Trepamos los próximos cinco escalones en nuestra cuenta regresiva: los puestos del 22-18, que abordan diversos géneros, fórmulas de humor y melodrama que podremos hallar en el altamente codificado pero inesperadamente amplio espectro de los relatos estudiantiles.
22. Toaru Majutsu no Index/Toaru Kagaku no Railgun (2008-2010)
En honor a la sinceridad, confesaré que Index nunca fue santa de mi devoción y me cuento entre la infame turba que reclamaba cada semana menos Touma, más Mikoto. Ahora continúo pertenececiendo a la terca minoría que considera Railgun superior, a pesar del festival de capítulos de relleno a mitad de temporada. Quizá porque Biribiri basta sola para encender la pradera o porque Kuroko alcanzó la cima de su potencial ecchi (además de momentos épicos como el bitch slap de anoche a Uiharu) o porque ningún personaje femenino de level cero se compara a Ruiko Saten (apostaría que peleando sin habilidades psíquicas, haría a Mikoto besar la lona en tres asaltos). Aunque podemos seguir ambas series por separado y comprenderlas sin mayores prolegómenos, forman un ensemble narrativo, pues Railgun relataría episodios paralelos a los eventos de Index, todos ambientados en una ficticia Ciudad Académica, cuyo nombre nos introduce en un ambiente estudiantil expansivo, que abarca la exterioridad del colegio, marca el ritmo de vida urbano, establece rutinas y otorga fundamento a sus instituciones y actividades. El escenario planteado remite al ideal humanista de las ciencias, donde el conocimiento, la cultura, el progreso científico, son valores icónicos. Esta utopía intelectual esconde un conjunto de conflictos humanos y sobrehumanos, dependiendo de nuestra perspectiva o serie a escoger. Si esperas una presencia mayoritaria de conspiraciones, conjuras, organizaciones malévolas, teorías más complicadas de entender que las supercuerdas y heroismo hot-blooded, tu opción ideal es Index. En cambio, si prefieres una sustancial cuota humorística, peligrosas aproximaciones lésbicas, reflexiones en torno a la amistad, la discriminación y críticas al supuesto ideal neutro de las ciencias, entonces te recomendaría aguantar los fillers de Railgun.
21. -Saki- (2009)
Mezclemos mahjong, lindas estudiantes de preparatoria, campeonatos, superpoderes, efectos especiales, cliffhangers acogotantes, moe, vibras yuri y comida mexicana. -Saki- es el resultado de esta inusual sumatoria que un agonizante estudio GONZO lanzó al estrellato durante la primavera de 2009. -Saki- mantiene los mecanismos narrativos usuales de las historias deportivas, pero trasgrede su esencia de terreno para hombres bien machos trasladándola al universo del moe-ness condimentado por castos pero multiorgásmicos asomos lésbicos. Pueden criticarse muchos aspectos de -Saki- pero jamás negar su potencial de entretenimiento, pues consigue manipular con efectividad el suspenso y las ansias del espectador. Cuando me preguntan por el desarrollo argumental, me gusta insistir en sus semejanzas con la vieja versión ochentera de Captain Tsubasa (que conocimos como Supercampeones): cuatro equipos llegan a la final del torneo interescolar de mahjong. No importa si no comprendimos la mecánica del juego (me confieso ignorante, pero me acostumbré al tsumo, richii y demás), porque interesa la tensión de los personajes y sus relaciones. Kiyosumi sería Newpee porque tiene a las mejores jugadoras y se sostiene sobre la cohesión de sus miembros. Ryuumonbuchi es el Francocanadiense porque depende de la genialidad de su “demonio” Koromo Amae y tiene un juego más personalista. Kazekoshi sería el Colegio Alemán por la extrema devoción que profesan sus jugadoras por la capitana Mihoko Fukuji, mientras que Tsuruga sería Furano porque basa su eficiencia en el esfuerzo y el sacrificio, además de convertirse en la sorpresa del torneo. Cualquier similitud con otra realidad es mera coincidencia. Desde luego, nadie iguala el estilo de la presidenta Hisa Takei con su mortífero aerial tile slam.
20. Strawberry Panic! (2006)
A riesgo de parecer un ranking de series yuri, nuestro siguiente especímen es Strawberry Panic!, quizá el exponente más preciso de ghetto lésbico en el anime contemporáneo. Desde su ambientación, esta historia rezuma a lirios y amores angustiantes. Sobre la colina de Astrea se ubican tres colegios femeninos que comparten una serie de tradiciones y rivalidades. Cada cual sostiene también una forma de concebir la femineidad. Nagisa Aoi llega a St. Miatre recomendada por su abuela y de inmediato siente una mutua atracción por Shizuma, o Étoile, la popular líder de los consejos estudiantiles. En adelante se desarrolla el típico relato yuri habitual de crecimiento y despertar sexual, con consiguiente conflicto entre represión y pérdida de la inocencia. La protagonista se debate entre sus pulsiones inasibles y el temor a admitir su identidad en un paradójico contexto que aprueba y consiente esa clase de vínculos. En realidad, salvo Chikaru, la adorable presidenta del colegio LeRim, nadie está a salvo de, cuando menos, algún escarceo homoerótico que incluye desde besos “accidentales” hasta noches de pasión. Strawberry Panic! es un melodrama tout court, un dramón para sufrir y mesarse los cabellos. Peca de persistir demasiado en los estereotipos preferidos del yuri masculinizando a quienes toman la iniciativa y presentando cual delicadas vírgenes, pasivas y tímidas, a quienes se someten al amor de sus senpai, probablemente como obsequio a las consumidoras femeninas que solapan a la pareja lésbica un modelo heterosexual; sin embargo, por momentos, Nagisa asume la agencia de su propio destino y el relato de maduración trasciende el mero morbo de asumir la validez del deseo. Destaca, además, la creación de un universo ficticio autónomo, microcosmos aislado de la interferencia, de la impureza masculina, pero altamente condicionado por normas e instituciones, algunas pintorescas, otras que terminan siendo ataduras para la libertad.
19. High School Girls (2006)
Quizá mi comedia estudiantil preferida, aunque existan mejores, por la incansable retahíla de carcajadas que me produjo cada episodio, continuas loas a la estupidez femenina, confirmando que, en este campo, también existe la igualdad de géneros. No recuerdo un humor tan despiadadamente realista con las quinceañeras y cuando comparo a Eriko, Kouda y sus amigas con las chicas que conocí durante mi adolescencia, descubro cuán verosímil puede llegar a convertirse una serie que pretende apelar al ridículo. High School Girls subvierte toda noción sublimadora de la mujer burlándose de su supuesta delicadeza, limpieza, orden, inteligencia, sensibilidad, introduciendo al espectador de contrabando en un colegio all-girls donde, fuera del ojo censor masculino, las chicas pierden el pudor para hablar de forma directa de sexo, vello púbico y menstruación. La premisa es sencilla pero eficiente: las adolescentes se comportan como ladies mientras haya chicos alrededor. Cuando los hombres desaparecen, adiós finura, bye-bye remilgos y brota la sinceridad más cruda. Humor negro con chicas kawaii “metiendo vicio” y armando chacota, porque un colegio sin batahola suena falso. De paso, quiebra la estructura ideológica de las historias ambientadas en colegios femeninos, donde todas las alumnas son correctas, piadosas y susurrantes. La serie tiene momentos de antología como cuando Himeji invita a sus amigas a una cita en grupo en el karaoke y luego de arruinar la velada haciendo mimo y recitando todas las cifras posibles de pi (π), terminan arrastrando a los muchachos por diferentes hostales en busca de Ogawa que había sido “secuestrada” con engaños por un playboy. Es cierto, después de maratonear 13 episodios, afrontará la culpa de desperdiciar horas haciendo alabanza de la idiotez, pero nadie le quitará lo reído.
18. Seto no Hanayome (2007)
Oh, harem, qué amarga suerte nos depararía en tu ausencia. Cuando me siento a comentar anime, siempre procuro defender que no existen géneros malos, sino ejecuciones deficientes (porque no aciertan en cumplir su cometido). El harén es el dispositivo preferido de la comedia ecchi y conocemos de sobra su abuso, sus relamidos recursos y su elemental narrativa (por ejemplo, la actual Omamori Himari). De repente, aparece un producto que demuestra lo contrario valiéndose de las mismas armas que despreci’abamos y solo resta rendirse ante la evidencia. Seto no Hanayome combina lo fantástico (o realismo fantástico de ambientación urbana), una novia repentina, la yakuza, una idol, una delegada de clase cuyo nombre nunca conoceremos, la tipica jefa de disciplina, intentos de asesinato, sirenas, y Terminator (I’ll be back). Evidentemente, esta mezcla solo puede derivar en disparate, pero uno memorable y catastróficamente hilarante. Nagasumi es rescatado de ahogarse por San, la hija del líder yakuza sirena de Seto. Como descubre su fabulosa identidad, es condenado a muerte por la mafia, pero la chica decide aceptarlo como prometido para salvarle el pellejo. Entonces comenzará el verdadero calvario: la familia Seto entra a trabajar al colegio de Nagasumi para torturarlo psicológicamente y aunque a diario consigue de milagro salir ileso, pronto atraerá la atención de otros personajes, como Luna Edomae, la eterna rival de San que intentará humillarla robándole el novio, provocando una avalancha de malentendidos eróticos porque el harem se sostiene en el error comunicativo. Seto no Hanayome parodia los tópicos usuales acerca de la yakuza convirtiéndolos en pequeños héroes de su propia ridiculez. Los personajes son monigotes al servicio de la carcajada, pero no recuerdo magical girlfriend que acarree tantos problemas, pero tampoco tan valiente y decidida a defender su romance como San, dispuesta a desenvainar la espada honrando el código de honor de la mafia.






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