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Comienza a armarse el equipo

Espero saldar mi deuda, aunque fuera tardíamente, con esta serie tan entretenida. Como anuncié semanas atrás no reseñaré los capítulos: se tratará de un comentario dividido en cinco partes, analizando los eventos de cada pareja o tríada de episodios con una perspectiva global, es decir, habiendo conocido las circunstancias posteriores y el desenlace final. En consecuencia, será frecuente hallar spoilers o menciones a procesos que abarcan todo el relato (en especial las relaciones interpersonales y las líneas del co-relato romántico). Asumiré que la mayoría de lectores vio Taisho Yakyuu Musume durante el verano, por tanto, no pecaré de indiscreto. Ojalá no resulte redundante que en ciertas ocasiones resuma el contenido de algunas escenas. Para finalidades prácticas de análisis, descompondremos la estructura de la serie en cinco secciones de acuerdo al siguiente patrón (el agrupamiento de los capítulos se corresponde con determinadas etapas o “arcos”, pasos en la evolución de la trama; además de un “punto muerto”, término que emplearemos para designar a los episodios sin incidencia sobre la línea principal del argumento):

1. La formación del equipo y el primer fracaso (ep. 1-3): dedicado al reclutamiento de jugadoras, los primeros entrenamientos y la derrota ante el equipo de la secundaria Asaka. Puede leerse como un compendio de las motivaciones personales que empujan a Akiko a enfrentarse a su prometido y cuyo punto culminante sería la primera caída o retorno al estado inicial (desmoronamiento del proyecto de afirmación femenina).
2. La reconstrucción/El equipo definitivo (ep. 4-6): Nueva organización, ahora menos dependiente de Akiko, sino como una colectividad con diferentes funciones (Noe en función de estratega). Surgimiento de carácter de Koume, hasta entonces limitada a un punto de vista testimoniante. Kochou completa la lista de nueve. Un plan renovado: crecer desde abajo. Partidos de práctica con niños de primaria.

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Club para la difusión de la Cultura Occidental y del florecimiento del cerezo (Ouka-kai o Club de béisbol)

3. Punto muerto: Intermedio cómico (ep. 7-8): Los episodios correspondientes al bateador misterioso y la participación de Koume en una película no afectan el desarrollo de la historia salvo en aspectos muy secundarios y podrían obviarse sin perder la ilación. Usualmente se suele llamar “relleno” a esta clase de capítulos, pero su importancia radica en aligerar la tensión del relato (especialmente, en una serie con propensiones cómicas).
4. Definiciones sentimentales (ep. 9-10): Aunque las historias de Koume-Saburou (bidireccional, stright) y Kyouko~Tomoe (one-side, yuri) podrían catalogarse como puntos semi-muertos, en realidad, sus implicancias sí afectan la formación de los personajes y la trama deportiva principal: Kyouko es la última en integrarse en pleno (emotivamente) al equipo. Koume confiesa a Saburou su discurso de afirmación personal donde el béisbol tiene un lugar trascendental.
5. El partido final (ep. 11-12). El punto de llegada del relato donde se funden las espectativas de las tramas pendientes. En una estructura narrativa de maduración épica, este debe constituirse como escalón inicial del reconocimiento. Por tanto, el tratamiento es heroico y se fundamenta en el alargamiento de la angustia (lesiones, tretas del rival, lucha psicológica). Ruptura definitiva de las condiciones iniciales simbolizada por la occidentalización del atuendo de Koume (su sueño del primer capítulo es redefinido y aumentado).

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Falta pulir ese bateo

A partir de este repaso del armazón narrativo, puede caracterizarse a Taisho Yakyuu Musume como un relato de crecimiento en colectivo, cuyo núcleo es la pareja protagónica Koume-Akiko, que deben representar a nivel simbólico la integración total del equipo. Los trazos de personalidad que diferencian al resto de componentes del equipo son inspeccionados con menos minuciosidad (no conocemos su vida familiar), pero son desarrollados en aspectos necesarios y suficientes para otorgarles una identidad autónoma y una función al interior del equipo. Podemos reconocer a cada muchacha sin confundirnos, no son meras comparsas. En algunos casos, se dedica un episodio para traer al primer plano sus historias secundarias y darles un tratamiento privilegiado (Kochou, Kyouko, Noe, etc). No someteré a duda la adscripción genérica de Taisho Yakyuu Musume, porque los rasgos de contenido confirman su temática deportiva. Sin embargo, dentro de esta categoría, su desprecio por ciertos tópicos la convierte en un ejemplar un tanto heterogéneo. Los primeros episodios nos revelan estos puntos de alejamiento. Para ilustrarlos me apoyaré en compararla con dos ejemplos recientes con la misma combinación de moe-ness y deportividad. Taisho Yakyuu Musume coincidió en la temporada veraniega con las últimas emisiones de -Saki-. En el universo de Miyanaga y compañía, el mahjong interescolar es serious business, concita la atención de expertos y llena auditorios. Las mejores jugadoras son, casi todas, bishoujos y, casi todas, lesbianas. Poseen habilidades sobrenaturales o cuando menos anómalas como sentir el flow, anular su presencia o controlar la psiquis de sus rivales. Mi otro ejemplo es Beach Stars, un excelente manga de Morio Masahiro, donde el volley-playa amateur es un evento de interés masivo, con técnicas avanzadas de entrenamiento, jugadoras top que son super-modelos y una protagonista capaz de saltar más arriba de la red pese a medir metro y medio. ¿Qué poseen -Saki- y Beach Stars que carezca Taisho Yakyuu Musume? Una fórmula narrativa que podemos denominar “complejo Supercampeones” o “complejo Capitán Tsubasa”, y que consiste en los siguientes puntos: 1. sobrevaloración del juego o deporte a narrarse (un sudamericano sub-17 no llena estadios, pero un campeonato interescolar de Japón sí); 2. técnicas y/o poderes inverosímiles (a las cuales suelen bautizar sus usuarios); 3. un enunciador autorizado que explica el desarrollo del juego; y 4. un protagonista con talento innato sobre quien reposa la responsabilidad de conducir al equipo al triunfo aunque, en teoría, puede prescindir de sus compañeros (una épica individual).

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Nótese que durante el primer intento, las chicas carecen de un distintivo de equipo

Para tratarse de una serie deportiva, Taisho Yakyuu Musume se desmarca de estas tendencias del género. La vocación narrativa es realista. El gran “combate” final contra los chicos de Asaka tiene como únicos espectadores a una pandilla de chicos de primara, al club de coro del colegio femenino, Saburou y los padres de Koume. Durante el relato se explica la naturaleza del béisbol y algunas estrategias ideadas por Noe para utilizar las escasas capacidades del grupo y cubrir sus vacíos. Nunca se mencionan técnicas especiales de bateo, salvo (si podemos llamarlas “técnicas”) las habituales señas entre catcher y pitcher, y la bola curva que Akiko consigue lanzar, pero “hasta un niño podría aprenderla”. En su primer intento, narrado en el episodio 3, estaban condenadas a una derrota humillante porque, como beisbolistas, apestaban. Sus tentativas iniciales en el segundo capítulo cuando sucesivamente Noe trata de golpear y Koume de capturar la pelota tropezándose ambas con ellas mismas es bastante significativo. Nadie, salvo quizá Tomoe y Tama-chan, posee cierto grado de aptitud deportiva. En conclusión, no estamos ante un equipo de principiantes, sino de casi nulas absolutas. Un calificativo que podría aplicarse con mayor razón a la pareja protagónica. Akiko es siempre la última en resistencia física y suele quedarse rezagada en las carreras, mientras que Koume tampoco realiza grandes proezas físicas. Supercampeones era el relato de crecimiento de Oliver (Tsubasa) Atom, quien solo necesitaba al resto del equipo para servirle el pase que termine en el tiro de remate. Aquí no existe esa clase de héroe, la épica es colectiva, y aunque algunos resalten más como entidades individuales (porque conocemos su vida privada), el sujeto del relato es el equipo.

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No es momento de llorar

Meses atrás, durante nuestra presentación de la serie, habíamos advertido del potencial de una combinación entre feminismo adolescente, ambientación de época y un deporte popular. Akiko adquiere un protagonismo mayor que Koume al inicio de la serie porque ella aporta el discurso que el equipo pretende representar, aunque en realidad intenta curarse de su impotencia ante la actitud machista de su prometido. El resto de chicas se compromete por diversión, pero adhieren a la causa de Akiko: una oportunidad de demostrar que Japón ha cambiado, que una occidentalización idealizada les permitirá a las mujeres alcanzar una igualdad de status frente a los varones. Que el padre de Koume no acepte comprarle un sailor fukku es simbólico tratándose de una figura de fuerte autoridad que anda refunfuñando y seguro desconfía del cambio de costumbres que propulsa la modernización y Koume canta entusiastamente en el primer episodio. No sorprende que Occidente sea siempre un referente positivo, la esperanza de la nueva generación: comenzando por la aspiración de ponerse un uniforme de marinerita, la maestra americana que inspira la liberación de sus alumnas y la formación del Ouka-kai. Sin embargo, alimentada por su propio discurso, Akiko y sus compañeras habían sobreestimado sus escasas habilidades y todavía preservaban un orden de prioridades bastante inadecuado: para Tomoe, lucirse haciendo home-runs; para Akiko, vengarse; para Kyouko, complacer a su onee-sama. El equipo está psicológicamente mal ensamblado y basta el primer error para desarmarlo. El episodio 3 narra esta previsible tragedia: la caída estrepitosa de quien aspira a demasiado, el vuelo de Ícaro. Sin embargo, esa primera experiencia devastante también puede interpretarse de manera positiva porque después de revelarse todas sus falencias, el equipo puede recocerse como tal, en lugar de continuar engañándose y afrontar una evolución más gradual. Las chicas son devueltas a su realidad, donde no son buenas beisbolistas sino nueve improvisadas sin suficiente formación atlética. De nuevo, vuelve a imponerse el paradigma realista en lugar del improbable talento en bruto. Aquí no hay salvadores milagrosos, sino la cruda derrota.

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De arr. a abj. y de izq. a der.: Noe (jardín derecho), Tamaki (paradora en corto), Kochou (jardín central), Yuki (segunda base), Akiko (pitcher), Koume (catcher), Shizuka (primera base), Anna Curtland (coach), Tomoe (tercera base), Kyouko (jardín izquierdo)

snapshot20091108155420Para finalizar, una nota de análisis audiovisual. El diseño gráfico de un personaje es trascendental para provocar determinada forma de recepción o ligarlo a un arquetipo de comportamiento. Nuestro equipo está compuesto por once bishoujos (las nueve jugadoras, la entrenadora y la “informante”), porque el heroísmo femenino requiere de figuras simpáticas y porque su auditorio masculino siempre disfruta que las chicas lindas transgredan los linderos de su “lugar social”. Nuestro especimen de análisis de esta semana es Akiko. Los rasgos esenciales serían su figura alta y esbelta con cabello marrón largo hasta la cadera y atado con un gran moño rosa. Por su configuración, todo redunda en una imagen de femineidad refinada y elegancia opuesta por completo al béisbol, una oujo-sama, aunque internada en la modernidad como demuestra su atuendo habitual, el sailor fukku. Esta imagen se complementa por el estilo de trazo ocular empleado para denotar su orgullo y terquedad: un tsurime a medias, porque los extremos externos superiores no tienden por completo hacia arriba, pero forman un ángulo semirrecto. Estos rasgos son opuestos a los empleados para trazar a Koume, con la expresa intención de presentar una pareja dispareja complementaria. Pero este caso será tema del próximo sábado.

P.D. Taichi, amigo de la casa, halló un video de tributo a Taisho Yakyuu Musume y lo posteó en su blog.