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Yosuga no Sora 3-4: KissSis

Y esto fue lo menos erótico

Aunque la fórmula habitual para adaptar una visual novel (carente o abundante en contenido erótico) fuese emplear la ruta de juego conocida como “real end” a manera de línea narrativa de base y entrecruzarla con arcos dedicados a las otras chicas del elenco, desde que Higurashi no Naku Koro ni rompió con la obligatoriedad del criterio de linealidad aplicando su modelo de arcos con resets, ahora se percibe necesario trasladar a la animación, además de los distintos relatos, la experiencia misma del juego. Con Yosuga no Sora hemos llegado al punto, incluso, de narrativizar los “save points”, “lugares” o instantes en el desarrollo de un juego donde puede salvarse los avances y desde los cuales, al reiniciar, cualquier nueva decisión podría conducir a un desenlace diferente.

Sin dudas, un béso lésbico de larga duración no causa estupor para una serie donde, además de masturbación femenina, alucinaciones incestuosas, lamidas, y tocamientos “accidentales”, solo faltaban escenas de sexo explícito. Acápites que serán proporcionados, primero, por cortesía de la torrentosa imaginación de Haru-kun, figurándose a Kazuha y Akira enredadas en nudos de frondosa carnalidad y fingering; y luego, por la pareja romántica del arco protagonizando una escena que califica como softcore (una forma de porno que excluye la exhibición de genitales) incluyendo la fase previa de manoseos cuya única competencia este 2010 sería B-Gata H-Kei. Añadámosle los fetiches implícitos al episodio playero y Akira nadando desnuda en una laguna para redondear la tempestad de estímulos eróticos que vienen convirtiendo a Yosuga no Sora en la serie risqué del otoño, “mérito” inusual para un melodrama, pues este “galardón” suele recaer en comedias románticas ecchi como ToLOVEru o Kanokon mientras que la orientación sentimental melodramática solía excluir al sexo del panorama al considerarlo -quizá- poco espiritual. Si esa aceptación de la sexualidad fuese síntoma de una propuesta deliberada de reivindicación de la corporalidad, pero como explicaremos más abajo, este bombardeo de erotismo está guiado por una motivación formal, es decir, exigido por la estructura que adoptaron los adaptadores al trasladar Yosuga no Sora a la plataforma del anime.

Formalidades teóricas: el reseteo

La diferencia entre las estructuras de Umineko y Amagami SS  -ambas, series que plantean sucesivos reseteos- involucra la coherencia entre los arcos. Mientras que los distintos escenarios criminales de Umineko son etapas de un duelo dialéctico entre Battler y Beatrice (y constantemente metatextualizados por comentarios “desde fuera” y mecanismos consensuados como el empleo de palabras en color rojo), en Amagami, el reinicio es absoluto y cada microrelato no guarda vinculación narrativa con el resto. Mejor dicho, en el melodrama protagonizado por el galán de armario Junichi Tachibana, el mismo esquema (desilusión – cortejo – cita navideña) se repite con seis personajes distintos e incluso es delatado en el arco de Sae Nakata cuando se menciona el tópico boy meets girl. Lo único invariable es el elenco, pero sus funciones en la historia cambian de acuerdo a qué ruta estemos siguiendo. La adaptación de Amagami plantea una adaptación del juego, no precisamente del contenido, sino del acto de jugar. La lógica detrás de esta fórmula es evidente: si existen distintos caminos y universos alternativos, aunque exista una chica preponderantemente señalada como coprotagonista, muchos juegos permiten al usuario decantarse, según sus preferencias, por alguna de sus rivales amorosas. Por tanto, ningún final es superior a otro (excepto el bad end) y todos merecerían trasladarse a la animación. Un precedente de cómo solucionar este conflicto entre linealidad y popularidad de ciertos personajes lo aplicó KyoAni al reservar las rutas de Tomoyo y Kyou en CLANNAD a sendos episodios especiales titulados “Another World”. Sin embargo, quienes hayan jugado un visual novel/galge/eroge conocerán la mecánica del juego: la mayoría del tiempo nos la pasamos leyendo diálogos hasta que llega un momento en que nuestro alter-ego debe tomar una decisión. La respuesta que concedamos descartará ciertas escenas y nos conducirá hacia otros contextos donde continuaremos optando por determinadas opciones hasta llegar a la última rama, el desenlace. Dadas sus implicancias, se recomienda guardar el juego antes de responder.

Yosuga no Sora se propone traducir a la narrativa fílmica este concepto o debería decirse, esta circunstancia del videojuego. El motivo ulterior sería satisfacer de manera absoluta la obsesión del público por no alterar el material original, pues se reproducirían incluso los mecanismos que antes solían abstraerse. Yosuga no Sora no sería un anime que adapta una visual novel, sino una serie en forma de juego. Pero completar un arco amerita una recompensa para el jugador. Acertar en sus respuestas, en cualquier eroge, le permite desbloquear una escena erótica triunfal antes del epílogo que recoge el happy ending romántico. Esto ocurre al final del episodio 4: alcanzamos literalmente el “Fin”, pero antes, se pretende “agasajar” al espectador con una detallada secuencia de desvirgue. Desde luego, no existe análisis sin valoración y, en este caso, me temo, será negativa. Yosuga no Sora intenta simular la estructura y los efectos del juego, sin embargo, olvida que, cuando el jugador accede a una escena de sexo, obtiene una satisfacción a su esfuerzo y paciencia (suena ridículo, pero los eroges suelen durar bastante), facilitando la complicidad del goce morboso que disfruta el personaje, su representante en la ficción. Cuando se traslada al anime, cuesta tender un vínculo de representatividad con Haruka porque este actúa como ente autónomo, carecemos de control sobre sus actos trascendentales, no podemos “contagiarle” nuestro punto de vista. La secuencia de cama resulta impersonal, e incluso inferior a muchos hentai. El carácter blando y telenovelesco de Haru-kun tampoco ayuda a transar la identificación. Por fortuna, comenzamos cancelando la ruta más aburrida (en terminología de eroge: rellenamos toda su galería de CGs): se suponía que Kazuha estelarizaba este arco, que permitiría su lucimiento al máximo pues en los próximos capítulos su participación disminuiría. Advertíamos que su temperamento anodino terminaría opacando sus intervenciones.

Aparte de sus enormes senos, Kazuha apenas destaca como oujosama estereotípica (de gestos severos pero vulnerable por dentro). Es demasiado insegura y abriga un resentimiento absurdo. Estas características configurarían un interesante perfil dramático, pero no resiste la comparación con Akira, la aparente airhead del grupo que acaba siendo el personaje más rico en matices, más complejo y admirable de estos primeros cuatro episodios, y cuya bondad, desprendimiento, inocencia y alegría la colocan siempre moralmente (en sentido poético) por encima de Kazuha. Akira perdona a su padre y comprende sus motivos sin cargarlo de culpas como años antes había recibido el abrazo de su hermana menor sin siquiera pensar en rechazarla. Cualquier otra persona pudo haber alimentando su rencor contra la hija legítima que recibe no solo el apellido, sino también el reconocimiento social y los lujos. Kazuha gozaba de todos esos beneficios, pero Akira no necesitaba perdonarla como tampoco condenaba a su padre. Sobreponerse a la soledad sin caer en la tentación de recriminarle nuestras desgracias a otros es heroico, al menos para los estándares del melodrama. Esta antítesis entre hermanas llega a su culmen cuando Kazuha reprende a su onee-chan por encontrarla barriendo. El corto debate entre ambas termina con Akira forzando la prueba fáctica del beso. Sin perder la paciencia, la mayor consigue abrirle los ojos a su imouto, devastando todos sus supuestos e invitándola gentilmente a vivir su propia vida en lugar de intentar purgar culpas inexistentes. Para explicar el gesto lésbico, la mejor explicación sería concebirlo como una interrogante: demostrarle a Kazuha cuán absurdo era su orden de prioridades preguntándole si estaba dispuesta a aceptar ese beso robado. Lógicamente, Akira conocía de antemano la reacción, por tanto, vale como “beso retórico” que revela las contradicciones de su hermana. Si fuese un debate, Akira hubiese ganado por demolición. “Te olvidas de algo”, le dice sin inmutarse del arrebato lacrimoso de Kazuha obligándola a regresar avergonzada a recoger su maletín. Para onee-chan la vida continúa. Esto se llama revolcarla en el fango moral sin pretenderlo de mala manera, sino siendo ella misma, auténtica. Puntos extra por la cantidad de saludos con Haru-kun.

+1000 de bonificación por loli-Akira consolando a Kazuha.

Sin embargo, la fascinación por nuestra mika dojikko se extenderá por, calculo, dos capítulos privativos, donde, además de ocupar nominal y activamente el puesto de heroína, se remediarán algunos vacíos narrativos deslizados desde el primer episodio. Por ejemplo, ¿qué relación tuvieron cuando niños Akira y Haruka? (a juzgar por la reacción de la muchacha al verlo regresar, hubo un vínculo de confianza). La serie ha establecido como primer punto de quiebre narrativo el final del segundo capítulo, por tanto, regresaremos a la escena del malentendido frente a la puerta del vestuario de chicas. Como habíamos comentado con anterioridad, los previews de Yosuga no Sora suelen vender una percepción engañosa, en particular, las declaraciones de los personajes implicados; pero ahora cumple una función metatextual indicativa: establecer un criterio de lectura advirtiendo al espectador del carácter relativo de la palabra “Fin” e instaurando un compromiso comunicativo que fija la independencia del capítulo 5 respecto del 3-4, pero todavía dependiente del 1-2, que constituye el núcleo original donde se encuentra la semilla de todos los conflictos que podrían desencadenarse (y solucionarse). De nuevo, se apela al modelo del bishoujo game donde la primera instancia de decisión ocurre cuando todos los personajes principales, parejas potenciales e incluso buena parte del background dramático han sido expuestos, por tanto, el jugador puede juzgar la estrategia correspondiente a cada heroína (acorde con su personalidad) para emprender la conquista (según The World God Only Knows, cuyo capítulo cuarto recomiendo a quienes deseen acceder a una explicación pormenorizada y en clave paródica del funcionamiento de una visual novel al extremo del paroxismo). Cierro con un último comentario acerca del arco de Kazuha: resulta cruel menospreciarla, pero gran responsabilidad de la sensación de insuficiencia en este primer microrelato recae en la incongruencia en el trazado de personajes entre los primeros dos capítulos y los dedicados exclusivamente a la inmadura oujo-sama. Haruka se enamora de manera demasiado repentina cuando apenas el episodio anterior babeaba por su hermana. Muchos creyeron que Yosuga no Sora tendría una estructura única que abarcaría los 12 capítulos, y temieron (con justa razón) que Haruka acabase convirtiéndose en un remedo de Makoto Itou. El reseteo nos evita ese disgusto, pero es pertinente considerar que, aunque figure entre los factibles good end, el final de Kazuha será quizá el menos amoldado a la coherencia interna del relato.

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