Noviembre 2009


Diagrama de las relaciones interpersionales al interior de la serie. Nótese el vínculo de rivalidad entre Tomoe y Akiko

Romance y deporte
Habíamos mencionado que el deporte suele emplearse como cantera metafórica para referirse o contextualizar las relaciones amorosas, el erotismo, la sexualidad. En Taisho Yakyuu Musume, aunque la contienda entre hombres y mujeres mediante el béisbol ha abandonado su carácter meramente retórico y se convierte en un hecho real, el campo de juego continúa siendo 1. un espacio concreto donde dirimir de forma simbólica los desencuentros sentimentales; 2.un escenario para reproducir indirectamente las pasiones, los deseos, los vínculos, la rivalidad erótica; y 3. una excusa para conceptualizar la trama sociocultural donde se desarrollan las relaciones humanas (proponiendo el juego, por ejemplo, como una redefinición o perpetuación de los roles de género).

El primer caso corresponde al ánimo de revancha de Akiko contra Sousuke y podemos vincularlo a la representación del período modernizador que intenta sugerir el relato. El segundo caso describiría el enfrentamiento de tintes humorísticos entre Akiko y Tomoe por la posesión de Koume. Habíamos subrayado cómo se establecía la equivalencia entre el dueto pitcher-catcher y una pareja de esposos, y cómo la intervención de una tercera persona (Tomoe, la bateadora) evitaba la concreción material (el strike) de esa metáfora erótica. Como consecuencia, Akiko resultaba más frustrada y enojada (en cuanto pitcher) y más celosa (como amiga, y también, a nivel del símil, como cónyuge). El tercer caso se asemeja al primero, aunque aquí la protagonista no afronta un desafío a su orgullo femenino que hubiese lastimado sus sentimientos, sino su derecho a decidir su presente y su futuro. Esta responsabilidad no recae en Akiko, cuyo principal interés es cobrarse la humillación de Sousuke, sino en Koume, quien desde las primeras escenas (recuérdese el célebre sueño musical donde pasea por Tokyo feliz de usar un moderno sailor fukku) encarna una ingenua y prístina esperanza en el proceso modernizador. Sin embargo, este camino hacia la libre determinación esta sembrado de extrañas paradojas acerca del ideal de romance que privilegia la serie.

Teoría del triángulo amoroso

Definitivamente, la escena más conmovedora de la serie

El triángulo amoroso es la estructura elemental de tensión narrativa en los relatos románticos. “Elemental” porque es básica: una pareja sola no genera suspenso, se necesita una tercera persona que introduzca el desequilibrio. A partir de este esquema tripartito pueden edificarse otros modelos más complejos (los llamados polígonos amorosos), pero todo termina siempre reduciéndose a tres en sus cimientos, incluso los harem. En términos geométricos, este triángulo requiere dos catetos de deseo y una hipotenusa de rivalidad, no necesariamente declarada. El sujeto ubicado en el vórtice puede ser masculino o femenino, pero más importante que el género es la posición de quien asume la conciencia narrativa: si es contendiente u objeto del deseo. ef -a tale of memories puede interpretarse de dos maneras: como la confrontación de Kei y Miyako, o como la toma de decisión de Hirono. En Taisho Yakyuu Musume, Koume se encuentra al centro de dos triángulos que nunca llegan a contaminarse porque se desarrollan por separado. El primero, cómico y yuri, opone a Tomoe y Akiko. El segundo, elaborado para tomarse en serio a pesar de ciertos instantes de humor, enfrenta, nunca expresamente, a Saburou y Takahara. Aquí empiezan a operar una serie de contradicciones aparentes (subrayo este último adjetivo) que intentaré explicar. Por convención, los triángulos amorosos deben acabarse, están obligados a tener una duración limitada, no pueden ser eternos. Un contendor podría rendirse y retirarse pero esta solución le resta emotividad al conflicto. En consecuencia, solo resta una vía para resolver este dilema: que el personaje central tome una decisión, que elija. Sin embargo, estamos en 1925, en plena era Taisho y aunque nueve muchachas estén empeñadas en demostrarnos lo contrario, todavía faltan algunas cuantas décadas para que una mujer adulta pueda considerarse autónoma, peor aún una adolescente. Por tanto, las decisiones de Koume transcurren en un nivel más íntimo, pero incluso considerándolos pequeños pasos, son brincos enormes que erosionan los convencionalismos y fuerzan a sus padres a respetarla y apoyarla. No obstante, la determinación de jugar béisbol rompiendo un tabú de género reviste mucho menos gravedad que atreverse a desafiar la autoridad paterna respecto al compromiso matrimonial, un asunto zanjado de antemano por la familia sin necesidad de consultarle a la hija. Koume detesta a Takahara y prefiere a Saburou, pero al aceptar implícitamente las apuestas de ambos pone en juego su posibilidad de decidir. De forma sutil, el béisbol le permite escoger.

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Y no me digas pobre por ir viajando aquí...

...¿No ves que estoy contento? ¿No ves que estoy feliz?

Chizuru es neko, la Presidenta es tachi
Como cualquier perturbación en el espacio-tiempo o posibilidad de auto-evolución puede suscitarse cuando la Presidenta está aburrida, pero nadie está dispuesto a mitigar la sed de entretenimiento de la pelirroja, una desfortunada intervención de Minatsu le enciende la bombilla a Kurimu y por Real Decreto decide que el Consejo Estudiantil se agasaje con unas merecidas vacaciones en Tokyo. Ya verán cuando Lilicia se entere del despilfarro en las arcas estudiantiles y se desate un escándalo por la farra fiscal, aunque la Presidenta apenas necesitaría recurrir a su encanto loli-moe para calmar a las masas. El único honesto que cubrió sus propios gastos con dinero de su esquilmada billetera y pagó su pasaje de tren con sobreprecio a última hora fue Sugisaki, quien además, fue amarrado y vendado para evitar que interrumpiera a Chizuru y la Presidenta en su sesión privada de regocijo nocturno. Minatsu las descubrió al amanecer y Seitokai no Ichizon volvió a sorprendernos con súbitas revelaciones, al descubrir que cuando comparten la cama, la mandamás es Kurimu, mientras que Chizuru (que duerme desnuda en verano) se somete y suplica con tiernas onomatopeyas. Solo faltaba que la Presidenta encendiera el cigarrillo de después y le diera unas palmaditas para dejarnos en claro quién lleva los pantalones. La única testigo posible de sus escarceos amorosos es Mafuyu, pero anduvo demasiado concentrada toda la noche en superar sus propios récords de cuando menos seis juegos distintos en su PSP, de manera que la última persona cuerda para detener a Sugisaki en caso de alguna intentona de violación sería Minatsu, cuyo ideal de excursión escolar debe parecerse a una prueba de supervivencia en la jungla pues además de una muda de ropa, artículos de higiene, su fuerza de voluntad, resistencia física y psicológica, y miserables 10 yenes, solo lleva su ingenio y su confianza en la suerte. Mafuyu también anda bien aprovisionada con una enorme y henchida maleta rosa con ruedas, repleta de hardware de juegos, que incluyen tranformadores de corriente o adaptadores tan pesados que podría matarse a una persona o utilizarse como estufas por sobrecalentarse tan rápido. Nunca sabremos qué escondía Chizuru debajo del fondo falso de su portafolios, me inclino por suponer que transportaba dinero lavado para algún contacto en la capital. Debió ponerse celosa cuando la Presidenta presentó en sociedad al macho bravío que calienta su colchón todas las noches, digo, al caballero que la acompaña en su lecho y me refiero al elefante azul de peluche, cuya zona más placentera para restregarse las mejillas -según palabras de la satisfecha Presidenta- queda debajo de la trompa. Ahora comprendo que Sugisaki reaccione como una bestia hambrienta de lujuria, pues aparte de soportar el bombardeo de estímulos erógenos de cuatro bishoujos con impactantes zettai-ryouiki, también está expuesto a sus inconscientes alusiones con doble sentido. Pero tranquilos, ya hablaremos de metatextualidad, porque esta ocasión, como nunca antes, los miembros del Consejo hicieron notoria su condición de personajes, quizá afectados por salir de su pueblo rural y llegar cual provincianos a la gran metrópoli. Esta ocasión se sometió a parodia el tema de la identidad. Desde su planteamiento, somos conscientes de que Seitokai no Ichizon se sostiene sobre cuatro arquetipos de sujeto femenino o variantes del moe en anime: la tomboy deportista, la chica frágil y delicada, la loli pettanko y la tall dark bishoujo. Estas categorías ya habían entrado en crisis porque Minatsu era buena en matemáticas y Mafuyu una otaku de los videojuegos, pero ahora no se contentarán con agrietar el molde: buscarán escaparse, ser otros.

Donde al fin podré de nuevo respirar adentro y hondo alegrías del corazón...

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Acaba de publicarse un simpático libro de ilustraciones titulado “World Gals – 74 países del mundo convertidos en bishoujos” (en original: 萌えてわかる!「世界の国」事典~全世界74人の美少女キャラでみる地理・政治・経済~), una suerte de Almanaque Mundial abreviado con información geográfica e histórica de 74 países del orbe acompañados por su respectiva representación moe. Material entretenido y bastante instructivo por diversas razones, la primera, porque revela los estereotipos que proyecta la cultura popular japonesa sobre el resto de naciones (Estados Unidos es una porrista rubia, Corea de Norte una soldado con minifalda, y curiosamente el Reino Unido es una… ¿mucama francesa?). Cuando se contempla desde la perspectiva no del dibujante, sino del “representado” (quien es objeto de representación), esta clase de imágenes produce cierta polémica. El foro de Sankaku Complex recoge la incomodidad de algunos filipinos porque sean retratados a la usanza colonial español, pero curiosamente los “trajes típicos” de muchos países latinoamericanos que fueron también colonia española no provienen de la usanza indígena, sino de diseños de la época virreinal. Es interesante notar cómo estas actitudes cambian de un país a otro, pero valdría recordarle a los amigos filipinos que resulta desproporcionado tomarse tan a pecho unas ilustraciones publicadas para divertir los ojos del fanático. El moe siempre ha sido una combinatoria de arquetipos y estereotipos.

El Reino Unido, país de la reina Elizabeth II y sus meidos

En segundo lugar, el libro es sintomático porque (incluso considerándolo una reacción al éxito de Hetalia Axis Power) los parámetros del moe solían anular las marcas de otredad, salvo contadas excepciones (por ejemplo, ser rubia no es sinónimo obligado de extranjería, pues la mayoría de veces es un indicativo de posición social). Finalmente, llama la atención la cantidad de naciones que cubrieron pese al sistemático desdén que suele manifestar el manganime (y la industria del entretenimiento asociada) por la enorme mayoría de países. En efecto, aparte de Estados Unidos, Francia, Inglaterra, China y raramente la India (merced al curry), son escasas las menciones -e ínfimas las apariciones de personajes- relativas a otras regiones, aunque si salimos en busca de ejemplos, quizá descubramos centenares de casos. Las alusiones a América Latina son escasas, pero mayores incluso a las referencias al África o los países islámicos, y las representaciones moe de tipos raciales negros o árabes son casi inexistentes, de manera que este libro produce cierta curiosidad por cómo resolver este desafío gráfico y cuáles serían los estereotipos que aplicarían en casos como Angola, Irán o Egipto, donde no podrían utilizarse los estándares supuestamente neutros del moe.

Por fortuna, América está representada desde Nunavut hasta la Patagonia por una deliciosa colección de chicas, metáforas moe de trece países del Nuevo Continente: las podemos hallar en la presente ilustración, en la sección Área 4, siguiendo este orden: 1.Estados Unidos, 2.Canadá, 3.México, 4.Cuba, 5.Jamaica, 6.(ininteligible, pero creo que es Puerto Rico), 7.Panamá, 8.Colombia, 9.Ecuador, 10.Perú, 11.Brasil, 12.Chile y 13.Argentina. Como peruano, debo destacar que mi país esté representado por una loli ataviada con traje de ñusta o princesa inca (supongo yo, por el diseño del tocado), pero OMG, nuestros clásicos rivales se llevaron la cereza de la torta porque Ecuador-tan y Chile-tan son uver-hot. Paradójicamente, no aparece Venezuela, el país latinoamericano más reputado por la belleza de sus mujeres y sus muchas miss universo. Y Colombia-tan, para abundar en estereotipos, tiene un aire a Shakira en La loba. Vaya que sabemos exportar nuestra cultura al mundo…

Fuentes: Sankaku Complex y blog.livedoor.jp

Recompensa al arduo esfuerzo y la larga paciencia

Todo hombre con agallas puede lograrlo siguiendo esta simple guía expuesta a continuación por un hombre que, durante algún instante de su traumática adolescencia, por culpa de su hermana y su maestra tutora, llegó a odiar a las mujeres, pero cuya caballerosidad, desprendimiento y entereza moral le valieron la excitada admiración de las féminas. Olvídese de dietas, gimnasios, looks de metrosexual, no necesita un auto, tampoco buena labia, ni siquiera ser desinhibido. Cómprese unas gafas urgente y atrévase a aplicar el infalible método Ayase Yuuto:
1. Norma básica: nunca sobra la cortesía. No importa con quién, dónde, cuándo, tampoco importa el motivo, sacrificarse por alguien hasta lindar el ridículo y la desproporción cala hondo en cualquier  subespecie de la vasta tipología femenina  y mientras se corran riesgos físicos se obtendrá mayor estimación y sujeción inmediata de la chica-objetivo, pues la persuasión conducente al enamoramiento es inmediata. Esta clase de heroismo menor y exagerado requiere, sin embargo, una ejecución cuidadosa: primero, procure aproximarse al límite de la idiotez sin traspasarlo y sus acciones absurdas serán valoradas como sacrificio, por ejemplo, entrar descalzo a un riachuelo en pleno invierno para buscar entre las aguas un broche ajeno durante horas solo porque es un obsequio de la abuela. En segundo lugar: la gentileza requiere de cierta ambigüedad para garantizar su efetividad instantánea. Me explico: como Yuuto, usted querido lector, deberá asegurarse de desplegar su cortesía de manera que parezca un acto altruista que ejercería con cualquier semejante, sean niñas de secundaria (Mika), amigas de la prepa (Shiina), una mucama (Alice), una oujo-sama (Touka) o cualquier transeúnte que cruzaba la calle. El efecto que buscamos es inducir en la susodicha chica-objetivo la incertidumbre de ignorar si esa cortesía es señal de amor correspondido, pero mientras más dude, mayores fantasías o esperanzas comenzará a abrigar, y el macho alfa detentará un amplio control sobre sus sentimientos. Recuerde: una mujer demasiado convencida tiene la sartén por el mango.
2. Hágala creer que sus deseos son órdenes. Al 99.99% de las mujeres les encanta jugar al mundo al revés y alucinarse una emperatrices, por tanto, no interesa si una loli sugiere que usted bese a su compañera de clases mientras ensayan para una obra de teatro y tampoco se niegue cuando lo arrastren cual trofeo de guerra por su colegio all-girls para exhibirlo como una atracción de feria. Déjese fotografiar, tocar, y responda a cualquier pregunta que formule ese corrillo de inexpertas chicas de trece años (pero lectoras de yaoi como parece sugerirse). Perdone la sobreexcitación que puedan manifestar y actúe con modestia porque mantener la compostura, ser respetuoso y no ceder de forma animal ante las tentaciones carnales ayudan a acentuar la inquietud en cualquier mujer, pues la mayoría consideran que una conquista fácil carece de valor. El secreto radica en convencerlas de ser quienes mandan, cuando en realidad solo les sigues la corriente, y responder con mucha templanza para desesperarlas con esa actitud de hueso duro de roer. Resultado: en pocas horas, habiéndose percatado de cuán difícil es seducirlo, sus acercamientos se volverán más calientes y abalanzarán encima suyo como último recurso = epic win.

Koromo, perdón, Mika IS NOT KODOMO!!!

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El municipio de la ciudad de Satte al norte de Tokyo anunció que acaba de iniciar los procedimientos para empadronar a la familia Izumi, compuesta por Soujirou Izumi, Kanata Izumi, Konata Izumi y Yukata Kobayakawa, como residentes oficiales, en la dirección Satte City Kita 3-14-18. La entrega simbólica del certificado de ciudadanía honoraria se entregará el 3 de enero durante las festividades de año nuevo. Desde luego, no necesito explicar que el ayuntamiento de Satte está expidiéndole un documento con membrete legal a cuatro personajes de ficción (sin contar que, dentro de la ficción una de ellos, esté muerta, de manera que, me imagino, también emitirán un certificado de defunción). No sería la primera vez, pues otros personajes de Lucky*Star ya habían recibido similares honores: la familia Hiiragi, cuyas famosas gemelas protagonizaban también este célebre slice of life de KyoAni, fueron nombradas habitantes ilustres del templo Washinomiya, una localidad vecina de Satte, produciendo un boom de visitas y peregrinaciones de otakus, cosplayers y demás fauna, que redundó en ingentes beneficios a la, hasta entonces, encogida industria turística local. Por tanto, estamos ante un fenómeno enmarcado por una lógica de mercado y competencia entre circunscripciones que aprovechan la popularidad de una serie para ganar notoriedad. Tampoco crean que estoy en desacuerdo, todo lo contrario: estas iniciativas generan empleo e ingresos tan necesitados para una economía en recesión. Cabe mencionar que Kagami Yoshimizu, creador del manga original, convirtió su antigua casa en el museo oficial de Lucky Star, que figurará como domicilio legal de los Izumi.

Sin embargo, la noticia me llama la atención por motivos menos comerciales. Como algunos habrán adivinado, mi inquietud por los fenómenos metatextuales encontraría terreno fértil para iniciar una discusión, cuando menos para advertir una paradoja. Lucky*Star destacaba por sus continuas alusiones a figuras tanto ficticias como reales creando quizá el mise en abîme de personalidades más extraño que haya presenciado el anime. Konata Izumi es interpretada por una seiyuu llamada Aya Hirano, es decir, una persona real, de carne y hueso hasta donde se tiene conocimiento. Konata además es admiradora de Haruhi Suzumiya, un personaje ficticio tanto en la realidad de los espectadores como en la realidad alterna de la ficción. En ambos universos, Haruhi también es interpretada por Aya Hirano, aunque no por la misma Aya Hirano y aunque esto parezca jalado de los pelos, es estructuralmente cierto, pues la Aya Hirano que presta su voz a Haruhi en Lucky*Star es también un personaje de ficción interpretado por la misma seiyuu del mundo real llamada Aya Hirano. ¿Cómo sabemos que esa segunda Aya es un personaje de ficción? Porque aparece por breves minutos en un evento a donde acuden Konata y sus amigas. Los juegos de espejos abundan a lo largo de la serie valiéndose de escenas donde parecería tematizarse muy superficialmente la barrera entre ambos espacios, el ficcional y el real, pues hacia el final de la serie, en una célebre secuencia Paty Martin soborna a Konata ofreciéndole pases para unos apretones de mano con Aya Hirano, una oferta que ninguna otaku ferviente podría rehusar. Curiosamente, en el diálogo telefónico, Paty le había preguntado si “quería conocer a Haruhi”, estableciendo un vínculo de equivalencia entre seiyuu y personaje, léase, entre persona real y ente de ficción. Pues ahora, estos nombramientos oficiales de los municipios japoneses parecen andar en sentido contrario: la ficción no busca asimilar la realidad, sino al revés, el mundo real pretende apropiarse de la ficción y otorgarle, mediante un sello de legitimidad, un certificado que acredite su carácter real.

En la anterior reseña a Sasameki Koto hice referencia a Girl Friends, manga de publicación mensual de Milk Morinaga, una vistosa y adorable comedia romántica yuri acerca de dos compañeras de escuela que atraviesan una accidentada y gradual evolución al enamoramiento, después de fallidas experiencias heterosexuales o incluso frustrados acercamientos entre ellas mismas. Personalmente, considero que Girl Friends reclama hace tiempo una adaptación al animé pues contiene todos los ingredientes de moda, desde romance lésbico hasta parodias de animé. Mayor expectación aún si asumimos que la entrega de noviembre en Comic High! revestía una importancia trascendental para el desarrollo de la historia e un incluso podría aguardarse un parcial desenlace. Durante una excusión escolar a Fukuoka, el relato había alcanzado su clímax narrativo cuando Akko decidió confesar sus sentimientos a Mari. Los fieles lectores de Morinaga esperábamos los puntuales scanlations de Makimaki para satisfacer nuestra curiosidad pero la encuesta en makimaki.110mb.com arrojaba como resultado una mayoría escéptica, que veía poco probable una pronta resolución y admito incluirme entre los incrédulos que supusimos que Morinaga alargaría el suspenso con la irrupción anti-climática de algún personaje secundario, sin embargo, luego de huidas, confrontaciones, lágrimas y proposiciones, Mari fue convencida por la sonrisa temblorosa de Akko y aceptó su propuesta de volverse novias oficiales, de manera que el sugestivo y ambivalente título redujo su sentido a un significado único (girlfriends no requiere explicación). Sin adelantarnos a conclusiones, ahora nos preguntamos qué conflicto afrontará la flamante pareja después de sus ilusionados inicios y quizá el próximo episodio sea filler para bajar la tensión acumulada y darle tiempo a la autora de plantear una nueva problemática.

Aunque su argumento sea básico e incluso poco extraordinario, Girl Friends destaca por otra clase de particularidades que iluminan su lectura. La primera, de corte estructural: la perspectiva narrativa, es decir, el punto de vista privilegiado, el lugar desde donde se narra, es fluctuante. Al comienzo, mirábamos las cosas a través de la conciencia de Mari a quien, de pronto, se acerca una bella y alegre chica llamada Akko, ofreciéndole su amistad, además de transformar su look e introducirla a su grupo de amigas, tanto que Mari consigue vencer su habitual timidez e incluso consigue un novio. Sin embargo, durante el proceso, ambas han estado cultivando una mutua dependencia que adquiere tintes más angustiosos a medida que descubren que están enamoradas pero no se animan a confesarlo. Entonces ocurre el primer quiebre importante cuando Mari besa a Akko y huye confundida, ruptura acompañada por un giro narrativo de 180 grados. Desde el episodio siguiente hasta el reciente capítulo de noviembre, será Akko quien aporte su punto de vista y quien cargue con la emotividad del relato. Recién a mitad del último episodio publicado, Mari volverá a ocupar la función de voz narrativa que había delegado hace varios meses atrás. Lo interesante de esta “responsabilidad narrativa” es que coincide siempre con quien asume la responsabilidad emotiva. Cuando Mari besó a Akko, el deber de ofrecer una respuesta se transfirió a esta última. Ahora que Akko se declaró a Mari, esa misma obligación le fue devuelta junto con el papel de narradora.

Otro asunto que enriquece la particular experiencia de leer Girl Friends es que, como Sasameki Koto, ocurre en un entorno realista, pero no necesariamente trágico, sino festivo. Las compañeras de clase de Akko y Mari son frívolas, inquietas y vivaces como cualquier adolescente preocupada de la moda, los novios y los teléfonos celulares, y alguna también interesada en el sexo. Ningún elemento gráfico acusa la condición yuri de sus protagonistas, que transitan por los barrios comerciales como los pedestres habitantes de cualquier ciudad del mundo. Además, el estilo de Morinaga, amable y fácilmente digerible, y cuyos personajes parecieran compuestos expresamente para adorarlos, por la preponderancia del moe y su habilidad para manejar la transición entre el humor y el melodrama suman puntos a favor de incluir Girl Friends en la lista de indispensables para pasar unos minutos de entretenimiento (mis otras recomendaciones de manga actualmente en circulación serían el mensual Nazo no Kanojo X y el semanal Ane Doki, aunque este último ha perdido su encanto original).

Último minuto final: Los lectores exigen anime de Girl Friends en Makimaki. Ciertamente podrían batir su récord de comentarios, pues en menos de 24 horas ya recibieron +130.

Lo siento, Sumi-chan: es dojikko

¿Senpai, kawaii, meganekko y encima dojikko? El retorno de la bibliotecaria de trenzas empeora el panorama para Murasame, librándola a la desesperación más frustrante. Sin embargo, la arrolladora superabundancia de atributos moe que ostenta su rival no bastará para derrotarla. La dojikko es mi arquetipo femenino preferido (en el anime, por supuesto) y comprendo que Kazama se conmueva y electrifique cuando una chica linda comete una torpeza, se confunde, se golpea por andar distraida o demuestra su incompetencia para ciertas actividades psicomotrices, quizá porque también soy inepto para ejercicios simples como manejar un auto, tocar un instrumento o jugar Nintendo Wii, y solía darme de cabezazos contra las carpetas cuando cursaba la secundaria (es vergonzoso tratándose de un hombre). No confundamos dojikko con baka ni menos con ignorante o pueril: el término hace referencia a las habilidades, no al intelecto y justamente la senpai bibliotecaria es una meganekko, estereotipo vinculado a diversas connotaciones, entre ellas, un alto cociente intelectual, una personalidad retraida o una adicción a los libros. Extraña combinación, pero esta mezcla de capacidad cerebral, aspecto ingenuo y torpeza manual la tornan irresistible incluso para una lesbiana militante como Kazama. No obstante, la huella fresca de aquellos recuerdos dolorosos del primer capítulo desestabilizan a Ushio: si persiguiera sus deseos, aceptaría la voluntad reconciliadora de su senpai, pero comienza a temer que su opción sexual sea fuente de desavenencias con las personas que le atraen. Opta por replegarse, sin embargo, no presenciamos los efectos de este retraimiento sobre sí misma sino a través de Murasame, en quien repercute el estado anímico de su mejor amiga. Es probable que Ushio dependa de Sumika como pilar emocional o como defensa ante la desdicha, pero la dependencia psíquica de Sumi-chan por Kazama ha alcanzado un grado de inquietante peligrosidad, cuando menos respecto a su salud emotiva, pues cualquier acontecimiento que afecta a Ushio termina repercutiendo en los sentimientos de Murasame, que trata de hallar un resquicio de esperanza incluso siendo consciente de las verdaderas preferencias de Kazama. Podríamos temer que Ushio se vuelva dañina para Sumika: es imposible reprimir por siempre la angustia. Las falsas ilusiones y supuestos tampoco pueden sustituir a la Realidad por mucho tiempo. Cuando Ushio le propone a Sumi-chan regresar juntas del colegio, Murasame quiere creer que quizá Kazama prefirió marcharse con ella y descartar a la senpai, pero recapacita al instante esfumando sus fantasías: Ushio está huyendo por temor a afrontar sus heridas recientes. Su presencia la casa Murasame en búsqueda de apoyo sentimental es recibida con entusiasmo por Sumika, pero mientras más cercanas se encuentran, más insalvable la barrera tendida inconscientemente por Kazama, quien dice amarla, pero al instante subraya -con la contundencia de los ingenuos- su condición de “mejor amiga”. Pocas personas toleran este vaivén anímico de picos y caídas y Sumi-chan estuvo sometida durante este episodio a una andanada de remezones intensivos, abrumadores estímulos positivos (como dormir a apenas unos centímetros de Kazama o verla semidesnuda en el baño) seguida de frustrantes desmoronamientos que la reinsertaban en su realidad y, para coronar su propia faena de equivocaciones y desdichas, sus palabras de consuelo sirvieron para darle coraje a Ushio, quien la mañana siguiente y delante de Sumika, se amista con la apetecible senpai declarándole sus sentimientos. Opera, entonces, por contagio, el golpe al espectador: como hemos observado los acontecimientos a través de la mirada de Murasame, y apenas por breves instantes aparece la subjetividad de Kazama, estamos más identificados con Sumika. Incluso en un sentido gráfico, se cierra con la perspectiva de Sumi-chan mientras que la escena de Ushio pasa al segundo plano. Como se gesta una solidaridad entre el público y los “ojos” de Sumika, el desengaño que sufre al constatar la fragilidad de sus esperanzas genera también una sensación de amargura e impotencia, pues queda pendiente la respuesta de la senpai y la escena ocurre durante el desenlace.

Golpe directo al corazón

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Estos episodios están previstos para explotar la vena moe de las integrantes del equipo

Teoría del punto muerto
Todos hemos leído una novela y sabemos que, cuando el narrador describe a un personaje, la narración se suspende (existen las descripciones dinámicas, pero son una excepción). Estos tiempos muertos del relato pueden parecernos irrelevantes para la acción, pero son trascendentales para la composición. Su eficiencia depende de la administración de los recursos y de la disposición de la materia. Pienso robarme este concepto de “puntos muertos” para aplicarlos a los episodios considerados “relleno” (fillers), paradójicamente indispensables en toda comedia de anime contemporáneo. A diferencia de las descripciones literarias, no experimentamos una suspensión del relato, sino del desarrollo de la trama principal, y su sustitución por una historieta breve de resolución inmediata. Podemos prescindir de estos capítulos, sin embargo, para efectos del detalle, se insertan aspectos que luego resultarán relevantes, en especial, para la psicología de los personajes. Los episodios 7 y 8 de Taisho Yakyuu Musume servirán para ilustrar estas particulares estructuras insertas en un momento estratégico (cuando las chicas han optado por seguir el camino largo antes de volverse a enfrentar a la Secundaria Asaka: arduo entrenamiento, aprender de sus errores y dominar sus debilidades). Estas estampas sitúan a los personajes en situaciones humorísticas con la intención de aligerar la tensión narrativa acumulada en los episodios anteriores parodiando los componentes críticos de la trama medular o alejándose para abordar una historia sin vínculo alguno con el béisbol. La anécdota de los bateadores callejeros sostiene su humor en la concatenación de travesuras que parodian un entrenamiento real, mientras que el rutilante pero engañoso ascenso de Koume al estrellato cinematográfico es una historia de exageraciones y ridículos cuya única relación con las estrategias de Kawashima se conocen durante el desenlace.

Nunca declarada, la atracción romántica que siente Tomoe hacia Koume figura entre las líneas irresueltas de la serie

Tomoe-oneesama y los rostros inusitados
Cuando recalcaba la enorme relevancia de los tiempos muertos para la composición, me refería al trazado del carácter y las connotaciones que sugiere el personaje que se describe. Lo mismo ocurre durante los episodios de relleno: su función primaria es entretener, sin embargo, al recurrir a situaciones demasiado cotidianas (por ejemplo, “Strangers in the rain” en Suzumiya Haruhi) o relativamente extraordinarias o fuera de la rutina (cítense la infinidad de episodios de playa o de aguas termales), se amplía el registro de facetas de cada personaje en circunstancias que lo extraen de su comportamiento corriente. Entonces se manifiestan gestos, muecas y reacciones inesperados, pero que revelan su humanidad, múltiple, polifacética, nunca unívoca. En Taisho Yakyuu Musume 7-8 ocurre lo segundo, porque se rompe el esquema de entrenamientos y partidos de práctica. El béisbol se traslada a un escenario diferente (la calle) y otro entorno (el cine) sustituye transitoriamente al deporte como tema central. Podemos observar estos efectos momentáneos en la figura de Tomoe Tsukubae, la tomboy por antonomasia del grupo, es decir, la figura femenina que recibe en su representación la mayor cantidad de trazos masculinos por su apariencia y conducta. Salida de la cantera de las artes marciales, Tomoe abandona el kendo para enrolarse al equipo de Akiko y Koume por un motivo misterioso que irá revelándose de forma escalonada a partir de la suposición de Noriko en el segundo episodio, sin embargo, se distancia del arquetipo de la espadachina mística caracterizada por su severidad y solemne sabiduría. Tomoe es atlética, pero torpe para los estudios, y quizá, además de destacar por su altura y estado físico, sea también la menos lúcida e inteligente del equipo. Complementan estos rasgos su voz gruesa y su peinado a lo garçon, que durante los años veinte connotaba femineidad, aunque también un desafío a los estereotipos de género (se convirtió en moda por aquellos tiempos). Se aprovechará esta imagen de deportista para subvertirla, primero, dotándola de mucha sentimentalidad, aunque también de simpleza en sus pensamientos. Tomoe llora, se emociona, se sorprende, se excita y se deprime, estados álgidos de emotividad que repercuten en su aparición en pantalla, pues, aparte de Koume, es quien presenta un mayor abanico de muecas. Para muestra, un botón del capítulo 7, cuando ambas reaccionan deformando el rostro:

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