No existe democracia saludable sin prensa que controle sus excesos. Sin embargo, los diarios son también la tribuna para el combate político. El enemigo natural de un gobierno estudiantil que malgasta su tiempo en conversaciones superfluas sería sin dudas un Club de Periodismo capaz de aprovechar esa debilidad para derrumbar la reputación del Consejo, incluso inventando titulares escandalosos y poco verosímiles, como “Sugisaki era mujeriego en la secundaria”, de donde podemos preguntarnos si estos reporteros pretenden atacarlo o elogiarlo. Lilicia Todou, la directora del periódico mural de la escuela apunta sus baterías contra la Presidenta y Mamiko Noto interpreta a su segunda oujo-sama de la temporada y aunque no está confirmado que fuese millonaria, el perfil visual, de comportamiento y de signos asociados a Lilicia nos indican que esta chica ganadora de un premio del Wall Street Journal es la típica ricachona engreída, rubia con coletas, maliciosa, algo tsunderesca y que habla reventando en decibeles. Una seiyuu acostumbrada a papeles de chicas delicadas, tranquilas, amables o etéreas (léase Kotomi Ichinose, Haruka Nogizaka, Nodoka Miyazaki, Shimako Toudou, Yuki en Taishou Yakyuu Musume, y paremos de contar) parecería la menos indicada para interpretar este modelo de personaje que requiere una tonalidad menos “adorable”. Sin embargo, la mezcla aunque resulta intrigante, no decepciona: es como escuchar a Eri Sawachika hablando con la voz de Yakumo Tsukamoto. Y además, oír a Noto siendo ruda y sarcástica tiene el regustillo agridulce de las frutas prohibidas. Hubiese esperado un combate más franco entre Chizuru y Lilicia pero la periodista se quedó sin recursos apenas comenzada la refriega. La inteligencia maligna de la secretaria del Consejo frenó con su manipulación psicológica los intentos de la reportera por ponerla en aprietos. La sonrisa malévola de Chizuru le otorga un aura invencible de poder detrás del torno, irresistible tratándose de una lolicon yuri patológicamente obsesa con violar a su mejor amiga (la figura opuesta de Kuroko Shirai en Toaru Kagaku no Railgun, aunque Chizuru todavía no intenta rellenar los usa-maru de la Presidenta con afrodisíacos mientras que Loli-Obama ha recibido varios electroshocks por tratar de dopar a su onee-sama). Algunos se habrán cansado de que haga referencias a otros anime, pero una serie intertextual requiere reseñas intertextuales. Este capítulo careció del usual bombardeo de alusiones, salvo las recurrentes menciones a la subcultura popular audiovisual japonesa como los ero-games que juega Sugisaki. Aunque la mejor alusión (un guiño para fans con conocimiento de causa) la realiza Minatsu cuando menciona entre sus light novels preferidas a Index y Baka-test. Sigue un largo silencio incómodo del cual sale reconociendo que Fujimi Fantasia Bunko tiene las mejores novelas. Lilicia le pregunta “Olvidaste completamente tu posición, ¿no?” Al comienzo había pensado que se refería al puesto de vicepresidenta, pero en realidad se refiere a que Seitokai no Ichizon es publicada en Fujimi Fantasia y antes había mencionado títulos de la competencia.
Quizá nuestro mejor referente para estas alusiones metatextuales al propio autor es un episodio de Lucky*Star cuando la clase de Konata sale de viaje de estudios a Kanto y las chicas hacen la peregrinación más inesperada… ¡al local de Kyoto Animation! Sin embargo, esta ocasión, la referencia tuvo una velada intención publicitaria (ya lo habían intentado el episodio anterior mencionando el concurso que organiza Fantasia). La diferencia entre Seitokai no Ichizon y Lucky*Star sería que los personajes del Consejo Estudiantil rompieron desde el inicio la cuarta pared y son conscientes de ser personajes de una novela llevada al animé. Cuando esto ocurre, cualquier cosa está permitida, porque aunque todo ocurra entre cuatro paredes ficticias, la historia no transcurre en un escenario cerrado herméticamente y ajeno al mundo real. Solo por mencionar dos ejemplos recientes, aunque en relación al vínculo entre personajes y seiyuus, podríamos citar el ejemplo de Kämpfer, donde Natsuru, las chicas o los muñecos suelen decirse unos a otros que “hablan con la voz de XX XX” que resulta siendo su seiyuu en el nivel de realidad extratextual, donde ese universo narrativo es un producto de un trabajo de ficción. El otro caso proviene del reciente episodio web de Bakemonogatari (Tsubasa Cat 3), cuando Arararagi-kun (perdón, tartamudeé) tiene un breve encuentro con su novia Senjougahara y esta le ofrece suplantarlo vocalmente porque tiene una seiyuu muy buena llamada Chiwa Satou. Mafuyu también aporta su grano de arena metatextual cuando alude a las funciones usuales de los personajes incidentales en el animé. Cuando Lilicia la priva de su PSP rosado, la muchacha objeta que sin videojuegos, su participación se retrae al nivel de “las amigas que aparecen en el background”, aunque últimamente ha estado “fingiendo debilidad” para acoplarse al estereotipo de la chica enferma. Mafuyu se define 50% jugona y 50% fan del boys-love (soft y hard), negando por completo la imagen de delicadeza que transmite. Diamante en bruto para convertirse en la Haruka Nogizaka de los gamers.
Aunque parezca superfluo, el diseño de los uniformes es un signo comunicativo en las series de temática school life. La vestimenta es el significante que cargamos a diario, de forma que un buen diseño de uniformes puede añadirse al atractivo visual de una serie, un sello particular sobre el cual operan una serie de variaciones. Por ejemplo, el asunto de los corbatines (la Presidenta, Mafuyu y Lilicia usan corbata michi roja, mientras que Chizuru se coloca un lazo y Minatsu lleva la blusa a cuello suelto). En general, solo los protagonistas se permiten variantes en sus atuendos (véase Shugo Chara!) mientras los personajes incidentales obedecen a pie juntillas unas normas standard. Una excepción sería Candy Boy, donde las diferentes chicas del colegio de las hermanas Sakurade llevan una combinación base con variantes particulares. El uniforme de Seitokai no Ichizon (saco marrón, blusa blanca y faldas a tartán marrón con guinda) sería quizá la mejor manera de explicar la obsesión de Sugisaki por convertir al Consejo en su harem porque la combinación de minifalda, zettai ryouiki y calzado de taco alto (invariable pese a los cambios de modelo) es el sueño cumplido de cualquier fetichista y siguiendo la lógica retorcida de un maniático de los ero-games, no sería disparatado creer que la ropa sea un estímulo para su libido. Lo averiguaremos en el próximo reportaje del Club de Periodismo de Hakiou. Libertad de prensa, por favor.





7 Noviembre 2009 at 05:08
Un lindo producto de la marca “-desu wa!”
Al menos Lilicia hace el contrapeso al Consejo aunque Chizuru es como el Gran Hermano que vigila a todos, inclusive fuera del consejo!