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Sasameki Koto 6: Nadie sabe para quién trabaja

Lo siento, Sumi-chan: es dojikko

¿Senpai, kawaii, meganekko y encima dojikko? El retorno de la bibliotecaria de trenzas empeora el panorama para Murasame, librándola a la desesperación más frustrante. Sin embargo, la arrolladora superabundancia de atributos moe que ostenta su rival no bastará para derrotarla.

La dojikko es mi arquetipo femenino preferido (en el anime, por supuesto) y comprendo que Kazama se conmueva y electrifique cuando una chica linda comete una torpeza, se confunde, se golpea por andar distraida o demuestra su incompetencia para ciertas actividades psicomotrices, quizá porque también soy inepto para ejercicios simples como manejar un auto, tocar un instrumento o jugar Nintendo Wii, y solía darme de cabezazos contra las carpetas cuando cursaba la secundaria (es vergonzoso tratándose de un hombre). No confundamos dojikko con baka ni menos con ignorante o pueril: el término hace referencia a las habilidades, no al intelecto y justamente la senpai bibliotecaria es una meganekko, estereotipo vinculado a diversas connotaciones, entre ellas, un alto cociente intelectual, una personalidad retraida o una adicción a los libros. Extraña combinación, pero esta mezcla de capacidad cerebral, aspecto ingenuo y torpeza manual la tornan irresistible incluso para una lesbiana militante como Kazama. No obstante, la huella fresca de aquellos recuerdos dolorosos del primer capítulo desestabilizan a Ushio: si persiguiera sus deseos, aceptaría la voluntad reconciliadora de su senpai, pero comienza a temer que su opción sexual sea fuente de desavenencias con las personas que le atraen. Opta por replegarse, sin embargo, no presenciamos los efectos de este retraimiento sobre sí misma sino a través de Murasame, en quien repercute el estado anímico de su mejor amiga. Es probable que Ushio dependa de Sumika como pilar emocional o como defensa ante la desdicha, pero la dependencia psíquica de Sumi-chan por Kazama ha alcanzado un grado de inquietante peligrosidad, cuando menos respecto a su salud emotiva, pues cualquier acontecimiento que afecta a Ushio termina repercutiendo en los sentimientos de Murasame, que trata de hallar un resquicio de esperanza incluso siendo consciente de las verdaderas preferencias de Kazama. Podríamos temer que Ushio se vuelva dañina para Sumika: es imposible reprimir por siempre la angustia. Las falsas ilusiones y supuestos tampoco pueden sustituir a la Realidad por mucho tiempo. Cuando Ushio le propone a Sumi-chan regresar juntas del colegio, Murasame quiere creer que quizá Kazama prefirió marcharse con ella y descartar a la senpai, pero recapacita al instante esfumando sus fantasías: Ushio está huyendo por temor a afrontar sus heridas recientes. Su presencia la casa Murasame en búsqueda de apoyo sentimental es recibida con entusiasmo por Sumika, pero mientras más cercanas se encuentran, más insalvable la barrera tendida inconscientemente por Kazama, quien dice amarla, pero al instante subraya -con la contundencia de los ingenuos- su condición de “mejor amiga”. Pocas personas toleran este vaivén anímico de picos y caídas y Sumi-chan estuvo sometida durante este episodio a una andanada de remezones intensivos, abrumadores estímulos positivos (como dormir a apenas unos centímetros de Kazama o verla semidesnuda en el baño) seguida de frustrantes desmoronamientos que la reinsertaban en su realidad y, para coronar su propia faena de equivocaciones y desdichas, sus palabras de consuelo sirvieron para darle coraje a Ushio, quien la mañana siguiente y delante de Sumika, se amista con la apetecible senpai declarándole sus sentimientos. Opera, entonces, por contagio, el golpe al espectador: como hemos observado los acontecimientos a través de la mirada de Murasame, y apenas por breves instantes aparece la subjetividad de Kazama, estamos más identificados con Sumika. Incluso en un sentido gráfico, se cierra con la perspectiva de Sumi-chan mientras que la escena de Ushio pasa al segundo plano. Como se gesta una solidaridad entre el público y los “ojos” de Sumika, el desengaño que sufre al constatar la fragilidad de sus esperanzas genera también una sensación de amargura e impotencia, pues queda pendiente la respuesta de la senpai y la escena ocurre durante el desenlace.

Golpe directo al corazón

No podía faltar un pic especial para lucimiento de Kazama

Por fortuna, incluso cuando la situación parece tender hacia lo trágico, emerge el lado positivo y realista de Sasameki Koto: matizar los extremos a través del contrario, de manera que un acontecimiento chocante o deprimente es aligerado mediante el humor, tanto que podría perderse la perspectiva de cuánto sufre Sumika en su impotencia por alcanzar a Kazama. Esta relativización del dolor no aleja a Sasameki Koto del melodrama, sino lo torna más verosímil: la vida nunca es blanca o negra, sino una sucesión de tonalidades de gris donde se mezcla la alegría, el descontento, la satisfacción o el vacío, e incluso cuando las ilusiones de Murasame se derrumban, la escena es enmarcada en una dinámica humorística. Dos espacios separados se hacen contraescena uno al otro, ambos con cierto grado de comicidad: por un lado, Ushio realizando sus primeros avances ante una sorprendida senpai que no atina a responderle (y, conociendo a Kazama, su entusiasmo lésbico siempre tiene una veta risible); por otro lado, Sumika en estilo deformed, boquiabierta, sin poder ni querer creerlo, mientras el resto de personajes atraviesan la escena añadiendo más golpes al herido corazón de Murasame. Además, el episodio partía de una premisa de humor cruel, pero efectivo: someter a Sumika a una prueba de fuego al compartir recámara por una noche con su adorada Ushio. Causa gracia observar cómo la excitación reprimida la lleva a comportarse como un protagonista de anime harem que sangra a borbotones, pero cuando se quita las gafas, Sumika luce notablemente seductora y sorprende que Kazama no haya vislumbrado esa gema escondida. La crueldad del chiste radica, sin deslegitimar que sea válido (y bastante divertido) en la falsa cercanía entre el deseante y el objeto de deseo: Sumi-chan y Ushio se encuentran en dos situaciones estratégicas de connotación erótica (el baño y dormir juntas) que provocan necesariamente el fervor de Murasame; sin embargo, estas circunstancias que supondríamos candentes solo emocionan a Sumika, porque Kazama las interpreta descargadas de todo vínculo sexual. Mejor dicho, a pesar de las implicaciones simbólicas de su aproximación corporal, todavía existe una barrera conceptual entre ambas: los códigos estéticos de Ushio que descartan con severidad a Sumika de su lista de posibles intereses amorosos.

Como nota aparte en el entramado humorístico que aporta a la creación de un entorno más cotidiano, habría que resaltar la composición de la familia Murasame: nunca se menciona esta casualidad, pero tanto Sumika como Ushio carecen de referentes maternos (en ambos casos, existe una imagen paterna, asumida por el hermano mayor de Kazama), sin embargo, puede enumerarse una serie de contrastes: la casa de Ushio está atestada de libros, apenas hay espacio para moverse porque la escritura invade todos los rincones, mientras que los Murasame viven junto al dojo que regentan, una casa más amplia, menos atestada y colorida, pero poblada por más integrantes, entre ellos, los hermanos de Sumika (unos trillizos idénticos a Ryu de Street Fighter), su mucama, los discípulos, es decir, un ambiente deportivo, rudo, ruidoso, de exaltación física, a diferencia del hogar de Ushio, quien suele quedarse sola cuando su hermano viaja por trabajo y cuya única compañía serían columnas enteras de libros. Esta presencia del mundo exterior al colegio y del entorno íntimo de los personajes tornaba a Marimite más solvente y verosímil que Strawberry Panic!, pero Sasameki Koto las supera con creces en este aspecto. Hasta ahora hemos conocido la angustia desde el lado de Sumika, una inquietud transmitida al espectador porque no accedemos al plenitud a la conciencia de Kazama. Quizá un giro del punto de vista privilegiado enriquezca nuestra percepción del drama. Tenemos el antecedente de Girl Friends (puede descargarse en Makimaki), donde se inició tomando como perspectiva básica la mirada de Mari y desde el primer beso, Akko viene ocupando el papel de narradora.

Tomoe y Miyako siguen aportando la nota sarcástica

P.D. He inaugurado la sección de Análisis y he comenzado a diseñar la página de Taisho Yakyuu Musume. Pueden acceder mediante los links correspondientes en la barra principal.

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