En apariencia, esta victoria irradia seguridad y confianza en nuestras jóvenes heroínas: la imagen de Madoka y Laffinty entrelazando sus manos y rubricando su amistad, grafica este clima renovado de convicción y firmeza, el espíritu del Jersey Club, estrambótico y caricaturesco, pero de espléndida naturalidad. Por desgracia, el público no puede compartir esa ilusión. Se ignoran los motivos y propósitos envueltos en esta turbia guerra de alienígenas, un duelo sordo de silencios incómodos y supuestas incomprensiones que únicamente propaga las dudas, apenas ocultas tras el éxito en combate. Nadie ofrece una respuesta certera sino meras alusiones poéticas o fragmentarias. Queda por aclarar qué advertencia funesta contiene la dichosa leyenda extraterrestre, o revelar qué maldición se cierne sobre las infortunadas pilotos que sellaron un pacto con los Ovid. Pese al triunfo disuasivo de Madoka, una sombra ominosa, colmada de incertidumbre, eclipsa su hazaña justiciera. Un secreto lúgubre parece asomarse en el relato ancestral. Se menciona tres monstruos: el verde rasgará los cielos, el azul devorará las estrellas, el naranja diseminará la oscuridad, y mediante incontables sacrificios, gobernarán el mundo. Estos colores coinciden con las tonalidades adscritas al trío protagónico de guerreras, insinuándose –con esta admonición profética de dimensiones apocalípticas- que quizá las muchachas (que habrían asumido su papel de defensoras de la Humanidad), estén siendo engañadas y manipuladas por intereses oscuros, personajes maquiavélicos que pretenden aprovecharse de sus nobles intenciones, su ingenuidad, su benevolencia, para provocar esta hecatombe y “alimentar un corazón corrupto”. ¿Quiénes serían, a final de cuentas, los auténticos villanos?
26 enero 2012
Rinne no Lagrange 2-3: Midori no Hibi
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