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Shin Koihime Musou ~Otome Tairan~ 9: Code Reiha -Enshou of the Rebellion-

Interrumpir un tratamiento de belleza puede cambiar al mundo

No existen las lolis malvadas. Este simple adagio serviría para clamar la inocencia de la delicada y benévola Toutaku, a quien se acusa de gobernar con crueldad exacerbada desde Palacio, cuando en realidad es rehén de Choujuu, líder de los eunucos, que utiliza su nombre y chantajea a su subordinada Kaku. Mientras tanto, se cocina una rebelión de las ‘lords’ contra la tiranía por antojo de Enshou, demostrando que la Historia es un largo relato del enfrentamiento entre oppai y delicious flat chests.

El alegato a favor de Toutaku constituye un intento avezado de reescribir la Historia, pues implica restituirle dignidad y simpatía al villano por excelencia de la literatura clásica china o quien representaba para la filosofía confuciana el antimodelo de gobernante. Cuando Koihime Musou se aplica a modificar los criterios sometiéndolos mediante la parodia a la trivialización, se atiene a determinadas reglas básicas de las comedias ligeras, donde, en primer lugar, se evita el detestable derramamiento de sangre, la bondad prevalece por su propio peso, las chicas buenas son siempre lindas y viceversa, salvo ciertas excepciones regidas mayormente por una norma esencial: si una bishoujo es villana, debe por obligación ser sexy, no kawaii. Esto último invalida que existan pequeñuelas malignas, en particular, porque su función en Koihime Musou, salvo casos notables como Chouhi y Kyocho, está limitada por el tópico de Boobs of Steel, cuya definición extraigo de tvtropes: “When you have a larger group of females who may be involved in some action, the one with the biggest breasts will be the strongest one… The simplest explanation is that the woman is simply bigger than the other female characters, or simply older and thus more fully grown and developed, or both at once.” Se trata de enfatizar el poder (en múltiples sentidos) a través del desarrollo corporal de los personajes, de donde se deduce que una mujer más desarrollada y madura es más fuerte que una chiquilla en crecimiento. Suena lógico como deducción pues Kan’u, Chouun o Bachou lucen más imponentes debido a su altura, por tanto, sus medidas de busto y caderas deben respetar esa proporción y mantenerse en congruencia con un estándar de belleza (además de su utilización en fanservice ecchi, fijémonos en Ikkitousen donde esta fórmula está muchísimo más sexualizada). Estos principios alejan a la mayoría de lolis del campo de batalla y las reubican al interior de las tiendas ideando estrategias militares como Koumei o Jun’iku, o gobernando sus regiones desde palacio, como Toutaku o Enjuutsu, todas dependientes de las habilidades físicas de sus exuberantes generales. La definición de tvtropes es correcta, pero demasiado descriptiva, pues, en realidad, mediante esta división de funciones atribuida a patrones corporales se proyectan nociones masculinas (las expectativas del público) acerca del cuerpo femenino. La imagen de una mujer independiente que exhibe su desarrollo sexual está vinculada a la energía, lo físico, lo irracional, la fogosidad. Koihime Musou traza una analogía con la fuerza de combate. En consecuencia, cuando Toutaku asume la forma de una niña indefensa sin rasgos eróticos, se restringe toda connotación violenta y torna imposible concebirla como malvada. Resulta entonces trágico, ridículo y gracioso que las demás lideresas se alíen para derrocarla y cortarle la cabeza.

Las desventuras de Toutaku nos demuestran que la Historia es una constante conflagración entre planas y tetonas. Que después vengan a mentirnos contándonos aquello de la lucha de clases entre ricos y pobres, burguesía y proletariado, etcétera, son meras variantes metafóricas de una realidad constatable: nadie está contenta con sus tallas y durante períodos turbulentos, poseer más senos es contar con un recurso estratégico de cara a próximas conquistas. Moukaku, la reina de Nanban, comprendió de inmediato esta urgencia y guiada por el consejo de Koumei no dudó en concederle a Kashin la pelusa de ombligo de elefante para elaborar la medicina y apenas recuperó su forma original, se abalanzó a apropiarse del turgente busto de la general nekomimi porque Nanban se encuentra demasiado desguarnecida y necesita guerreras aptas para complacer los barbáricos hábitos de su gobernante. Ahora se comprende la insistencia de Moukaku por contemplar los afamados senos de Chuugen, pródiga y pujante región. A Enshou le incomoda que pubertas cachondas como Sousou o enanas como Toutaku irrumpan como clase dirigente, desplazando a su prestigiosa familia del poder. Desde su perspectiva tetocrática, el ascenso al trono de bastardas pechoplano significa el inicio del caos, la anarquía, aunque adjudicarle esos razonamientos a Enshou o sus incompetentes vasallas sería demasiado encomio para sus escasas neuronas. Su convocatoria al resto de cabecillas fue producto de un arrebato de cólera porque no tolera recibir órdenes de alguien que todavía no estrena su primer sujetador. En realidad, no aguanta los mangoneos de nadie con menos de copa D. Por desgracia o fortuna, dependiendo de qué aspecto de Koihime Musou privilegia vuestros bizarros gustos, este capricho de aristócrata histérica tendrá consecuencias serias, pues provoca que arribemos al evento culminante de esta tercera temporada: la campaña contra Toutaku. La reacción de Sousou y Sonsaku es similar: Enshou pertenece a la nobleza, carece de prestigio y liderazgo, incluso está desacreditada por su estupidez, sin embargo, su ascendencia legitimaría esta revuelta, la oportunidad propicia para ganar influencia en el reino y comenzar a dominar desde la capital. En Koutou, donde reina la familia Son, cuentan con suficiente potencial mamario, mientras que Sousou está rodeada por versátiles lolis, en especial, sus consejeras Jun’iku y Teiiku. La mejor frase del episodio proviene del consejo de guerra de Karin-sama donde cada estratega expone sus puntos de vista. La dandere Teiiku es despertada de su adormecimiento por Kakuka, manifiesta su sorpresa con un monocorde “oooh” y responde que: “La función de un estratega consiste en aconsejar al señor cuando está indeciso. Si el señor ya tomó una decisión, el estratega no tiene nada qué decir”, en otras palabras: “Deja de hacerte la mensa, todos sabemos que irás a pelear incluso si nosotras lo objetáramos”. Si Kakuka apelaba al Mandato del Cielo y el bienestar popular como coartadas para justificar las acciones de Sousou, Teiiku la anima a seguir su voluntad y construir su destino: su victoria personal basta como excusa.

En apariencia, la facción más debil sería el ejército de voluntarios de Touka comandados por la pacifista Ryuubi quien sostiene la ingenua idea de la bondad congénita del hombre y ondea la bandera de la misericordia. Es paradójico que confluyan bajo su mando las guerreras más poderosas, quienes dirigidas por Sousou o Sonsaku habrían unificado el país en un santiamén. Añadámosle el ingenio de Koumei y adivinemos quiénes necesitan apenas un empujoncito de osadía para lanzarse a invadir nuevos territorios en lugar de defender su apacible aldea. Dudo que veamos un desenlace violento, incluso cuando no falten escenas de acción pues esta serie se caracteriza por anular el heroismo trágico. Al contrario, los hechos de armas suelen trasladarse a escenarios alejados de la epopeya, mientras que las lealtades o rivalidades son esbozadas en términos de asolapado o descarado erotismo yuri. Sin embargo, esta ocasión las chicas-‘lord’ se enfrentarán a figuras, con certeza, perversas, como Choujuu y Ukitsu, el hechicero que planea revivir a plenitud el poder maléfico del libro Claves Cruciales, para quienes el perdón es insuficiente. Por mientras, Koihime Musou realizó un complicado giro argumental respecto del Romance de los Tres Reinos al rehabilitar moralmente a Toutaku, acorde con la parodización y moeficación que afecta a las protagonistas de la épica legendaria. Sin embargo, esta reevaluación del relato original complica el panorama porque supone hallar una solución donde Toutaku sea inocente pero también derrotada. La versión literaria cuenta que Ryofu lo decapita poniendo término a su reinado de terror: imaginarnos a una kuudere adorable blandir su lanza como verdugo contra una loli indefensa no tiene cabida en la estética de Koihime Musou. Algún recurso picante o melodramático hallarán para que, siguiendo el espíritu de Ryuubi, todas compartan una sonrisa. De cualquier modo, los senos no tardarán en encender la chispa de un nuevo conflicto y culparemos al dinero, la geopolítica, la religión, el petróleo. No, lectores, falso, mentiras de la prensa. ¡Tetas!, ¡siempre fue lo único que interesó! Mai vs Shiho, Miyako vs Kei, Hinagiku vs Maria, Yamada vs Mayu, ¡así funciona el mundo!

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