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Toaru Majutsu no Index 4: Una cierta monja sin tímpanos

La paleta de colores de esta serie es taaaaan diversa...

Me imagino lo complicado de pelear en hábitos… De nuevo, apelo al concepto de occidentalismo para caracterizar la pintoresca inventiva que reconfigura el imaginario religioso europeo en Toaru Majutsu no Index. En primer lugar, separemos conceptos como ficcionalidad, verismo y verosimilitud. Luego, interpretemos esta versión de las guerras de religión no en sentido literal, sino como un reflejo de cómo el anime, casi por tradición, gusta de emplear referentes occidentales para teñir de exotismo cultural sus relatos. Finalmente, ahondaré en mi hipótesis de la semana pasada: resituar a Index en el marco genérico que le corresponde como una historia de espionaje, pero deconstruida, es decir, puesta de cabeza y reinventada.

No necesito añadir que propongo estos excursos teóricos porque un arco sin Biribiri no merece siquiera 500 palabras. Intuía que más temprano que tarde esto podría tornarse ridículo y cuando me encontré viendo a Touma rodeado en un techo por decenas de monjas armadas no supe si definirlo como excitante o risible. Quizá los cabos se ataron demasiado rápido y ahora solamente queda luchar: el esquema constante de Index donde primero se plantea una situación engañosa, después se revelan las circunstancias reales (los personajes se desenmascaran o cuentan sus secretos más terribles) y se cierra con un combate épico contra el villano de turno. Sin embargo, los antagonistas nunca resultaban unidimensionales, sino que, amasijos de contradicciones y obsesiones, poseían distintos grados de simpatía y humanidad. Las monjas capitaneadas por Agnes carecen de estas virtudes o los guionistas parecieran dispuestos a demostrarlo, pues son maléficas y fundamentalistas en sentido unívoco (salvo la hermana Angelene, curiosamente, la cobarde del grupo).

Es cierto, católicos y protestantes se mataron por cientos de miles durante los siglos XVI y XVII (y los conflictos religiosos continúan hasta entrado el siglo XXI), sin embargo, por entonces, se enfrentaban por medio de ejércitos y representados por Estados nacionales que actuaban a vista de todos, no empleando organizaciones secretas. No, amigos, lamento decepcionarlos, pero no existe Necesarius y tampoco los pelotones de monjas y cuando quieran, les paso páginas web donde pueden acceder gratuitamente a grimorios sin quemarse el cerebro. Comprendo cuán redundante suenan estas advertencias al 99% de lectores, pero -créanme- soy medievalista y hace unos años asistí a una charla sobre literatura artúrica y un sujeto preguntó si “santo grial” significaba realmente “sang réal”. Al parecer, para muchos consumidores, cuando un producto de ficción hace referencias en apariencia verídicas sobre una institución real, continuar operando la separación entre realidad y ficción se torna complicado.

Partamos por definir ficción como un relato que plantea un universo autónomo del mundo que habitamos y que funciona según sus propias reglas. Toaru Majutsu no Index es una serie conflictiva porque escapa a criterios de definición precisos: por situarse en un escenario futurista e incorporar como base retórica el discurso científico, encaja en el verosímil sci-fi; sin embargo, de inmediato niega su premisa fundamental introduciendo como contraparte la magia, es decir, la intermediación religiosa. De cualquier manera, siendo un híbrido de fantasía y ciencia-ficción, se aparta del esquema realista (donde solo ocurren hechos probables según nuestra noción cotidiana de realidad). Por verosimilitud podemos definir los criterios, esas normas que mencionábamos líneas arriba, que establecen la coherencia interna de un relato ficticio. Entonces, decir que existen historias fantásticas verosímiles no es una contradicción. Por ejemplo, un asunto que conspira contra la verosimilitud son los errores de continuidad. Si un personaje sufre una herida grave en un episodio, no puede estar completamente sano al día siguiente sin una explicación previa (para ello existe, digamos, el doctor cara de sapo). Procuremos diferenciar estos conceptos del verismo, es decir, el grado de proximidad con la realidad que plantea el relato. El extremo máximo de verismo es la historicidad, es decir, la convivencia de ficción y referentes históricos que deviene en mutua contaminación. Por ejemplo, en La Rosa de Versailles, se ficcionaliza a personajes, la mayoría parte de la corte francesa de fines del XVIII, poniendo en escena eventos históricos desde una perspectiva ficcional, es decir, llenando libremente los vacíos de la historia: los entretelones privados.

En Index se explotan imágenes y referentes que aluden a instituciones reales, y ese enfrentamiento entre facciones resulta verosímil respecto de las reglas de funcionamiento propuestas por la misma serie: las distintas iglesias poseen fuerzas de élite que actúan de manera subterránea, manteniendo encubierta una historia escrita en las tinieblas que los ciudadanos pedestres ignoran. Esto permite una gran flexibilidad pues estableciéndose tenues alianzas, los enemigos se convierten en compañeros y viceversa. El único que permanece desafiliado es Touma. Sin embargo, la mención a estas organizaciones no implica siquiera un nivel mediano de verismo. No pretendo sanear la imagen del catolicismo (la crítica de Orsola bien podría aplicarse a la verdadera Iglesia Católica), sino defender la autonomía de la ficción para comprender el fenómeno de apropiación occidentalista del tópico de Iglesia Militante en Toaru Majutsu no Index: que estas representaciones de Occidente revelan más acerca de Japón que de Europa misma. Solo por mencionar un ejemplo, queda al descubierto el mecanismo de adaptación al esquema de las artes marciales. Esta estructura narrativa brota en cualquier anime de acción y consiste en reducir la contienda al enfrentamiento individualizado entre héroe y villano empleando sus respectivas técnicas (siempre bautizadas con nombres sintomáticos). Este modelo, congruente con historias de samuráis o luchadores orientales, se aplica a personajes que -siendo extranjeros- no tendrían que actuar como espadachines japoneses ni compartir su código de lucha. Esta reconversión habla bastante de la expectativa del público y la estandarización de un modelo de heroicidad. Otra encarnación del occidentalismo sería la lectura libre de la religiosidad europea adaptándola a la espiritualidad de Oriente. Por ejemplo, en una serie sobre magia y luchas de poder entre facciones eclesiásticas, nunca se menciona al diablo.

Sin embargo, si Railgun proponía una moeficación del relato detectivesco/policíaco, en Index asistimos a la reconversión postmoderna del género de espionaje. Aunque en la superficie se desarrollan eventos de acción con background fantástico (mítico-religioso), la estructura narrativa básica se asemeja más al combate entre agentes de inteligencia que ejercen su función en la oscuridad (de nuevo, el episodio transcurre en horas de la noche: las escenas diurnas en Index son minoritarias), sea saboteando al bando contrario (como parece ocurrir con la Iglesia de Inglaterra y los Cristianos de Amakusa), sea adelantándoseles en obtener algún objeto de valor estratégico, sea robando información (y vaya casualidad, el argumento del arco gira en torno a una monja que posee un conocimiento, un know how invaluable pero riesgoso para los intereses del catolicismo… y la serie alrededor de otra hermana que memorizó 103.000 grimorios). No obstante, en cualquier historia de espías, digamos, las películas de James Bond, el héroe es un agente secreto. Aquí Index se aleja del molde para criticarlo, pues Touma opta por mantenerse ajeno al conflicto entre iglesias. Le importan un bledo sus líos y formalidades. Y justamente allí radica su heroísmo: en reaccionar contra la injusticia, no a favor de determinado bando, sino impulsado por motivaciones éticas. Esa independencia respecto de facciones y sumisas lealtades se condice con su anhelo de vivir una vida corriente, sin sobresaltos, mientras el resto de personajes luchan coaccionados por los intereses de sus superiores. Que Tsuchimikado y Kanzaki sean más admirables que el resto parece relacionarse con ese aire de insumisión que transmiten.

Mi solicitud a J.C. Staff: traigan a Biribiri cuanto antes o continuaré haciendo teoría literaria en las reseñas de Index.

2 comentarios

  1. Me gustaria hubieras comentado del aspecto tragicomico de ver monjas tan jovenes siendo golpeadas y quemadas, sin ningun pudor, jaja

    6 noviembre 2010 en 01:36

  2. mijogo

    Le hubieran puesto de titulo a este arco el ataque de las monjas zombis

    7 noviembre 2010 en 01:10

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