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Nazo no Kanojo X 48: Ganó por puntos

Catfights. El Big Bang del Eterno Femenino

El arco de Momoka cierra con una victoria no tan demoledora de Mikoto, que también extrajo una lección del intercambio de roles y abandonó su habitual comportamiento oscuro y enigmático, para expresar sus sentimientos, perder la calma y exhibir su humanidad. Molestarse y reaccionar con una explosión de violencia es un mecanismo usual para liberar las pulsiones negativas derivadas del rechazo a una Realidad percibida como insatisfactoria. La desesperación exterioriza el temor a nuestra propia debilidad dejada al descubierto y Momoka simboliza, para Mikoto, la conjunción de sus flaquezas e inseguridades, aquello que creíamos imposible para la Novia Misteriosa.

Rompiendo la ilusión del dopplegänger

El conflictivo encuentro de Mikoto y Momoka varios meses atrás implicó un giro respecto de la estructura narrativa de Nazo no Kanojo X. Como sucede en muchos manga, no existe un narrador strictu sensu, pero esta ausencia no significa que carezca de mecanismos de perspectiva, vale decir, que focalice los hechos desde determinados puntos de vista privilegiados. Aunque, en apariencia, se enfoque desde una posición “neutra” (en literatura, conocida como onmisciente o heterodiegética), en realidad, la mayoría de veces se comparte el grado de conocimiento (e ignorancia) de los personajes. Hasta la aparición de la revoltosa idol, esta función se concentraba en Tsubaki, es decir, observábamos los sucesos ficcionales desde la mirada preferente del nada excepcional novio de la Novia Misteriosa. Como en análisis textual ningún hecho es insignificante, ni siquiera aquello que parecen casuales, esta elección tenía un propósito funcional: transmitir la sensación de fascinación, sorpresa, desconcierto o pasmo que provoca la anómala pero avasalladora conducta de Mikoto. Entre el lector y Urabe existía una barrera cognitiva, pues apenas conocíamos su intimidad, sus pensamientos más profundos, su cotidianeidad, salvo por las breves porciones que iban descubriéndose en interacción con Tsubaki, un personaje que encarna simbólicamente el polo contrario: un muchacho llano, común y algo simplón, un everyman sin muchos talentos frente a la chica capaz de superar cualquier desafío con un outstanding. El ingreso de Momoka cambió el panorama porque el conflicto se traslada de forma intrínsecamente personal hacia Urabe: todo relato que gira alrededor del motivo narrativo del doble afecta la identidad del sujeto y supone un alto grado de introspección, de contaminación y confusión entre el individuo y su doble que culminará en enfrentamiento pero requiere obligatoriamente conocer los procesos internos del personaje. Gracias al reto de Imai Momoka, Ueshiba abrió a Mikoto una ventana para develar un mundo interior inexplorado, humanizándola sin perder un ápice de su talante épico y permitiéndose mostrarla como nunca: insegura, avergonzada o contrariada hasta perder los estribos y arrojarle una mochila en la cabeza (con una precisión estupenda, admitámoslo) por intentar adelantársele en besar a Tsubaki. Durante el arco de Hayakawa, Mikoto actuó con una frialdad envidiable y ganó con holgura, pero Momoka fue tornándose un hueso más duro de roer porque mediante su juego de espejos desestabilizó a Urabe sumergiéndola en su juego. La idol es consciente del impacto psíquico que causa: «So, does it bother you that we look alike», responde cuando Mikoto le reprocha entrometerse en su vida solamente porque sus rostros se parecen. Antes habíamos descifrado los entresijos de la mediatización y cómo influían en Urabe. Para la Novia Misteriosa, la cantante era un obstáculo y un modelo en referencia a su objeto de deseo y Momoka había accedido a esa tensión mimética cuando descubrió que Mikoto poseía DVDs de sus conciertos. Aunque en la superficie continúe considerándola engreída y pesada, es probable que Urabe gozase, con Momoka, de una complicidad espiritual tan amenazante (porque el dopplegänger debe provocar temor) como liberadora (pues confronta y vence a su mediadora).

Sin embargo, su victoria es relativizada por Tsubaki cuando salen del concierto. No escatimaré cierto reconocimiento a la intuición primitiva del muchacho para percatarse de la diferencia entre la interpretación de Urabe, que califica de “real” o auténtica porque le recuerda los gestos de su novia, y la performance de Momoka, en quien reconoce a una entertainer profesional, una maestra de la diversión. Quizá Mikoto fue capaz de conmocionarlo y persuadirlo (mejor aún, seducirlo), pero la idol original tiene el mérito de generar la explosión de júbilo. Allí pierde -aunque no por goleada- nuestra hasta ahora invencible Urabe: su metamorfosis no iguala los efectos anímicos de la sonrisa de Momoka. Su fracaso es menos estrepitoso porque, a diferencia de su doble, ella consigue desprenderse mejor de los condicionamientos miméticos, es decir, que logra llegar al corazón de Tsubaki disfrazada de Momoka, pero subvirtiendo su estilo para imponerle su propia marca personal. Esta clase de resolución es bastante inusual en los relatos de dobles, que suelen retratar la desintegración de la identidad hasta el extremo que tarde o temprano, el Otro, el alter-ego o el dopplegänger toman el lugar del protagonista. Urabe sobrevive a ese enfrentamiento no solo aprendiendo a valorar su mundo interior sino también enriqueciéndolo con nuevas experiencias y pactando cierto grado de amistad con el doble, un vínculo planteado siempre en términos de oposición, competencia («When it comes to being an idol, you can’t beat me. When it comes to being a girlfriend, you are the winner. No matter how much we look alike, you can’t be me and I can’t be you») e incluso agresión, y como estas manifestaciones tensas de familiaridad destructiva (1) son insostenibles, las chicas deben mantenerse separadas porque, en principio, el encuentro entre dobles es lesivo para la identidad del sujeto (2). Momoka se retira habiendo declarado los términos de su derrota (que luego Mikoto invertirá o aprovechará al afirmar que «For a boyfriend, his girlfiend is… his one and only idol»), aunque antes asistiremos al último enfrentamiento físico, un ajuste de cuentas contra aquello que enerva porque resulta imposible de controlar.

Catfights (por qué las amamos)

Suele emplearse este término para calificar las peleas entre mujeres, aunque en sentido estricto excluye a luchadoras calificadas y métodos ortodoxos de combate, concentrándose más bien en el aspecto fanservicero, chapucero, escandaloso y romántico. Por extensión, entonces, consideraremos como catfight toda pelea que acentúe el carácter femenino de las combatientes y que funcione como atractivo para un público mayormente masculino ávido de estímulos visuales. En manga y anime, donde heroísmo y femineidad se entrecruzan, es frecuente encontrar a mujeres tratando de infligirse el mayor daño posible con bastante plasticidad. Dibujar una catfight es captar en movimiento un cuerpo deseable, poner en escena eros y thanatos, aunque sea a nivel de broma, como ocurre cuando Momoka y Mikoto se olvidan de sus técnicas mortales y acaban increpándose a empujones.

Las grescas entre dos personajes idénticos sirvieron también en Nazo no Kanojo X como fuente de deleite estético, pues quienes estaban cansados del mismo ataque de tijeras de Urabe podían satisfacerse con el high kick de Momoka, su casi gemela. Además, cabe resaltar el tono humorístico de los combates, que terminan girando alrededor de un chico, quien, literalmente, se encuentra entre ambas y llevará la peor suerte. Aunque al comienzo Mikoto mantuvo la calma, los siguientes duelos fueron tornándose más impetuosos hasta la reciente entrega, donde la Novia Misteriosa estalla de cólera mostrándonos expresiones faciales distintas que describen estados de ánimo y sentimientos que antes parecían ocultos bajo su indescifrable pero racional conducta. La inversión del orden causada por Momoka había mudado el punto de vista narrativo sobre la perspectiva de Mikoto: sus emociones se tematizan y empiezan a brotar con mayor “descuido”. La violencia responde a una realidad descontrolada, sobre la cual Urabe no consigue mantenerse cool y eficiente. Momoka es un elemento subversivo porque confunde una cotidianeidad donde -supuestamente- una persona es única e irrepetible. La idol interviene en el universo de Urabe provocando enredos cómicos y para restituir la normalidad, Mikoto debe ponerla en vereda estableciendo sobre la Realidad un marco de signos. Me explico: en nuestra vida cotidiana, las personas son como los signos lingüísticos. Que existan dos palabras en la lengua con el mismo significado y significante es una aberración lógica. Lo mismo ocurre respecto del fenómeno del doble: su aparición puede causar confusión en el entorno hasta que el/la protagonista declare: «YO SOY…» (Mikoto Urabe, en este caso), obligando al Otro a declarar su otredad y constituirse como dos personas (dos signos) diferentes, pero esto supone una intervención interpretativa sobre la Realidad, es decir, sentar en claro frente a los demás nuestra identidad, que el doble es alguien distinto (3). Ignoramos si Momoka aprendió la lección correcta, pero al quitarse la peluca decide rendirse y liquidar su farsa luego de poner patas arriba el mundo de Mikoto, que continuará invertido por cierto tiempo, pues en las últimas viñetas, será ella quien huya del regaño de Tsubaki-kun.

NOTAS

(1). Según Freud, es unheimlich o “desfamiliarizado” todo aquello que pareciendo cercano se revela también extraño. Este concepto sería fundamental para comprender la moderna literatura fantástica. El doble es un tópico notable de lo unheimlich, pues la imagen del Yo aparece separada de la subjetividad, moviéndose en el mundo sin poder ejercer control sobre ella, a la vez similar y contraria a nosotros mismos.
(2). En “Doblaje”, cuento de Julio Ramón Ribeyro, se afirma que nuestros dobles viven en las antípodas y realizan los movimientos diametralmente opuestos a los nuestros, de manera que sería imposible encontrarlos.
(3) Esto ocurre a diario cuando conocemos a una persona y nos dice su nombre. A partir de entonces, la persona será el significado y la apariencia física su significante.

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