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FORTUNE ARTERIAL: Akai Yakusoku 1: La mordida del Destino

Capu~2

Hace pocos días, alguien me comentaba -seguro inducido por cierta saga cinematográfica- que “los vampiros están de moda”. Como siempre, el anime parece seguir sus propios senderos y, desde Hellsing (2001), pasando por Negima, Karin (2005), Vampire Knight (2008), Rosario+Vampire (2008-2009) o Bakemonogatari (2009), ha reescrito mediante distintos registros genéricos, estilos y atmósferas este modelo de personaje arquetípico, cuyos rasgos fundamentales son tan flexibles que permiten insertarlo incluso en la estructura narrativa del galge, caracterizada por tender redes de subordinación sentimental y control del objeto de deseo.

Thanatos erotizado

Hace algunos días, Glauconar escribió en Shin Bunka Yugo Club un artículo dedicado a Vampire Knight donde discurre sobre la evolución de determinadas características inherentes al esquema gótico de vampiro tras su introducción en los mass media durante el siglo XX. La premisa y expectativas sembradas por FORTUNE ARTERIAL en su primer capítulo me servirán de excusa para entrar en debate con este texto, cuya lectura recomiendo, pues aporta pautas para analizar las variantes que adopta el esquema vampírico al aplicarse sobre un melodrama shoujo, un modelo narrativo opuesto al planteado por la visual novel. La cartografía de personajes para el primer caso se restringe a un triángulo amoroso alrededor de una figura femenina. En cambio, los anime basados en galges arrastran la estructura del harén centralizado sobre un lead masculino. Abordo sin preámbulos el plano romántico para dejar en evidencia que ambas formas generarán desarrollos narrativos distintos quizá bajo perspectivas ideológicas dispares, pero también porque el vampiro es un icono del erotismo desde sus orígenes. (Este poder de seducción es parodiado en Bakemonogatari donde Araragi-kun atrae muchas chicas sin proponérselo, pero todas, como él, poseen alguna anomalía monstruosa). La mordida metaforizaba la penetración, una sexualidad peligrosa, lacerante, incluso mortal que revelaba la confusión, a nivel instintivo, entre el placer y la muerte. Cuando los vampiros aparecen en el panorama literario occidental durante el siglo XVIII, fueron de inmediato asimilados por el movimiento romántico que reaccionaba contra el racionalismo ilustrado. El vampiro es un elemento ambiguo, en su naturaleza y moral, pues siendo un animal racional, no es humano pese a su apariencia, y resulta tan amenazador como fascinante y simpático. Coincidentia oppositorum, la forma que asumen esas paradojas predilectas del espíritu romántico en términos lógicos, se equipara en su dimensión psicológica a lo “desfamiliarizado”. El vampiro como personaje recoge estas coordenadas: el deseo, una fuerza subterránea, reprimida por la sociedad, emerge de las sombras para, contradiciendo la seguridad y certezas del sujeto, inducirlo a un horror ambivalente, atractivo y repulsivo.

En FORTUNE ARTERIAL, aunque todavía en secreto, se intuye sin necesidad de mayores explicaciones que la moestática y tsunderesca rubia Erika Sendou es una vampiresa al conectarse dos pistas. Primero, su reacción pasmosa al arribo de Kouhei Hasekura, el protagonista y foco del relato; y en segundo lugar, que Iori, hermano de Erika y presidente del Consejo Estudiantil, fuese sorprendido chupándole la sangre a una alumna en la profanada oscuridad de una capilla. Por tanto, el ambiente idealizado de un colegio católico enmarcado en un espacio cerrado, entiéndase la isla de Tamatsushima, que sugiere cierto grado de autonomía, aislamiento y lejanía (lo ocurrido no concitará la “atención pública”), pero también un paraíso reservado para gozar de la adolescencia (la mayoría de estudiantes se alojan en los domitorios), un entorno típico de harem, es intervenido por referentes de otros géneros -se supone- más oscuros y solemnes, que desentonarían con el espíritu inocentón y apacible de la comedia sentimental. La relación entre la chica principal (el true ending) y el protagonista es mediatizada por el arquetipo amor-odio entre una tsundere y un everyman sin atributos, aunque el trasfondo real suponga una especie de tensión instintiva: Erika percibe en Kouhei una energía que la perturba e induce al temor. En consecuencia, antes que desfogar su enojo, hay mezclados, en sus primeras sensaciones, miedo y repugnancia. Iori, no obstante, lo interpreta como amor a primera vista, y aunque fuese equívoco emplear esos términos y probablemente haya bromeado, quizá valga la pena considerar esta alusión al deseo erótico en cuanto fenómeno corporal que genera reacciones insoportables en el organismo (Erika se pone a temblar). Este resumen de los potenciales conflictos nos revela una coexistencia entre componentes cómico-amorosos y situaciones sombrías o macabras.

Glauconar sostiene que tres elementos caracterizan la faceta tanática del vampiro clásico: su carácter de muerto vivo o “cadáver ambulante”, la necesidad de matar para alimentarse, y la nocturnidad. Tras comprobar que Vampire Knight contradice estos principios, Glauconar sostiene que 1. conviene vincular al vampiro del manganime con los youkai del folklore japonés y 2. que “el impulso tanático ha desaparecido casi en su totalidad”. Lo primero me parece una excelente propuesta comparativa, pero me permitiré disentir con la segunda afirmación. Ciertamente estas peculiaridades han venido apagándose desde que la ficción vampírica comenzó a introducirse y mestizarse con otros géneros como el melodrama o la comedia, pero esto solo ocurre a nivel superficial, pues la estructura profunda se mantiene: el vampiro genera terror porque, ante todo, confunde nuestros límites conceptuales entre humanidad y monstruosidad. Es unheimlich, porque revela nuestra latente posibilidad de volvernos bestias crueles, caníbales. No importa si sacian su sed con tabletas, inyectándose la sangre o bebiéndosela como vino. En lugar de desaparición, prefiero tratarlo como adaptación a un nuevo contexto que impone otros criterios de verosimilitud. La nocturnidad tiene sentido en una época en que incluso las grandes ciudades estaban pésimamente iluminadas, y cuando solo los maleantes andaban de madrugada transformando la noche en territorio de pecado. Las tinieblas ocupan un lugar mítico para cualquier cultura anterior a la electrificación, pero cuando la ficción pretenda aclimitarlo a la modernidad, el vampiro asumirá otras conductas sin abandonar su carácter tanático porque es indesligable del morbo sensual que concita. En FORTUNE ARTERIAL, los hermanos Sendou andan en horario diurno sin complicaciones, su único problema es tener que saciar sus colmillos: todavía ignoramos qué ocurrirá con Erika, pero cuando Iori muerde, no parece sentir remordimientos, sino gozar del tétrico acto con aura de malicia. Si Kouhei estimuló el “sentido vampírico” o la intuición instintiva de su compañera vampiresa, podríamos suponer el desarrollo primordial de la trama romántica: Erika desearía morderlo porque su sangre le atrae. Su cuerpo le exigiría consumir a Kouhei. La rubia detesta esa sensación y extiende ese odio al protagonista. Dejemos esto en stand-by por un momento y volvamos al tema de fondo: FORTUNE ARTERIAL retrata el mordisco bajo un manto de malignidad inherente, pero también insinúa que será el correlato de la manifestación del deseo erótico.

Llegamos, entonces, al punto donde el thanatos es erotizado. En teoría, las funciones de género quedarían invertidas de forma bastante subversiva pues se sugiere que Erika muerda a Kouhei, convirtiéndose en penetradora, en sujeto activo de una relación heterosexual. No sería la primera ocasión en anime cuando la mordida de una vampiresa es concebida como placentera pero riesgosa (véase Rosario+Vampire). No importa si hablamos de casos cómicos o melodramáticos. Primeramente, hay contacto físico muy intenso, una sensación de intimidad. En segundo lugar, un hecho negativo (perder sangre) es redefinido como sensorialmente plácido. Sin embargo, ese trasfondo masoquista es reconducido siempre en función al control masculino del objeto de deseo. La historia no es relatada desde el punto de vista de Erika, sino desde la perspectiva de Kouhei que sospecha haber encontrado en la vicepresidenta del Consejo “aquello que he buscado por mucho tiempo”. De inmediato, aunque en apariencia, sea el hombre el intervenido corporalmente, FORTUNE ARTERIAL se encarga de establecer con claridad hacia donde tienden las relaciones de dependencia. Kouhei puede sobrevivir sin Erika, comerse unos fideos instantáneos y barriga llena, corazón contento, pero si, como deja entender el primer capítulo, su presencia produce un deseo orgánico en la muchacha, se estaría proponiendo que existe una suerte de predestinación somática, de tipos de sangre capaces de enloquecer o, como afirma Iori, enamorar a una vampiresa, por tanto, someterla, subordinarla. La situación es eróticamente atractiva porque supone una especie de domesticación de la amazona, de taming of the shrew, como se desprende del carácter de Erika. Ella podría seducirlo si, como observamos, su hermano lo hace con otras estudiantes (la posición en que queda la chica mordida asemeja tanto un desmayo como el éxtasis), pero el galge impone otra lógica que impide a la heroína proponerse como dominadora sin convertirse en villana. A final de cuentas, debe prevalecer el lado deredere que permita al sujeto masculino adjudicarse el control emocional. Además, desde el primer instante se insiste en resaltar que quien siente una reacción anormal, quien es transtornada resulta su sensorialidad, es Erika, mientras que Kouhei es delineado como un tipo simple pero cortés, por tanto, poco tardará en precipitarse el romance. La sencillez del protagonista de la comedia romántica basada en galges contrasta con la complejidad psicológica que suele adscribirse a los pretendientes de la heroína shoujo. El lead de toda visual novel es un alter-ego del consumidor, no un objeto de deseo sino su mediador. Bajo esta premisa se inscribe la domesticación de la vampiresa: tornarla una figura amable (moe si queremos ser estrictos), restarle su verdadero potencial de riesgo (la inversión de los roles de género) y preservar lo tanático en sentido simbólico como fetiche.

Coincido con Glauconar al vincular el vampirismo en Vampire Knight al despertar sexual adolescente donde se descubren las dimensiones y restricciones del deseo. Es correcto cuando foco centralizador del relato es un sujeto femenino, para quien el vampiro se manifiesta como una figura inquietante, dañina, lujuriosa, pero excitante. El público del shoujo encuentra una válvula de escape para su deseo de manera distinta a la satisfacción narcisista que obtiene el consumidor de galges (y productos derivados). En series como FORTUNE ARTERIAL, este proceso es vaciado de conflictos existenciales, el grado de problematización es ligero, se resume a desentendimientos entre enamorados. Aunque esta diferencia sea discutible para muchos shoujo, existe la pretensión de teñir la historia con un sentido de hondura psicológica y dramatismo solemne y doliente, vinculado al dolor de crecer. En FORTUNE ARTERIAL se propone otra versión de la adolescencia, no como período de aprendizaje y angustias, sino como momento propicio del chongo, la coquetería, las citas bajo un árbol, los flirts, una etapa de diversión que debe mantenerse luminosa y optimista a pesar de los obstáculos que agiten el argumento, aunque siempre controlado desde la perspectiva masculina. Por ello -ahora me permito explicarlo-, si Erika siente deseo de alimentarse de la sangre de Kouhei, está obligada a detestar ese poderoso estímulo, mejor dicho, a odiar transformarse en monstruo como su hermano. Pero recordemos que esta condición de agente supone también dinamismo sexual y abordar un impulso que proviene de su cuerpo. Kouhei puede incomodarle porque la excita, pero reprimiéndose, se cuida de transformarse en una suerte de bestia lujuriosa. De cualquier forma, como viene planteándose la pareja protagónica, el discurso idealista sería enunciado por el varón mientras que el instinto desmedido es percibido por la mujer, aunque este será un tema a desarrollar en próximas reseñas.

Una respuesta

  1. La diferencia entre monstruos e humanos es meramente cultural, veamos, si aparece un alien, raramente se lo llamara monstruo no importa la aparencia que tenga, sino simpleste alien, sin embargo, si este alien no fuera uno y apareciera por ahi, facilmente se le llamaria monstruo por mera costumbre. Ahora en terminos humanos, es irrelevante, mangas como Moonlight Tsukasa tratan de vampiros que no quieren ser monstruos sino humanos siendo su aparencia de humanos comunes, digo que aqui es solo un prejuicio, si se trata de aparencia, es irrelevante por que hay otros varios puntos, y en personalidad, tambien es irrelevante ya que la maldad o crueldad es realizada por ambas partes en intensidades iguales

    14 octubre 2010 en 15:17

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