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Shin Koihime Musou ~Otome Tairan~ 5: El teatro de la Historia

La diplomacia lolitesca de la familia Son

La experiencia nos enseña que cuando se trata de escribir la Historia, los vencedores se arrogan la prioridad de contarla según su antojo. Cualquier tiranuela perezosa puede aprovechar su poder para convertirse en idol, digo, heroína nacional. Este problema de enorme vigencia merece abordarse con una ingente dosis de lolis, minifaldas y boobies, sobre todo cuando se discute de tamaño, forma, color, brillo, sensibilidad, firmeza, sabor, olor, textura y “habilidad para sujetar objetos“.

Dice Enshou al interpretar a Sousou en la ridícula obra teatral de Enjutsu: “Ahora que llegó la completamente desconocida, pecho-plano, hija adoptiva de un inmundo eunuco, Sousou, etc…” Presenciamos entonces un fenómeno poco habitual de metatextualidad, donde una parodia se enmarca, cual matrioska o caja china, al interior de otro relato, también paródico. Quizá porque hablamos de una serie boba y fanservicera como Koihime Musou, dudaría en considerarlo intencional, pero tratándose justamente de un producto genérico y estereotípico (chicas guapas luchando y prodigando idioteces), estas estructuras transparentan, en tono burlesco, maneras de concebir el mito, la Historia, el heroísmo, etc. vinculadas a una estética de consumo massmediático (moe). Vayamos en orden hasta arribar al despelote del cual Kan’u es protagonista.

1. Según los estudios especializados, entre 184-220 se produjeron una serie de conflictos entre señores feudales y jefes militares chinos que devinieron en la fundación de tres reinos (Wei, Shu, Wu). Esta realidad solo podemos conocerla por estudios, vestigios y crónicas.
2. El Romance de los Tres Reinos es un relato ficcional, por ende, idealizado y manipulado por motivos literarios e ideológicos, sobre las gestas memorables de personajes de aquella etapa, pero no necesariamente ajustado a la “verdad histórica”: es leyenda, los personajes encarnan formas distintas de virtud.
3. Koihime Musou se propone como parodia genderbending del Romance (explicado en reseñas anteriores), asumiendo las consecuencias humorísticas de la feminización y sexualización de una epopeya masculina, y un múltiple carácter heterogéneo (un anime, es decir, un producto de cultura popular, producido en un idioma y país extranjero).
4. Al interior del capítulo quinto, se introduce una obra musical donde actuará Enjutsu para su lucimiento personal (una forma de bañarse en multitudes).

Esta representación adapta sucesos de la segunda temporada de manera bastante loosely: Choukun se cuida de advertir que “ningún personaje está basado en personas reales”, no obstante, sabemos que miente porque la puesta en escena sirve como propaganda e intenta reescribir tendenciosamente la “Historia” (o esa parodia de Historia donde se sofoca la rebelión de los Turbantes Amarillos mediante un espectáculo de idols) para erigir a Enjutsu como única heroína. Tenemos entonces una mirada carnavalesca y frívola, pero nada inocente sobre la Historia que revela cierto grado de jocosa desconfianza: para nuestra sociedad posmoderna, la verdad histórica es tan frágil, manipulable y relativa como cualquier relato de ficción. En consecuencia, naufragan también los valores espirituales y guerreros que resaltaban las novelizaciones del tipo Romance de los Tres Reinos. Los héroes son apeados del pedestal, se pierde el respeto mítico y solo quedan para Koihime Musou, el camino de la heroización cómica  (las chicas pelean bien, pero también muestran los pantsu) y la nada desdeñable exhibición sensual. Para un universo ficcional donde la política, la diplomacia, la guerra, en general, el mundo “serio” es elaborado en forma de comedieta (lolis que definen batallas, cabecillas idols, generales yuri-rape), no sorprende, sino resulta lógico, que cuando se intente falsear la Historia, la mentira sea grotesca hasta partirnos de risa.

Esta hiperparodización genera situaciones paradójicas, la principal, que Kan’u luche contra un personaje que representa a la “hermosa cazadora de bandidos de cabello negro”, es decir, ella misma, sobre un escenario donde su encarnación ficticia la derrota, como si Kan’u fuese vencida por partida doble, primero, consintiendo que su imagen legendaria sea utilizada de modo burlesco (aún cuando Enjutsu y muchos otros personajes ignoran la verdadera identidad de la cazadora), y segundo, aceptando perder ante su propia figura estereotipada. Desde luego, el asunto se torna más complejo cuando Kan’u (que interpreta a Chouryou, la hermana Chou capaz de realizar magia) vence a Shuutai (que actúa como la cazadora, entiéndase, Kan’u) usando un encantamiento, un evento que jamás ocurrió en la realidad histórica ni según el Romance ni siquiera en la pseudohistoria paródica de combates de idols: es mera invención de Choukun para adornar el argumento de espectacularidad, atraer al público con alusiones a personalidades prestigiosas y concretar su alabanza a Enjutsu, endiosándola a ojos del pueblo como la “única capaz de derrotar a las rebeldes” (rebajando y humillando a Sousou e introduciendo a la cazadora para afirmar la superioridad de su lolitesca gobernante). En resumen, Choukun miente, deforma la realidad para volverla más teatralizable y exitosa frente a sus espectadores, pero, ¿acaso Luo Guanzhong, el autor del Romance, no actuó de manera semejante cuando elevó el mito a nivel de Historia? Es cierto que entre 220 y 1350 transcurrieron once siglos, pero también muchas reescrituras y ninguna puede salvarse de recibir la calificación de “parcializada”. Ustedes se preguntarán a dónde pretendo llegar: que, probablemente sin proponérselo, Koihime Musou no solo se burla del contenido del Romance, sino además deja al descubierto sus mecanismos de reescritura con una sonrisa socarrona que declara imposible cualquier intento objetivo de narrar la Historia, una actitud acorde con el consumidor posmoderno que reniega de las ideologías solemnes y considera la política un carnaval, una fiesta de fantoches, un fingimiento. Más digerible y divertido es desacralizarla y transformarla en una comedia que juega a parecer inofensiva vaciándose de todo significado profundo. Sin embargo, termina siendo curioso que mientras más tontos y payasescos sean sus personajes y situaciones, se evidencia más el desencanto del público contemporáneo por la Historia con mayúscula y los antiguos métodos para contarla.

Volvamos a Enshou, quien interpreta a Sousou con la intención de insultarla y denigrarla. La inteligencia escasea en el bando de En, salvo por Choukun y, raras veces, Ganryou (IQ 36), pero al aceptar la invitación a participar en la obra, Enshou se sumerge en otra paradoja, pues asumiendo el papel de su enemiga más odiada y envidiada, al ridiculizarla, se convierte en objeto de burla y descrédito. No obstante, la única información “seria”, de repercusión argumental, en el episodio, es relatada por esta engreída terrateniente. Al parecer, la corte controlada por Toutaku le comisiona encargarse de ciertos bandidos que campean en las provincias del norte, pero Enshou prefiere dedicarse a asuntos menos toscos. Según informa, el cabecilla de los eunucos habría sido desembarcado del poder por Toutaku en movidas recientes al interior de palacio que ignoramos porque (véase la reseña del capítulo 4) la serie se empeña en ocultarnos qué sucede en la capital mientras alimenta nuestra curiosidad añadiendo información a cuentagotas. Mis sospechas se concentran en Kaku, la consejera de Toutaku, quien después de la muerte de Kayuu se obsesionaría con la eficiencia para sobrevivir de las intrigas cortesanas. Aunque el episodio reúne a varios personajes poco carismáticos por culpa de su altisonante egocentrismo como Enshou, Enjutsu y Sonshoukou, el duelo estratégico entre Choukun y Rikuson le aportó un inesperado golpe de astucia diplomática donde se impuso la segunda frustrando el fraude de una embaucadora profesional, a quien vale reconocer la habilidad para montar un espectáculo embustero además de cierta simpatía siniestra. Mi opinión de Rikuson mejoró luego de su vergonzosa primera aparición donde la retrataban como una onanística ratona de biblioteca que jugueteaba con sus exagerados oppai. En cambio, la malicia de Choukun luce invenciblemente deliciosa. Kan’u, la protagonista absoluta de la primera temporada se ensombrece ante el festín de idioteces del elenco, aunque sus escenas de acción le devuelven ese resplandor que extrañábamos.

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