Archivos para ‘YuruYuri’

24 septiembre 2011

Yuru Yuri 12: Bésame mucho

por seriousman

Como si fuera este episodio la última vez...

Entre afrodisíacas ingestas de chocolate, pijamas de animales y vegetales, incómodos cosplay, fogosos desafíos auspiciados por la cajita mágica, erupciones sanguíneas en homenaje velado al gore y desfachatados estupros bucales, Yuru Yuri hizo gala de su artillería pesada para cerrar su explosivo episodio final, puliendo su demencial estilo, superando sus propios estándares de festín lésbico combinado con ingenuas calenturas de colegialas, demasiado desquiciadas para tener catorce años. Aunque deben su celebridad al trasfondo homoerótico —explotado con curiosa mezcla de desfachatez y mesura—, el auténtico mérito narrativo de Kyouko y sus amigas radica en revitalizar la travesura como unidad básica del relato. Otros slice-of-life se estructuran alrededor del enternecimiento gestual, del transcurrir cotidiano, de la acumulación de comentarios, e incluso de la extrañeza (por ejemplo, Nichijou): la fórmula de Akkarin~ y compañía consiste en recopilar, dentro de esa rutina escolar o amical, aquellos instantes de ruptura, de desacato, de libertad.

14 agosto 2011

Yuru Yuri 5: Teoría del yuri

por seriousman

Bochornos de verano

En respuesta a quienes criticaban este blog por aplicarle fatigosas lecturas teóricas a frívolos slice-of-life carentes de plot y protagonizados por genéricos moeblobs, la hermanita de Himawari sorprende con una reflexión aguda y enternecedora acerca de cómo el mandato social desvirtúa y aliena la conducta y las aspiraciones de los adolescentes, obligándolos a incorporarse a un modelo productivo que idolatra la excelencia sobre los valores humanos. Esta sabia intervención de la mocosa demuestra la densidad ideológica contenida en esta serie. El discurso de Yuru Yuri respecto del deseo es transgresor y disecciona las estructuras de poder que difunde la sociedad como ideas preconcebidas para perpetuar mecanismos de normalización. Esta serie merece una lectura concienzuda, que describa cómo los planteamientos radicales de Sakurako y las iniciativas de ruptura de Chinatsu-chan cuestionan el pensamiento hegemónico, y le otorgue a Yuru Yuri el lugar que merece entre las series más reflexivas de 2011.

8 agosto 2011

Yuru Yuri 4: Cuando calienta el sol

por seriousman

Siento tu cuerpo vibrar cerca de mí...

El esquema de conducta actancial que suelo denominar “tsunderismo” consiste en el maltrato, desdén o agresión sistemáticos contra el objeto de deseo, teniendo como propósito: a). reprimir o negar el sentimiento amoroso por considerarlo humillante, indigno, debilitador o esclavizante; o b). intentar atraer, mediante un recurso neurótico, la atención de aquella persona importante y enamorarla a base de agravios y orgullo. Ayano, la altiva y obsesa vicepresidenta del Consejo, emplea el segundo tipo de estrategia tsunderesca. Empleo el sufijo “-ismo”, porque, para los personajes de anime afectados por esta tendencia en su comportamiento, la paradoja del amar odiando supera lo accidental: es implícito al sujeto, es un estilo de vida, casi una ideología. Ayano ama, finge odiar lo amado y luego existe: su rutina, sus planes, sus esfuerzos, están todos encauzados a perseguir su obsesión. Por acercarse a Kyouko, es capaz de inventar técnicas de estudio ciertamente escatológicas, repasar mientras maneja bicicleta o comer con dos lápices.

4 agosto 2011

Yuru Yuri 3: Mi casa, tu casa

por seriousman

Durmiendo con el enemigo

Si somos sobrios, maduros y metódicos, como Yui Funami, eecibir una visita sorpresa de nuestros mejores amigos -quienes suelen creerse con prerrogativas para invadir con impunidad nuestro espacio- puede causar alarmas y enojo, en particular, cuando tratamos con gente confianzuda que interviene sin permiso, con desfachatez de intruso, sobre la intimidad intangible, y el orden milimétrico que pretendíamos infundirle a nuestra casa y que llegan a hurgar en nuestros rincones secretos. Peor aún cuando esa compinche intratable es hiperactiva, dispersa, descarada y… bueno, pervertida como Kyouko. Podemos solidarizarnos con Yui (aunque la mañosería lésbica sea un aspecto privativo del anime), porque todos hemos transado una amistad incomprensible (o racionalmente insostenible) con alguien igual de impertinente, pues, a pesar de sus locuras, tomaduras de pelo y descocada frescura que sufrimos como víctimas, apreciamos su fidelidad y honestidad y quizá (como la paciente Yui), hemos aprendido a domesticarla cual mascota.

24 julio 2011

Yuru Yuri 2: Triste alegoría del mundo corporativo en una secundaria all-girls

por seriousman

Sorry, así es la competencia...

Para muchas comedias anime, los colegios de mujeres son microcosmos cerrados de femineidad absoluta, sin interferencias del mundo exterior, sin invasiones del género opuesto, con una temporalidad y legalidad propias, con instituciones y jerarquías (que bien se respetan o desprecian). En este espacio farsesco de Yuru Yuri se configuran tres maneras de vehiculizar la afectividad o las relaciones interpersonales, en otras palabras, de amar, detestar, acosar, manosear, incomodar o fantasear (incluye nosebleed desenfrenado): 1. la simple amistad que -curiosamente- constituye la base, los cimientos del resto de eventos, pero raras veces aparece sola (por ejemplo: Chinatsu-Akari); 2. la libido lésbica desbocada por completo (cuyas mayores exponentes serían Kyouko y Chitose) y 3. la competencia entre personajes que juegan a aborrecerse para evadir la mutua atracción. Este tipo de amistad o romance tsunderesco se expresa en grescas rimbombantes de petulancia y ostentosidad que degeneran en vulgares agresiones o sarcasmos hirientes cuando la competencia sustituye al eros.

17 julio 2011

YuruYuri 1: Girls just wanna have fun

por seriousman

Odio quiero más que indiferencia

Cuatro amigas se reúnen a diario en el salón del club (según su título oficial: ” de Entretenimiento”) para charlar, bromear, holgazanear y no dedicarse a oficio más provechoso que beber té o debatir estrategias para que la protagonista sea menos imperceptible en su propia serie. La fórmula suena familiar en sus premisas iniciales (desde Azumanga Daioh! hasta K-ON!, pasando por Hidamari Sketch, si deseamos rastrear una genealogía del slice-of-life de “chicas lindas haciendo cosas divertidas”), sin embargo, pocos minutos bastan para identificar el factor que YuruYuri baraja para diferenciarse de sus predecesoras: el empleo, sin ambages ni disimulos, del subtexto homoerótico femenino como fuente de comicidad. Cuando se aplica al registro humorístico, la fórmula lésbica está despojada del carácter angustioso o sublimado del yuri dramático y tras despojársele de su conflictividad y seriedad, se vuelve un motivo carnavalesco, una actitud pícara que coquetea entre los borrosos linderos de la “joda” y la perversidad real.

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