
Mi momento preferido. Nótese la diferencia de tamaño entre Koume y Yannagi. Ni imaginarse qué hubiese ocurrido si llegaban a impactar
No recuerdo un desenlace de serie deportiva que colmara en pleno mis exigencias, probablemente porque el espectador está condicionado a una expectativa genérica cuando consume esta clase de ficciones: estamos seguros y podríamos aportar nuestra fortuna a que ganará el protagonista, sin importar cuán débil parezca. Todos dábamos por descontado que Saki Miyanaga vencería a Koromo, pero deseábamos averiguar cuánto demoraría y cuántos rinshan kaihou necesitaría para remontar el marcador. Taisho Yakyuu Musume me demostró que existen otras alternativas o, mejor dicho, que vulnerar los axiomas era también una opción. El escenario es similar: el Ouka-kai, en busca de la hazaña colectiva, bregará contra un marcador adverso: gracias a una secuencia de acción casi coreográfica sobre el fondo musical de “Romantic Strike”, presenciamos jugadas de gran precisión y entendimiento de equipo. Sin embargo, no consiguen la remontada a pesar de esos tres instantes de sublimidad épica, destacables por su sencillez de recursos: Yuki volando hasta arriesgar su integridad para atrapar una bola complicada, el soñado home-run de Tomoe, y el magnífico catch de Koume adelantándose a la colosal barrida de Yannagi -¡el tipo rudo de Asaka!- y evadiéndola con una especie de volantín. El partido final requería ser apoteósico, pero en el sentido moral del término: una reivindicación del orgullo de las chicas como competidoras, no ambicionaban necesariamente un resultado numérico, sino provocar un terremoto en la mentalidad patriarcal de los muchachos. Todo equipo anhela la victoria, pero el Ouka-kai tenía claro su verdadero objetivo: romper esquemas y ganarse el respeto de quienes las despreciaron. En consecuencia, narrativamente era necesaria una derrota para dejar en claro el verdadero carácter de la “victoria” de Akiko, Koume y compañía, pues un triunfo habría frivolizado el asunto limitándolo al ámbito del béisbol.
Al inicio de nuestro recorrido, habíamos enumerado las fórmulas y tópicos básicos que habían aplicado los relatos de género deportivo en animé, y hallamos que, en comparación a un conjunto amplísimo de series, la historia del Ouka-kai era una refrescante excepción, pero también un producto inquietantemente heterogéneo que, debajo de esa pátina de simplicidad, merecía mayor atención. A manera de recopilación, después de conocer la evolución del equipo, revisemos esas características genéricas que Taisho Yakyuu Musume transgrede quebrantando con naturalidad varias “normas” implícitas. Vale subrayar que este terreno narrativo solía dirigirse casi con entera exclusividad al público masculino, en particular pre-adolescente, y sus protagonistas, es decir, los héroes en quienes recaía la identificación del espectador eran hombres. El panorama viene adaptándose o ampliándose a nuevos criterios de consumo: por ejemplo, una serie como Tenisu no Oujisama cuenta con una vasta (y odiosa) legión de fangirls. Por otra parte, títulos como Bamboo Blade, -Saki- o Taisho Yakyuu Musume delatan un ingreso paulatino de la estética moe, una vertiente distinta del consumo masculino, al campo deportivo/competitivo.

A diferencia del primer partido, ahora las chicas sí cuentan con un distintivo (el uniforme rosado). Fíjense en el escaso público alrededor.
1. Sobrestimación o “Ley del serious business”. No importa si juegan vóley, básquet, ajedrez o chapas. No importa el nivel, amateur o profesional. Existe todo un aparato publicitario y periodístico pendiente (publicaciones, cobertura televisiva), las estrellas son celebridades, es negocio serio y nadie se atrevería a tomar tamaño despliegue en broma. La ambientación de Taisho Yakyuu Musume le impide sucumbir en esta exageración propia de épocas más actuales: en la era Taisho no existían mass medias tan desarrollados y omnipresentes. Sin embargo, no deja de parecerme curioso la paradoja que plantea. Un partido entre chicas y chicos es un evento revolucionario, pero solo lo presencia un público bastante reducido que no supera la treintena de personas (el club de coro, los niños de primaria, la familia de Koume, Saburou, la directora, el anciano y paramos de contar)… ¡y hablamos del deporte más popular en Japón! La serie apostó por una tendencia más realista: ni siquiera los partidos de la Secundaria Asaka, el equipo juvenil más poderoso de Tokyo, llenaban unas pocas bancas de madera (puede verse cuando Noriko los “espía”), ¿por qué un encuentro marginal debería llamar la atención? Al desprenderse de la megalomanía, Taisho Yakyuu Musume pudo relatar una gesta verosímil.
























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