En Another, la sensación de ahogo existencial proviene del desencuentro entre experiencia y conocimiento. Se suponía que vivir o presenciar un fenómeno era garantía de certidumbre. Observar un objeto probaría su estatuto de realidad. Lo visto, existe. Sin embargo, en Yomiyama, la tupida atmósfera de enrarecimiento altera la percepción, anula capacidad de extraer información certera pues únicamente redunda en lo impenetrable y produce dudas de diversas maneras: porque no existe ilación entre eventos y significados, porque algún vacío comunicativo (silencios, frases abstrusas, órdenes tajantes, prohibiciones sin sentido aparente) frustran la comprensión, o porque las conductas son incongruentes con el contexto. Los diálogos son crípticos, las preguntas son saldadas son respuestas cortas, elusivas o represivas. La gran paradoja en este propósito generalizado por preservar el enigma negándose siquiera a mencionarlo (el tabú de la maldición) sería que mientras más intentan silenciarlo, disimularlo o coaccionar a Sakikabara, más evidente se torna su propósito de suprimir a la fuerza una verdad horrenda, fracasando de manera clamorosa pues tanto buscan esconderlo, que “aquello” se vuelve más notorio. Los implicados viven en permanente estado de sitio, psicológico y moral. Cualquier elemento ajeno a este consenso tácito y obligado se convierte de inmediato en potencial enemigo, en ente desestabilizador. La atosigante conmoción que produce Another es también consecuencia de este cargamontón colectivo: los escalofríos de sospechar que un pueblo entero conspira contra un indefenso individuo.
28 enero 2012
Another 2-3: Suiseiseki
leer más »


Comentarios recientes