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Strike Witches II 10: Scheiße!!

Las badasses roban pantaletas

Las witches son jovencitas serenas, amables y tolerantes que conviven en concordia como una perfecta sorority multicultural. Pero fáltale el respeto o atrévete a lastimar a sus compañeras íntimas y atente a las consecuencias de semejante imprudencia porque hasta la displicente y haragana Erica Hartmann perdió su buen genio y montó en cólera cuando una petulante invitada, Hanna-Justina Marseille, cometió el descaro de insultar a Trude Barkhorn acusándola de sis-con. Cuando se agravia el honor de la pareja, los Neuroi pasan al segundo plano y los ajustes de cuenta se convierten en espectáculos aeronáuticos, en apasionados dogfights de corriente homoerótica.

La Witch del Generalísimo

Strike Witches es un ambicioso proyecto multimedia que aspira al anhelo más disparatado pero también más coherente y digno de cualquier autor de ficciones: fraguar un universo autónomo, independiente, que aparente una absoluta integridad funcional (que parezca haber creado otro mundo en pleno). Un detalle “menor” (o fanservicero) como el estado de pantyshot perpetuo de sus protagonistas contribuye a instituir esa sensación. Otra manera eficaz consiste en poblar ese mundo de individuos diferenciados, con identidades y personalidades propias. Internándonos en el entramado mediático de Strike Witches (compuesto por manga, light novel, juegos, drama-albums, y anime) descubriremos un repertorio multitudinario de witches (superan el centenar, según esta wiki) cuyas historias entrelazadas configuran un relato amplio y complejo donde veintidós episodios de adaptación animada representan apenas la punta del iceberg. El presente capítulo introdujo con presteza a la germánica Hanna-Justina Marseille, una especie de celebrity o idol entre las combatientes (publicitada en libros bajo el apodo de Estrella del África), pero en ocasiones anteriores Amaki Suwa, Junko Takei y Ursula Hartmann realizaron algunos cameos. No tardaría en aparecer (de forma oficial, oleada y sacramentada por Shimada Humikane, la mente maestra detrás del mecha musume) una witch española. Aunque esta noticia es tardía, la hispaniense Ángela Salas Larrazabal, afectuosamente conocida como Ponytail-tan, y miembro del Escuadrón Azul de élite, fue añadida en julio al catálogo ficticio de deliciosas combatientes. Fuentes confiables la describen como “una chica tranquila con fuerte sentido del deber”, que “debido a la naturaleza de su poder especial… permanece en el campo de batalla durante demasiado tiempo y suele recibir graves heridas”. Al activar sus poderes, Angelita adquiere las cualidades de un caballo andaluz. Cumplo con precaver al lector: que evite ceder al embrujo de esta Barkhorn ibérica porque constituye una maniobra alevosa de los herederos políticos del franquismo para embaucar a la juventud incauta apelando al moe-ness como plataforma propagandística y difundiendo a través de Angelita (seamos castizos, nada de Ángela-chan) una imagen edulcorada y atractiva del nacional-catolicismo, el fascismo y la Guerra Civil. Esta patraña de emplear un personaje carismático y adorable para rehabilitar de forma encubierta una ideología violentista busca confundir a los espectadores incitándolos a olvidar los crímenes de la dictadura, hacerles creer usando como vocera a una adolescente de aspecto tsunderesco que se requiere gobiernos de mano dura, militarizados y represivos (porque ojo, Angelita usa falda a diferencia de esas indecentes francesas). Desde luego, hablo en broma: Strike Witches no pretende contrabandear en empaque moe ninguna propaganda política, pero esto no implica que carezca de correlato ideológico, como demuestra el arribo de Hanna-Justina. La comandante Minna es obligada a aceptar un trato desventajoso y -hasta cierto punto- humillante propuesto por la cúpula superior.

Obedecer órdenes, incluso las más ignominiosas y viles, es consustancial a la carrera militar, por tanto, que Minna se allanara a los maquiavélicos condicionamientos de los jerarcas no podría juzgarse anormal. Sin embargo, la narración induce a una valoración moral, donde los acontecimientos adquieren otro significado. El relato plantea un desfase entre orden jerárquico y eficiencia heroica: quienes ocupan la cúspide son ineficaces, generalotes de escritorio, hieráticos y apartados del combate. Cuando sus planes fracasan, las witches enmiendan sus errores y salvan sus pellejos, pero ellos continúan detentando el poder. La primera temporada culmina acentuando esa paradoja: Miyafuji, la principal protagonista de la liberación de Gallia es mandada de regreso a casa sin mayores reconocimientos ni ascensos y sufre – para todos los efectos- una degradación. Principios institucionales, ética y justicia poética no suelen corresponderse. En términos ideológicos, Strike Witches propone una utopía de concordia internacional (todos los países se alían contra los enemigos de la Humanidad), estética (es femenina, implica belleza) y moral (respecto de la guerra, las chicas se comportan de acuerdo con imperativos categóricos, en consonancia con el Bien). Cada witch exhibe una serie de defectos inocultables (Perrine es vanidosa, Barkhorn es testaruda, Yoshika es pervertida, etc.) pero representan también un núcleo común de valores curiosamente incompatibles con el discurso marcial. Aunque se respetan los grados militares para asuntos de combate, el trato recurrente entre las muchachas del 501st es amical, resquebrajando la rigidez del sistema. Se respira un ambiente de cotidianeidad familiar, imposible en un cuartel. Este ritmo se suspende cuando Hanna-Justina irrumpe con su obsesivo sentido de la competitividad (la supremacía del ego) frente a una Hartmann que encarna los polos opuestos (infantil, perezosa, despreocupada: el instinto en estado casi puro). La mera presencia de la Estrella del África supone un elemento desestabilizador porque defiende valores adversos al moderado idealismo de Minna, pero coherentes con su ocupación como soldado. Sabiéndose blindada por el patrocinio de la cúpula, Hanna-Justina busca resolver una rivalidad unilateral, que existe únicamente en su memoria, pues a Hartmann le importa un bledo.

Deseo, honor y yuri

Sin duda, como todo episodio de Strike Witches, coexisten varias capas de significado: abordar el desarrollo de personajes entraña una exploración de las relaciones interpersonales y del sustrato yuri. Dejando de lado las implicancias sexuales o eróticas, el entorno witch -o cuando menos la base en Romagna- es un espacio cerrado homosocial, es decir, donde se establecen vínculos afectivos o tensiones con personas del mismo sexo. Hasta la fecha no conocemos varones que combatan en strikers, por tanto, incluso ese ámbito profesional es exclusivamente femenino. Quizá suene arriesgado, pero la insistencia de Hanna-Justina por continuar retando a Hartmann no escapa a la influencia del homoerotismo, innegable en una serie yuri. El afán de victoria implica un deseo de sometimiento simbólico. Hanna-Justina reconoce en Hartmann a una contendora no porque le guarde rencor, sino por considerarla una igual (sensación que redunda debido al empate numérico): Erica ejerce una atracción en Marseille que únicamente puede viabilizarse por medio de la continua competencia. Sin embargo, a Hartmann le valen un rábano sus estadísticas, como tampoco le desvelan los ascensos y reconocimientos. Carece de planes a futuro, de ambiciones, de métodos, es espontánea y antes que dedicarse a actividades solemnes y trascendentales, prefiere divertirse incluso cuando combate. Hanna-Justina es una aristotélica (que aspira a la excelencia) confrontada a una Hartmann epicúrea (que concibe la plenitud como la adquisición del máximo placer): sus posturas éticas, sus actitudes ante la vida, sus patrones de comportamiento, son opuestos e irrenconciliables, por tanto, en primera instancia, parecían condenadas a la mutua incomprensión ante la incompatibilidad de sus códigos, la divergencia de coordenadas conceptuales imposibilitaba la comunicación: la escena del primer intento de asalto por parte de Marseille es significativa, pues Erica tarda varios segundos en comprender qué ocurre y la reacción burlesca de Hartmann sorprende a Hanna-Justina. La rubia le pregunta por qué le obsesiona tanto ganar o perder y Marseille responde con una concisa pero corajuda explicación que Erica minimiza con un desabrido “Qué diablos”

La indiferencia de Hartmann provoca en Hanna-Justina una mezcla de irritación y deseo porque tiende a reflejarse en su rival, a mirarse en el espejo de quien agrava una incómoda y secreta sensación de inferioridad al negarse a competir. Desde luego, esta noción de “deseo latente” es mera hipótesis: nada permite afirmarlo con certeza, aunque detalles menores nos autoricen a calificarla de tensión erótica. Hanna pretende ser la mejor, ganar siempre. Erica es un obstáculo simbólico, pero también la imagen modélica del triunfo. Marseille pretende derrotar a Hartmann para liberarse de esa dependencia psicológica, pero en simultáneo desea a Hartmann porque representa la concreción de sus anhelos de éxito. Esta situación contradictoria, donde se entrecruzan sentimientos extremos, suele devenir en confusos escenarios donde el desafío al contendor se asemeja al cortejo. El panorama empeora cuando la tercera arista del triángulo es sometida a discusión: Hanna-Justina había desdeñado de Barkhorn como compañera de fórmula e incluso protagonizaron un altercado de fuerza bruta que Erica frenó cediendo a las arbitrariedades de Marseille. Volviendo a las suposiciones, si Hanna-Justina conoció a Trude y Hartmann en Karlsland, es probable que estuviera enterada de la intimidad entre ambas o, cuando menos, lo intuyera, e inconscientemente se sintiera desplazada por una oficial de carácter semejante (aunque Barkhorn es más espartana). De manera indirecta, Gertrude se convertiría en desencadenante del pico de acción del episodio, y minutos antes, de la cúspide de suspense erótico cuando Hanna se niega con insultos a la petición de Erica para firmarle un autógrafo a Chris, la hermana de Trude. Marseille sabía dónde aguijonear a Hartmann para sacarla de sus casillas arrastrándola a aceptar su desafío, pero la incomprensión continúa: Hanna-Justina pelea para superar su atracción/repulsión por Erica, siendo consciente de haber transformado la competencia en un duelo pasional. A Hartmann le importan poco los enredos emotivos de Marseille, porque lucha cual personaje calderoniano para resarcirse de la deshonra contra Trude, un asunto de honor que proveerá las mejores escenas del capítulo y quizá la secuencia de acción más excitante en ambas temporadas de Strike Witches por las maniobras que emplean las duelistas para escabullirse de los disparos y la creciente sensación de disputarse otros asuntos más intrincados.

No obstante, el desenlace me supo insatisfactorio, pues, aunque Hartmann se conforma con obtener satisfacción de su cólera contra Hanna-Justina, el desfase comunicativo que impedía el entendimiento jamás se soluciona: quizá Marseille acabara rindiéndose cuando Erica complació su anhelo de medirse desplegando todas sus fuerzas, pero para Hartmann la reconciliación transcurre por otros términos (cree que falló con Trude e “intenta” congraciarse arreglando su recámara) y no muestra señales de interesarse por comprender a Hanna, sino de resarcirse del golpe injurioso contra su adorada Barkhorn. Entre las notas cómicas, no olvidaré resaltar que Marseille revolucionó a Yoshika por su reiterativa exhibición de awesomeness y su confrontación de bustos con Shirley, la eterna controversia entre tamaño y forma. Miyafuji andaba ensimismada, provocando el desagrado de Lynette, quien, pese a poseer abundantes “suntuosidades”, quedó postergada y tuvo la prudencia de no manifestar sus celos (aunque Yoshika debió malacostumbrarla por rendirle adoración a sus senos). Finalmente, se coló una alusión a la Krazy Kat, la célebre tira clásica de comienzos de siglo, entre los libros de Hartmann: muy conveniente para su alocada pero tierna personalidad.

Una respuesta

  1. Un poco despues del cap encontre en el manga la historia donde efectivamente Shirley e Luchinni conocian a Marselle, donde ella las llamaba gatos callejeros, noto que la palabra ”gata, gatitas, etc” tiene tono de elogio y piropo, por lo que me resulto muy mono cuando Marselle saluda a Yoshika e Lynne en la primera vez. Me parece que la relacion Erica/Gertrude es la menos desarrollada entre las parejas de la serie, tanto que en aquel episodio dedicado a Shirley e Gertrude recordo a muchos las parejas alternativas que hay, y entre estas parejas alternativas mas populares esta la tan injustizada Perrine con Mio, aunque podia sentirme algo feliz ya que el beso anterior con Minna no afecto mucho la relacion de ellas, ni siquiera un gramo de verguenza con hablar con Mio surgio. Es algo arriesgado y al mismo tiempo apetitoso que se diga que Gertrude tenga complejo de hermana, con los picaros que son los fans de la serie le es facil cruzar las barreras de lazos sanguineos.
    Por ultimo, Gertrude es una de las mas maduras pero no muestra signos de perdidas de magia, asi como Minna, por lo que entonces Mio esta sudando en no caer, ya que sus edades son muy cercanas.
    Aqui unas fichas de las otras witches, incluso algunas fueron tutoras de Erica




    Por cierto, en el enfrentamiento de Gertrude e Marselle, Eila fue la unica a emocionarse como es el publico de luchas libres

    20 septiembre 2010 en 02:24

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