Regla #1: "Todo puede ser moe" Aplicación de la regla: La matemática es moe, si Minatsu la enseña

Regla #1: "Todo puede ser moe". Aplicación de la regla: La matemática es moe, mientras Minatsu la enseñe.

Como la mayoría de nuestros políticos, la autoproclamada Mejor Presidenta del Mundo comprendió que no requiere la mínima preparación académica para desempeñar funciones de alto cargo administrativo. Vamos, que si cualquier analfabeto puede alcanzar una diputación e incluso algún ministerio en nuestras naciones tercermundistas, ¿por qué exigirle mayores credenciales estudiantiles a la líder del Consejo de una escuela preparatoria de alguna ciudad provinciana del Japón? La política es asunto de popularidad, de demagogia e impacto mediático: a nuestra Presidenta le basta con su aspecto kawaii, su figura lolitesca y su abusiva ingenuidad. Sugisaki es un genio maligno: con asesores tan pervertidos pronto tendremos a freaks, geeks y demás fauna gobernando las principales potencias mundiales. Pero primero deberá lidiar con una sombra detrás del poder, la Rasputín del régimen que ejerce control absoluto sobre la Presidenta: Chikaru, el único cerebro multifuncional del grupo o la única persona madura entre tanto insensato y quizá la consideraría cuerda si no pretendiese apoderarse en cuerpo y alma de la Presidenta y poseerla para regocijo de sus bajos instintos. Muchas chicas cool de cabello negro (las llamadas Tall Dark and Bishoujo) fueron, en efecto, el ideal de mujer proactiva, de hembra dominante en varios relatos yuri (y seguirá siéndolo, a juzgar por Sasameki Koto), pero Chikaru ha innovado el tópico agregándole un elemento lolicon. Sin embargo, el tema clave de este episodio, si acaso le buscamos un argumento a este fárrago maravilloso de chistes acumulados sin cesar, serían los estudios, y como la Presidenta anda cojeando en sus calificaciones, pide ayuda a sus subordinados quienes le aconsejan resignarse a repetir el curso, porque total, seguirán creyendo que se saltó la primaria. Paradójicamente, el mejor alumno del colegio es un otaku escoria humana, cuya visión del mundo se halla transtornada por los ero-games como Don Quijote con los libros de caballería (aunque lo quijotesco en Sugisaki sea licencioso y nada caballeresco, no carece de ciertos valores que afloran solamente durante los últimos cinco minutos del episodio) y para mayor desgracia, sus amigas utilizan las técnicas de estudio más extravagantes como imaginarse los argumentos de las grandes obras literarias como escenarios de videojuegos. Esto último puede parecer gracioso, sobre todo viniendo de Mafuyu, una niña linda que revela su verdadera identidad de gamer impenitente, pero utilizar esta técnica para memorizar eventos de Historia Universal no suena nada disparatado. Por ejemplo, toda la Campaña de Independencia de San Martín y Bolívar cuadran perfecto con un juego tipo Age of Empires y la Batalla de Ayacucho sería algo parecido al final stage. Desde luego, este consejo estrafalario solo funciona con Mafuyu porque, según ordenan los cánones del animé, el moe trasmuta la idiotez en genialidad.

Alteraciones en la percepción de la realidad

Alteraciones en la percepción de la realidad

Más de la Presidenta para su legión de admiradores

Más de la Presidenta para su legión de admiradores

La sorpresa más inesperada fue que Minatsu, la tsundere deportista, fuese una experta en matemáticas, porque, según subraya Sugisaki, no corresponde con su arquetipo de heroina. El perfil del personaje exigía que dominara cualquier área menos las ciencias (y la cocina y/o las artes manuales), en realidad, una aplicación estricta del modelo supone que no debería dominar ninguna, excepto la educación física. Seitokai no Ichizon era la serie indicada para desafiar los estereotipos estéticos del moe porque el 90% de su discurso consiste en definir o cuestionar los elementos constitutivos de la cultura popular. Pero Minatsu resulta una rara avis en el universo de las tomboy: el conjunto de rasgos en su character design configuran una imagen muy femenina, aunque no llevar corbatín, sino la blusa abierta, y tener una voz más gruesa, suelen funcionar como indicadores genéricos. Análisis aparte, prefiero a Minatsu enseñando matemáticas que bateando una pelota. Los bloomers nunca fueron mi fetiche, prefiero las tutoras sexys, ftw: antes que el espíritu de Sugisaki siga cundiendo y descartadas las técnicas de Minatsu y Mafuyu, la Presidenta decide recurrir a la verdadera mandamás del Consejo, una titiritera seductora, una hipnotizadora que mueve tras bambalinas los hilos del poder: Chizuru, quien se declara la única autorizada para “violar su cuerpo” y después de maltratarla psicológica y moralmente, se apiada de su sufrimiento y le presta su cuaderno. Me encanta su actitud ambigua y después de someter a la Presidenta a diferentes formas de acoso sexual, manoseo no autorizado, bullying y fotografiarla semidesnuda para publicar sus fotos en un site, yo también me preguntaría si Chizuru califica como mejor amiga o bruja manipuladora. Según las estadísticas, sus probabilidades de montar un harén son 16.25 veces mayores que Sugisaki. Me refiero, por supuesto, a un provocativo harén yuri donde la Presidenta cumpliría el papel de imouto, perdón, petite soeur (insértese parodia de Marimite aquí). Para variar, que alguien me explique qué modelo de computadora utiliza Sugisaki que continúa guardando sus jugadas de eroges en discos de 5 1/4. Sin burlas, esa máquina proviene del siglo pasado y quién sabe si corre Windows 3.1. Según entiendo, si juegas la ruta de la Presidenta puedes desbloquear una escena erótica en el aula del Consejo Estudiantil, pero abandonemos esos caminos riesgosos. Puestos a descartar, como los videojuegos nunca fueron mi fuerte y Chizuru es una lesbiana rampante, mi elección es Minatsu, porque Mafuyu está obsesionada con aporrear su dispositivo portable. En realidad, debo admitirlo: estoy comenzando a razonar como Sugisaki.

Si Edison lo dice... un momento, ¿Edison jugando PSP?

Si Edison lo dice... un momento, ¿Edison jugando PSP?

Esta serie me encanta. Primero, porque no trata acerca de nada en particular y, por tanto, tiene casi entera libertad de tratar sobre cualquier cosa. Además, los chistes son automáticos, casi ni siquiera hay transición: es como leer un 4koma porque en pocos segundos se resuelve una situación de humor. Segundo, porque la conjunción de personajes disparejos es nada sinérgica y eso, que podría sonar negativo, es lo mejor del show: Chizuru es demasiado astuta y Sugisaki un pervertido sin remedio, la Presidente es una cabeza hueca que desea conquistar el mundo, pero solo cuenta con popularidad debido a su pinta de loli (cuando menos, a Haruhi le sobraban los talentos) y las Mafuyu y Minatsu tienen una personalidad que no concuerda con su exterior. Cada cual parece andar en su tema, sin ponerle demasiada atención a los demás (en especial, ignorar a Sugisaki puede convertirse en un deporte), pero en lugar de complotar contra el desarrollo de los episodios, en esta aparente discordia, en esas escenas descoyuntadas y sin mayor asociación que algún tema en común, reposa la mayor virtud de la serie: provocar una sonrisa de cualquier nimiedad. Porque no existe diálogo libre de la banalidad, de cosas pequeñas que a nadie deberían importarles y terminan provocando grandes reacciones como cuando la Presidenta arroja a un tazón de leche la cámara filmadora de Sugisaki. Sin embargo, en algún momento deberán dejar de dedicarse a tareas menores como revisar si el Club de Música Ligera recibió las castañuelas que habían encargado o si los libros explotarán si expira la fecha de entrega, y abocarse a responsabilidades de gran envergadura como un festival cultural. Mientras tanto, que permanezcan encerrados en su salón que entre cuatro paredes son el mejor desastre de los últimos años.

Y también material extra para los fans de Minatsu

Y también material extra para los fans de Minatsu