Si alguna actividad resaltó en este reciente episodio de Hidamari Sketch fue sentarse en torno a una mesa y comer, fondo narrativo sobre el cual se desarrollará no un relato, sino un retrato. Desde luego, empleo el término en sentido expositivo, no pictórico, para referirme a la descripción y reconocimiento, mediante sus actos y palabras, de un personaje. A Chika la conocemos desde la primera temporada, pero esta ocasión el capítulo no exploró su amistad con Yunocchi o los desencuentros con su testaruda hermana, sino que, otorgándole la predominancia e incluso el dominio casi absoluto de casi todas las escenas, discurrió sobre su reciente madurez de quinceañera orgullosa por cursar la preparatoria. Semanas atrás habíamos contado, entre las muchas virtudes de Hidamari Sketch, el poseer un nutrido elenco de simpáticos personajes secundarios que complementan el mosaico tipológico del ahora sexteto protagónico. Chika destaca por su vitalidad y frescura para desenvolverse entre desconocidas convirtiéndolas de inmediato en sus amigas. Sucedió con Yuno y gracias a su estrecho contacto reapareció en temporadas anteriores (incluso le presta un disco y suelen intercambiar sms); ahora sucede igual con las nuevas inquilinas, en especial Nazuna, pues al parecer, Chika además de cautivar al público con sus potenciadas dotes moe (el upgrade de secundaria a high school es evidente en los pics), también detenta un talento innato para cosechar la amistad de chicas tímidas y/o dojikkos, probablemente por su arrolladora personalidad que le permite deslumbrar a muchachas mayores y sumergirse en la conversación con entera facilidad. Su dinamismo convierte a Chika en un personaje refrescante, audaz, amena, la amiga perfecta empaquetada en encantadores trazos de moe-ness fashion. La niña ha crecido, se aplaude la evolución.
Los españoles andan de moda porque Hiro pone a prueba sus dotes culinarias preparando una exquisita paella de mariscos que ningún cocinero hispánico le reprocharía. En Hidamari Sketch, las comidas, además de instantes de placer donde se manifiestan los valores privilegiados por la serie (la convivencia armónica y mansa, el compartir en grupo una alegría sosegada, la esfera de cariño mutuo que forman las residentes), son también el cronotopo por excelencia para una serie que privilegia el rápido intercambio humorístico por encima del desarrollo argumental cómico. Tratándose de una adaptación de 4-koma es inevitable, pero Hidamari Sketch ha convertido los almuerzos, lonches y cenas en momentos propicios para explotar el potencial de hacer interactuar a sus personajes en incontables situaciones y tratando temas variados. Sería interesante si algún fanático obseso de la serie inventariara todos los tipos de platos, bocadillos y postres que han ingerido las chicas desde su primera temporada. La cocina está asociada a Hiro, pero también los dulces y luego las dietas. El hambre infinito es la marca identitaria de Miyako (en realidad, todo comportamiento hiperbólico) y así le gusta describirse. Los directores subrayan constantemente el valor de los alimentos en la serie enfocándolos con detalle para mostrarlos suculentos al espectador, como invitándolos a compartir ese placer.




































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