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Shin Koihime Musou ~Otome Tairan~ 7: Cuestión de Estado

El mejor procedimiento para discutir los problemas internos del país

La yuricracia es una compleja forma de organización política que confía la práctica del gobierno al matriarcado lésbico y tiñe el ejercicio de las funciones públicas con vínculos eróticos entre guapas señoritas que dictaminan los rumbos de la economía, la diplomacia o la estabilidad interna de un reino mediante borracheras o enredándose ardorosamente en la cama. Mientras más sexualizada la nación, mejor opciones de convertirse en Imperio.

La yuricracia es el peor sistema gubernamental… exceptuando todos los demás, porque consiste en respetar dos únicos principios que constituyen su Estado de Derecho: amor y diversión. Tomemos como paradigma de virtudes al señorío de Wu, regido por la familia Son. Las grandes conquistas que extendieron el territorio controlado por este clan de señoras feudales son fruto de la compenetración, digamos, del entendimiento sexual, entre la gobernadora Sonsaku y su estratega favorita y compañera de sábanas, Shuuyu. Las estrategias de asalto y asedio de castillos es personalmente ensayada entre ambas sobre sus cuerpos desnudos e incluso practican incursiones por la retaguardia (según cita este episodio). Por desgracia, la eficiencia de este sistema expansionista depende en demasía de una relación armónica aunque apasionada: cuando la pareja entra en crisis, se arriesga también el equilibrio del Estado porque las decisiones importantes se toman dentro de un ambiente de iluminación erótica. Sonsaku y Shuuyu han previsto esta molesta eventualidad y, para evitar que todas las responsabilidades se concentren en ellas, vienen preparando a las hermanas menores bajo un modelo similar de parejas princesa-consejera. La antes díscola Sonken ha madurado gracias a sus estudios: ahora se encarga, en compañía de Ryomou, la chica del monóculo, de atender a los invitados, es decir, de asuntos internos de palacio; mientras tanto, la egocéntrica Sonshoukou es comisionada para asuntos menores de diplomacia (entiéndase, cuando es necesario enfrentar loli vs loli). Sonsaku, supongo, todavía se reserva el privilegio máximo de liderar la guerra, pero requiere de la asesoría constante de Shuuyu. Enemistarse con una sensual meganekko de cabellera azabache puede resultar perjudicial en el ajedrez del poder donde las probabilidades de victoria de cada cabecilla son directamente proporcionales a la inteligencia de las chicas a quienes atraen al tálamo. Para el universo Koihime Musou, las mujeres sabias siempre serán o tiernas o hermosas, por tanto, siguiendo el hilo de equivalencias (triunfo=chicas listas=bishoujos), Sousou tiene razón en convocar a su bando a cuantas linduras pueda sojuzgar con sus artes seductoras, y Sonsaku se equivoca al causar el enojo de Shuuyu y, además de beber su licor de naranjas, olvidarse de su “aniversario” yuri. Estos conflictos al interior del Poder Ejecutivo, insisto, minan la gobernabilidad y ponen en riesgo la grandeza del reino (aunque nunca faltará “enormidad” en la facción de Go).

La crisis de pareja comienza a afectar a otros sectores del gobierno, aunque su primera consecuencia sea avergonzar a Sonken frente a una visitante ilustre como Kan’u (en especial, ahora que la hermana heredera viene realizando una gestión intachable) y después, provocará la molestia de Sonshoukou no porque la pequeña se preocupe del bienestar común sino porque reclama recibir más reconocimiento y una recompensa económica para su “ministerio” (en concreto, que suban su mesada). Sonken, la única persona en palacio que continúa manteniendo sus cabales, opta por encargarse de los asuntos inmediatos y atender a Kan’u, dejando a la engreída de Sonshoukou suelta en plaza para dedicarse a resolver el desentendimiento amoroso entre Shuuyu y Sonsaku. La loli es consciente -al menos- de cuán inútil serían sus diligencias porque carece de autoridad (y representatividad); por tanto, tendrá que recurrir a un personaje prestigioso dentro de la corte, la general Kougai cuya larga carrera a servicio de la familia concita respeto. Con ayuda de las gemelas Daikyou y Shoukyou, urdirá una trama palaciega bastante simple, tan elemental que lograrán engañar a la astuta Shuuyu aprovechando su estado de desconcentración. Es vergonzoso que últimamente la mejor estratega de Go incurra en semejantes descuidos: se equivocó con anterioridad al no prever un posible atentado contra Sonsaku y ahora cayó en una trampa tendida por personajes de menor capacidad intelectual, sin contar que horas atrás había naufragado en una sensual borrachera inducida por Kougai. Treparse sobre la mesa y preguntarle si prefiere chicas más jóvenes para terminar tropezándose dos veces es demasiado humillante. Aunque le quedan muchas batallas por ganar y reivindicar su fama, la fortuna de Shuuyu parece extinguirse mientras crecen las figuras de Rikuson y Ryomou. Le recomendaríamos sacrificarse en nombre de la yuricracia anunciando su retiro y confiando los asuntos bélicos a las nuevas generaciones. Respecto de sus desavenencias con Sonsaku, la mejor medicina para las crisis es forzar la reconciliación y favorecer el fluido intercambio de caricias entre la gobernante y su consejera, y aunque, de acuerdo al protocolo de Estado, fuese preferible que Kan’u y Shuutai no presenciaran la exhibición de “buen gobierno”, crudo y desnudo, a largo plazo estamos seguros que Sonken y Ryomou sabrán sacarle provecho a la lección aprendida y dejarán de planificar el abastecimiento del reino, el cobro de impuestos y repasar el Arte de la Guerra en un escritorio para trasladar sus sesiones de estudio donde puedan recostarse. A estas alturas, Shuuyu y Sonkaku estarán respirando aliviadas porque fuera alguien discreta como Kan’u quien descubrió sus sesiones secretas de política internacional. Lo hubiesen lamentado si Sousou hubiese accedido a esa “información clasificada”. Para momentos vergonzosos, pero cubiertos de moe-ness hasta el hastío, podemos resaltar la deliciosa secuencia de Shuutai rindiéndole pleitesía al gato (incluso le entrega una ofrenda) para poderlo acicalar.

Queda claro que, aunque la yuricracia es un modelo racional de gobierno eficaz, requiere de bastante compromiso de cuerpo y alma, en especial lo primero, como demuestran Shuuyu y Sonsaku, fieles compañeras durante una década de peripecias amatorias. Sin embargo, cuando este acoplamiento se rompe por alguna rencilla, el sistema deja en evidencia sus fragilidades, pues allí donde reside su poder, también se incuba su potencial perdición. Este esbozo de politología continuará en otros episodios pues falta por revelarse las negociaciones al interior de la capital donde otra meganekko temperamental como Kaku parece mover los hilos para cimentar el poder dictatorial de Toutaku (porque, por ley 392 artículo 25 del moe-ness, una loli jamás es malvada per se); pero será pertinente detenernos en nuestro debate filosófico porque podríamos acabar convenciéndonos de que Koihime Musou es verdaderamente serious business. Este capítulo fue notable porque, además de proveernos de tamaña exposición de Realpolitik, hubo una interesante escena calenturienta que esperamos se desvele en la edición DVD, porque solo alcanzamos a verles los pies y escuchar su provocativa conversación acerca de “atacar por retaguardia”. No obstante, el relato careció de matices resaltables fuera del fanservice pues se limitó en gran medida a emborrachar a Shuuyu, engañarla al día siguiente y luego encerrarla en la bodega con Sonsaku. El capítulo transcurre rápido, Kougai resalta gracias a sus dotes de conspiradora y sus complejos de treintañera acercándose peligrosamente a los cuarenta, y sirviéndose del fetichismo gatuno de Shuutai como relieve enternecedor que balancee el componente sexy. No obstante, resulta divertido observar cómo la dama de hierro Shuuyu se derrite cuando trata de manifestar sus sentimientos y Sonsaku disfruta de abochornar con insinuaciones que finalmente se concretan porque la gobernadora conoce bien ese tipo de chicas que se rinden con declaraciones románticas. La futura reina de Wu es ambiciosa y sagaz: en comparación con su cuadriculada y recta estratega, puede parecernos más ligera de cascos, pero sabe aplicar las reglas del juego político atribuyéndose el papel dominante y activo que según su rango le corresponde. Además, no olvidemos que Sonsaku también ha ideado un plan de conquistas para concentrar el gobierno de toda China bajo su mando: bienvenidos a Koihime Musou, señores, donde la magna brillantez en tiempos de guerra convive con la laxa estupidez en épocas de paz. Prefiero verlas pelear: en lodo.

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