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K-ON!! 5: One and one and one is three…

Got to be a joker, she just do what she please...

My sweet Yui/ Hm, my Yui/ Hm, my Yui/ I really want to see you/ Really want to be with you/ Really want to stalk you onee-chan/ But it takes so long, my Yui/ My sweet Yui/ Hm, my Yui/ Hm, my Yui/ I really want to cook for you/ Really want to go with you/ Really want to show you Yui/ That it’s really sis-con, my Yui (hallelujah)

Cuentan los rumores que mientras las seniors de Houkago Teatime realizaban su gira promocional por Kyoto y alrededores, Azu-nyan aprovechó el receso trabajando en planificar sus proyectos alternativos, como solista o integrado una superbanda con Jun-chan del Club de Jazz y la independiente Ui-chan. Sus primeras sesiones de jammin’ tenían un propósito de entretención, pero al percatarse del poderío musical que emanaba de semejante conjunción de talentos, Azu-nyan halló la oportunidad de crear una banda experimental para grabar, cada cierto tiempo, sus composiciones más vanguardistas y personales (en Houkago Teatime se trabaja en equipo y privilegiando el moe-rock). Todas anhelaban vivir pronto su viaje de promoción (como sus senpai de tercero) y decidieron bautizar al grupo «Traveling Kouhais». Azu-nyan también había comentado a Ui-chan su curiosidad por aprender meditación trascendental (incluso intentó practicar unos métodos de relajación, pero acabó tumbándose de costado sobre el sofá). No perdió el tiempo porque, de inmediato, la abnegación de Ui-chan por cuidar y mimar a Yui-senpai le inspiró una canción (que reproducimos al comienzo del artículo), aunque no lograron lanzarla como single antes que regresara el resto de HTT porque fueron denunciadas por infracción de copyright. A Nakano le cuesta rivalizar contra el ingenio lírico-melódico de Akiyama y Hirasawa, no porque sea mala compositora sino porque ahora inclusive la tranquila Mugi-oujosama se aunó a la competencia de proponer temas para el segundo álbum (Azu-nyan cantó «Watashi ha watashi no michi wo youku» en el primer compacto, ver enlace). También aprendimos que aunque Jun-chan esté obsesionada con los mangas de béisbol al extremo de intentar batear con una baguette de chocolate y aunque Ui-chan también sufra de una enfermiza monomanía por su onee-chan (sospecho que tiene celos de Gitah), cuando se trate de conseguir home-runs, la imouto hacendosa puede superar a la histórica Tomoe Tsukubae, y que Azu-nyan, cuando se suelta el cabello, vista de cerca, con lupa, quizá guarde cierto parecido con otra integrante del Keionbu. Me refiero a Ton-chan, evidentemente.

La pista ‘Mio is dead’ de la semana. Como las seniors del grupo están ausentes del relato principal, nos quedan las fotos que envía Yui-senpai y las imaginaciones del resto de personajes. Insisto en la sospechosa frecuencia con que Mio-tan emplea con preferencia su brazo o mano derecha. Es cierto, somos ambidiestros para acciones como levantar un puño o hacer el signo de “victoria”, pero existen automatismos y aunque haya una coartada, no satisface ante la cantidad de pruebas que vienen apareciendo. Cuando Azu-nyan presiente que las senpai se olvidarán de traerle un souvenir (su lágrima es conmovedora), las imagina de acuerdo a su comportamiento corriente (Ritsu-sama con sonrisa cachacienta, Yui-senpai distraída y aniñada, Mugi-oujosama sirviendo té), excepto Mio-tan, que aparece pidiendo disculpas pero riéndose con poca seriedad. Parecería que la percepción de Azu-nyan sobre su admirada bajista zurda ha cambiado, la antigua veneración se esfumó. En realidad, el subconsciente de la guitarrista menor se liberó y expuso su desconfianza, su desaprobación hacia la impostora, que actúa de manera sarcástica y despreocupada por los sentimientos de la kouhai, una conducta imposible en su idoltrada Mio-tan. Como prometimos, esta ocasión analizaremos la portada del ending «Listen!», que  muestra a las chicas luciendo los atuendos audaces e informales que usaron en el videoclip correspondiente. Sin embargo, esta imagen aparentemente inocente provoca inquietud al percatarnos que la sombra de Mio-tan no concuerda con su silueta y menos aún su cabellera lacia, revelándonos más datos sobre la desconocida look-alike. Al parecer, se trataba de una adolescente de pelo ondulado a quien Sawako-sensei ordenó plancharle el pelo. El video denunciaría -mediante la metáfora del “viaje al mundo subterráneo (lo oculto)”- el secreto guardado de la doble identidad. Pasando a temas menos serios, debemos resaltar el éxito de K-ON!! al copar los puestos 1-2 del ranking semanal de singles Oricon (antes había conquistado la cima del ranking semanal de álbums y del diario de singles), siendo el primer grupo femenino en lograr ese doblete después de 26 años (información ampliada en ANN).

En teoría, la protagonista de este episodio sería Azu-nyan, quien tendría la oportunidad de brillar a plenitud en ausencia de sus extravagantes senpai, o quizá confiábamos que Ui-chan la aventajaría con su ilimitada ingenuidad y pureza de corazón; sin embargo, Jun-chan se robó el show gracias a su disposición para jugarla de bufona con bastante desparpajo. Boke sin tsukkomi (aunque a veces Azu-nyan cumplía esa función respondiendo con “rectitud”), Jun-chan posee la virtud humorística de no saber dosificar sus energías pasando de la hiperactividad al aburrimiento absoluto con matices ridículos para transformar lo nimio en trascendental (no soportar la idea de leer el tomo séptimo de un manga sin haber antes leído el sexto). El gran hallazgo cómico de KyoAni esta temporada ha sido dotar de personalidad a un personaje casi terciario del manga y concederle un brillo risueño. Ahora suena apetecible mi propuesta de buscarles una cuarta integrante (de preferencia, baterista, quitándonos de encima a esas insípidas jazzistas principiantes) para formar su propia banda de herederas del Keionbu, donde Jun-chan sería el relevo ideal de Ritsu-sama, pendiente de la diversión, desordenada pero algo consciente.

Otro aspecto resaltante del episodio radica en su estructura que corre paralela al capítulo anterior, simultaneidad señalada por los mensajes con fotografías que reciben Azu-nyan y Ui-chan de parte de Yui-senpai, que anclan el argumento a un precedente conocido por el espectador colocando en perspectiva los hechos narrados con anterioridad, de manera que observamos el mismo chiste desde ángulos distintos y podemos reírnos porque, por ejemplo, “sabemos” qué significa aquello de “sharekoube” (calavera). También comprobamos la dependencia emocional y el ardoroso grado de complejo de hermana que padece Ui-chan: aunque pueda justificarse interpetándolo como proteccionismo maternal, ese concepto de imouto criando a su onee-chan sometido al riguroso escrutinio del yuri representa el sueño dorado (y eróticamente sublimado) de tantas lesbianas clase S, además de azucarar con candorosidad moe el fetiche del wincest. Después de RitsuxMio, el único shipping con calidad de canon es UixYui, aunque esta ocasión la hermana menor con harto waifu material se excedió en saborear con fruición multiorgásmica el sentarse en la carpeta de Yui-senpai para descubrir, de repente, que pasaría sábado y domingo sin verla, ni acurrucarla ni acicalarle la cabeza: pesadilla, el apocalipsis para Ui-chan, cuyo universo (cocinar, lavar, planchar) pierde sentido si falta su remolona hermana. Puede criticarse su voluntario desperdicio de talento, echado al tacho en simulacros de virtuosismo: Ui-chan parece capaz de aprender de inmediato cualquier truco o habilidad manual (desde música hasta béisbol), pero prefiere permanecer cual ama de casa, celebrando los triunfos de Yui-senpai. Tratándose de una quinceañera con zettai ryouiki (bien aplicado, vale apuntarlo), me sorprendió que bateara con semejante fuerza y comparto la desazón de Azu-nyan y Jun-chan: a nadie le gusta andar con doña Perfecta.

Jun-chan saca ventaja del soso rendimiento humorístico de Azu-nyan para acaparar las risas. Sus similitudes con Ritsu-sama empiezan a abundar: tiene un conflicto con su intratable cabello, se aburre de los juegos que propone y cuando se extralimita es Azu-nyan (Mio II) quien trata de corregirla. Ahora depende de ustedes considerar erotizante el plantazo mañanero en plena cara (la manera menos recomendable de despertar amorosamente a alguien) o el cabezazo después de rodar sobre la alfombra (¿quiso robarle un beso y falló el cálculo?). Además, sufre de mala suerte en aquellos detalles minúsculos capaces de agriarnos desde temprano como batallar contra un tubo de dentífrico. Aquí volvemos al terreno donde K-ON! es invencible (ni Hidamari Sketch ni Minami-ke lo igualan): ser graciosa como la vida o hacernos creer que nuestra vida es graciosa. La dinámica entre Azu-nyan y Jun-chan requeriría de mayor confianza física, aunque los golpes sean ajenos a la guitarrista de coletas, quien necesitaba una mejor apoyatura cómica en este capítulo para evitar el marasmo ante un probable exceso en la profusión de ternura. Juntas Ui-chan y Azu-nyan son adorables, pero la primera solo consigue arrancarnos una risa cuando es desmesuradamente eficiente e incluso entonces preserva una inocencia modélica; mientras la segunda casi nunca destaca por sus gestos humorísticos, sino por aportar el componente enternecedor y kawaii con su mezcla de pequeñez y seriedad. Dejar a la minina Azu-nyan suelta en plaza hubiese devenido en festival moestático con masivos ataques de nnnggg!!, pero hubiese acabado hastiándonos o saturándonos antes del corte comercial por la monotonía de trazos adorables, en especial después del capítulo cuarto, sinérgico, divertido y anclado en la carcajada cotidiana.

No pretendo culpar a Azu-nyan por cumplir su función en la serie (el imán moe por excelencia), pero ningún slice-of-life sobrevive apelando solamente al enternecimiento del espectador: la comedia es primordial para conferirle una ilación a una estructura narrativa que suele basarse en la acumulación de viñetas. Aparte de cualquier gestualidad moe (columna vertebral de la estética en K-ON!), el humor de Ritsu-sama o Yui-senpai es indispensable (sumémosle ahora las ocurrencias de Jun-chan). Otro tema interesante sería la cantidad de paradojas sutilmente deslizadas en este episodio. Desde la insospechada fortaleza de brazos de Ui-chan, pasando por el deseo frustrado de Azu-nyan por visitar el zoológico mientras sus senpai se divierten en el Monkey Park de Kyoto, hasta el olvido garrafal de alimentar a Ton-chan. Este último tema hubiese merecido mejor desarrollo: al comienzo, Azu-nyan se quejaba, con cierta envidia, porque Yui-senpai le enviara un sms pidiéndole que cuidara de la tortuga mientras Jun-chan recibía instrucciones más serias de sus superioras del club de jazz. Sin embargo, la chiquilla descuida su responsabilidad y aunque consigue a tiempo no hacerle padecer hambre a la mascota oficial del Keionbu, quienes recordamos la advertencia al inicio del capítulo nos desencantamos un poco de la actitud disconforme de Azu-nyan y su falta de autocrítica (al menos reconocer que también Yui-senpai o Ritsu-sama pueden ser seniors prudentes y sensatas) valorando mejor a quienes la rodean. Sin embargo, en K-ON! esta anagnórisis de grupo, este reencuentro moral como banda, siempre ocurre sin necesidad de reclamarlo. La escena final con los llaveros formando la palabra けいおんぶ. Aunque las bromas eclipsen el correlato sentimental, el tópico del dije partido se traslada aquí a hiraganas, resaltando que cada integrante (cada sílaba) es indispensable para completar la identidad del grupo.

2 comentarios

  1. Pablo Yungblut

    Excelente análisis, como siempre, deberían venir como “extras” en los dvd.
    Por cierto las “insípidas jazzistas principiantes” dan pavor… parecen muñecas.
    Ya que se tocó el tema de los singles aprovecho para recomendar el B-side de GoGo Maniac!: “Genius…!?”
    Que viva el rock. Es decir, el moe-rock.

    7 mayo 2010 en 00:51

    • Realmente son las NPC de K-on! De hecho las extras del salón 3-2 tienen una mejor apariencia!!

      Aplaudiendo tus comentarios, si no te comento, te leo 🙂

      7 mayo 2010 en 05:49

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