Hisa protagonizará este lunes de moe-ness por partida doble. Es favorita para alcanzar la clasificación en su llave ante una belicosa y tsunderesca maga con antecedentes en tercera ronda; pero también porque su actuación en el reciente episodio de -Saki- generará controversia entre los seguidores del yuri mahjong. Lo prometido es deuda y pasaré a comentárselo, pero, antes del opening, los guionistas nos ofrecieron un breve y sabroso entremés con Koutaro-Lelouch viviendo su fantasía erótica de adolescente calenturiento, agasajado por Nodoka y Mihoko en traje de baño, sueño perfecto que termina en pesadilla mientras las chicas del equipo de Kiyosumi, que viajan en tren camino a la segunda fecha del torneo individual, observan anonadas a su único elemento masculino hablando dormido y escribiendo un nuevo capítulo del libro “Cómo pasar vergüenza delante de tu harén imposible”, donde se recopilará su bochornoso expediente como comprador oficial de tacos para Yuuki Kataoka. Los siguientes minutos serían el preámbulo para dos intensos momentos de sensibilidad homoerótica, el verdadero condimento para una serie que, desprovista de morbo y stealth Momo, hubiese resultado aburrida. Continúo en la absoluta ignorancia acerca de las reglas básicas del mahjong y disfruto como un cerdo el argumento (algo extraño se cuece en mi cabeza): no interesa si Yuuki monta en desesperación porque las rondas serán este-sur, porque lo importante es cuántos tacos se imagina que comerá para poder sostener su ritmo de juego (y llegamos a la conclusión que deberá consumir 512 durante la décima ronda), mientras suena una banda sonora con ritmo tropical mexicano y faltaban nomás la piñata, el tequila y una cuadrilla de charros tocando Cielito lindo (ayayay canta y no llores…), en conclusión, doparse de tacos no serviría para contener al nuevo demonio, una maniática exitosa en las rondas sur llamada Kazue Nanpo que asegura defender el legado familiar. Este tópico recurrente de las técnicas heredadas por generaciones, típica de las series de artes marciales, siempre me provoca escozor y desconfianza. Ojalá me equivoque, pero la presencia del abuelo, calcada del maestro ancestral que entrena a su nieto o bisnieto en las artes de la escuela x con nombre impronunciable, me genera un pésimo presentimiento. Kazue es una mezcla de Koromo con Yuuki, pero carente de pasión (al menos, Amae era una sádica bipolar con instantes de ternura) y lejos de considerarla buena jugadora, dudo que cause demasiada simpatía mientras no conozcamos su background a profundidad.
Mihoko, Kazue y Nodocchi ocupan los primeros puestos y mientras mantengan su promedio, serán las clasificadas al torneo individual. Pero nadie se pregunta por Saki, quien además anda perdida (again) por los pasillos del edificio. Haramura revisa las estadísticas publicadas en las pantallas y descubre que Miyanaga ha estado jugando a propósito al más/menos cero durante cuatro rondas consecutivas. Entonces comienza a operar la maquinaria del despecho yuri. La respuesta es evidente: Saki prefiere que Hisa clasifique a las nacionales individuales en su último año de preparatoria, pero esa jugarreta bienintencionada transgrede su promesa de meñiques con su amada Haramura-san, que corre a increparle el dolor de la herida recién abierta, su primera gran crisis de pareja. La escena es intensa por momentos, aunque su resolución sonó incómoda por cursi y ligera. Quizá el gesto más revelador, que seguro pasará desapercibido porque el encuadre parece privilegiar una toma ecchi (ya saben, Saki is not wearing any), se manifiesta cuando Nodoka aprieta su falda con la mano como conteniendo su furia. Creí que llegaría a abofetearla y borrarle esa inocencia pudorosa y lacrimosa a punta de cachetadas, sería epic win, un twist inesperado para calentar los últimos episodios, pero bah, Saki reaccionó a tiempo accediendo a cambiar su actitud y convirtiendo el preludio de una catfight en una versión lésbica del “Moka-san… Tsukune…” de Rosario+Vampire, total, es GONZO, no pueden con su genio. Sin embargo, faltaba la cereza sobre el princess crêpe. Cuatro viejas conocidas se reúnen en la misma mesa: Hisa, Saki, Momoko y megane-san de Ryuumonbuchi. Todas conocen la fortaleza de Saki, mejor dicho, su debilidad: los “pon después de kan” o whatever, y consideran a Miyanaga la rival a destruir, digo, vencer. Dada su habilidad estratégica, Hisa es la primera en percatarse de la necesidad de bloquear a Saki entre las tres creando una especie de safety zone, además, Buchou vuelve al twintail mode, tan fructífero en encuentros anteriores. El resto de jugadoras comprenden la señal de Hisa y forman una especie de alianza tácita para frenar al monstruo, incapaz de ganar ninguna tanda. Pero las motivaciones de Momo trascienden la mera deportividad. La chica invisible busca vengar a su senpai (me recordó este comercial) y alborotada por el resentimiento yuri, la pasión más vehemente, que conduce al odio y la maldad, ergo, al lado oscuro de la fuerza, decide apartarse de la coalición “Jodamos juntas a Saki” y después de tumbarse a la meganekko aplicando sus artes ninja, amenaza con cumplir sus tenebrosos deseos y llevarse los despojos de Miyanaga como obsequio para Yumi. Moraleja: jamás te metas con la senpai de una fangirl enamorada, luego terminas destripado como Araragi-kun en Bakemonogatari.
A continuación, los pronósticos para la quinta jornada de segunda ronda…









