Sasameki Koto


Oh Jesus, qué hicieron con la animación

Antes que alguien me malinterprete, debo recalcar que Sasameki Koto sigue pareciéndome la mejor serie dramática de esta temporada y el mejor yuri de 2009 varias cabezas encima de Aoi Hana y Marimite IV; sin embargo, cuando existan deméritos, estaré obligado a lamentarlos y reprobarlos. La animación del capítulo 11 presentó un nivel deplorable, 100% KWALITY, constantes deformaciones de rostro y cuerpo, caras amorfas en las tomas lejanas, abuso de encuadres sobre objetos estáticos para ahorrarse algunos yenes. Solo bastaba recurrir al estilo chibi tipo Koihime Musou y todavía continúo preguntándome por qué echaron a perder la escena del salto ornamental de Tomoe. Me imagino que costaba demasiado esfuerzo animar su entrada al agua y prefirieron enfocar a la gente sorprendida que observó su proeza, y para colmo, estos veraneantes también hubiesen merecido aparecer en algún episodio de Crayon Shin Chan. La escena del manga luce incluso más dinámica. No encuentro respuestas para esta involución estilística en la calidad del dibujo. ¿Estaban apurados? ¿O dejaron a los aprendices tomar el control? Si pretendían afear a Kazama (¿para alejarnos del pecaminoso camino del yuri?), bravo, consiguieron lo imposible: volvieron insípida a la lesbiana más atractiva del animé, aunque afortunadamente fuese solo un efecto momentáneo. AIC debería agradecer que pueda redimirse en caso lancen los DVDs. No obstante, reconoceré que derivaron sus esfuerzos a cerrar con decencia el arco de Azusa y enmedaron parte de su error ofreciendo una secuencia impecable cuando Aoi-chan descubre que Sumika está enamorada de Kazama y abre los ojos a la realidad. El contraste entre la alegría de Murasame y cómo el rostro de Azusa se desencaja por la sorpresa es contundente: su sueño poético se derrumbaba a medida que repasaba las líneas de aquel párrafo de Masaka-senpai, tan líricas pero tan falaces. Para realzar la escena, se acompasó este descubrimiento con el opening en versión completa aprovechando su tono nostálgico, entre descorazonado y esperanzador. En resumen, se dotó de vida una secuencia mejorando incluso su concepción original. En el manga, no existen reminiscencias del texto del hermano de Kazama, ni una gradual asimilación, el tránsito del pasmo a la resignación, solo vemos a Aoi-chan intentando sobreponerse al retumbar de su propio corazón. En general, AIC ha manejado con maestría el tránsito de la viñeta a la imagen en movimiento, pero esta ocasión se descuidaron demasiado con los trazos y Sasameki Koto resultó irreconocible. Retomando los aciertos del capítulo, aunque debería aplicarse a la serie completa, es destacable la construcción de personaje de Kiyori, en distintos aspectos, desde su concepción gráfica, sus gags y la impecable interpretación de Emiri Kato (Mayoi Hachikuji en Bakemonogatari y Kagami Hiiragi en Lucky*Star): quizá fuese porque centré mi atención en la pareja protagónica o porque su posición marginal respecto del Club de Chicas la relegaron a un tercer plano, pero olvidé elogiar su manera de irrumpir en instantes precisos con un aire de inocencia y frescura. Su risa sarcástica es marca registrada, también su ligereza de espíritu y su voracidad que parecerían mantenerla impermeable al drama. Imposible no adorarla cuando, fijándose en la anatomía, divide al grupo en dos equipos (las “chicas desarrolladas” -Kazama, Tomoe y Sumika- y las “niñas” -Azusa, Miyako y ella misma-), y deja el camino libre a Murasame para divertirse a sus anchas en compañía de Ushio… bueno, Hachi debió resignarse a fungir de violinista, aunque antes se permitió aplastar a Sumi-chan allí donde le duele: las habilidades físicas. Necesitamos más air-heads glotonas, amistosas y positivas como Kiyori para iluminarnos con su liviandad infantil y su viva honestidad.

El premio consuelo ¿o el premio mayor?

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Le deseamos a Kazama que sufra estos "lamentables" accidentes

Sin embargo, antes de entrar de lleno a la galería de traje de baño de Ushio, que supongo muchos aguardan con ansias, desarrollaré los temás centrales que atraviesan concatenados ambos episodios. Separadas las protagonistas, los personajes secundarios comienzan a gravitar como factores desencadenantes de conflicto y serán Azusa y Tomoe quienes irán empujando paulatinamente a Kazama y Sumika hacia el sinceramiento. Aoi-chan porque su cercanía con Murasame ahonda la creciente sensación de soledad que abruma a Ushio desde que su subconsciente descubrió cuánto necesita a Sumi-chan. Mientras que Tomoe asumirá una función de liderazgo moral, como una especie de consejera que observa mejor que cualquiera los acontecimientos que suceden alrededor y ayuda en cuanto puede a hacer brotar a la superficie los verdaderos sentimientos de Kazama. El “doujin work” y la melancolía de Ushio transitan caminos paralelos. La gentileza de Sumika con Aoi-san provoca el alejamiento entre las amigas, pero resulta sospechoso la facilidad con que Kazama se reprime y opta por apartarse, por ejemplo, al final del episodio 9, cuando se retira dejando al resto en casa de Azusa. Incluso si creemos que decide regresarse sola porque teme revelar el secreto de su hermano, la tristeza que exhibe más parecería una mezcla de impotencia, celos y resignación tras el advenimiento repentino de Aoi-chan que amenazaría con robarle a su mejor amiga. Algunos recién valoran las cosas cuando las pierden. La decepción estropea el maravilloso carácter de Kazama, límpida, inocentona y sonriente, pero las constantes decepciones parecen haberle enseñado a juzgar mejor a las personas y cuando le aclara a Tomoe que “Sumi-chan nunca se alegraría de los fracasos ajenos” parecería referirse sin error a la misma Sumika que lucha contra el tiempo y las adversidades para apoyar a Azusa a publicar su doujin. Ahora podemos comprender mejor la psicología de Aoi-chan y su repliegue hacia un mundo interior idealizado a través de sus lecturas.

Amor es comunicación

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Acabo de descargarme el soundtrack original de Sasameki Koto y excepto algunas pistas convencionales (“Kibou wa Aru?”), la experiencia auditiva consiguió trasladarme al universo de Sumika y Kazama, al fluir sosegado de esa cotidianeidad que sirve como telón de fondo para el redescubrimiento sentimental. Salvo ciertas excepciones como la ágil y burlesca “J.O.S.H.I.B.U”, utilizada para las escenas en que Murasame atraviese algún apuro avergonzante, el disco está compuesto por melodías suaves en piano, vientos y coros sin palabras que los seguidores de Sasameki Koto reconoceremos y vincularemos de inmediato a escenas o situaciones, cuándo no capítulos enteros. Por ejemplo, la imagen de Miyako o Akemiya diciendo o cometiendo una estupidez nos saltará de súbito a la mente cuando escuchemos “Kyou, Gakkou de Konna Koto ga…”, la tonada cómica que indica que Murasame deberá lidiar con las excentricidades de sus amigos y familia. Algunas, como “Kotoba ni dasu Koto ga Deki nai” no requerirían siquiera conocer la serie para disfrutarse como verdaderas piezas melódicas: en tono de balada, probablemente en arpa y violines, logra describir primero un sufrimiento lento, hondo, que avanza despacio, luego parecería colarse una esperanza en el segundo movimiento, para retornar al ritmo inicial más desolador y desconsolado. Como advirtiéramos en posts anteriores, el disco desarrolla la misma tónica de la serie intercalando instantes de dramatismo contenido y humor cándido mientras la vida transcurre sin sobresaltos trágicos, pues la felicidad y el dolor se entrecruzan sin extremismos. Esas virtudes que convierten a Sasameki Koto en el mejor anime yuri que conozca desde Marimite ~Haru~ se encuentran reflejadas en un álbum que merece una tarde para saborearse con los ojos cerrados mientras afuera las nubes se desplazan sin prisa. La banda sonora funciona como apoyatura emocional del relato, puede encargarse de potenciar la transmisión del mensaje y transformar la manera como asimilamos una historia. Quizá nos percatamos que los personajes de ficción no viven en nuestro mundo porque ellos habitan otro donde sus penas y alegrías están acompañadas de música que solo nosotros podemos oír. Una gran serie siempre suena bien y Sasameki Koto lo demuestra.

Exploremos algunos de mis tracks favoritos:

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Chica tropieza encima de chica y causa malentendido cuando otra chica los sorprende: un tópico del harem ha sido reformulado

Hasta la fecha, el mejor episodio de Sasameki Koto por knock out: comenzar in medias res dejando en suspenso una escena de intenso contenido melodramático, con Sumika culpándose de las lágrimas de Kazama, y pasar al opening intrigando al espectador acerca del motivo del llanto, sería apenas el inicio de veintitrés minutos de aceleradas y sorprendentes revelaciones, de aprietos, malentendidos, de Tomoe repartiendo besos, Miyako balbuceando contra el ventilador y Kiyori mojándose con la gaseosa, un comprendio perfecto de esa amalgama sutil de humor cotidiano y dramatismo meditado, la impronta característica de Sasameki Koto, aunque esta ocasión las circunstancias acontecieran a un ritmo más acelerado, sin afectar la transición entre comicidad y desencuentros románticos, que mantuvo su naturalidad permitiendo introducir las facetas más íntimas (y también las ridículas) de Azusa Aoi, la meganekko fangirl del yuri, partidaria del amor refinado, sublimado y secreto, y obnubilada por la amabilidad de Murasame-san. No obstante, el evento trascendental del capítulo sería la irresuelta insinuación que confirma con mayor claridad aquello que elucubráramos semanas atrás: que Kazama abriga a nivel inconsciente una nebulosa ambigua de sentimientos por Sumika, afectos que rebasan el lindero de la amistad, hasta ahora silenciados pero prestos a brotar al mínimo susto. El mapa de relaciones se torna complejo: a Akemiya Masaki, el único en manifestar honestamente su interés por Murasame, debemos agregar en la lista de candidatas tentativas a Azusa y Kazama, de manera que  Sumi-chan, apenas ayer una lesbiana de closet temerosa de confesarse y solitaria en su desdicha, se encuentra sin proponérselo al centro, al vórtice de un polígono amoroso y convertida en el objeto de devoción y deseo lésbico de dos mujeres y un trap (que cuenta como femenino porque se trasviste para volverse lesbiana). El patito feo del karate, la violenta Murasame, de repente transforma a medio elenco en su harén de lirios, uno enamorado, otra entusiasmada y la tercera debatiéndose por comprender sus impulsos, pues aquella excusa de llorar porque Sumika parecía un hombre libidinoso arrojándose sediento de lujuria sobre la inocente Aoi-chan me parece un pretexto para sosegar su consciencia: ese rostro ruborizado y nervioso de Ushio al final del episodio delata su pasmo, además, ninguna pareja de amigas comunes y corrientes se demora tanto para intercambiar frases de despedida con esa atmósfera embarazosa. Kazama requiere un empujón, una experiencia conmocionante para percatarse de sus sensaciones más profundas y quizá los celos funcionen como un catalizador pues suelen traer a superficie las reacciones más primarias del sujeto como la posesividad: Azusa parece más insociable que tímida, a juzgar por sus reproches en público a Tomoe y Miyako por andar ventilando su relación cuando deberían reservarla poéticamente con modestia y hermetismo. Aunque en represalia al atrevimiento Tomoe le desvirga los labios en presencia de sus compañeros, demostró que tiene un carácter fácilmente inflamable al responderle con una cachetada. A diferencia de Akemiya, Azusa es capaz de emprender la iniciativa, lanzarse en conquista de Murasame. Conociendo el espíritu bienhechor de Sumika, su desprendimiento y gentileza, un acercamiento demasiado cordial con Aoi activaría el conflicto sentimental con Kazama, pues bastó la ausencia de Sumi-chan durante su cita con Akemi para hundir a Ushio en la tristeza. El primer golpe de esta rival hizo ya manar las lágrimas.

Puppy eyes

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Cuidado, la superabundancia de contenido trap puede herir susceptibilidades. Están advertidos.

Gracias a la estrambótica intervención de su maquiavélica imouto, Akemiya consiguió una chance invaluable para intentar granjearse el corazón de Sumika, una cita de prueba donde Masaki emplearía todas sus artimañas y atractivos para conquistar a su mujer de bandera: por desgracia, esos encantos solo sobresalen cuando se trasviste y decide asistir convertid(a) en Akemi fraguando la cita más insólita imaginable entre un trap y una lesbiana. El pobre muchacho está empeñado en demostrar que cumpliendo el papel de lady puede lucir más femeninamente apetecible que cualquier mujer, mientras que Sumika se rehúsa a contagiarse de tanta anormalidad que incluso termina frustrándola: le bastaba con Tomoe y Miyako proponiéndole que pisara una cáscara de plátano, pero acompañar a probarse vestidos para chicas kawaii a un hombre capaz de opacar la belleza de decenas de modelos de pasarelas fue el acabóse y comprendo que acabara maldiciendo a todo el panteón de dioses del shinto por injustos, por negarle un poco de lindura y entregársela toda a un varón que, para colmo de excentricidades, además de disfrutar disfrazarse, desea ser mujer para hacerse lesbiana. Deberíamos sentirnos remecidos ante tantas anomalías, o cuando menos sorprendidos, pero la tibieza y sosiego narrativo de Sasameki Koto consiguen construir una imagen asequible, positiva y entrañable de sujetos que encarnan distintas maneras de experimentar una identidad queer. Este término inglés suele emplearse académicamente para englobar un conjunto de estilos de vida posmodernos vinculados a la sexualidad no convencional. El caso de Sasameki Koto es ejemplar porque no necesita recurrir a una representación estridente y ridícula para trazar esta ambigüedad, por el contrario, la presenta con naturalidad e incluso permite que nos identifiquemos con las circunstancias de sus personajes. Pese a su evidente posición heterogénea o marginal, Akemiya resulta simpático por su honestidad y mansedumbre: un chico apacible y algo inhabilitado por su naturaleza retraida a asumir los estándares de la masculinidad, que tiene la desdicha de enamorarse de una chica de forma poco ortodoxa, pues pese a desear a una persona del sexo opuesto, dudaría en considerarlo un deseo plenamente heterosexual. Quizá lo sea teóricamente en la superficie, pero en la práctica comprender a Akemiya exige que diferenciemos entre identidad de género, opción sexual y objeto de deseo (forma de desear). Masaki es un hombre pero probablemente le complace travestirse (influye la iniciativa de su hermana, pero eso tampoco le obliga a continuar trabajando de modelo), por tanto, su comportamiento lo distancia por completo de la identidad masculina. Respecto de su objeto de deseo, podríamos calificarlo de heterosexual pues su adoración por Sumika es absoluta (¡tiene una foto suya en pasaje del tren!); sin embargo, entramos en arenas movedizas al intentar caracterizar su opción: el presente capítulo es suficiente para demostrar que Masaki ha interiorizado un discurso de femineidad pasiva, de manera que vestirse de mujer lo libera y Sumika satisface su ideal de mujer dominadora y activa. Como dato extra mencionaré que en alguna viñeta del manga Akemiya alucina casarse con Murasame, él en traje blanco de novia y ella en smoking cargándolo al estilo princesa. También valdría preguntarnos qué ocurre en el imaginario de la susodicha imouto para concebir tamaña belleza usando como materia prima a su lerdo hermano mayor. El episodio se distanció de la trama medular, pero como muchos fillers, exploró actitudes y sensaciones inéditas en los personajes (además de la bizarra escena de acción de Sumika contra los otakus) y deslizó un detalle que podría repercutir en los próximos episodios: esa extraña melancolía que siente Kazama cuando Murasame está ausente.

El único hombre en el mundo que disfrutaría acompañar a su esposa de shopping

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Lo siento, Sumi-chan: es dojikko

¿Senpai, kawaii, meganekko y encima dojikko? El retorno de la bibliotecaria de trenzas empeora el panorama para Murasame, librándola a la desesperación más frustrante. Sin embargo, la arrolladora superabundancia de atributos moe que ostenta su rival no bastará para derrotarla. La dojikko es mi arquetipo femenino preferido (en el anime, por supuesto) y comprendo que Kazama se conmueva y electrifique cuando una chica linda comete una torpeza, se confunde, se golpea por andar distraida o demuestra su incompetencia para ciertas actividades psicomotrices, quizá porque también soy inepto para ejercicios simples como manejar un auto, tocar un instrumento o jugar Nintendo Wii, y solía darme de cabezazos contra las carpetas cuando cursaba la secundaria (es vergonzoso tratándose de un hombre). No confundamos dojikko con baka ni menos con ignorante o pueril: el término hace referencia a las habilidades, no al intelecto y justamente la senpai bibliotecaria es una meganekko, estereotipo vinculado a diversas connotaciones, entre ellas, un alto cociente intelectual, una personalidad retraida o una adicción a los libros. Extraña combinación, pero esta mezcla de capacidad cerebral, aspecto ingenuo y torpeza manual la tornan irresistible incluso para una lesbiana militante como Kazama. No obstante, la huella fresca de aquellos recuerdos dolorosos del primer capítulo desestabilizan a Ushio: si persiguiera sus deseos, aceptaría la voluntad reconciliadora de su senpai, pero comienza a temer que su opción sexual sea fuente de desavenencias con las personas que le atraen. Opta por replegarse, sin embargo, no presenciamos los efectos de este retraimiento sobre sí misma sino a través de Murasame, en quien repercute el estado anímico de su mejor amiga. Es probable que Ushio dependa de Sumika como pilar emocional o como defensa ante la desdicha, pero la dependencia psíquica de Sumi-chan por Kazama ha alcanzado un grado de inquietante peligrosidad, cuando menos respecto a su salud emotiva, pues cualquier acontecimiento que afecta a Ushio termina repercutiendo en los sentimientos de Murasame, que trata de hallar un resquicio de esperanza incluso siendo consciente de las verdaderas preferencias de Kazama. Podríamos temer que Ushio se vuelva dañina para Sumika: es imposible reprimir por siempre la angustia. Las falsas ilusiones y supuestos tampoco pueden sustituir a la Realidad por mucho tiempo. Cuando Ushio le propone a Sumi-chan regresar juntas del colegio, Murasame quiere creer que quizá Kazama prefirió marcharse con ella y descartar a la senpai, pero recapacita al instante esfumando sus fantasías: Ushio está huyendo por temor a afrontar sus heridas recientes. Su presencia la casa Murasame en búsqueda de apoyo sentimental es recibida con entusiasmo por Sumika, pero mientras más cercanas se encuentran, más insalvable la barrera tendida inconscientemente por Kazama, quien dice amarla, pero al instante subraya -con la contundencia de los ingenuos- su condición de “mejor amiga”. Pocas personas toleran este vaivén anímico de picos y caídas y Sumi-chan estuvo sometida durante este episodio a una andanada de remezones intensivos, abrumadores estímulos positivos (como dormir a apenas unos centímetros de Kazama o verla semidesnuda en el baño) seguida de frustrantes desmoronamientos que la reinsertaban en su realidad y, para coronar su propia faena de equivocaciones y desdichas, sus palabras de consuelo sirvieron para darle coraje a Ushio, quien la mañana siguiente y delante de Sumika, se amista con la apetecible senpai declarándole sus sentimientos. Opera, entonces, por contagio, el golpe al espectador: como hemos observado los acontecimientos a través de la mirada de Murasame, y apenas por breves instantes aparece la subjetividad de Kazama, estamos más identificados con Sumika. Incluso en un sentido gráfico, se cierra con la perspectiva de Sumi-chan mientras que la escena de Ushio pasa al segundo plano. Como se gesta una solidaridad entre el público y los “ojos” de Sumika, el desengaño que sufre al constatar la fragilidad de sus esperanzas genera también una sensación de amargura e impotencia, pues queda pendiente la respuesta de la senpai y la escena ocurre durante el desenlace.

Golpe directo al corazón

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Demasiados condimentos

Una virtud de Sasameki Koto es su renuncia al tremendismo. La frustración amorosa de Sumika es enfocada mediante la introspección psicológica, con cierto dramatismo, pero nada trágico. Por tanto, puede permitirse una holgura humorística, un amplio espacio para la comedia que desmitifique el efecto del dolor como fuerza destructiva. En realidad, el mundo donde se mueven las protagonistas de Sasameki Koto no vive pendiente de sus traumas y fracasos porque marcha a su propio ritmo. Marquemos la diferencia comparándola, por ejemplo, con la reciente temporada de Marimite, donde llueve cuando los personajes lloran y el viento levanta las hojas cuando se acentúa la tensión. La empatía emotiva entre sujeto y ambiente es propia del registro romántico y su monolítica noción de lo sublime. La verosimilitud de Sasameki Koto radica en intentar alejarse de esta sobrestimación de los sentimientos colindante con la sensiblería, pero sin carecer de la calidez que requiere todo relato de maduración. Por suerte, no existe una mirada fría o cínica sobre la Realidad, sino lo contrario, un conflicto emocional que corroe los cimientos de la identidad de Sumika (asumir su sexualidad, pero también perder a Kazama como amiga) y, sin embargo, todo transcurre con absoluta normalidad en medio de la rutina corriente de un grupo de estudiantes de preparatoria algo excepcionales por sus personalidades anómalas y, cabe decirlo, por pertenecer a una minoría sexual. Las chicas pueden relajarse y los espectadores olvidarnos del sobrecogimiento emo porque nadie vive en constante estado de pesadumbre digna del culebrón para después del almuerzo. El encuentro con Tomoe y Miyako las libra del aislamiento y ahora pueden formar una comunidad donde sentirse comprendidas y quizás hallar cierto grado de complicidad. Y aunque este episodio consistió en un torrente épico de comedia cándida y bienintencionada, no devino en capítulo de relleno porque el guión se concentró en inspeccionar la relación entre las nuevas amigas, en especial, entre Miyako y Sumika, y como esta nueva comunidad de cuatro (quizá cinco, si algún día Kiyori decide cambiarse de acera) afecta al vínculo entre Murasame y Kazama. De manera que incluso cuando se ingresó al terreno del fanservice con esos conatos de semidesnudo, los trajes de maids (OMG, el escote de infarto de Ushio), el clásico reto de cocina y las alucinaciones de Sumika, no hubo sobrantes que dejaran de aportar a la sensación que transmite el relato desde sus inicios: de estar presenciando el transcurrir sosegado de la vida corriente de dos compañeras.

Una pésima cena siempre refuerza los vínculos de amistad

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La edad de piedra ya pasó, al menos por aquí y yo contigo tengo que vivir, quiero ser feliz...

Estoy envejeciendo porque todavía cuando estaba en secundaria la coeducación en mi país andaba bastante retrasada y muchos chicos hubiésemos deseado, por asuntos hormonales o para evadirnos de las condiciones castrenses de los colegios de varones, que nuestros padres nos transfirieran a una escuela mixta donde -al estilo Sugisaki- fundáramos nuestro harén. Ignoro la situación en Japón, pero en cuanto refiere a estereotipos del animé, siempre se explotó de forma genérica y casi monotemática los internados o colegios exclusivos de mujeres. Los relatos yuri suelen ocurrir en institutos para señoritas (Marimite, Strawberry Panic!, Girl Friends, Candy Boy). El tópico es subvertido en High School Girls (o Girl’s High) una ocurrente comedia estudiantil, centrada en los aspectos school life de un colegio femenino silenciados por la idealización del yuri: depilación púbica, menstruación, clubes de deporte con chicas sudosas, profesores narcisistas, ridículos controles médicos, festivales deportivos donde nadie quiere participar. Quienes intentan trasladar esa maravillosa mentira del yuri a su ordinaria vida cotidiana (incluso siendo ellas personajes de ficción) son Tomoe y Miyako. Finalmente todos somos Don Quijote o Madame Bovary y para nuestras lesbianas en pareja oficial, el lugar de las chicas es un paraíso de refinamiento, finura, belleza, aislado por completo de la infecta influencia de los hombres. Malgastar tres años de su vida de promisorio romance en un colegio mixto les produce erisipela o cuando menos aburrimiento y cuando alguien se siente melancólico, decide organizar un club sin finalidad aparente y por el único motivo de Salvar al Mundo con Diversión, Brigada de Señoritas Tomoe Hachikusa. Y desde nuestra humilde perspectiva, ya encontraron a su propio Kyon. Miyako se arregla para salir del papel de aparente neko con pinta de loli kawaii y extorsiona a Sumika para integrarse al Club lésbico y convencer a Kazama de enrolarse también al jaleo, digo, a la Benemérita Asociación Cultural. Ushio no necesita pensárselo dos veces porque después de incontables fracasos por encontrar una chica linda a quien acosar, perdón, brindarse en cuerpo y alma, y habiendo casi desaparecido la adorable pero trap Akemi Yamasaki, el club le parece el lugar ideal donde hallar su primer amor de adolescencia. Sumika ha sido descubierta por Tomoe y Miyako quienes ya la consideran una camarada de opción sexual, pero para Ushio, Murasame-san sigue siendo una heterosexual a prueba de yuri-rape: Kazama no desea forzarla a inscribirse en el Club de Chicas, y por fidelidad prefiere renunciar a su soñado Edén de Yamayurikai para matricularse en el mismo club que su mejor amiga, sin importar cuál sea, mientras estén juntas. Esta última declaración me inclina a sospechar que Kazama quizá abrigue por Murasame ciertos sentimientos románticos, pero soterrados a un nivel inconsciente porque está obsesionada ciegamente con un ideal dictado por criterios estéticos impuestos por revistas y novelas que es incapaz de percatarse de sus verdaderas inclinaciones. Me niego a creer que Ushio sea una mentecata hueca que subordina sus sentimientos a parámetros de belleza y cuando superpuso su amistad por encima de sus deseos dejó abierta una ventana a la esperanza. Además, pocas chicas valoran tanto a sus mejores amigas que se prestan para ayudarlas a practicar su primer beso (máscara mediante, claro). Sumika también prefiere sacrificar sus propias aspiraciones en nombre de la felicidad de Ushio y para conseguir las cinco firmas que necesita el club, someterá a las chicas más lindas del colegio a un curioso test de lesbianicidad.

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Ven, ven a vivir, ven, ven a vivir, ven, y así seremos muy felices...

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