Sabíamos que el arma secreta de Kiyosumi era Etopen, el pingüino protagonista de una serie de libros infantiles. La capitana Hisa, con su infinita astucia táctico técnico estratégica, había previsto las consecuencias de introducir al peluche como parte del plan maestro semanas atrás durante los entrenamientos, pero su capacidad de previsión superó nuestras expectativas y recién ahora podemos comprender su razonamiento. Hisa observó que Nodoka era peluchedependiente durante las noches y necesitaba abrazar a Etopen porque, inconscientemente, le proveía de pequeños simulacros de orgasmo entre sueños. La capitana necesitaba un objeto que ayudara a catalizar los sentimientos de Haramura-san hacia su amiga Miyanaga de modo que juegue en un estado de sedación que le impida distraerse con otros asuntos como ocurría cuando se enfrentaba a Saki. Lo consiguió y gracias al muñeco, logró poner a Nodoka en berserk mahjong mediante un clímax perpetuo. Es probable que el roce constante con las glándulas mamarias ayude a relajarla ad infinitum pero parece que, medio sonámbula medio consciente y algo excitada, la chica ingresa en un universo virtual donde solo existen ella, el tablero y una ruma de fichas con figuritas que estoy decidido a jamás comprender. Hace poco leía un manga llamado Koe de Oshigoto, acerca de una estudiante de primero de instituto reclutada por su hermana, directora de un estudio programador de visual novels eróticas, como seiyuu para un personaje en su próximo juego porno. La muchacha conoce a una seiyuu profesional a quien termina admirando por su habilidad para transmitir sensaciones y decide seguir sus pasos: su talento especial consiste en una poderosa imaginación, útil para introducirse de lleno en el personaje hasta el extremo de tener un orgasmo en plena grabación, cuando debería solo fingirlo. Recordé este extraño tipo de fuerza orgasmática mientras veía a Nodoka despedazar a sus contendoras, entre ellas Touka Ryuumonbuchi (su rival declarada), sin siquiera observarlas ni abandonar ese arrobamiento místico que, sabemos, no significa haber alcanzado el nirvana espiritual, sino rondar el culmen del placer sensual. Cosas del yuri: debemos leer entre líneas las sugerencias e interpretar la sonrisa sórdida de Hisa mientras toma el té como Hannibal de Los magníficos encendiendo el puro con su clásico “Me encanta cuando un plan se realiza”.
Después de un capítulo superlativo en cuanto a nivel de animación, parecería que GONZO hubiera retornado a la normalidad luego de un caprichoso derroche accidental de presupuesto y como apenas quedaban algunos centavos para pagar el agua y la electricidad, recortaron la calidad de muchas escenas hasta extremos vergonzosos, como cuando la groupie o ex-compañera de Nodoka se pelea contra unos malhablados y, sin causarnos gracia, las caras, las extremidades en movimiento, los gestos, se convierten en monigotes deformes. Lo mismo ocurría por instantes a diferentes rostros y bastaba con someterla a comparación con los flashbacks del campamento que reciclaban footage de capítulos anteriores para percatarse. O quizá derivaron todos sus esfuerzos hacia los delirios de realidad virtual que suele tener Touka alucinándose la villana de traje oscuro contra el ángel de pureza y ubres gigantescas Nodocchi. La lideresa de Ryuumonbuchi escogió el peor momento, también, para estallar en orgasmos de expectación sadomasoquista por una rival a quien desea derrotar para luego lamiscarle el dulce jugo de, suponemos, sus glándulas sudoríparas, mejor dicho, planea barnizársela en saliva con premeditada perversidad. Los ensueños de Touka son ridículos y desproporcionados. Su única actividad durante el episodio fue aguardar la transformación de Nodoka en una máquina sin sentimientos que juega escupiendo en lenguaje binario y cuando Miss Big Boobs realizaba alguna jugada sensacional, Touka se limitaba a extender su delirio de pasión, a temblarle las piernas, hacer muecas y entrar en Higurashi mode. La verdad, como antagonista, madame Ryuumonbuchi es bastante mediocre y poco perceptiva. Está demasiado preocupada por derrotar a toda costa a Nodocchi que olvida percibir dos asuntos fundamentales: en primer lugar, que aunque sean material descartable, el mahjong se juega entre cuatro y ella ha convertido unilateralmente la partida en un duelo personal contra un avatar de videojuego on-line. Touka es demasiado emocional para dedicarse a jugar en internet y sorprende que careciendo de sangre fría, se especializase en una modalidad que exige introspección y análisis. Solo piensa en concretar una noche ideal de salvaje yuri-rape. Su meido personal, esclava voluntaria y fangirl enamorada se equivoca al considerarla una especie de demonio del mahjong. En segundo lugar, oujo-sama ha olvidado que enfrenta a Nodoka Haramura, no a Nodocchi, es decir, que ambas han abandonado sus refugios electrónicos y ahora están inmersas en otra dinámica, la estrategia de equipo, donde Hisa mueve los hilos.
Hablando de trabajo en equipo, mientras avanza la serie me convenzo más de establecer una analogía entre estas cuatro escuelas y los cuatro equipos clásicos de Los supercampeones (o Capitán Tsubasa, para los puristas). Tsuruga sería Furano, centralizado alrededor de un capitán con personalidad, sin demasiadas florituras sino puro trabajo proletario y bastante esfuerzo. Kazekoshi es el Colegio Alemán, sin demasiados talentos remarcables y dependientes del talento de una sola persona, cuya ausencia del juego derrumba absolutamente todo, y a quien cuidan y adoran (por suerte, Mihoko no sufre del corazón). Kiyosumi es Newpi, que posee una columna vertebral de lujo, los mejores jugadores y un par de obreros que complementan el trabajo de los protagonistas. Finalmente, Ryuumonbuchi es el Franco-Canadiense, mucho ruido y pocas nueces, desunido, aburrido y sobrevalorado, su único valor reside en el talento amenazador de un solo equipista cuya intervención violenta y demoledora es decisiva. Está previsto que Kazekoshi y Tsuruga sean meras comparsas en la brega entre Saki y Amae Koromo. Como, según las normas impuestas en esta serie, ninguna rivalidad en el mahjong escapa al influjo del yuri, podemos comenzar a rastrear algunas señales de atracción o repulsión homoerótica que calentarán el debate. Kodomo Koromo no pudo convencer a Nonoka para volverse tomodachi y aunque quisiera profundizar esa amistad, Miyanaga-san siempre sería un obstáculo. Cuando la enana se entere de quién acapara el corazón de Haramura, saldrá a destrozar a Saki consumida por la envidia y el despecho, porque, como estuvo filosofando largamente con el mayordomo, las personas que se reúnen a jugar mahjong jamás podrán divertirse juntas. Préparense para un intenso huracán de pasiones, algunos tsumo y riichi y muchísimas vibras yuri multiorgásmicas.



