fin, lo que puedo decir es: El carácter transgresor e irreverente de esta serie no solo la dota de una identidad peculiar, asimismo, como tantas otras producciones que a veces se pierden en el tiempo, demuestra la versatilidad de la industria del anime tanto en forma como en fondo, aunque en este caso tal vez lo primero se anteponga a lo segundo; es decir, si bien existe una extravagante estética estilo cartoon estadounidense, se mantiene aquel compendio de emociones tan característico del medio que nos ocupa, en especial por aquellos fugaces momentos de romance.

    Por otro lado, Panty and Stocking refleja muy bien su intención como proyecto: Lulz, do it for the lulz. Bueno, al menos parcialmente, ya que, como mencioné, los momentos emotivos toman en ocasiones mayor importancia ante el toilet humor. De cualquier modo, me parece que Imaishi, Nishigori y compañía se divirtieron mucho realizando esta producción, incluso supieron reírse de si mismos con ese mindfuckesco cliffhanger que cierra el último capítulo.

    Para finalizar, Pany and Stocking with Garterbelt le recordó a este comentarista, después de varias carcajadas, que un libro no debería ser juzgado por su portada, y lo dejó con la esperanza de que GAINAX se vuela a reír de si mismo cumpliendo con una segunda temporada.

    Por cierto: a mi también me gusta Stocking, es mi personaje favorito.

    10 febrero 2011 en 04:12

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