El verano concita una amplia variedad de emociones en el ser humano, despertándolo del letargo invernal y sumergiéndolo en una calurosa ola de frescura. Y, por antonomasia, la playa es la locación perfecta para disfrutar del verano al máximo. Conscientes de la inherente atracción que ejerce esta bella temporada, casi contradictoriamente Ano Natsu de Matteru se sitúa en esta estación a pesar de que actualmente en Japón están en invierno (como ya se hizo notar en otra serie), quizás con el ánimo de capturar a la audiencia que añora en medio del frío un poquito de calor, con todo lo que este conlleve. Estos dos episodios que nos ocupan en esta ocasión retratan las vivencias más comunes del verano japonés: el calor intenso, que se evidencia en las vestimentas de los protagonistas; las lluvias de verano que añaden frescor al ambiente; y el consabido viaje a la playa. Para Kaito e Ichika este será probablemente su único verano juntos, un verano para recordar, un verano para esperar; y debido a ello, su comportamiento y el de sus amigos se vuelve casi precipitado, empujando a todos a manifestar sus verdaderas emociones reprimidas por mucho tiempo. Hasta ahora, el resultado dista un poco de ser positivo.
Este verano, todo está bien, es un verano como cualquiera, hay calor, poca ropa, tranquilidad. Para Kaito, este verano en especial es EL verano; ya que pueda no volver a tener la dicha de pasarlo junto a una belleza de la magnitud de Ichika Takatsuki. Afortunadamente, la relación entre ellos dos marcha de maravillas; han llegado a un mutuo entendimiento, que les permite comportarse en casa como una pareja de recién casados, sin presiones ni reservas. Hasta cuando Kai se intimida debido a la proximidad física de la muchacha, no se evidencia vergüenza o aversión entre ambos; ésta se presenta solo después de ser interrumpidos. Es como si en la intimidad no hubiera temor de manifestar la cercanía y apego que lentamente se está desarrollando entre ellos. Se resalta sobre todo la decencia en el trato mutuo, respetuoso pero amigable; y aunque Kaito está visiblemente atraído por la portentosa humanidad de la joven, no se explaya en observar con lujuria a todo tiempo los atributos de la senpai. En cierto sentido, se dan los espacios para la inserción del fanservice, pero este es reducido y no llega a trastocar la trama, al menos en su mayoría. Este joven es amable por naturaleza, y se mantiene dentro de los límites de la cordura. Es agradable que Kaito no sea un pusilánime cobarde incapaz de sostener una conversación normal con una fémina, sino que, más bien, sabe lidiar con situaciones que a todo varón pondría algo nervioso. Es claro que en privado es temeroso y dubitativo, pero a la hora de actuar se muestra resuelto y decidido comportarse de forma normal, aunque su intento le salga a medias. A pesar de estar rodeado de bellas jovencitas, los ojos de Kai solo están enfocados en Ichika, y más aun cuando ella se luce con espectaculares trajes.
Ichika, por otro lado, ya da claras muestras de afecto romántico hacia su casero. En el caso de la heroína, no se perturba, por el contrario, se siente cómoda cuando es admirada por Kaito. Y adicionalmente, dime si no sería obvio lo que está pasando cuando una chica se sonríe y te toca suavemente diciendo “eres tan…”. Prácticamente, es como si el argumento alienígena hubiera perdido todo significado en este anime. Ichika, al igual que Kanna, también está interesada en saber lo que piensa Kaito sobre ella. Sin saberlo, ya ha pasado de la línea de la amistad al campo del afecto romántico, y resulta curioso que hasta ahora ella no se haya dado cuenta de sus sentimientos. Su meditación personal concordaría más con la idea de la negación, del forzamiento al rechazo dadas las diferencias entre ambos, lo que no logra otra cosa más que avivar las llamas del deseo (sentimental, no carnal). En la misma línea, Kanna sufre una descompensación de sus emociones, los que son tan intensos que la obligan a actuar sin pensarlo mucho. Primero, al tener la oportunidad de acercar a Ichika hacia otro muchacho (Tetsuro) no duda en empujar literalmente al susodicho al ruedo, evidenciando claramente en sus expresiones su deseo de que eso le dé una salida temporal, o quizás pensando en la posibilidad de que la ficción se vuelva realidad. Y segundo, procurando un momento adecuado para interrogar a la advenediza por sus verdaderas intenciones sobre Kaito. Ya lo intentó antes, presa de la borrachera, y ahora lo vuelve a hacer, es más, en repetidas ocasiones.
Es difícil no hacer comparaciones entre las chicas. Se las muestra de formas radicalmente distintas; y probablemente su único parecido sea su atracción hacia el joven de los anteojos. Por un lado, Kanna tiene la personalidad más fuerte en el sentido varonil, claro, sin llegar a ser una tomboy; lo que se ve en sus arranques de furia, sus gritos de reclamo, y su actitud en general, llegando a ser tan valiente como para no importarle encarar a su rival. Por otro lado, Ichika es más femenina y suave en el trato. Esto hasta se evidencia en su forma de vestir en casa, ya que Kanna usa ropa holgada y poco reveladora, más propia de un mozuelo; mientras que Ichika usa conjuntos ceñidos que resaltan su figura y hasta no tiene reparos en deambular por la casa solo con una toalla o un polo (o remera) largo, cosa que no haría ninguna mujer que viviera a solas con un chico. Las obvias diferencias no terminan por desmerecer a ninguna de las dos, pero sí inclinan notoriamente la balanza de la preferencia del protagonista y del público hacia la pelirroja.
Las expresiones corporales de los personajes evidencian facetas que silenciosamente transforman la comicidad en drama. Al sentir la presión, sus cuerpos reaccionan, sus puños se aprisionan, sus ojos se mueven, su expresión facial cambia. Y aunque se trate de una comedia, en esta obra hay diálogos que duelen. Las conversaciones entre Tetsuro y Kanna están llenas de dolor y angustia, mientras el muchacho sirve de paño de lágrimas a la joven ocultando su propio sufrimiento, demostrando mejor control sobre sí mismo. Para Tanigawa, el solo hecho de escuchar a Ichika y Kaito conversar sobre su vida en común se clava en su corazón cual cuchillos que penetran hasta lo más hondo, mostrando una mirada decaída y taciturna, como quien está por resignarse a la derrota. Se comprende que hacer un mal tercio es doloroso, pero Kanna sufre con el simple hecho de verlos llevarse muy bien. No puede controlarse, y su acongojado rostro sencillamente no causa ninguna risa.
Esa frustración interna, la que solamente emerge a modo de catarsis durante las conversaciones con su osana najimi, se precipita como lava volcánica cuando dialoga con Ichika, tanto que interrogar a su rival, aunque fuese con buena intención, se percibe como una amenaza, y, sin pretenderlo, llega a tocar un tema delicado para la relación que se fermenta entre los anteojudos. Ambos chicos sabían que su cercanía no duraría mucho tiempo, pero no se habían puesto a pensar en la posibilidad real del alejamiento y la disolución de los lazos que los unen. Al percatarse que les habría causado un quiebre mental, Kanna se siente culpable y sucia por maquinar la separación de los enamorados, solo por su propio interés; cosa que no tiene nada de bizarro, sino que muestra un lado muy humano de las relaciones interpersonales: la capacidad de herir y herirnos con facilidad, de culparnos por el dolor ajeno, y de autocatalogarnos en el lado negativo. De la misma manera, Tetsuro se preocupa tan desinteresadamente por Kanna que no duda en salir a su encuentro sabiendo con certeza que regresará dolida del campo de batalla, aun a costa de su propio sufrimiento. En esta historia, ninguno de los protagonistas da señales de malas intenciones, sino que todos en su amor se preocupan por el bienestar no solo del ser amado, sino hasta de su entorno. Sin embargo, ¿que lleva a Tetsuro a revelar los sentimientos de su amiga de la infancia? Este tipo de infidencias normalmente se toman por traición, al revelarse información personal sin autorización. Sea cual sea su verdadero motivo, Tetsuro espera la reacción de Kai para proceder de manera acorde en lo respectivo a Kanna; y si para esto debe empujar a su amigo, lo hace, ya sea acelerando los asuntos o consintiéndolos.
Las tensiones amorosas no impiden que toda la pandilla disfrute de un buen momento en la playa. De alguna forma, el mar influye en la gente haciendo que pierda un poco la inhibición y se relaje olvidando las penas y simplemente disfrutando de la naturaleza. Al pasar un rato agradable bajo el sol en la arena, las tristezas y rivalidades se dejan de lado con naturalidad, y nadie evidencia la conmoción a la que han sido expuestos recientemente. El encuentro con Kaori Kinoshita y Chiharu Arisawa, la amiga de la infancia/prometida de Kaito y su atrevida acompañante, no hace más que refrescar sus mentes y provocar el estallido en lo que ya se convertía en calma.
Lo bueno es que entre chicas se apoyen cuando perciban un oponente en común, pero no tomaron en cuenta que esta contrincante (o por extensión, estas contrincantes) fueran tan impetuosas que no quisieran perder el tiempo, claro, gracias a la colaboración de Lemon. Aquí la enana revela que su principal intención, cualquiera sea el conocimiento previo del que disponga, es fastidiar al prójimo y arrastrarlo de una situación incomoda a otra, como pretendiendo forzarlos a sincerarse consigo mismos y con los demás, cosa que no ocurre: por el contrario, se enreda aun mas para deleite de la pequeña. Yamano actúa de forma pasiva y parsimoniosa como tratando de mostrar una apariencia madura, pero no es tomada en serio por sus compañeros; aun así es la más perspicaz de todos, aunque no sepamos a ciencia cierta si cuenta con la información importante acerca Ichika, aunque maneja todos los datos acerca de los otros cuatro. En la hipótesis anterior, su decisión de filmar una película de ficción que casi retrata al detalle los sucesos de la realidad nos concede ciertas pistas que demostrarían que su acercamiento a Ichika no fue fortuito, sino premeditado. Aunque el rodaje y la trama solo provoquen risa, permiten el afloramiento de las inquietudes de los protagonistas. En principio, de Kanna hacia Kaito y Mio hacia Tetsuro, luego de Tetsuro hacia Kanna; y ahora en el entorno playero, estas angustias se amplifican para desencadenar sucesos ciertamente incómodos. Aún así, el consejo de Lemon a Ichika sobre ser más honesta ante la presencia del enemigo suenan a palabras dignas de una mujer madura (tal como quiere aparentar) y por primera vez esboza mediano interés por el estado de las relaciones, en particular, apoyando a Ichika.
Si de honestidad se trata, el ejemplo de Kinoshita es notorio. Al no dudar respecto de sus sentimientos ni las consecuencias que acarrean. Kanna evita confesarse a Kai porque no quiere correr el riesgo de alejarse de él en caso reciba una respuesta negativa, prefiriendo fingir con tal de tenerlo cerca, y -si se puede- acercarse gradualmente. Ichika no desea dar un paso más hacia adelante por temor de ser descubierta, un riesgo más gravitante que sus intereses románticos. En cambio, Kaori no lo duda y se juega todas sus cartas, primero al pedirle una conversación a solas (implícito en la trama) sabiendo que, de arranque, podría haber sido negada, y luego dirigiendo la atención hacia su trato, el cual no es ningún juego de niños. Esa valentía para tomar la sartén por el mango es elogiable, ya que gran parte de los mortales actuamos igual que Kanna en situaciones parecidas. Correspondientemente, Kaito también es sincero consigo mismo, sin dudar de su atracción por Ichika, sin temer a la reacción de su amiga de la infancia al rechazarla, a diferencia de muchos que -por delicadeza o cobardía- prefieren “quedar bien con todos” sin imaginar que esa ambigüedad es más dañina.
El caso de Chiharu Arizawa es anecdótico. Además de ser neurótica y eléctrica, es una man eater. Ciertamente, su comportamiento causa mucha gracia, luciendo desesperada y ansiosa; más aun si, a primera vista, no parecía ser tan aventada, quizás porque nada le llamo la atención, pero una vez que posa sus ojos sobre Tetsuro (que modelo de revista, no es) se desencadena en ella una reacción cual luna llena sobre el hombre lobo. Yendo por el lado de la crítica, diremos que conductas similares son ajenas a cualquier chica saludable de nuestro entorno. A pesar de lo que la industria del entretenimiento propugna, las mujeres nunca se dejan llevar por sus impulsos, menos por los carnales. Esta situación solo se presenta en casos en los que las muchachas en cuestión tienen antecedentes oscuros en materia sexual; circunstancia que trastoca su objetividad convirtiéndolas en seres casi similares a los hombres, que viven más pendientes de lo físico en materia sentimental. Una mujer que de buenas a primeras se abalanza sobre un hombre y procura doblegarlo para satisfacer sus impulsos definitivamente no está en sus cabales, por más atrayente que suene la idea para cierto sector de la platea.
Otro punto para discrepar es la forma de comportarse de Mio. Ella, como ya habíamos comentado con anterioridad, es quien lleva la peor parte, contemplando el cuadro completo de líos amorosos de sus amigos. Ahora que se siente amenazada de verdad por una mujer mucho más audaz, empieza a reaccionar de a pocos, al extremo de salir en busca de su consorte y procurar rescatarlo de las garras de una gata fiera. Hasta este punto, exclente; pero no termina de cuadrar el hecho de que -tratándose de una chica pudorosa y modosita- se dé el lujo de salir a la calle sin usar una prenda básica en toda mujer; y menos aun aventarse a una pelea cuerpo a cuerpo con su rival por encima del muchacho en cuestión, corriendo el obvio riesgo de poner en juego su dignidad. Tal como se opinaba en un blog, si el público quisiera ver otro tipo de contenidos “para adultos”, elegiría por lógica otro género (del cual no me pronunciaré); lo que hace preguntarnos el porqué de la inclusión de este tipo de situaciones en una comedia romántica. Cierto, no está prohibido, pero resulta denigrante y desmerece a personajes cuya personalidad fue planteada como conservadora, reduciéndolos a meras herramientas de atractivo visual. Sea cual sea el propósito o despropósito de la idea, mantenemos vivas las esperanzas de que el episodio 7 nos deslumbre nuevamente y encamine la trama hacia sus cauces más trascendentes.


