Chizuru es neko, la Presidenta es tachi
Como cualquier perturbación en el espacio-tiempo o posibilidad de auto-evolución puede suscitarse cuando la Presidenta está aburrida, pero nadie está dispuesto a mitigar la sed de entretenimiento de la pelirroja, una desfortunada intervención de Minatsu le enciende la bombilla a Kurimu y por Real Decreto decide que el Consejo Estudiantil se agasaje con unas merecidas vacaciones en Tokyo. Ya verán cuando Lilicia se entere del despilfarro en las arcas estudiantiles y se desate un escándalo por la farra fiscal, aunque la Presidenta apenas necesitaría recurrir a su encanto loli-moe para calmar a las masas. El único honesto que cubrió sus propios gastos con dinero de su esquilmada billetera y pagó su pasaje de tren con sobreprecio a última hora fue Sugisaki, quien además, fue amarrado y vendado para evitar que interrumpiera a Chizuru y la Presidenta en su sesión privada de regocijo nocturno. Minatsu las descubrió al amanecer y Seitokai no Ichizon volvió a sorprendernos con súbitas revelaciones, al descubrir que cuando
comparten la cama, la mandamás es Kurimu, mientras que Chizuru (que duerme desnuda en verano) se somete y suplica con tiernas onomatopeyas. Solo faltaba que la Presidenta encendiera el cigarrillo de después y le diera unas palmaditas para dejarnos en claro quién lleva los pantalones. La única testigo posible de sus escarceos amorosos es Mafuyu, pero anduvo demasiado concentrada toda la noche en superar sus propios récords de cuando menos seis juegos distintos en su PSP, de manera que la última persona cuerda para detener a Sugisaki en caso de alguna intentona de violación sería Minatsu, cuyo ideal de excursión escolar debe parecerse a una prueba de supervivencia en la jungla pues además de una muda de ropa, artículos de higiene, su fuerza de voluntad, resistencia física y psicológica, y miserables 10 yenes, solo lleva su ingenio y su confianza en la suerte. Mafuyu también anda bien aprovisionada con una enorme y henchida maleta rosa con ruedas, repleta de hardware de juegos, que incluyen tranformadores de corriente o adaptadores tan pesados que podría matarse a una persona o utilizarse como estufas por sobrecalentarse tan rápido. Nunca sabremos qué escondía Chizuru debajo del fondo falso de su portafolios, me inclino por suponer que transportaba dinero lavado para algún contacto en la capital. Debió ponerse celosa cuando la Presidenta presentó en sociedad al macho bravío que calienta su colchón todas las noches, digo, al caballero que la acompaña en su lecho y me refiero al elefante azul de
peluche, cuya zona más placentera para restregarse las mejillas -según palabras de la satisfecha Presidenta- queda debajo de la trompa. Ahora comprendo que Sugisaki reaccione como una bestia hambrienta de lujuria, pues aparte de soportar el bombardeo de estímulos erógenos de cuatro bishoujos con impactantes zettai-ryouiki, también está expuesto a sus inconscientes alusiones con doble sentido. Pero tranquilos, ya hablaremos de metatextualidad, porque esta ocasión, como nunca antes, los miembros del Consejo hicieron notoria su condición de personajes, quizá afectados por salir de su pueblo rural y llegar cual provincianos a la gran metrópoli. Esta ocasión se sometió a parodia el tema de la identidad. Desde su planteamiento, somos conscientes de que Seitokai no Ichizon se sostiene sobre cuatro arquetipos de sujeto femenino o variantes del moe en anime: la tomboy deportista, la chica frágil y delicada, la loli pettanko y la tall dark bishoujo. Estas categorías ya habían entrado en crisis porque Minatsu era buena en matemáticas y Mafuyu una otaku de los videojuegos, pero ahora no se contentarán con agrietar el molde: buscarán escaparse, ser otros.
El primer indicio brotó cuando Minatsu no pudo reconocer a Mafuyu porque esta se había quitado su característico moño rosa del cabello. Cabe mencionar que el objeto es apenas decorativo porque no sirve para sujetar el pelo, por tanto, no cambia su peinado. Según Mafuyu, le faltan otras señas distintivas que la destaquen como personaje, pero esta reflexión implica una conciencia de su condición de figura compuesta por elementos visuales que las demás personas asimilan e interpretan. En anime es frecuente un repertorio limitado de rasgos definitorios de la imagen que quedan establecidos al comienzo de la serie y permanecen invariables como estándar visual del personaje. Podemos diferenciar a Mafuyu de Lilicia aunque ambas sean rubias de cabello largo por tres detalles: el volumen del pelo, la tonalidad del color amarillo y los accesorios que llevan. Sin embargo, la queja de Mafuyu se extiende fuera del simple motivo de la caracterización, y entra al terreno de la jerarquía, pues denuncia que todos, incluso sus compañeros del Consejo, la consideran desechable, un estorbo como esos personajes de RPG cuya única cualidad es servir de carnada y es motivo de retos imposibles como “acabar el juego usando solo a Mafuyu”. Por suerte se repuso de inmediato ingiriendo su milagrosa barra energética que restauró su HP al 100%, sin embargo, debe destacarse cómo después de haberse definido como un personaje ficticio constituido por ciertos rasgos, utiliza otro modelo de ficción (los videojuegos) para compararse y reflejar su personalidad.
Después de intentar espantar a la Presidenta con historias de terror poco horrorosas, los miembros del Consejo reciben de castigo la obligación de modificar su identidad porque Kurimu se aburre rápido de verles las mismas caras. Comienzan burlándose de los sufijos que utilizan algunos personajes para destacarse (piensen, por ejemplo, en Suiseiseki, famosa por el -desu): la Presidenta asigna las frases más extrañas y retorcidas, pero cuyo empleo terminará por cambiarles por completo su aspecto y personalidad. Por ejemplo, Minatsu acaba convirtiéndose en una especie de dama de la Inglaterra victoriana, ajena a su imagen original de deportista brusca y espontánea, y Mafuyu se vuelve una adolescente rebelde y malhablada. Pero quien sufre la mayor transformación es Chizuru que tras meterse en un disfraz de oveja, se transforma en la mascota moe y fuwa-fuwa del grupo. El motivo radica en el
lenguaje: al alterar diametralmente su manera de hablar, la Presidenta obligó a sus amigos a adoptar por necesidad una imagen distinta acorde con su forma de terminar las oraciones, pues los sufijos escogidos implicaban también una manera específica de pronunciar los enunciados. Una oujo-sama estaría incompleta, según el arquetipo común, sin cerrar sus oraciones con -desu wa~, y si queremos acentuar la melindrosidad de una loli bastará con añadir el -desu~ en diferentes entonaciones. En anime, además del hábito, también el sufijo hace al monje. Bajo estos supuestos, también la identidad es una invención, una circunstancia, no es inherente, está sujeta a cambios: no existe lo idiosincrásico. Aquí se mezclan muchas críticas: desde los esquemas anquilosados de composición de personajes que derivan en estereotipos, por ejemplo, las fórmulas más elementales y simplonas de crear un objeto moe sin ninguna significación, hasta la relación entre el sujeto y su identidad, es decir, si todos somos también personajes que componemos nuestra imagen para mostrar al mundo y nuestra personalidad es simplemente un papel que ejecutamos de forma inconsciente. Tornándolo obvio y sometiéndolo al ridículo, queda claro su carácter artificial, sin embargo, como es difícil imponerse de repente una nueva identidad, el Consejo decide retomar sus antiguos papeles originales, sin embargo, por algunos minutos, los personajes volvieron a plantearse la posibilidad de reescribirse a ellos mismos en lugar de “actuar” una historia.











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