
Es seguro que son celos...
Link para la descarga directa: Capítulo 30
Nada mejor que celos lésbicos para encender de nuevo la intriga de este simpático romance entre amigas, que después de un episodio narrado desde la perspectiva preferencial de Mari, ahora redistribuye su focalización de acuerdo a quien experimenta las sensaciones extremas. Al comienzo, la responsabilidad narrativa recae, de nuevo, sobre la conciencia enternecida de Mari que continúa derritiéndose cual marshmellow por la dulce Navidad que compartió con Akko y sigue reflexionando, ahora más sosegada, acerca de su nueva condición de pareja. No obstante, su inocencia puede jugarle malas pasadas y durante su reencuentro con Mayu-chan, casi desliza información demasiado confidencial y los nervios pudieron traicionarla olvidando que ahora se encuentra, aunque furtivamente, en una posición marginal respecto de la sociedad y aunque no proclame su opción sexual, tampoco ignora que tarde o temprano deberá cruzar la línea y develar el secreto. Aunque Girl Friends es divertidísima gracias a su ligereza y la facilidad con que propenden sus personajes al humor, se plantea o sugiere una situación grave: en Mari no quepan dudas acerca de sentirse enamorada y se permite jugar temerariamente a sincerarse a medias con Mayu-chan aunque oculte su verdadera sexualidad. Aunque después de consumir tanto yuri expreso o sugerido en mangas y animé, lleguemos a creer por equivocación que Japón es un país open-minded, donde el lesbianismo es un asunto cotidiano y matutino que no genera escándalos, la verdad es desoladoramente opuesta y quizá esta tradicional represión vigente en la sociedad nipona hacia todo tipo de sexualidad alternativa contribuya al atractivo del yuri. Muchos impugnarán esta afirmación mencionando las clásicas amistades románticas que muchas mujeres japonesas comparten durante su adolescencia, en particular, sus años escolares, un sentimiento de mutua admiración y dependencia emotiva caracterizada por la sublimación del deseo, la idealización y cierta dosis de platonismo for dummies. Esta clase de relaciones privilegian la pureza y suelen, por convención, acabar cuando las implicadas llegan a la adultez, en edad casadera. El caso de Akko y Mari es distinto: pasaron de mejores amigas a “girlfriends” en el sentido estricto. Además, ambas habitan en una sociedad diferente, de consumo, en contacto con una multiplicidad de estímulos visuales e informativos que han ayudado a liberar el campo de la sexualidad femenina (recordemos que Akko casi tuvo una experiencia heterosexual en el pasado) y juzgando sus propias palabras, el compromiso pretende trascender el campo limitado de la emotividad (entiéndase, la preocupación de Akko por “aquel momento” y esas “ciertas cosas”). La intervención de Mayu-chan torna pertinente la frase cervantina que escogí como título para esta reseña: después de Navidad, la relación de nuestras protagonistas pintaba demasiado lovey-dovey y obviaba sus posibles fragilidades. Akko no siente celos, pues esto implicaría un sentimiento desbordado de posesividad y miedo al desplazamiento. En realidad, existe un temor respecto de aquello que confiere excepcionalidad a su relación. La única diferencia entre ella y Mayu-chan son los besos, pero este tipo de contacto pierde sentido cuando Sugi-san y Tamamin demuestran que cualquiera puede besarse siendo solo amigas. La respuesta a la inquietud de Akko no reside en apartar a Mari de Mayu-chan (que sería la reacción de una celosa), sino en decidirse a franquear con su novia la última frontera, “ciertas cosas” que algunos llaman la “prueba de amor”.
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